Los 8 tipos de anemia (causas, síntomas y tratamiento)

La anemia es una enfermedad sanguínea en la que la persona tiene una cantidad insuficiente de glóbulos rojos sanos, algo que provoca problemas de oxigenación. Dependiendo de la causa, existen distintas formas de anemia.

Tipos anemia

La sangre es, pese a tratarse de un líquido, un tejido más de nuestro cuerpo. Un tejido esencial para la vida ya que permite la distribución de oxígeno, nutrientes y sustancias de desecho por el organismo y la actuación de las células del sistema inmunitario. La sangre es el medio líquido que nos hace estar vivos.

Y de los muchos componentes que contiene esta sangre, los glóbulos rojos son, sin duda, uno de los más importantes. Representando el 99% de las células sanguíneas, estos eritrocitos son transportadores de la hemoglobina, una proteína que, enganchada a estas células, tiene afinidad por el oxígeno. Es por este motivo que los glóbulos rojos transportan el oxígeno por el cuerpo.

Los glóbulos rojos son las únicas células del organismo capaces de hacer llegar el oxígeno hasta el último rincón del cuerpo y de recoger las sustancias de desecho en forma de dióxido de carbono para su eliminación. Ni qué decir tiene, pues, que trastornos en su funcionalidad pueden derivar en graves problemas de salud.

Y es aquí cuando debemos introducir la anemia, una enfermedad sanguínea que surge cuando una persona tiene una cantidad insuficiente de glóbulos rojos sanos como para permitir una correcta oxigenación del cuerpo. Hay muchos desencadenantes distintos detrás de esta patología. Y es precisamente en función de ello que podemos describir, como haremos en el artículo de hoy, los diferentes tipos de anemia.

¿Qué es la anemia?

La anemia es una enfermedad sanguínea en la que, debido a una escasez patológica de glóbulos rojos sanos, la sangre no está transportando el suficiente oxígeno al resto del organismo como para cubrir las demandas de las células del cuerpo. Se trata de una patología que, dependiendo del paciente, puede oscilar entre leve y grave.

Como veremos después, existen muchas formas distintas de anemia, cada una de ellas con una causa muy concreta. Es decir, hay muchos desencadenantes que pueden derivar en esta baja cantidad de eritrocitos o glóbulos rojos, los cuales, como hemos visto, son las células sanguíneas que, uniéndose a la hemoglobina, transportan el oxígeno y el dióxido de carbono a través del cuerpo.

Sea como sea y teniendo en cuenta tanto que la anemia puede ser temporal, prolongada o crónica como que los signos clínicos dependen de la forma exacta de anemia ante la que nos encontremos, la sintomatología de esta enfermedad surge como consecuencia de la falta de oxigenación del organismo.

Y aunque hay casos donde apenas hay síntomas, los más comunes son la debilidad, la palidez, la fatiga, las dificultades respiratorias, la irregularidad en el ritmo cardíaco, tener las manos y pies fríos, dolor en el pecho, mareos, sensación de aturdimiento, dolor de cabeza… Con el tiempo y sin tratamiento, en caso de que sea un caso grave, la anemia puede derivar en complicaciones serias.

Si no se trata, la anemia, pese a que al principio puede no dar demasiadas señales, puede derivar en fatiga intensa que impide realizar las actividades diarias normales, complicaciones en el embarazo, problemas cardíacos (incluida insuficiencia cardiaca) e incluso, especialmente en las formas hereditarias de la enfermedad, la muerte.

Es por este motivo y al descubrir que 1 de cada 3 mujeres del mundo sufre anemia (aunque la mayoría sean casos leves de la patología) que conocer sus principales formas y entender cuáles son las más graves se hace esencial. Y esto es lo que, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, haremos en el artículo de hoy.

Anemia qué es

¿Qué clases de anemia existen?

Hay muchos factores, tanto hereditarios como adquiridos, que pueden derivar en esta falta de glóbulos rojos sanos y que, consecuentemente, pueden provocar problemas en la oxigenación normal del cuerpo, apareciendo así la anemia. Por lo tanto, la clasificación de la anemia se realiza en función de la causa detrás de la misma. Estas son los principales tipos de anemia que existen.

1. Anemia ferropénica

La anemia ferropénica es aquella en la que la anemia aparece porque el cuerpo no tiene la suficiente cantidad de hierro, un mineral esencial para la producción de la hemoglobina, la proteína que, como hemos dicho, es la encargada del transporte de oxígeno. Esta deficiencia de hierro es lo que provoca que no dispongamos de glóbulos rojos sanos.

Al no tratarse de una forma de origen genético, sí que es posible curarla. En caso de que la deficiencia se deba a una dieta pobre en hierro, habría que incrementar el consumo de alimentos ricos en este mineral (la cantidad diaria recomendada oscila entre los 8-18 mg/día, dependiendo de edad y sexo), pero si se debe a problemas a la hora de absorberlo, quizás haya que recurrir a suplementos.

Anemia ferropénica

2. Anemia perniciosa

La anemia perniciosa es aquella en la que la anemia aparece por una deficiencia de vitamina B12, con unos valores por debajo de los 200 pg/ml de sangre. Es una vitamina que estimula la formación de glóbulos rojos, por lo que déficits en ella pueden derivar en esta anemia. El problema puede deberse a una dieta pobre en B12 o a problemas de absorción de la misma.

Estos déficits dietéticos aparecen generalmente en personas que siguen dietas veganas (pues la B12 se encuentra principalmente en alimentos de origen animal), por lo que habrá que recurrir a suplementos para compensar. En caso de que el problema se deba a errores en su absorción, entonces quizás haya que incrementar la ingesta de los productos ricos en ella.

3. Anemia falciforme

La anemia falciforme es aquella en la que la anemia aparece por desencadenantes de origen genético y hereditario que hacen que la anatomía de los glóbulos rojos se vea alterada, haciendo que sean demasiado rígidos y que su forma sea incorrecta, algo que impide que puedan transportar oxígeno con normalidad. Tenemos valores normales de glóbulos rojos, pero estos no son sanos.

Su incidencia se sitúa aproximadamente en 1-5 casos por cada 10.000 habitantes y surge por mutaciones en el gen HBB. Y por desgracia, al tratarse de una patología de origen genético, no hay cura. Aun así y pese a que la esperanza de vida se reduzca en, de media, 22 años respecto a una persona sana, hay tratamientos para mejorar la sintomatología y reducir el riesgo de complicaciones.

Anemia falciforme qué es

4. Anemia aplásica

La anemia aplásica es aquella en la que la anemia aparece porque la médula ósea no produce suficientes células sanguíneas. Por defectos en el proceso de hematopoyesis, la médula ósea, un tejido blando ubicado en el interior de los huesos largos del cuerpo, no sucede como es debido, por lo que no hay una correcta diferenciación de las células madre en glóbulos rojos.

Estos problemas en la síntesis de eritrocitos se deben, generalmente, a la exposición a químicos tóxicos (como el benceno), la exposición a quimioterapia o radiación, trastornos inmunitarios (por defectos genéticos, las células inmunes atacan a la médula ósea), ciertas infecciones e incluso como complicación temporal del embarazo. Los casos leves no requieren de tratamiento, pero los graves pueden requerir de un trasplante de médula ósea.

5. Anemia hemolítica

La anemia hemolítica es aquella en la que la anemia aparece porque la esperanza de vida de los glóbulos rojos es menor de lo normal. En condiciones óptimas, los glóbulos rojos viven aproximadamente 120 días, un tiempo suficiente para que cumplan con su función y podamos mantener un equilibrio entre los que se forman y los que se destruyen.

Con la anemia hemolítica, los glóbulos rojos se destruyen más rápido de lo que la médula ósea puede, a través del proceso de hematopoyesis, reemplazarlos. Esto sucede generalmente por problemas autoinmunitarios, infecciones, anomalías genéticas (como la anemia falciforme que hemos visto) e incluso por transfusiones de sangre de un donante no compatible. El tratamiento suele consistir en transfusiones de sangre (para emergencias), administración de medicamentos que inhiben el sistema inmune (si se debe a un trastorno autoinmune) o suplementación con hierro o ácido fólico.

Anemia hemolítica

6. Anemia inflamatoria

La anemia inflamatoria es aquella en la que anemia aparece cuando una enfermedad inflamatoria aguda o crónica interfiere en la producción normal de glóbulos rojos. En este caso, la anemia es un efecto colateral del desarrollo de una enfermedad de origen no sanguíneo como por ejemplo el cáncer, el SIDA, la enfermedad de Crohn, patologías renales, hepatitis, lupus o artritis reumatoide.

Recibe el nombre también de anemia por enfermedad crónica (ACD, por sus siglas en inglés) y aparece como síntoma secundario de una patología generalmente crónica que involucra un proceso de inflamación. De todos modos, la anemia (que no la enfermedad de fondo), en este caso, suele ser leve. Por lo tanto, muchas veces (a excepción de la asociada al SIDA o a una insuficiencia renal) la anemia en sí no se trata. Y cuando se hace, es con transfusiones o administración, vía inyección, de eritropoyetina.

7. Anemia megaloblástica

La anemia megaloblástica es aquella en la que la anemia aparece por una deficiencia de ácido fólico o folato. Conocido también como vitamina B9, el ácido fólico trabaja conjuntamente con la vitamina B12, ayudando a la formación de glóbulos rojos. El folato se obtiene fácilmente de hortalizas de hoja verde, pero el cuerpo no lo almacena en grandes cantidades.

Es por esta razón que, en caso de seguir una dieta pobre en alimentos ricos en vitamina B9, pueda surgir esta forma de anemia caracterizada por unos glóbulos rojos anormalmente grandes. El tratamiento puede consistir en, simplemente, un incremento en la ingesta de productos ricos en folato o, en caso de que el problema esté en la absorción, suplementos de ácido fólico por vía oral o, en casos excepcionales, por vía intravenosa o intramuscular.

8. Talasemia

La talasemia es una enfermedad sanguínea de origen genético y hereditario en la que la persona produce una cantidad insuficiente de hemoglobina o esta hemoglobina tiene una estructura anómala que impide que transporte correctamente el oxígeno. Por lo tanto, defectos en la síntesis de la hemoglobina provocan la aparición de esta anemia.

El tratamiento depende mucho de cómo de grave sea esta talasemia (y la anemia asociada), pero hay que tener en cuenta que, al tratarse de una enfermedad genética y hereditaria, no existe cura. De todas formas, las transfusiones de sangre e incluso el trasplante de médula ósea se contemplan como terapia para mejorar el pronóstico. En caso de la talasemia mayor, la esperanza de vida es de, por desgracia, 30-50 años.

Talasemia qué es
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