9 consejos para enseñar a tu hijo a manejar (y tolerar) la frustración

La frustración también puede aparecer durante la infancia de una forma muy intensa, pues los niños tienen dificultades para manejarla. Una selección de las pautas para educar a tu hijo en la tolerancia a la frustración.

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La frustración es una emoción desagradable que surge cuando no logramos alcanzar nuestro propósito. Puede ser difícil conseguir controlarla y más cuando somos pequeños. Dado el malestar que genera esta emoción y las reacción que puede comportar como ira, agresividad, irritabilidad o ansiedad, es importante trabajarla para tratar de manejarla.

Como hemos apuntado los niños muestran mayor dificultad para identificarla y para poder disminuirla, Por este motivo es importante que los padres tratan de ayudar a que pongan nombre a la sensación que tienen, que entiendan porque les sucede y pueden así actuar para intentar controlarla. El propósito del manejo de la frustración no es dejar de sentir esta emoción, debemos normalizar poder sentirnos frustrados pero con el objetivo de poder controlarlo y así que nos genere menor malestar, siendo menos intensa y más breve.

En este artículo hablaremos de la frustración, cómo se define esta emoción y qué estrategias pueden utilizar los padres para tratar de enseñar a sus hijos a poder manejarla.

¿Qué entendemos por frustración?

La frustración es un sentimiento desagradable que surge cuando no somos capaces de lograr lo que nos proponemos o queremos conseguir. Es posible que se aumente su intensidad si el sujeto ha hecho todo lo posible, ha dedicado todos sus esfuerzos para conseguir el propósito pero no ha podido alcanzar el resultado que esperaba. Es frecuente que este sentimiento se relacione con otras emociones como la ira, la rabia, la irritabilidad, la ansiedad, la desesperación o incluso sintomatología depresiva.

Asimismo, podemos fijar el foco en el exterior o en el interior. Nos referimos a que la persona se puede sentir frustrada por no conseguir alcanzar la meta que quería o puede frustrarse por no recibir lo que esperaba de su entorno, de otras personas. Del mismo modo, la recompensa o premio no obtenido puede ser de naturaleza material, como dinero o más psicológico, como atención o cariño.

Este sentimiento afectará pues no solo al propio sujeto sino también a su relación con su entorno. El malestar que genera la frustración al no poder alcanzar lo que uno quiere, estando o no justificado el reclamó, es decir, tenga o no razón el sujeto para sentirse frustrado, es perjudicial para la persona que lo sufre, ya que le genera un estado emocional negativo que no le permite disfrutar de otros sucesos y para los individuos que le rodean, ya que la mala actitud del sujeto frustrado repercutirá en la relación.

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¿Cómo enseñar a un niño a tolerar la frustración?

Ahora que conocemos el malestar y reacciones que puede comportar la frustración, será importante aprender a manejarla para disminuir el efecto y repercusión en nuestro día a día. En especial la frustración puede ser difícil de controlar cuando el sujeto que la muestra es un niño, ya que puede no entender lo que le pasa, la sensación que nota, generando el propio malestar mayor malestar e incremento de las emociones negativas.

Por este motivo, los adultos debemos procurar ayudar a los menores a ser conscientes de qué les está pasando, cuál es la razón, y lograr así disminuir o controlar esta situación. Al final el objetivo es enseñar al niño para que finalmente él solo pueda manejar su propia frustración y aprender que la frustración es una emoción normal que podemos tener, señalando la importancia de saber regularla y no tanto la intención que desaparezca. El intento de evitar que ocurra algo hace que aumente su aparición. Veamos pues qué técnicas o consejos podemos seguir para ayudar a que nuestros hijos consigan manejar mejor su frustración.

1. Comunicar que la perfección no existe

Un factor que se vincula frecuentemente con la frustración es el perfeccionismo. Hay personas que tratan de alcanzar la perfección, meta que nadie puede conseguir puesto que siempre habrá margen de hacerlo mejor. Por esta razón, debemos de explicarles que el objetivo no debe ser hacerlo perfecto si no estar satisfecho con el trabajo realizado y ser conscientes de que siempre podremos trabajar para mejorar, siendo este punto el que nos permite mantenernos motivados para poco a poco ir progresando.

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2. Ser un buen modelo de referencia

Cuando nuestros hijos son pequeños su principal modelo de referencia son sus padres, así que se fijarán en cómo estos reaccionan y actúan ante distintas acciones. Los niños están pendientes y se fijan en todo por tanto debemos de comportarnos de manera adecuada, siendo un buen ejemplo.

No podemos exigirle un comportamiento o que trate de controlar su frustración si ve que nosotros no lo hacemos y actuamos de manera inadecuada cuando algo no nos sale como queremos. El mensaje que transmitimos debe ser acorde a como actuamos, ya que al final es mediante el comportamiento, las conductas, que observe de donde aprenderá más.

3. Equivocarse no es malo

Debemos enseñarles que equivocarse no es malo, es más, equivocarse es algo normal y que seguro que nos sucederá. Lo importante es darnos cuenta de nuestros errores y aprender de ellos, ser conscientes de lo que hicimos mal para así poder actuar distinto la próxima vez y tratar de mejorar. Al final lo que nos hace aprender y nos ayuda a recordar mejor la conducta que no debemos repetir es el error, ya que nos permite fijarnos más y estar más atentos para no volver a cometerlo.

4. Deja que se frustre

Para saber qué se siente cuando nos frustramos y poder así aprender a manejar esta emoción es necesario dejar que se frustren. Como hemos dicho equivocarse no es malo, deja que lo haga para aprender así a controlar su frustración y darse cuenta que podemos trabajarla y superarla. Asimismo ante rabietas vinculadas con la frustración debemos diferenciar si se deben a la falta de una necesidad básica, como por ejemplo tener hambre, en este caso trataremos de calmarlos transmitiendoles que entendemos como se sienten y ayudándoles a comprender porque están reaccionado así y que cuando podamos satisfaceremos su necesidad.

Si la rabieta, la frustración, se realiza sin motivo y no se vincula con una necesidad básica trataremos de realizar extinción sin mostrarle atención, ya que puede que con esta conducta traten de conseguirla. Cuando se calme intentaremos razonar con ellos y decirle que con este comportamiento no logrará nada, no obtendrá recompensa.

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5. Ayudarle a establecer objetivos alcanzables

Es normal y positivo tener metas ya que son las que nos motivan, nos mantienen activos, para poder alcanzar nuestros propósitos. Pero debemos procurar que estas sean realistas, que las podamos alcanzar ya que de lo contrario sólo conseguiremos frustrarnos, nos sentimos mal, al ver que no conseguimos lo que nos propusimos. Se recomienda fijarse objetivos a largo y a corto plazo, es decir, objetivos más simples y otros que necesiten más implicación y tiempo para lograrlo. De esta manera, los fijados a corto plazo son los que ayudan a que no perdamos la motivación y persistamos para alcanzar la meta final.

6. El esfuerzo es necesario

A veces puede que nos frustremos, por no lograr lo que queríamos, sin habernos esforzado realmente para conseguirlo. Debemos enseñarles que el esfuerzo es necesario para alcanzar nuestros propósitos y que cuando nos implicamos en algo y damos lo mejor de nosotros es más fácil conseguir lo que queremos y sentirnos mejor, satisfechos, ya que vemos que nuestro trabajo ha sido recompensado.

7. Importancia de ser constante

La constancia, la continua dedicación, es factor fundamental para tratar de conseguir nuestros objetivos. Es habitual no conseguir las cosas a la primera, como ya hemos mencionado nos podemos equivocar y este hecho no supone haber fracasado, simplemente nos indica que debemos mejorar, teniendo así más posibilidades de probar y alcanzar finalmente nuestra meta. Muchas veces no consigue lo que quiere quien es más capaz sino quien persiste, es constante en el trabajo y se esfuerza para lograr lo que quiere.

8. Ser flexible

La flexibilidad cognitiva es una cualidad imprescindible para lograr nuestras metas y adaptarnos a las distintas situaciones de vida. Aunque no sea una capacidad muy comentada la flexibilidad nos da la posibilidad de cambiar nuestro modo de actuar y modificarlo para lograr alcanzar así nuestros propósitos. El rasgo contrario, la rigidez, hace que persistamos en algo que no podemos cambiar o sigamos actuando de un modo que no es el correcto, derivando así la mayoría de ocasiones en frustración.

Ante un problema debemos comunicarle al niño y animarle a que plantee distintas alternativas de solución para poder darse cuenta que hay diferentes modos de actuar y poder valorar cuál es el mejor, el que más le conviene

9. Reforzar los comportamientos positivos

Para lograr aumentar los comportamientos positivos y disminuir los negativos o poco funcionales, puede ser útil reforzar y corregir las conductas que son adecuadas e ignorar o hacer extinción de las conductas negativas o desadaptativas. El refuerzo a utilizar puede ser distinto: premios materiales, como prepararle la comida que le gusta; premios sociales, mostrarle nuestra atención y reconocer lo bien que se ha portado o refuerzos de actividad, como poder ver la televisión o jugar videojuegos.

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