Las 7 diferencias entre tumor y cáncer

Los conceptos de tumor y cáncer suelen confundirse. Y, a pesar de que guarden una estrecha relación, son muy distintos. Un tumor puede ser benigno. Un cáncer siempre es maligno.
Diferencias tumor cáncer

Cada año se diagnostican en el mundo 18 millones de nuevos casos de cáncer. Este dato, junto al hecho de que siga siendo una enfermedad sin cura y al impacto psicológico que tiene tanto en el paciente como en sus seres queridos, hace del cáncer la enfermedad más temida del mundo.

Y al ser temida, está rodeada de mucho estigma y de medio a hablar sobre ella. Esto hace que muchos aspectos acerca de las enfermedades oncológicas no hayan llegado con suficiente claridad a la población general. Y, en este contexto, confundir los conceptos “tumor” y “cáncer” es algo muy frecuente.

Es totalmente cierto que los tumores y los cánceres guardan una estrecha relación, pero no son sinónimos. De hecho, mientras que “cáncer” designa una enfermedad, “tumor” solo hace referencia a un crecimiento celular anómalo en nuestro cuerpo.

Y en el artículo de hoy, con el objetivo de responder a todas las dudas que puedas tener y siempre de la mano de las más reputadas publicaciones científicas especializadas en Oncología, analizaremos las más importantes diferencias entre un tumor y un cáncer. Empecemos.

¿Qué es un tumor? ¿Y un cáncer?

Antes de analizar en profundidad las diferencias entre ambos conceptos, es muy importante definir qué es un tumor y qué es un cáncer. Y es que viéndolos individualmente, empezarán a quedar muy claras las diferencias entre ellos.

Un tumor: ¿qué es?

Un tumor es una alteración fisiológica que consiste en un crecimiento anómalo de células de nuestro propio cuerpo, causando así un incremento de volumen o agrandamiento anormal en el tejido que contiene dichas células. Es decir, un tumor es una masa anormal de tejido corporal. No es, por sí solo, una enfermedad. Pero vayamos paso a paso.

Las células de nuestro propio cuerpo están dividiéndose constantemente con una tasa de replicación específica para cada tejido. Esto es imprescindible, pues permite regenerar y reparar órganos y tejidos del cuerpo para que se mantengan siempre funcionales a lo largo del tiempo. Las células del epitelio intestinal son las que tienen menor esperanza de vida, pues se regeneran cada 2-4 días; mientras que las células musculares lo hacen cada 15 años.

Pero esta división tiene un precio. Cuando las células de nuestro cuerpo se dividen, tienen que hacer un paso previo: replicar su material genético. Para que las células hijas tengan la misma información genética, se tienen que hacer copias lo más perfectas posibles del ADN. Y, para ello, disponemos de unas enzimas increíblemente eficaces.

Estas enzimas replican el material genético de las células y casi nunca se equivocan. Casi. Pero lo hace. Cada 10.000.000.000 de nucleótidos que inserta, se equivoca en 1. Esto, con una sola división, no se nota; pero con el tiempo y tras millones de divisiones, se van acumulando estos pequeños errores genéticos. También conocidos como mutaciones.

Y es posible que estas mutaciones, con el tiempo, terminen provocando que ciertas células de nuestro cuerpo vean alterados los genes que controlan su ritmo de división. En otras palabras, las mutaciones que han surgido al azar (pero todo aquello que dañe a las células y les haga dividirse más, aumenta el riesgo, como por ejemplo el tabaco a nivel pulmonar) pueden hacer que se pierdan los genes que controlan la velocidad de replicación de las células.

¿Qué pasa, entonces? Pues que, debido a estos errores en su material genético, las células pierden tanto la capacidad de controlar su ritmo de división como su funcionalidad. En este sentido, en el tejido u órgano afectado, empieza a formarse una masa de células de nuestro propio cuerpo con un crecimiento anómalo y que no cumplen con las funciones fisiológicas normales de las células sanas de dicho tejido.

Este crecimiento anormal es lo que se conoce como tumor. Una masa de células de nuestro propio cuerpo que, a causa de mutaciones en su ADN, se dividen más de lo que deberían (que hace que sea una masa celular de crecimiento rápido) y que no realizan sus funciones normales. En este momento, el tejido que alberga el tumor sufre un agrandamiento anómalo.

Y ahora pueden pasar dos cosas. En caso de que no ponga en peligro la vida de la persona, no haya riesgo de metástasis (el tumor se expande a otros órganos), su tasa de crecimiento sea relativamente lenta (e incluso se interrumpa o retroceda), se expanda y se desplace (pero no invada, destruya ni reemplace a otros órganos) y las células tumorales sean relativamente similares a las células originales, hablamos de un tumor benigno. La masa anómala de células no representa riesgo para la salud.

Pero, en caso de que ponga en peligro la vida de la persona (sin tratamiento, resulta mortal), haya riesgo de metástasis, su tasa de crecimiento sea rápida (e ininterrumpida), invada, destruya y reemplace a otros órganos o tejidos y las células tumorales sean distintas a las células originales, estamos ante un tumor maligno. La masa anómala de células representa riesgo para la salud y la persona que lo ha desarrollado sufre ya una enfermedad: el cáncer.

Tumor

Un cáncer: ¿qué es?

Un cáncer es la enfermedad que padece una persona que ha desarrollado un tumor maligno en alguno de sus órganos o tejidos. Por lo tanto, estamos ante una patología oncológica en la que la masa de células anómala pone en riesgo la vida de la persona, dando lugar a una serie de síntomas y alteraciones fisiológicas que caracterizan al cáncer en cuestión.

Dependiendo de dónde se desarrolle el tumor maligno, estaremos ante un tipo de cáncer u otro. Existen más de 200 tipos de cánceres en función de la localización del tumor, pero casi 13 millones de los 18 millones de casos diagnosticados anualmente en el mundo pertenecen a los 20 más frecuentes. Y de entre ellos, el de pulmón y el de mama representan ya el 25% de todos.

Sea como sea, lo importante a tener en cuenta es que un cáncer no es una masa de células anómala en nuestro cuerpo, sino una enfermedad que se sufre debido a la presencia de un tumor que, lejos de ser benigno, tiene una malignidad que hace que la vida de la persona corra peligro.

Cada cáncer es único, lo que hace no solo que curse con una sintomatología propia, sino que deba tratarse también de una forma especial en función de la localización del tumor maligno, de su tamaño, del grado de diseminación, del estado de salud del paciente, de su edad…

En este sentido, el tratamiento del cáncer consiste en terapias oncológicas que van destinadas a destruir las células que constituyen el tumor maligno en cuestión, siendo la cirugía (intervenciones quirúrgicas de extracción del tumor), la quimioterapia, la radioterapia, la inmunoterapia, la terapia dirigida o una combinación de varias las opciones más comunes. Y la efectividad dependerá también de muchos factores.

Por ello, mientras que los tumores benignos no son un peligro para la vida de la persona, las enfermedades cancerosas que surgen por el desarrollo de un tumor con características de malignidad tienen tasas de supervivencia que, si bien pueden ser altas (el cáncer de mama tiene un índice de supervivencia de hasta el 99%), hay ocasiones en las que pueden ser muy bajas, como es el caso, por ejemplo, del cáncer de hígado, con un índice de supervivencia del 31%.

Cáncer

¿En qué se diferencian un tumor de un cáncer?

Como hemos visto, los tumores y los cánceres guardan una estrecha relación: un cáncer aparece por el desarrollo de un tumor maligno. Pero, más allá de esto, ha quedado claro que son dos conceptos muy diferentes. Y, aunque seguro que sus diferencias han quedado claras, te las presentamos a continuación en forma de puntos clave.

1. Un tumor puede ser benigno; un cáncer, siempre maligno

Como hemos comentado, un tumor hace referencia simplemente a una masa anómala de células de crecimiento rápido en nuestro cuerpo. Y, si bien este conjunto de células pueden poner en peligro la salud (tumor maligno), también pueden no representar ningún riesgo (tumor benigno). Un cáncer, en cambio, está siempre vinculado al desarrollo de un tumor maligno. Es decir, mientras que un tumor puede ser benigno, un cáncer, por definición, no puede serlo.

2. Un cáncer es una enfermedad; un tumor, no

Un cáncer es una enfermedad que sufre una persona que ha desarrollado un tumor maligno en su cuerpo. Un tumor, en cambio, no es una enfermedad. Un tumor es una alteración fisiológica que deriva en el crecimiento anormal de células de nuestro cuerpo y, solo cuando es maligno, puede ocasionar el desarrollo de una enfermedad oncológica o cáncer.

3. Un cáncer siempre requiere de tratamiento; un tumor, no

Un cáncer es una enfermedad potencialmente mortal y, por lo tanto, requiere de tratamiento para eliminar el tumor maligno. Un tumor, por sí solo, no requiere de tratamiento. Si es benigno, los riesgos de la intervención pueden ser más grandes que los beneficios de dicha extracción. Un tumor benigno no tiene por qué tratarse, pero un maligno, sí.

4. Un cáncer siempre es de crecimiento rápido; un tumor, no

Una de las características del cáncer es que el tumor maligno asociado a él siempre es de crecimiento rápido o, al menos, con un crecimiento que ni retrocede ni se ve interrumpido. En cambio, un tumor, en caso de que sea benigno, suele ser de crecimiento lento e incluso su desarrollo puede verse interrumpido.

5. Un tumor no siempre realiza metástasis; un cáncer, sí

Ante un tumor benigno, no hay peligro de que las células tumorales diseminen a otros órganos o tejidos. Es decir, no hay riesgo de metástasis. Un cáncer, en cambio, es una enfermedad que aparece por el desarrollo de un tumor maligno, el cual, por naturaleza, tiene la capacidad de realizar metástasis, diseminando las células cancerosas a otras regiones del organismo.

6. Un cáncer puede ser mortal; un tumor, no tiene por qué

Un cáncer es una enfermedad potencialmente mortal con una tasa de supervivencia que depende del tipo de tumor maligno desarrollado y de su localización. En este sentido, mientras que un tumor maligno está vinculado con la letalidad, un tumor benigno, no. Un tumor benigno ni invade, ni destruye ni reemplaza, simplemente se expande o se desplaza.

7. Todos los cánceres son tumores pero no todos los tumores son cánceres

Terminamos con la clave de todo. Todos los cánceres son tumores pero no todos los tumores son cánceres. Es decir, mientras que un cáncer siempre surge a causa de un tumor maligno, no todos los tumores son malignos. También pueden ser benignos.

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