¿Cómo dejar de compararme con otras personas? En 6 consejos

Compararnos con los demás es una tendencia natural, aunque en exceso puede resultar perjudicial para nuestra salud mental. Algunas medidas pueden ayudar a moderar las comparaciones y hacerlas desde una postura más constructiva y compasiva con nosotros mismos.

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Todos en algún momento hemos podido experimentar un sentimiento de envidia hacia otras personas. Si bien este sentimiento cumple la función de ayudarnos a mejorar en aspectos en los que nos percibimos en desventaja frente al resto, es fácil caer en comparaciones perjudiciales con los demás. Esta tendencia es cada vez más frecuente, algo alimentado por la presencia de las redes sociales en nuestras vidas. Así, cada vez se hace más difícil no dejarse llevar por una comparativa en la que solemos salir mal parados. El trabajo, las experiencias y las vidas ajenas se nos presentan como unas mucho más interesantes y satisfactorias que las propias.

Mantener esta atención constante sobre los otros puede resultar nocivo para nuestra salud mental, pues a menudo esto nos conduce a un sentimiento de inferioridad e insuficiencia. Por esta razón, en este artículo vamos a comentar algunas pautas útiles para dejar de establecer comparaciones dañinas frente a los demás.

¿Cómo nos pueden perjudicar las comparaciones?

En primer lugar, es importante tener presente que hacer comparaciones con otras personas es una tendencia natural. Todos tendemos a calibrar nuestra valía acorde a cómo son los demás, pues ello forma parte de nuestro proceso de socialización. Incluso, nuestra propia identidad y sentido del “yo” se configuran en base a estas comparaciones. Mirando a los demás es cómo formamos una imagen de nuestras habilidades, aspecto, opiniones, posición social, etc.

Aunque las comparaciones pueden hacerse al alza o a la baja, lo cierto es que lo más común es caer en comparativas en las que nosotros nos percibimos como inferiores. En estos casos, el resultado es un sentimiento de malestar y frustración por no ser o tener lo que los demás consiguen. En otras palabras, aunque las comparaciones son naturales, a veces nos juegan malas pasadas. Cuidar de nuestra salud mental requiere medir el grado en el que nos comparamos y la perspectiva desde la que lo hacemos.

Reconocer que otros tienen algo de lo que nosotros carecemos no tiene por qué generar envidia, a veces esto también despierta emociones constructivas como la admiración. Es decir, podemos canalizar esta comparación para ayudarnos a mejorar en lugar de despreciarnos. Como venimos comentando, las comparaciones con los demás pueden ser una fuente de malestar. Por tanto, se trata de una tendencia que, si no se gestiona bien, puede producir consecuencias negativas en nuestra salud mental. Entre ellas destacamos las siguientes:

  • Daño a la autoestima: Por supuesto, la valoración que hacemos de nuestra persona puede verse afectada por las comparaciones constantes. En lugar de mirarnos y reconocer aquello en lo que destacamos, ponemos el foco en esos aspectos negativos o en los que nos sentimos inferiores. Así, la percepción general de lo que somos se vuelve mucho más negativa. Dejamos de valorar nuestra persona y deseamos únicamente ser alguien distinto, con todo lo que eso supone a nivel emocional.

  • Desgaste: Cuando estamos haciendo un esfuerzo cognitivo tan intenso como el que requiere hacer constantes comparaciones, es fácil sentir que estamos mentalmente desgastados. Invertimos todas nuestras energías en una actividad que, además de improductiva, resulta perjudicial para nuestro bienestar.

  • Interferencia en la vida social: Compararnos continuamente con otras personas puede interferir en nuestro desempeño en las relaciones sociales. Sentirnos inferiores puede mermar nuestra confianza al interactuar e incluso hacer que nos comportemos de manera más distante con el resto. Vemos a los otros como figuras superiores y ello nos incomoda, así que no partimos de la mejor disposición para involucrarnos en relaciones con los demás.

  • Disminución del estado de ánimo: Como es de suponer, establecer constantes comparaciones con los demás puede empañar nuestro estado de ánimo. Nos sentimos insuficientes y esto hace que nos sintamos insatisfechos, irritables, desanimados, etc.

Cabe señalar que las comparaciones son siempre injustas, pues tendemos a comparar lo peor de nuestra persona con lo mejor de los demás. Además, estas suelen retroalimentarse y no cesan incluso cuando hemos conseguido equipararnos a los otros. Esto se debe a que las comparaciones no tienen tanto que ver con las cualidades objetivas que tenemos como con el cómo nos sentimos con nosotros mismos. Las emociones que sentimos hacia nuestro autoconcepto no cambiarán si no trabajamos en la relación que tenemos con nosotros mismos.

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Cómo dejar de compararse con los demás

Ahora que ya hemos visto cómo las comparaciones nos pueden afectar, es momento de comentar algunas pautas que son útiles para dejar de lado esta tendencia.

1. Identifica el problema

Puede parecer una obviedad, pero lo primero que debes hacer es ser consciente de cuánto te comparas con otras personas. Cuando hemos estado llevando a cabo esta costumbre desde hace mucho, es fácil que ni siquiera seamos conscientes de ello. Automatizamos el hábito de compararnos en nuestro día a día, sin reparar en que así es. Por ello, es importante que identifiques si es tu caso y en la medida en la que lo haces en la vida cotidiana.

2. Cambia la mirada: enfócate en tus puntos fuertes

Otra medida importante para dejar a un lado las comparaciones dañinas tiene que ver con cambiar la forma en la que miras a tu propia persona. Por supuesto, está bien tratar de mejorar en esos aspectos en los que más dificultades tienes, pero eso no significa que sólo debas enfatizar lo más negativo. Por el contrario, lo mejor que puedes hacer es ensalzar tus cualidades y fortalezas. Esto te permitirá conocerte y valorar quién eres, con todo aquello que te diferencia de los demás.

3. No te conviertas en tu peor enemigo

No podemos evitar sufrir en la vida, pues a veces atravesamos momentos difíciles que escapan a nuestro control. Sin embargo, muchas veces nuestro malestar procede de nosotros mismos. Nos convertimos en nuestro peor enemigo al compararnos continuamente, pues nos hacemos sentir inferiores y poco válidos. Piensa en si te compensa hacerte daño a ti mismo constantemente o, por el contrario, es mejor invertir esas energías en mejorar la relación con tu persona.

4. Transforma la envidia en admiración y aprendizaje

Como comentamos anteriormente, compararse es una tendencia natural. Sin embargo, podemos cambiar la forma en la que enfocamos las comparaciones con otras personas. En lugar de ver a los demás como competidores o seres superiores, trata de encontrar en ellos una fuente de aprendizaje y motivación para mejorar. Identificar cosas en los demás que tú no tienes no tiene por qué ser negativo, pues ello puede despertar sentimientos constructivos, como la admiración. Así, compararse no tiene por qué ser siempre algo negativo si sabes desde qué punto hacerlo.

5. Modera tu uso de las redes

Es indudable que las redes sociales juegan un papel relevante en nuestra tendencia a compararnos. En ellas, todo el mundo comparte imágenes idílicas y estudiadas de su propia vida, lo que contribuye a alimentar el sentimiento de inferioridad. Si percibes que eres tendente a compararte con otras personas fácilmente, quizá sea buena idea moderar el uso que haces de las redes. Dedica ese tiempo a actividades de autocuidado que te ayuden a construir una relación saludable contigo mismo.

6. Recuerda que la perfección no existe

Recuerda que, al contrario de lo que ves en internet, la perfección no existe. Piensa que compararte con los demás suele ser un hábito injusto contigo mismo, pues confrontas la parte más positiva de los otros con todo lo negativo que identificas en ti. Es decir, no estás comparando dos elementos al mismo nivel.

Aunque veas a los demás hacer todo bien, lo cierto es que los fracasos y las decepciones suelen vivirse en la intimidad. Por ello, la imperfección ajena es mucho menos obvia que la propia. Acorde a todo esto, compararse sólo debe ser una opción cuando nos encamine hacia el aprendizaje y no hacia la lucha contra nosotros mismos.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de algunas pautas que pueden ser de ayuda para dejar de compararnos con otras personas. Todos en algún momento caemos en las comparaciones y esto es natural. De hecho, configuramos nuestra propia identidad gracias a que nos comparamos con quienes nos rodean. Sin embargo, cuando las comparaciones se hacen constantemente, es posible que estas susciten emociones negativas y dañen la relación que mantenemos con nosotros mismos.

Por este motivo, es importante saber gestionar esta tendencia y, en su caso, canalizar la envidia o el sentimiento de inferioridad hacia la admiración. Este cambio permite que las comparaciones sean más constructivas y vayan orientadas al aprendizaje y no a la competición. Compararnos con los demás supone un gran desgaste para nuestra salud mental, daña nuestra autoestima y vida social y repercute negativamente en el estado de ánimo.

Por ello, es recomendable adoptar ciertas medidas. En primer lugar, debemos identificar el problema y reconocer que nos estamos comparando. A continuación, debemos trabajar en la relación con nuestra persona, ser compasivos y no nuestro peor enemigo. También es de gran ayuda enfocarnos en nuestros puntos fuertes y transformar sentimientos como la envidia en otros más enriquecedores, como la admiración. No menos importante es moderar el uso de las redes sociales.

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