Mescalina: los 10 efectos (físicos y psicológicos) de esta droga alucinógena

La mescalina es una potente droga alucinógena que, obtenida de algunas especies de cactus, ha sido tradicionalmente usada en rituales místicos por tribus americanas. Un repaso de sus propiedades químicas.
Mescalina

Por definición, una droga es cualquier sustancia de origen animal, vegetal o sintético que, después de ser introducida en nuestro cuerpo por diferentes vías y a causa de sus propiedades químicas, tiene la capacidad de alterar la fisiología de nuestro sistema nervioso central. Y cada droga actúa de forma distinta sobre nuestra neurología.

Sensación de euforia como la heroína, depresión del sistema nervioso como el alcohol, incremento de la energía como la cafeína, reducción de la sensación del dolor como la morfina, sensación de placer como el Popper y, por supuesto, alucinaciones. Y es aquí donde nos tenemos que detener.

Las drogas alucinógenas son sustancias psicoactivas que, tras ser inoculadas en nuestro cuerpo, alteran la fisiología del sistema nervioso central de tal manera que nuestra percepción de la realidad cambia y nuestros pensamientos se vuelven extraños. Es decir, alucinamos. Y aunque las más conocidas son el LSD y la psilocibina (que procede de los hongos o setas alucinógenas), hay una que, desde el punto de vista científico, es asombrosa.

Estamos hablando de la mescalina, una droga que se obtiene del peyote (una tipo de cactus sin espinas endémico de México) y que tradicionalmente ha sido utilizada por tribus americanas como parte de rituales místicos. En el artículo de hoy, pues, veremos sus propiedades químicas y, sobre todo, sus efectos en el organismo. Es hora de aprender todo lo que siempre quisiste saber (pero nunca te atreviste a preguntar) sobre la mescalina.

¿Qué es la mescalina?

La mescalina es una droga alucinógena que se obtiene del peyote, una especie pequeña de cactus sin espinas de nombre científico Lophophora williamsii, endémica de México. El peyote contiene distintos alcaloides feniletilamínicos, entre ellos la mescalina, que es la principal sustancia responsable de los efectos psicoactivos de esta planta.

Encontrándose también en la especie de cactus Trichocereus pachanoi (más conocido como cactus de San Pedro), la mescalina o 3,4,5-trimetoxifenetilamina es una sustancia psicoactiva que se lleva usando desde hace miles de años como parte de rituales místicos o con fines espirituales en muchas tribus americanas, especialmente en México.

Pero no fue hasta el año 1897 que el farmacólogo alemán Arthur Heffler consiguió aislar por primera vez el principio activo del peyote, al cual se le dio el nombre de “mescalina” ya que este alcaloide se había extraído de los botones secos del peyote conocidos como “botones del mescal”. Ya en el año 1919, se sintetizó artificialmente en un laboratorio de Viene, siendo así el primer alcaloide alucinógeno que se sintetizaba.

A nivel químico, la mescalina es la principal representante de los alucinógenos de tipo feniletilaminas (el otro gran grupo son las triptaminas), consistiendo en tres grupos metóxido unidos a un anillo bencénico en las posiciones 3, 4 y 5, además de un grupo amino unido a una cadena lateral alifática.

Peyote

Normalmente, la mescalina se encuentra en forma de sal, pudiéndose consumir a través del peyote (en los peyotes secos, el contenido de mescalina es, de media, del 2%), en forma de resina, en cápsulas e incluso en té. Se necesitan entre 200 y 600 mg de mescalina pura para sentir sus efectos, pero hay que tener en cuenta que su sabor es desagradable, por lo que generalmente se consume en cápsulas.

Sea como sea, pese a que es cierto que culturalmente se suele consumir por sus efectos psicotrópicos, la verdad es que tiene posibles aplicaciones médicas en campos como la psicología y la psiquiatría (especialmente en el estudio de las bases moleculares de la esquizofrenia), por lo que su estudio está ganando importancia a nivel clínico.

A nivel neurológico, cuando se consume mescalina, esta actúa como antagonista de los receptores serotoninérgicos, uniéndose a ellos y alterando su función normal. Esto, junto al hecho de que impide que el glutamato y el sodio se oxiden y de su actuación a nivel del hipotálamo, hace que se generen todos los efectos psicológicos (y también físicos) que analizaremos a continuación.

¿Cuáles son los efectos psicológicos y físicos de la mescalina?

La mescalina es una sustancia difícil de aislar y de sintetizar, por lo que, aunque sea para fines recreativos, es cara. De ahí que, muchas veces, lo que llega al consumidor es un producto adulterado con LSD o que directamente es LSD. De todas formas, nosotros nos vamos a centrar en los efectos psicológicos y físicos de la mescalina pura.

Su legalidad depende del país, pero hay que tener en cuenta que, más allá de si su consumo es legal o ilegal, la mescalina está totalmente contraindicada en niños, mujeres embarazadas, mujeres en periodo de lactancia, personas con trastornos psicológicos y, evidentemente, cuando se va a conducir o manejar maquinaria pesada.

Paralelamente, es importante recordar que hay que consumirla con el respeto que merece, en compañía de las personas adecuadas, sin mezclar con otras sustancias y hacerlo siempre en un entorno seguro y agradable (no se recomienda consumirla de fiesta). Dicho esto, vemos qué provoca la mescalina en nuestro organismo.

1. Alteraciones visuales y sonoras

Uno de los principales efectos neurológicos de la mescalina son las alteraciones visuales y sonoras que produce. Es decir, su consumo genera alucinaciones tanto de imágenes como de sonidos, que es lo que realmente hace “viajar”. Estas alteraciones dependen de cada persona.

Alucinaciones

2. Sensación de euforia

Generalmente, uno de los principales efectos del consumo de mescalina es la sensación de euforia y de alegría. De todos modos, hay veces que esta euforia es tan excesiva que puede llegar a convertirse en ansiedad, momento en el que tenemos un “mal viaje”.

3. Profundo estado de introspección

Muchas veces, la mescalina provoca, a nivel psicológico, un incremento de la concentración y, sobre todo, la entrada en un profundo estado de introspección que nos puede llegar a permitir el acceso a lugares de nuestra mente que ni siquiera conocíamos o a recuerdos que teníamos olvidados.

4. Alteraciones en las sensaciones de la piel

Las alucinaciones no se limitan solo a las clásicas vinculadas a imágenes y sonidos que se escapan de la percepción normal de la realidad. El sentido del tacto también sufre alteraciones. Esto explica que, muchas veces, las alucinaciones también se asocian con sensaciones extrañas en la piel y sentir que nos están tocando cosas que, en realidad, no están ahí.

5. Alucinaciones en la percepción del espacio y el tiempo

A nivel de alucinaciones, la mescalina también provoca alteraciones en la percepción tanto del espacio como del tiempo que, en ocasiones, pueden llegar a ser graves. El paso del tiempo pasa a ser confuso y el entorno que nos rodea se distorsiona. Pese a que esto sea parte de la experiencia, es importante que consumamos esta droga en un ambiente seguro y junto a la compañía de personas que no la han tomado.

Alteraciones espacio

6. Taquicardia

A nivel físico, uno de los principales efectos de la mescalina es que incrementa la frecuencia cardíaca. En este contexto, la mescalina provoca una taquicardia, es decir, una aceleración del ritmo de los latidos del corazón con una frecuencia cardíaca superior a los 100 latidos por minuto.

7. Cambios en el estado de ánimo

El consumo de mescalina también provoca turbulencias a nivel emocional. Esta droga hace que nuestras emociones y sentimientos fluctúen con rapidez y con gran intensidad, algo que puede ser parte del viaje si las emociones son positivas, pero también algo negativo si estas emociones tienden a la ansiedad, el miedo y el estrés.

8. Sensación de estar soñando

Con el consumo de mescalina, las alucinaciones generadas y la distorsión de la realidad hacen que sintamos que, en lugar de estar despiertos, nos encontramos soñando. El estado psicotrópico estimulado y los efectos físicos vinculados hacen que todo parezca un sueño.

9. Aumento de la libido

Uno de los efectos más comunes tras el consumo de mescalina es un aumento de la libido, es decir, un incremento de las ganas de practicar relaciones sexuales. Este estímulo del deseo sexual es lo que hizo que, ya desde su uso en las tribus americanas, la mescalina se considerara un poderoso afrodisíaco.

10. Mejora de la creatividad

Por suerte o por desgracia, muchas de las manifestaciones artísticas más creativas se han realizado bajo los efectos de drogas alucinógenas. Y es que en el caso concreto de la mescalina, esta incrementa no solo la sensibilidad musical y artística, sino que estimula la imaginación y la creatividad de la persona que la consume.

Mescalina creatividad

¿Qué riesgos tiene el consumo de mescalina?

Como cualquier droga alucinógena, la mescalina tiene el riesgo de provocarnos lo que popularmente se conoce como un “mal viaje”. Por ello, es importante respetar la dosis de 200-600 mg de mescalina cuando vayamos a consumirla. Esto no nos asegura que no vaya a haber efectos secundarios, pero sí que reduce las probabilidades de chocarnos con los riesgos de esta sustancia.

La mescalina, en determinadas personas, puede provocar mareos, ansiedad, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, debilidad, fatiga, paranoias, convulsiones, amnesia, pensamientos suicidas, sudoración excesiva, terrores, confusión, lesiones (por las alucinaciones), alucinaciones aterradoras, dilatación de las pupilas, pérdida de apetito, diarrea, aumento de la temperatura corporal, falta de coordinación, visión borrosa, episodios psicóticos…

Aun así, no se conoce ninguna muerte directamente relacionada a su consumo. Así pues, dentro de la posibilidad de sufrir este “mal viaje”, la mescalina se considera una sustancia, al menos a nivel físico, segura. Y es que a pesar de que puede generar tolerancia, no genera adicción ni dependencia física, aunque, como sucede con todas las drogas alucinógenas, sí que puede haber dependencia psicológica. A partir de aquí, tú tienes la libertad de decidir.

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