La ciencia detrás de los sueños: ¿por qué soñamos?

Los sueños y su significado siempre nos han fascinado, por lo que la ciencia está intentando encontrar el significado biológico que tiene soñar, uno de los grandes misterios de la humanidad.
Ciencia de los sueños

“Los sueños, sueños son”. Todos hemos escuchado esta frase en múltiples ocasiones. Los sueños siempre nos han fascinado, pues es algo con lo que convivimos a diario pero que, sin embargo, siguen siendo un misterio. Aunque gracias a la labor de neurólogos y psicólogos, cada vez estamos más cerca de completar este puzzle.

Pasamos 25 años de nuestra vida durmiendo. Y teniendo en cuenta que, pese a que es difícil estimarlo, se cree que pasamos un tercio de cada noche soñando, esto significa que, en total, “vivimos” 8 años en nuestros sueños.

Pero, ¿dónde nacen los sueños?, ¿qué significado tienen?, ¿cuál es la explicación biológica de ellos?, ¿por qué podemos recordarlos? Estas y muchas otras preguntas siempre han representado un misterio. Los sueños y su interpretación nos han maravillado desde siempre.

Por ello, en el artículo de hoy haremos un repaso de los últimos descubrimientos sobre la ciencia detrás de los sueños para darnos cuenta que, cada vez que respondemos una pregunta, aparecen de nuevas.

¿Qué son los sueños?

La propia definición ya es algo complicado. Un sueño, a grandes rasgos, es una proyección de imágenes que genera nuestro cerebro y que “visualizamos” mientras dormimos, es decir, cuando nuestra mente está, al menos de forma aparente, descansando.

Y decimos de forma aparente porque, en realidad, nuestro cerebro nunca se detiene. Es más, los neurólogos han demostrado que es durante la noche que la mente está más activa, a diferencia de los otros órganos de nuestro cuerpo.

Y aunque pueda parecer extraño y casi místico que realmente veamos imágenes que parecen absolutamente reales, si repasamos cómo funciona el sentido de la vista, quizás deje de resultar tan enigmático.

Y es que aunque creamos que son nuestros ojos los que ven, esto no es del todo cierto. Los ojos no ven nada. Los ojos simplemente captan luz y hay células que transforman esta luz en impulsos eléctricos que son conducidos por las neuronas. Pero los ojos no son los que ven. Ellos solo reciben estímulos. Quien “ve” es el cerebro.

El cerebro recibe estos impulsos eléctricos y es capaz de, a través de reacciones químicas que siguen sin estar del todo claras, convertir estas señales en la proyección de las imágenes que anteriormente han captado los ojos.

Por lo tanto, visto esto, ¿es tan extraño que veamos imágenes mientras dormimos? No. Durante los sueños, ocurren una serie de sucesos en nuestra mente que “disparan” las mismas reacciones para proyectar imágenes sin la necesidad de recibir impulsos eléctricos procedentes de los ojos. Es decir, vemos sin mirar. El cerebro genera imágenes sin que intervenga la luz del exterior. Pero, ¿dónde se generan estas imágenes?, ¿por qué soñamos cosas concretas? Seguimos analizando estas cuestiones.

Sueños

¿Dónde nacen los sueños?

En el momento en el que nos dormimos, nuestro consciente, es decir, todas las sensaciones y emociones que experimentamos en vigilia, le dan paso al subconsciente. Y aunque también está rodeado de un aura de misterio, este subconsciente es básicamente la información procedente del consciente en su forma más primitiva.

Para hacer una analogía, podríamos entender nuestra mente como un ordenador. El consciente serían todos los programos que tenemos descargados y todas las funciones que, a nivel de usuario, podemos realizar. El subconsciente es la parte a la que no tenemos acceso del ordenador pero donde está toda la información para que funcione y que marca las bases del mismo. Al formatearlo, no quedan esos programas descargados y la información del usuario, solo esta parte más oculta.

Al dormir, estamos “formateando” nuestra mente, por lo que solo nos quedamos con esta parte del subconsciente. Es la parte de nuestra mente a la que no tenemos acceso, por lo que no sabemos exactamente qué hay (emociones negativas, miedos, traumas, deseos…), pero que toma las riendas de los procesos mentales una vez el consciente “se ha dormido”.

Esto explica que generalmente soñemos acerca de cosas que nos preocupan en el día a día o que “recordemos” sucesos o experiencias traumáticas, pues es lo que queda en el subconsciente, el cual va absorbiendo la información. Pero, ¿cómo pasan estas emociones del subconsciente a “ver” imágenes?

Hasta hace poco, esta era una de las grandes incógnitas. Afortunadamente, a raíz de un artículo publicado en 2018 por un grupo de neurólogos de Estados Unidos, Suiza e Italia, ya sabemos dónde “nacen” los sueños.

Y este lugar ha sido bautizado como “hot zone” (“zona caliente” en inglés), una región del cerebro situada por encima de la nuca y que es, literalmente, nuestra fábrica de sueños. Esta zona del cerebro nunca llega a entrar en la fase REM, es decir, en la fase de sueño profundo. Se mantiene activa mientras dormimos y, de una manera que sigue siendo un misterio, es capaz de conectar con las emociones almacenadas en el subconsciente.

A partir de ahí, como hemos dicho anteriormente, genera imágenes de forma muy similar a cómo vemos cosas con el sentido de la vista. Por ello, pese a que lo que vemos no sea “real”, la parte del cerebro que sigue despierta es incapaz de distinguir entre el sueño y la realidad. Nuestra mente está convencida de que esas imágenes proceden de la vista, cosa que explica que después de una pesadilla estemos nerviosos, que podamos recordar los sueños y que, realmente, cuando estamos soñando, sea lo que sea que ocurra en el sueño, por muy disparatado que sea, nos parezca verosímil.

Y es que para el subconsciente, que no analiza las proyecciones, es totalmente real. Y nosotros, que en ese momento somos puro subconsciente, también lo es. Solo cuando despertamos y el consciente vuelve a tomar el control nos damos cuenta de que aquello era solo un sueño.

¿Cuál es la utilidad biológica de soñar?

Ya hemos visto qué son los sueños, cómo se producen, dónde nacen y por qué los interpretamos como reales. Pero la gran pregunta sigue siendo: ¿por qué soñamos? ¿Hay algún significado biológico o evolutivo a soñar?

Y, como siempre, sí. No hay absolutamente ningún proceso biológico que sea fruto de la casualidad. Todo tiene algún propósito. En el caso de los sueños, debido a su naturaleza misteriosa y a las dificultades logísticas que presenta su estudio, ha sido más complicado encontrarlo, pero hemos podido..

Desde los tiempos de los filósofos y de los egipcios, hasta llegar a las últimas investigaciones en neurología, hemos intentado encontrarle la explicación a estos sueños. Y gracias al esfuerzo colectivo, parece ser que lo hemos logrado. En el futuro se encontrarán más, pero de momento estas son las principales funciones biológicas de los sueños.

1. Mantiene el cerebro activo

Quizás la principal función de los sueños a nivel biológico es la de mantener el cerebro activo. Y es que proyectar imágenes mientras dormimos es la mejor manera de evitar que la mente también se “duerma”. Soñando hacemos que el cerebro siempre esté activo, por lo que podemos entender los sueños como una estrategia evolutiva para proteger la mente.

Esto explica que no solo los humanos soñemos, sino que sea algo común en muchos animales. Gracias a estos sueños, la mente siempre está despierta, entrenándose por la noche para que, cuando debamos hacer frente a las situaciones diarias, el cerebro esté listo para dar el máximo.

2. Ayuda a procesar emociones

Los miedos, las metas, las aspiraciones, las inseguridades, los deseos, la tristeza… Son el “combustible” de los sueños. Soñar es la mejor manera de procesarlas, pues el subconsciente toma el control y aparecen todas estas emociones que, durante el día, quizás nos estamos esforzando en ocultar. De este modo, los sueños son la estrategia de nuestra mente para protegernos y “forzarnos” a afrontar la realidad.

3. Ayuda a superar experiencias dolorosas

Muchas veces soñamos acerca de experiencias traumáticas o recordamos sucesos dolorosos como la muerte de un familiar, una ruptura amorosa, un accidente… Soñar, de nuevo, vuelve a ser una estrategia de nuestro cuerpo para ayudarnos a afrontar estas experiencias. Y es que muchas veces, en los sueños se nos pueden revelar formas de afrontar estos sucesos para evitar que nos hagan daño. Los sueños son un mecanismo de defensa de la mente.

4. Potencia las habilidades mentales

Hay muchos antecedentes de artistas que han encontrado inspiración en los sueños para realizar pinturas, escribir libros e incluso a los que en los sueños se les ha “aparecido” la melodía de algunas de las canciones más famosas de la historia, como fue el caso de Paul McCartney y “Yesterday”, una de las canciones más icónicas de los Beatles.

Y es que en los sueños no es solo donde se alcanza la máxima creatividad. Solo hace falta ver los increíble e imaginativos escenarios que nuestro subconsciente es capaz de crear partiendo simplemente de emociones puras. Soñar también potencia nuestras habilidades mentales de resolución de problemas, y es que es en los sueños donde se nos puede aparecer la solución a problemas de nuestro día a día que el consciente no es capaz de resolver. Además, los sueños ayudan a consolidar el aprendizaje.

Por ello, es importante hacer un esfuerzo cada mañana para recordar los sueños, pues además de ser un buen ejercicio para entrenar el cerebro, puede ser una forma de encontrar la inspiración o la solución a conflictos o problemas en la vida cotidiana.

Referencias bibliográficas

  • Ramírez Salado, I., Cruz Aguilar, M.A. (2014) “El origen y las funciones de los sueños a partir de los potenciales PGO”. Salud Mental.
  • Franklin, M.S., Zyphur, M.J. (2005) “The Role of Dreams in the Evolution of the Human Mind”. Evolutionary Psychology.
  • Ribeiro, S., Simoes, C.S., Nicolelis, M. (2008) “Genes, Sleep and Dreams”. Libro: Introduction: The temporal organization of living systems from molecule to mind, 413-429.
Pol Bertran Prieto

Pol Bertran Prieto

Microbiólogo y divulgador

Pol Bertran (Barcelona, 1996) es Graduado en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionado por la divulgación de la salud y la medicina y aficionado del deporte y el cine.