Las 10 diferencias entre Esclerosis Múltiple y ELA

La esclerosis múltiple y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) son dos enfermedades neurodegenerativas de mismo nombre pero distinto apellido. Y aunque muchos las consideren como una misma patología, son diferentes.

Diferencias esclerosis múltiple ela

Las enfermedades neurológicas, todos aquellos trastornos que afectan al sistema nervioso tanto central como periférico, tienen, por desgracia, una elevada incidencia en el mundo. De hecho, cientos de millones de personas sufren algún tipo de trastorno neurológico. Por ejemplo, se estima que unos 700 millones de personas padecen episodios de migraña más o menos regulares.

Y aunque hay veces que dichos trastornos, dentro de su intrínseca gravedad, no ocasionan serias complicaciones en la salud y la vida de quienes los padecen, hay algunas enfermedades neurológicas que sí son un verdadero infierno para el paciente y sus seres queridos. Y es que los fallos en el sistema nervioso pueden ocasionar pérdida de memoria, alteraciones en el estado de ánimo, dificultades para hablar, problemas para respirar y tragar, disminución de la movilidad y, en algunos casos, la muerte.

Existen muchas enfermedades neurológicas diferentes y muy conocidas tales como el Alzheimer, la epilepsia, el Parkinson, la ataxia, la corea de Huntington, el síndrome de Guillain-Barré, etc. Pero, seguramente, dos de las más reconocidas son la esclerosis múltiple y la esclerosis lateral amiotrófica, más conocida como ELA, dos enfermedades que, si bien comparten nombre, no son, en absoluto, la misma patología.

Y como somos conscientes de que este tema genera mucha confusión, en el artículo de hoy, de la mano tanto de nuestro equipo colaborador de neurólogos como de prestigiosas publicaciones científicas, exploraremos las principales diferencias entre la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y la esclerosis múltiple. Empecemos.

¿Qué es la esclerosis múltiple? ¿Y la ELA?

Más adelante ofrecemos una selección muy concisa de las diferencias entre ambas enfermedades en forma de punto clave, pero es interesante (e importante) ponernos primero en contexto y definir individualmente las dos patologías. Veamos, de forma resumida, en qué consiste exactamente la esclerosis múltiple (EM) y la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) para así empezar a ver más claras sus similitudes pero también sus diferencias.

Esclerosis Múltiple (EM): ¿qué es?

La esclerosis múltiple es una enfermedad neurodegenerativa de origen autoinmune que afecta al sistema nervioso central, es decir, cerebro y médula espinal. Se trata de un trastorno neurológico en el que el propio sistema inmunitario ataca a la vaina de mielina que rodea los axones de las neuronas, algo que dificulta el proceso de comunicación vía sinapsis neuronal.

Esta pérdida progresiva de la vaina protectora de las fibras nerviosas es la responsable de la sintomatología de la esclerosis múltiple, la cual depende enormemente de la magnitud de la lesión neurológica, de la velocidad de pérdida de la mielina y de los nervios que estén dañados. De ahí que, si bien algunas personas pueden, en casos más graves, perder la capacidad de caminar, otras pueden experimentar largos períodos de remisión sin aparición de nuevos síntomas o empeoramiento de los mismos.

Se trata de la enfermedad neurológica más común entre adultos jóvenes, diagnosticándose generalmente entre los 18 y los 35 años. No es una enfermedad mortal ni tampoco hereditaria ni mucho menos contagiosa, evidentemente. Eso sí, puede ocasionar entumecimiento en extremidades, sensaciones de descargas eléctricas en cuello, temblores, marcha inestable, pérdida de coordinación, problemas de visión, mareos frecuentes, problemas en la función intestinal, sexual y de la vejiga, así como, en casos graves, parálisis, depresión o epilepsia.

Como sucede, con desgracia, con las enfermedades neurológicas, no tiene cura. Aun así, la esperanza de vida es casi tan larga como la de una persona sin la enfermedad y los tratamientos actuales han permitido que sea una patología cada vez más controlable, haciendo que, en la mayoría de casos, se puedan controlar los síntomas e incluso cambiar el curso de la enfermedad para que la persona goce de una calidad de vida prácticamente normal.

Esclerosis múltiple

Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA): ¿qué es?

La esclerosis lateral amiotrófica, más conocida como ELA, es una enfermedad neurodegenerativa rara y muy grave que, si bien su progreso es muy variable, hace que la expectativa del paciente a partir del momento del diagnóstico sea de entre 2 y 5 años. Se trata de una patología neurológica en la que, por causas desconocidas, se van destruyendo las neuronas del sistema nervioso central.

Este lento pero irrefrenable daño neuronal provocará que el cerebro lo tenga cada vez más difícil para transmitir la información nerviosa a los músculos del cuerpo, algo que primero se manifiesta con una pérdida de movilidad que se va haciendo más grave con el tiempo.

La enfermedad tiende a manifestarse a partir de los 40 años, con un pico en los 50, con una sintomatología que, en etapas iniciales, consiste en debilidad muscular que se manifiesta con dificultad para caminar, espasmos, problemas para levantar peso, dificultad para hablar, dificultades respiratorias, etc. Cabe destacar que no hay una pérdida de capacidades mentales ni de los sentidos. “Solo” hay un daño a nivel muscular.

Aun así, al no existir un tratamiento, la enfermedad inevitablemente progresa (a mayor o menor velocidad) hasta que, ya en etapas avanzadas, la debilitación muscular es tan grave que ya no solo es que la persona sea totalmente incapaz de moverse y de hablar, sino que los órganos vitales dejan de funcionar como es debido. Y es ahí cuando, en un promedio de 3 a 5 años desde el diagnóstico (aunque hay casos de gente que vive bastante más tiempo), la persona muere. Y, por desgracia, no hay cura para esta letal enfermedad.

ELA

¿En qué se diferencian la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y la esclerosis múltiple?

Tras definir individualmente ambas patologías neurológicas, seguro que las diferencias han empezado a quedar claras. Aun así, quedan todavía muchos aspectos para analizar. Y a continuación vamos a ver, en forma de puntos clave, cuáles son las principales diferencias entre la ELA y la esclerosis múltiple.

1. La ELA es mortal; la esclerosis múltiple, no

Sin lugar a dudas, la diferencia más importante. Y es que aunque por las entendibles dudas tendamos a pensar que las dos son letales, lo cierto es que la esperanza de vida de una persona con esclerosis múltiple es prácticamente igual que la de una persona sin la enfermedad. Además, si bien hay casos algo más graves que cursan con complicaciones que afectan a la vida diaria, muchos casos son leves y ni siquiera hay una pérdida importante de calidad de vida.

Con la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), la cosa es bien distinta. Ya no solo es que la sintomatología siempre sea grave y termine impidiendo que la persona sea independiente, sino que, tras un promedio de 3-5 años desde el diagnóstico de la enfermedad, cuando el daño motor llega a los órganos vitales, la muerte es inevitable. La ELA es siempre letal.

2. La esclerosis múltiple es de causa autoinmune; la ELA, de causa desconocida

Es importante destacar que las causas exactas de ambas enfermedades son, como sucede con las patologías neurológicas, en gran parte, desconocidas. Pero dentro de este desconocimiento, las causas detrás de la esclerosis múltiple están mejor descritas que las de la ELA, que son un mayor misterio.

Y es que si bien sabemos que, en la esclerosis múltiple, la pérdida de la vaina de mielina de determinadas neuronas se debe a un trastorno autoinmune, no sabemos qué es lo que ocasiona, en el caso de la ELA, la muerte de las neuronas motoras que controlan la actividad muscular.

Autoinmune

3. La esclerosis múltiple evoluciona en brotes; la ELA es más progresiva

Una diferencia muy importante. La esclerosis múltiple evoluciona en brotes, es decir, la enfermedad cursa con brotes puntuales que ocasionan una sintomatología más o menos graves para luego remitir permitiendo así una recuperación parcial o total. De hecho, se estima que casi el 85% de las personas afectadas por esta patología tienen esta forma remitente-recurrente, sin un progreso constante de los síntomas, sino con brotes más o menos frecuentes que duran entre 1 y 3 días pero que tienden a estabilizarse. En otras palabras, el paciente no está padeciendo siempre síntomas. Aun así, sí es cierto que el 15% tienen un empeoramiento progresivo.

Pero es que en el caso de la ELA, este lento y progresivo empeoramiento se da en el 100% de los pacientes. La enfermedad no evoluciona en brotes, sino que es mucho más progresiva. Desde el primer síntoma hasta el letal desenlace, la patología va empeorando inevitablemente, sin remitir en ningún momento. La evolución de ambas enfermedades es, por tanto, muy distinta.

4. La esclerosis múltiple se diagnostica en edades más tempranas

Mientras que la ELA se suele diagnosticar entre los 40 y los 70 años, con un pico en los 50, la esclerosis múltiple se tiende a diagnosticar entre los 20 y los 40 años, con una media de edad situada a los 29 años. Por tanto, la ELA suele diagnosticarse a edades más avanzadas que la esclerosis múltiple, la cual, como ya hemos comentado, es la enfermedad neurológica más común en adultos jóvenes.

5. La ELA es una enfermedad más rara

La incidencia también representa una diferencia importante. Los datos exactos son difíciles de recoger, pero lo que está claro es que la esclerosis múltiple es mucho más frecuente (aunque sigue siendo poco común) que la ELA, una enfermedad que entra dentro del grupo de enfermedades raras.

Las cifras, que hemos podido rescatar de un artículo publicado en SAGE Journals y que puedes consultar en la sección de referencias, nos habla de que en el mundo hay unas 2,8 millones de personas que viven con esclerosis múltiple, lo que nos da una incidencia de unos 36 casos por cada 100.000 habitantes. En cambio, la incidencia de la ELA se sitúa en 1 caso por cada 100.000 habitantes. Como decimos, estas cifras no son del todo exactas y hay que tener en cuenta que varían en función del país, pero sí que nos da una idea global de la situación y nos confirma que, en efecto, la esclerosis múltiple es más frecuente que la esclerosis lateral amiotrófica.

ELA rara

6. La esclerosis múltiple es más común en mujeres; la ELA, en hombres

Siguiendo con la incidencia, cabe destacar que hay diferencias entre sexos. La ELA es más común en hombres que en mujeres, con entre 1,5 y 2 casos en hombres por cada caso en mujer. Estamos hablando, pues, de que es casi el doble de común en hombres. En cambio, la situación en la esclerosis múltiple es justo la inversa. En este caso, es más común en mujeres que en hombres. De hecho, el 70% de los casos de esclerosis múltiple se diagnostican en mujeres.

7. Los síntomas son distintos

No volveremos a repetir otra vez los síntomas, pues los hemos detallado cuando hablábamos de cada una de las enfermedades. Aquí basta con destacar que, si bien en la esclerosis múltiple pueden surgir problemas de memoria, alteraciones visuales o mareos, los síntomas de la ELA se limitan al sistema locomotor, pues “solo” hay una afectación en los músculos. Pero que esto no nos haga olvidar que la ELA es mucho más grave. La sintomatología de la esclerosis lateral amiotrófica progresa hasta que, en etapas avanzadas, la persona muere por disfunción de los órganos vitales.

8. La esclerosis múltiple no es hereditaria; la ELA, hasta cierto punto

La esclerosis múltiple no es, por lo que la investigación sugiere, hereditaria. Es decir, que un padre o una madre haya sufrido esta patología no representa un factor de riesgo para que los hijos la padezcan. Con la ELA, en cambio, si bien en 9 de cada 10 casos la causa es desconocida, en ese 1 restante el factor hereditario parece ser el responsable. En otras palabras, mientras que el 10% de los casos de ELA responden a una herencia genética, el 0% de los casos de esclerosis múltiple son hereditarios.

9. Ninguna tiene cura, pero la esclerosis múltiple es más tratable

Ni la esclerosis múltiple ni la ELA tienen cura, como sucede con las enfermedades neurológicas. Pero dentro de esta imposibilidad de curar la patología, la esclerosis múltiple es mucho más tratable. Disponemos (y cada vez surgen más) de varios tratamientos farmacológicos que consiguen controlar el progreso de la enfermedad (que de por sí no es mortal) para que los brotes aparezcan con menor frecuencia y los síntomas no afecten a la calidad de vida del paciente.

Con la ELA, la cosa es muy diferente. Solo disponemos de un fármaco para controlar ligeramente su progreso, pero realmente no hay ningún tratamiento que consiga frenar su progreso. De ahí que la intervención se base, en este caso, en aliviar los síntomas hasta la llegada del inevitable desenlace.

ELA hereditaria

10. Las etapas avanzadas de la ELA llevan a parálisis; las de la esclerosis múltiple, no

Terminamos con una diferencia que marca, valga la redundancia, una gran diferencia a la hora de afrontar ambas enfermedades. La esclerosis múltiple, pese a sus síntomas, no lleva casi nunca a una pérdida total de la movilidad y del control muscular. Es cierto que en casos graves se puede perder la capacidad de caminar, pero no es, ni mucho menos, lo más habitual. En cambio, esta parálisis se da en el 100% de los casos de ELA. En etapas más avanzadas, la pérdida de movilidad es absoluta, por lo que la persona termina postrada en una silla de ruedas, incapaz de moverse y de hablar.

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