Las 4 psicopatologías más comunes durante el embarazo (y cómo tratarlas)

El embarazo es una etapa que se asocia con felicidad y satisfacción. Sin embargo, también es un momento de muchos cambios y vulnerabilidad en la mujer. Por ello, es posible que aparezcan trastornos psicológicos durante el embarazo y el postparto.

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Habitualmente, hablar del embarazo implica pensar en un momento de la vida de gran felicidad y satisfacción. Sin embargo, esta idealización choca con una realidad algo más compleja. Aunque la llegada de un hijo sea deseada y se espere al bebé con mucho amor y alegría, eso no significa que el embarazo, el parto y el postparto sean momentos fáciles. En realidad, este evento en la vida de la mujer acarrea numerosos cambios a todos los niveles (físico, psicológico, social, laboral…) por lo que son muchas las futuras madres que se encuentran en un alto grado de vulnerabilidad e inestabilidad.

El embarazo y la salud emocional: ¿cómo se relacionan?

Todo ello hace que puedan aparecer trastornos psicopatológicos en la mujer embarazada, tales como depresión, ansiedad e incluso psicosis. Aunque este tipo de problemas pueden desarrollarse en cualquier momento de la vida, lo cierto es que los cambios propios del embarazo y el postparto incrementan el riesgo de que se produzcan. Precisamente, los cambios fisiológicos de esta etapa son muchas veces utilizados para justificar la sintomatología psicopatológica, lo que impide realizar un diagnóstico adecuado y brindar a la mujer la ayuda profesional que necesita, con todo lo que ello implica para ella, su entorno y su bebé.

En los últimos años, la sensibilidad de los profesionales hacia estos trastornos ha aumentado y se han comenzado a “desnormalizar” problemas relativamente frecuentes, como es el caso de la depresión postparto. Aunque los cambios hormonales pueden generar mayor inestabilidad emocional y producir cierta tristeza durante la gestación y tras el nacimiento del bebé, es fundamental mantener una observación de la madre para intervenir en caso de que los síntomas comiencen a agravarse y asemejarse a un cuadro psicopatológico que requiere tratamiento.

Aunque el embarazo no es, en absoluto, sinónimo de psicopatología, es importante ser conscientes de que, en ocasiones, los problemas psicológicos pueden aparecer. Reconocerlos a tiempo y tomar medidas es esencial para evitar consecuencias sobre la madre y el recién nacido. Cabe destacar que alrededor del 50% y 85% de las mujeres que han dado a luz experimentan síntomas como cambios de humor, irritabilidad o sensibilidad durante las primeras semanas tras el parto, lo que se conoce popularmente como “baby blues”.

Esta respuesta emocional se debe a los cambios hormonales y pasadas unas dos semanas suele resolverse sin mayores complicaciones. No obstante, como venimos comentando es fundamental estar alerta para identificar el inicio de trastornos más severos. En este artículo vamos a comentar los trastornos psicopatológicos más comunes en el embarazo y sus respectivas características.

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¿Cuáles son los problemas psicológicos más habituales en el embarazo?

A continuación, vamos a comentar los trastornos psicopatológicos más habituales durante el embarazo.

1. Depresión

La depresión constituye el trastorno psicopatológico más habitual asociado al embarazo. La probabilidad de sufrirla será variable dependiendo de los factores de riesgo existentes en cada caso. Entre ellos el más potente de los identificados hasta ahora es que la mujer o algún miembro de su familia hayan tenido una historia previa de depresión. Añadido a esto, hay algunas situaciones que pueden favorecer el inicio de una depresión en la madre, como son la falta de apoyo social, el estrés asociado a eventos negativos o el rechazo hacia el embarazo por parte de la pareja u otros miembros de la familia.

Como veníamos comentando, durante el embarazo y el postparto puede ser difícil diferenciar el llamado baby blues de una depresión. Mientras que la tristeza derivada de los cambios hormonales se produce en un 70% de las madres, sólo el 17% llegan a desarrollar una depresión propiamente dicha. Además, parece que el curso de este trastorno no es lineal durante la gestación, sino que existe una sintomatología más acusada en el primer y tercer trimestre.

Detectar la depresión en el embarazo o postparto es fundamental, ya que de lo contrario pueden producirse graves consecuencias en el bienestar de la madre y de su bebé. Por ejemplo, ella puede dejar de ser capaz de atender los cuidados de su hijo así como los suyos propios, recurrir al uso de alcohol y otras drogas e incluso presentar ideación suicida o deseos de herir al recién nacido.

Además, las investigaciones han permitido detectar un comportamiento diferente en aquellos hijos de madres deprimidas en comparación con aquellos con madres sanas. Los primeros muestran menor número de vocalizaciones y expresiones faciales positivas y pueden ser más difíciles de calmar. El tratamiento de elección en los casos de depresión asociada al embarazo y puerperio es la Terapia Cognitivo-Conductual. De igual forma, la psicoeducación y el apoyo social de la mujer embarazada son de gran ayuda.

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2. Ansiedad

Es frecuente que las mujeres embarazadas experimenten miedos e incertidumbre durante el embarazo. Si bien esto es normal, en ocasiones estos pueden salirse de los límites de la normalidad, dando lugar a un trastorno de ansiedad perinatal. Aunque esta problemática es relativamente frecuente, aún no ha sido suficientemente estudiada.

Las mujeres que sufren este problema de salud mental en el embarazo o el puerperio experimentan una sensación de angustia que puede ser casi constante, que en muchas ocasiones va acompañada de somatizaciones. Algunas de las mujeres que atraviesan esta situación ya han sufrido problemas de ansiedad antes de estar embarazadas, por lo que la llegada del bebé es un detonante que produce una recaída en el trastorno preexistente.

La ansiedad al convertirse en madres invade a la mujer, que experimenta temores de todo tipo en relación con su maternidad: miedo a que algo vaya mal en el embarazo o el parto, dudas sobre su competencia como madres, etc. Todo ello impide alcanzar la tranquilidad, pues continuamente existe una inquietud de fondo, un malestar que empaña la vivencia de esta etapa y puede perjudicar tanto a la propia mujer como a su bebé.

Particularmente, la ansiedad estimula la producción de catecolaminas, hormonas que pueden hacer que el oxígeno y los nutrientes lleguen al feto con dificultad. Esto puede ocasionar consecuencias diversas, como prematuridad, bajo peso o alteraciones en el desarrollo del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal del recién nacido. La ansiedad perinatal es una patología que afecta a una de cada diez madres, especialmente aquellas primerizas.

Cuando existe sospecha de que una mujer embarazada está sufriendo este tipo de problema, es crucial que reciba lo antes posible apoyo de un profesional de salud mental, que podrá evaluar su caso y realizar la intervención pertinente. El tratamiento debe ser, preferiblemente, no medicamentoso, optando por intervenciones psicológicas como la Terapia Cognitivo-Conductual, haciendo especial hincapié en las técnicas de relajación.

Añadido a esto, resulta fundamental psicoeducar a las futuras madres, de manera que puedan conocer los aspectos más importantes relacionados con el embarazo y el parto. Disponer de información permite aliviar la incertidumbre y afianzar su seguridad. Además, igualmente importante es contar con el apoyo de la matrona y ginecólogo/a, así como de la pareja y otros familiares, en todo el proceso.

Como es esperable, la ansiedad alcanzará su pico en los momentos cercanos al parto y los primeros días tras haber dado a luz. En esos momentos los miedos y el estrés se acentúan más que nunca, y puede existir inseguridad. En cierta forma, se hace notable la responsabilidad que acarrea traer un hijo al mundo y esto puede ser abrumador los primeros días.

3. Trastornos de alimentación (TCA)

Se estima que la prevalencia de este tipo de trastornos en las mujeres embarazadas ronda el 4,9%. La mayoría de veces el TCA ya ha iniciado mucho antes de que el embarazo tenga lugar, aunque este hito en la mujer puede dar un giro a la sintomatología. En algunos casos, se ha considerado que el embarazo puede reducir la intensidad de los síntomas, aunque no hay consenso en este sentido.

En lo que sí existe acuerdo es en referencia al riesgo que puede suponer para el bebé que la madre sufra un TCA. Esto puede incrementar la probabilidad de que el parto sea por cesárea, la mujer sufra depresión postparto, haya bajo peso en el recién nacido y, en los casos más graves, se produzca un aborto involuntario.

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4. Trastorno Bipolar

Las mujeres que sufren trastorno bipolar pueden experimentar elevado riesgo de sufrir episodios nuevos en su embarazo, especialmente cuando interrumpen su tratamiento con estabilizadores del ánimo. Por este motivo, es fundamental que estas se apoyen en su médico para valorar cómo proceder. Se recomienda que las pacientes con esta condición valoren emplear o no estos fármacos balanceando las ventajas e inconvenientes que esto puede suponer.

Se deberá tener en cuenta el número y severidad de los episodios previos, el nivel de insight o conciencia de enfermedad y el apoyo social disponible, entre otros. Estas mujeres deben ser evaluadas con regularidad, con el fin de que se puedan mantener bajo control los síntomas durante toda la gestación y el puerperio.

Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de los trastornos psicopatológicos más habituales en el embarazo y el puerperio. El embarazo suele asociarse con felicidad y bienestar, pero también es una etapa de cambios profundos a todos los niveles donde puede aparecer vulnerabilidad e inestabilidad. En este escenario, es posible que aparezcan algunos trastornos psicopatológicos. Entre los más habituales se encuentran la ansiedad y la depresión, aunque también se debe prestar una atención especial a las pacientes con TCA y Trastorno Bipolar que esperan un hijo, debido a la posibilidad de recaídas y el riesgo que esto puede suponer para el bienestar de la madre y de su bebé.

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