Los 8 parásitos más letales del mundo

Existen muchas especies de parásitos capaces de infectar nuestro cuerpo. Y, si bien algunos ni siquiera dan muestras de su presencia, hay otros que pueden causarnos la muerte en poco tiempo.
Parásitos más letales

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 2 personas en el mundo está infectada por algún parásito. Y es que a pesar de que en los países desarrollados solo nos preocupemos por las bacterias y los virus, lo cierto es que los parásitos siguen siendo una verdadera alarma de salud pública en aquellos subdesarrollados.

Desde protozoos responsables de la malaria, una enfermedad que causa más de un millón de muertes anualmente en África, hasta amebas que pueden infectar y comerse nuestro cerebro después de entrarnos por la nariz y causarnos la muerte en el 97% de los casos, la naturaleza está llena de parásitos que parecen propios de una película de ciencia ficción y, a la vez, de terror.

Y es que a pesar de que la mayoría de parásitos, teniendo en cuenta que quieren colonizar nuestro cuerpo para alimentarse y reproducirse, no provocan enfermedades demasiado graves (de hecho, los más evolucionados ni siquiera dan señales de su presencia), hay algunos cuya presencia en nuestro organismo puede tener consecuencias fatales.

Hoy nos embarcaremos en un terrible pero a la vez asombroso viaje para encontrar los parásitos más peligrosos y letales del mundo. Analizaremos tanto su naturaleza como las manifestaciones clínicas que tienen las enfermedades que provocan. Vamos allá.

¿Qué es un parásito?

Existe bastante controversia, pues el término “parásito” no hace referencia a un grupo concreto de seres vivos. Es más, engloba organismos pertenecientes incluso a distintos reinos. Esto ya lo iremos viendo. Por lo tanto, la definición más acertada sería decir que un parásito es aquel organismo que basa su ecología en el parasitismo. Pero tanta redundancia no nos sirve, así que entremos en profundidad.

El parasitismo es un tipo de simbiosis entre dos especies de seres vivos. En este sentido, un parásito vive sobre otro organismo o en su interior, con el objetivo de obtener un beneficio, el cual suele consistir en conseguir alimento, en disponer de un lugar para desarrollarse, en tener un sitio donde completar su ciclo de vida (o para reproducirse) o, lo que es más habitual, una combinación de varias.

Por lo tanto, un parásito es aquel organismo que vive sobre o dentro de un huésped, el cual sufre las consecuencias de esta invasión. Unas consecuencias que suelen dar síntomas más o menos graves y que, en determinadas ocasiones (cuando la relación parásito-huésped no está bien establecida), pueden llevar a la muerte.

Entonces, teniendo en cuenta esta definición, ¿por qué las bacterias y los virus no son parásitos? Bueno, porque hay una “ley no escrita” en microbiología que dice que, para que un ser vivo pueda ser considerado un parásito, debe ser eucariota, algo que excluye de la ecuación a las bacterias (son procariotas) y a los virus (ni siquiera se consideran seres vivos).

También son excluidos de la ecuación los hongos patógenos, aunque al ser seres eucariotas, deberían estar dentro. Pero no lo están. En este contexto, hay tres clases principales de parásitos en lo que a afectación al ser humano se refiere:

  • Protozoos: Los protozoos constituyen su propio reino dentro de los seres vivos. Son microorganismos unicelulares eucariotas que se alimentan por fagocitosis, generalmente cazando a otras bacterias. Sin embargo, algunas especies pueden comportarse como patógenos, momento en el que se consideran parásitos. Se dice que los protozoos son como animales unicelulares, pues comparten bastantes características. Esta comparación sirve para entender qué son, pero no hay que olvidar que no tienen nada que ver. Pertenecen a reinos diferentes.

  • Helmintos: Los helmintos son endoparásitos (infectan el interior del cuerpo del huésped) que. básicamente, son gusanos parasíticos. Basta con entender que estos ya pertenecen al reino animal, por lo que son pluricelulares, y que, pese a que no conforman un grupo taxonómico concreto, incluyen a todas aquellas especies de cuerpo largo que infectan el interior del organismo de otro animal. Se estima que hay más de 300 que pueden afectar al ser humano. La tenia es el más célebre ejemplo.

  • Ectoparásitos: Un grupo todavía más diverso. Y es que por ectoparásito entendemos cualquier especie animal que coloniza el exterior de otro animal y se beneficia del mismo, provocando daños. Pulgas, garrapatas, piojos… Hay muchos distintos.

En resumen, un parásito es aquel ser vivo protozoo o animal capaz de vivir en el interior o en la superficie de un huésped para alimentarse o completar su ciclo de vida, provocando, generalmente, daños en él.

¿Cuáles son los parásitos más peligrosos?

Después de entender qué es un parásito, podemos ver ya cuáles son los más letales. Como hemos visto, hay muchos parásitos distintos, pero pocos son capaces de matarnos. Nosotros hemos seleccionado los que, por gravedad de la enfermedad que causan, son más relevantes.

1. Naegleria fowleri

Naegleria fowleri es un parásito protozoo que seguramente te resulte más familiar por su apodo: la ameba comecerebros. Estamos ante una ameba que vive libremente en lagos, ríos y cualquier sistema de agua dulce, habitando sus sedimentos, donde se alimenta de bacterias.

El problema es que si estamos nadando en estas aguas y la ameba entra por nuestra nariz, si no tenemos un sistema inmune bien preparado (de ahí que casi todos los casos hayan sido en niños, ancianos y personas inmunodeprimidas), puede viajar hasta el cerebro a través del nervio olfativo y empezar a producir unas enzimas que degradan el tejido cerebral, del cual se alimenta.

En este momento, aparece la conocida como meningoencefalitis amebiana primaria, una enfermedad con una letalidad del 97%, lo que convierte a esta ameba en uno de los patógenos más letales del mundo. Aun así, desde 1965 solo ha habido 400 casos en todo el mundo.

Naegleria fowleri

2.Plasmodium

Plasmodium es un protozoo que se transmite a los humanos a través de la picadura de un mosquito y que provoca una de las enfermedades más mortales del mundo: la malaria. Se estima que este parásito infecta cada a año a entre 300 y 500 millones de personas (prácticamente todas en África) y es responsable de un millón de muertes.

Cuando el mosquito portador del protozoo pica a una persona sana, permite que Plasmodium entre al torrente sanguíneo, donde infecta a los glóbulos rojos, las células sanguíneas que se encargan del transporte de oxígeno por el organismo.

En ese momento, Plasmodium provoca la aparición de la malaria, una enfermedad muy grave que cursa con anemia, heces con sangre, fiebre muy alta, sudoración, ictericia (amarillamiento de la piel), dolor muscular intenso, convulsiones, vómitos, etc.

Para evitar que la enfermedad derive en insuficiencia renal, respiratoria y hepática (tres condiciones que conducen al coma y, en última instancia, la muerte), debe darse tratamiento con cloroquina. Esto es efectivo si se administra antes de las etapas más avanzadas, el problema es que los países con más incidencia no tienen acceso a estos fármacos.

Plasmodium

3. Angiostrongylus cantonensis

Angiostrongylus cantonensis es un parásito helminto con un ciclo de vida que parece sacado de una película de ciencia ficción. Empieza su vida en el interior de una rata, infectando sus pulmones (de ahí que se conozca como “el gusano de los pulmones de la rata”), sangre y cerebro. Estas ratas defecan las larvas del parásito, las cuales serán comidas por caracoles, ranas o gambas de agua dulce.

En caso de que nosotros comamos estos animales infectados (e incluso verduras o frutas mal lavadas contaminadas con heces de ratas enfermas, podríamos permitir la entrada de estos parásitos a nuestro cuerpo. Y aunque generalmente muere por nuestra respuesta inmunitaria, hay ocasiones en las que el parásito puede llegar a nuestro cerebro, causando una meningitis. La mayoría de veces, el helminto muere ya que no soporta bien las condiciones del cuerpo humano, pero hay veces en las que puede ser letal.

Angiostrongylus cantonensis

4. Halicephalobus gingivalis

Halicephalobus gingivalis es un helminto que vive libremente en los suelos. Es decir, a priori, no es un parásito. Normalmente es inofensivo, pero bajo determinadas condiciones (por ingesta de larvas o por heridas en la piel), puede infectar a los animales. La mayoría de veces, parasita a caballos, provocando enfermedades neurológicas en los mismos, pues migra al sistema nervioso central.

La infección en humanos es muy rara pero también muy grave. Se cree que Halicephalobus gingivalis solo puede infectar a personas inmunodeprimidas, pero cuando lo consigue, provoca una meningoencefalomielitis potencialmente fatal. Es decir, una inflamación del cerebro y de la médula espinal. Es tan rara que la infección solo se detecta después de la muerte.

A modo de curiosidad pero también de demostración de la crueldad del azar, cabe mencionar que en 2014, dos personas en Gales murieron por recibir un trasplante de riñones infectados con el helminto.

Halicephalobus gingivalis

5. Taenia solium

Taenia solium es un helminto que, en su forma adulta, vive en los intestinos de los cerdos. Digamos que es la tenia de los cerdos. La infección en humanos llega cuando comemos tejidos de este animal (el cerdo), los cuales pueden contener los huevos de la larva.

En ese momento puede producirse la conocida como cisticercosis, una enfermedad parasitaria que aparece por consumir huevos de Taenia solium, los cuales suelen estar en carne de cerdos infectados, aunque la vía de contagio por ingesta de frutas y verduras contaminadas de forma fecal también es posible.

Sea como sea, una vez están en nuestro cuerpo, los huevos del helminto pueden viajar a distintos órganos del cuerpo y enquistarse. Pueden formar quistes en el corazón, causando insuficiencia cardíaca (poco habitual), en los ojos, pudiendo causar ceguera, e incluso cruzar la barrera hematoencefálica y llegar al sistema nervioso central, infectando el cerebro y causando convulsiones y otros problemas neurológicos. Es una de las enfermedades parasitarias más peligrosas, pero fácilmente prevenible cocinando bien la carne y aplicando medidas de sanidad en los cerdos, de ahí que, al menos en países desarrollados, sea extremadamente rara.

Taenia solium

6. Cryptostrongylus pulmoni

Cryptostrongylus pulmoni es un parásito helminto que todavía no está bien descrito, pues su descubrimiento es bastante reciente. De momento, lo que sabemos es que es un parásito que llega a la sangre y que puede viajar al cerebro, donde libera moléculas que pueden dañar las funciones neurológicas.

Se cree también que su presencia en sangre podría afectar a otros órganos. De hecho, un reciente estudio realizado en Estados Unidos ha encontrado una supuesta relación entre la infección por este parásito y la fatiga crónica. Aun así, todavía nos falta mucho que descubrir.

Cryptostrongylus pulmoni

7. Spirometra erinaceieuropaei

Spirometra erinaceieuropaei es un helminto parásito extraño con un ciclo de vida que consiste en una primera fase en anfibios y crustáceos y una segunda en gatos y perros. En este sentido, los humanos somos huéspedes accidentales, pero no llega a nosotros a través de las mascotas (que es lo más lógico), sino por beber agua contaminada o por comer anfibios crudos.

Sea como sea, en nuestro cuerpo, el parásito no puede completar su ciclo, pero sí provocarnos daños. Estos consisten especialmente en daños a nivel cerebral y de médula espinal, además de pérdida del control de movimiento ocular, inflamación de los músculos y aparición de nódulos debajo de la piel.

Se cree que esta enfermedad tiene su origen en China, aunque ya ha llegado a otros países. De todos modos, tranquilidad. Apenas se han diagnosticado 300 casos en toda la historia.

Spirometra erinaceieuropaei

8. Cryptosporidium parvum

Cryptosporidium parvum es un protozoo que infecta el tracto digestivo, transmitiéndose por vía fecal oral (por ingesta de agua o alimentos contaminados con restos fecales de personas enfermas) y provocando una enfermedad conocida como criptosporidiosis.

Cuando Cryptosporidium parvum llega a los intestinos, los coloniza, provocando los siguientes síntomas: calambres abdominales, diarrea acuosa, hipoxia (disminución en los niveles de oxígeno en sangre), pérdida de peso, vómitos, flatulencias…

No hay un tratamiento efectivo para eliminar al parásito, pero esto no es demasiado problemático ya que la inmensa mayoría de personas superan por sí solas la enfermedad. El problema viene con las personas inmunodeprimidas, pues pueden sufrir diarreas muy graves que sí que suponen un peligro para la vida (a causa de la deshidratación) y, además, no son capaces de matar al parásito.

Cryptosporidium parvum
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