Los 3 tipos de TDAH: causas, síntomas y tratamiento

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una enfermedad crónica que provoca dificultades para mantener la atención y comportamientos impulsivos. Veamos cómo puede manifestarse.

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Por desgracia e inexplicablemente teniendo en cuenta que nos encontramos en pleno siglo XXI, todo aquello relativo a la salud mental sigue estando rodeado de mucho estigma. Los trastornos que afectan al modo como nos relacionamos con el entorno y que puedan salirse de la normalidad establecida por las pautas sociales generan en la sociedad un estado en el que tendemos a no hablar de los mismos.

Y si a esto le sumamos un impacto durante la infancia, la situación se vuelve todavía más crítica. Así, en este contexto, pocas enfermedades están tan estigmatizadas y, por tanto, esconden tanto desconocimiento, como el famoso TDAH, las siglas de “trastorno por déficit de atención e hiperactividad”. Un trastorno muy conocido pero, a la vez, muy confuso para la población general.

El TDAH es una enfermedad crónica que provoca dificultades para mantener la atención y comportamientos impulsivos y que afecta a millones de niños en todo el mundo, pudiendo manifestarse ya desde los tres años y, pese a que la sintomatología tiende a disminuir con la edad, puede tener impacto en la vida adulta.

Por ello, en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a indagar en las bases clínicas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad y a presentar su clasificación, pues dependiendo de cómo se manifiesta la patología, podemos definir tres clases principales de TDAH. Vamos allá.

¿Qué es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)?

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una enfermedad crónica que se desarrolla con dificultades para mantener la atención y con comportamientos impulsivos e hiperactivos, siendo una patología neurológica que afecta a aproximadamente el 2,2% de niños del mundo y, con una sintomatología más leve, al 2,8% de adultos.

Y es que se trata de un trastorno que, si bien es famoso por su afectación durante la infancia, muchas veces su impacto continúa en la edad adulta, en aproximadamente el 30% de los casos. El TDAH generalmente da muestras de su existencia antes de los 12 años, pudiendo hacerlo incluso ya desde los 3 años. Y es importante conocer sus bases clínicas porque ya no solo es que pueda afectar a la vida adulta, sino que podemos pagar las consecuencias de sufrirlo en la infancia.

Y es que además de las manifestaciones propias del trastorno, los niños y jóvenes con TDAH pueden desarrollar un baja autoestima que va a afectar siempre a su autoimagen, tener un bajo rendimiento escolar que va a condicionar su vida laboral, tener tendencia a desarrollar actividades peligrosas para su integridad o a desarrollar relaciones interpersonales problemáticas. De ahí la importancia de saber cómo se manifiesta.

El TDAH presenta una sintomatología que varía entre leve, moderada y grave, pero los signos clínicos más habituales son que el niño tiene tendencia a distraerse fácilmente, a olvidarse de tareas diarias, a hablar demasiado, a estar en constante movimiento, a interrumpir conversaciones, a entrometerse en juegos, a ser incapaz de prestar atención a los detalles, a tener comportamientos impulsivos, a ser percibido como una persona hiperactiva, a tener problemas para permanecer mucho tiempo sentado, a presentar molestias para realizar actividades que requieren de concentración, a no tolerar las esperar, a mostrar malestar por las rutinas, etc.

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Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que la hiperactividad no siempre aparece. La impulsividad y la falta de atención, sí, pero la hiperactividad no tiene por qué. Este es solo uno más de los muchos mitos que circulan acerca del TDAH, como el de erróneamente considerar que no es una enfermedad, que un niño con esta patología es menos inteligente, que no puede heredarse (si uno de los padres tiene TDAH, el niño tiene al menos un 60 % de probabilidades de sufrirlo), que se cura (es en realidad un trastorno crónico), que puede resolverse con educación, que hace que los niños sean violentos, que aparece a causa de una lesión cerebral… Todas estas afirmaciones son falsas y no hacen más que aumentar el estigma hacia esta enfermedad.

Las causas detrás del TDAH siguen sin estar claras, pero sí se sabe que la genética es el principal factor que explica su desarrollo, emergiendo como un trastorno relacionado con alteraciones en el modo como las neuronas del cerebro se comunican entre sí. Aun así, también es cierto que, en menor medida, los factores ambientales pueden explicar, en parte, su aparición.

En este sentido, pese a que queda mucho por investigar y todavía hay estudios que se contradicen entre sí, parece ser que, condicionado siempre por la genética, el TDAH puede, hasta cierto punto, prevenirse evitando, durante el embarazo, todo aquello que pueda dañar al feto (como fumar o beber alcohol), protegiendo al hijo de la exposición a contaminantes y toxinas y, aunque todavía no está del todo clara su relación, limitando el tiempo de exposición a las pantallas antes durante los primeros cinco años de vida.

Como decimos, pese a que la mayoría de signos desaparecen durante la adolescencia, el 30% de las personas con TDAH siguen presentando síntomas más o menos importantes en la vida adulta. Por ello, pese a que es un trastorno crónico que no tiene cura, abordar el problema desde la infancia con medicamentos para controlar la sintomatología, terapia o una combinación de ambos es esencial. Pero para que el abordaje sea correcto, debemos saber qué manifestación exacta presenta el paciente.

¿Qué clases de TDAH existen?

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) puede clasificarse en tres modalidades distintas dependiendo de cuáles sean los síntomas más notorios, especialmente de la manifestación de la hiperactividad y de la falta de atención. Por ello, a continuación vamos a presentar las bases clínicas particulares de cada uno de los diferentes tipos de TDAH reconocidos.

1. TDAH hiperactivo/impulsivo

El TDAH hiperactivo/impulsivo es aquella modalidad del trastorno en la que los síntomas predominantes son los comportamientos hiperactivos y/o impulsivos. Es decir, la principal manifestación del TDAH es que el niño tiene dificultades para controlar sus impulsos pero sin que haya problemas en su capacidad de atención.

Es decir, no existen dificultades en la concentración, pues el niño es capaz de focalizarse en tareas específicas, pero sí que existen conductas impulsivas y tendencia a la hiperactividad, siendo incapaz de permanecer mucho tiempo sin hacer nada que resulte estimulante. Así, el niño tendrá problemas para estar sentado en clase y para controlar su comportamiento.

Los niños, que ya de por sí presentan una mayor incidencia del trastorno, suelen presentar más rasgos de hiperactividad e impulsividad que las niñas. Aun así, esta modalidad es menos común que la que viene acompañada de las carencias de concentración. Y es que es extraño que un caso de TDAH se manifieste sin signos de distracción o de falta de atención.

Aun así, aproximadamente el 30% de los casos diagnosticados, siendo más frecuente en el sexo masculino, pues 4 de cada 1 casos se detectan en niños. Su relación con los trastornos de la conducta, más fáciles de detectar ya que el niño muestra hiperactividad y tendencia a la impulsividad, hace que sean los casos que más pronto son detectados por los padres y que, por tanto, de forma más precoz suelen ser abordados.

2. TDAH con predominante falta de atención

El TDAH con predominante falta de atención es aquella modalidad del trastorno en la que los síntomas principales son las constantes distracciones y las dificultades para concentrarse y prestar atención. Es decir, son casos en los que no existe esa tendencia a la impulsividad y a la hiperactividad, sino que queda limitado a la falta de atención.

Se trata de la forma menos común, pues representa apenas un 10% de los casos diagnosticados. Ahora bien, no sabemos si es porque realmente su incidencia es baja o porque, al no presentar trastornos de la conducta tan observables como en la anterior modalidad, muchos de los casos no llegan a consulta. No es tan llamativo como el TDAH hiperactivo/impulsivo.

Lo que sí sabemos es que las mujeres son el grupo poblacional que muestra una mayor incidencia. Como decimos, es aquella forma de TDAH donde no se observan conductas impulsivas e hiperactivas, sino simplemente dificultades para prestar atención, por lo que muchos casos pasan inadvertidos, creyendo simplemente que el niño es tímido o que suele distraerse con facilidad.

3. TDAH combinado

El TDAH combinado es aquella modalidad del trastorno donde se observan tanto las conductas hiperactivas e impulsivas como el déficit de atención. Es, de hecho, la manifestación más habitual, pues el 60% de los casos diagnosticados son de este tipo. Los niños se distraen fácilmente y, además, presentan un comportamiento que es percibido como hiperactivo y conductas de impulsividad.

Es la modalidad que responde a lo que tradicionalmente todos consideramos como TDAH y requiere de un correcto abordaje ya que la doble afectación, tanto a la capacidad de atención como a la hiperactividad, abre la puerta a complicaciones que pueden tener impacto en la vida adulta.

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