Trastorno Explosivo Intermitente: causas, síntomas y tratamiento

El trastorno explosivo intermitente forma parte de los trastornos del control de los impulsos, presenta periodos cortos de ira intensa e inesperada y comportamiento violento que ocasionan consecuencias personales y sociales.

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El Trastorno Explosivo Intermitente (abreviado TEI) es un trastorno del comportamiento caracterizado por expresiones de ira extrema, a menudo a niveles incontrolables, que son desproporcionadas para las circunstancias que los provocan, a veces incluso estos episodios de ira pueden surgir de la nada.

Estos arrebatos intermitentes y explosivos provocan una gran angustia, tienen un impacto negativo en las relaciones del paciente y pueden llegar a tener consecuencias legales y financieras.

Dentro del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) el trastorno explosivo intermitente se categoriza dentro de los trastornos del control de impulsos junto a la cleptomanía (robo de objetos), la piromanía (provocación de incendios de forma deliberada), la tricotilomanía (arrancarse el propio cabello de manera recurrente) y al juego patológico antes conocido como ludopatía, entre otros.

El trastorno explosivo intermitente es un trastorno con una prevalencia infraestimada del que no se puede encontrar mucha información. En el artículo de hoy vamos a intentar solucionar esta laguna y explicar todo sobre el TEI, síntomas, causas, tratamiento y posibles complicaciones. Empecemos.

¿Qué es el Trastorno explosivo intermitente?

Como hemos visto, las personas diagnosticadas con trastorno explosivo intermitente sufren arrebatos repentinos y repetidos de conductas impulsivas, agresivas y violentas, estas agresiones pueden ser físicas o verbales. En estos episodios se reacciona con demasiada exageración a una provocación, sea ésta real o imaginaria. Los episodios pueden ser frecuentes o espaciados y estar intercalados por arrebatos verbales menos severos.

Un estudio de 2006 mostró que la prevalencia de la enfermedad es mucho más alta de lo que se pensaba y oscila entre el 1,4 y el 7%, con más casos diagnosticados entre adolescentes y con más repercusiones en hombre que en mujeres.

Los pacientes con TEI dicen sentir una sensación de alivio inmediatamente después de sufrir el TEI, como si la tensión acumulada se hubiese liberado. Sin embargo, una vez que el alivio desaparece, muchos pacientes experimentan sentimientos negativos de remordimiento y vergüenza.

El origen de este trastorno no está confirmado, pero responde a diversas causas, destacando el crecer en ambientes familiares agresivos y violentos. Las personas con este tipo de trastorno manifiestan una variedad de síntomas, dependiendo de la genética de la enfermedad y sus factores ambientales, pero también de las estrategias de manejo de la ira que haya adquirido la persona a lo largo de su vida.

Aunque vivir con un trastorno explosivo intermitente puede ser extremadamente difícil de gestionar para los pacientes y su entorno. El TEI puede ser controlado a través de un tratamiento adecuado, que implica psicoterapia, educación sobre el manejo de la ira y en muchos casos se acompaña de la administración de medicación, sobre todo inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

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Causas y Factores de riesgo

Se desconoce la causa exacta del Trastorno explosivo intermitente, pero seguramente es de origen multifactorial, implicando tanto factores ambientales como genéticos. Es un trastorno que se presenta con más frecuencia en jóvenes adultos y adolescentes que en adultos mayores. El TEI suele iniciarse en la infancia temprana, tardía o adolescencia.

Los pacientes diagnosticados con TEI presentan historias de vida lamentablemente similares. La gran mayoría crecieron en hogares donde eran comunes el comportamiento explosivo y los abusos verbales y físicos.

La exposición a este tipo de violencia a una edad temprana aumenta las posibilidades de que los niños muestren los mismos rasgos y comportamientos que su entorno a medida que crecen. Haber experimentado uno o más acontecimientos traumáticos en la infancia también parece influir como desencadenante del trastorno.

El origen genético de la enfermedad no está determinado, pero podrían existir genes como en otras enfermedades mentales considerados como un factor de riesgo a la hora de transmitir la enfermedad a la descendencia.

Las diferencias en el funcionamiento del cerebro están siendo estudiadas como posibles causas del TEI. Las personas con trastorno explosivo intermitente pueden tener diferencias en la estructura, la función y la química del cerebro en comparación con las personas que no tienen el trastorno.

Algunas investigaciones sugieren que el trastorno explosivo podría estar causado por una serotonina deficiente. La serotonina es fundamental para la modulación de la conducta social, las emociones y una gran cantidad de funciones fisiológicas, un mal funcionamiento de este importantísimo neurotransmisor podría ser el origen de los trastornos agresivos incluidos el TEI.

Estadísticamente hay más hombres que mujeres que conviven con este trastorno. Como ya hemos visto en las causas, la exposición por parte de los niños a la violencia y los comportamientos explosivos por parte del entorno familiar (por ejemplo, arrebatos de ira de padres o hermanos) son los factores de riesgo que más se repiten en los pacientes de TEI.

Otros factores de riesgo podrían ser de origen traumático, como haber sufrido un trauma físico o haber experimentado un trauma emocional en la infancia.

Las personas diagnósticas con otros trastornos que afectan a la salud mental, como trastorno límite de la personalidad, trastorno de personalidad antisocial u otros trastornos con conductas neurodivergentes como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), tienen un mayor riesgo de padecer también el trastorno explosivo intermitente.

Por otra parte, las personas con un historial de abusos de sustancias también tienen más riesgo de desarrollar un trastorno explosivo intermitente.

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Síntomas

Las personas con trastorno explosivo intermitente manifiestan una variedad de síntomas, según el grado de la enfermedad, pero también según las estrategias de manejo que haya adquirido la persona a lo largo de su vida, como el desarrollo de habilidades sociales, mecanismos de control de la ira etc. También los síntomas pueden ser agravados por el consumo o adicción a drogas y alcohol. Esta es una lista de ejemplos de los diversos signos y síntomas que pueden presentar las personas con TEI:

  • Agresividad física
  • Agresividad verbal
  • Estallidos de ira
  • Agresión física a personas y/u objetos
  • Daños a la propiedad
  • Estallidos de furia conduciendo:
  • Dolores de cabeza
  • Tensión muscular
  • Opresión en el pecho
  • Palpitaciones
  • Hormigueo
  • Sensación de presión en la cabeza
  • Temblores
  • Baja tolerancia a la frustración
  • Sensación de pérdida de control sobre los pensamientos
  • Pensamientos acelerados
  • Sentimientos de rabia
  • Irritabilidad incontrolable
  • Breves periodos de distanciamiento emocional

Si recurrimos a la definición de síntoma como un cambio en el organismo que evidencia la existencia de una enfermedad y sirve para determinar su naturaleza, los ataques de ira son la manifestación más evidente de que una persona sufre de un trastorno intermitente impulsivo. Por eso es importante su descripción.

Los episodios de ira son explosivos y ocurren repentinamente, no hay ninguna señal o acontecimiento concreto que los provoque, y por lo general duran menos de 30 minutos. Estos ataques pueden darse con frecuencia o pueden suceder con semanas o meses de diferencia. Pueden ocurrir arrebatos verbales menos severos entre episodios de agresión física. En la mayoría de los casos, la persona con TEI es irritable, impulsiva, agresiva o está enojada de forma crónica.

Los episodios agresivos están precedidos o acompañados de ira y activación: aumento de energía y pensamientos acelerados y síntomas físicos como hormigueo, temblores, palpitaciones e incluso en algunos casos fuerte opresión en el pecho.

Los episodios menos graves, tanto verbales como de conducta se consideran desproporcionados. El paciente muestra una falta de reflexión sobre las consecuencias. Estos episodios pueden manifestarse como:

  • Rabietas
  • Discusiones acaloradas
  • Gritos
  • Bofetadas, sacudidas o empujones
  • Peleas físicas
  • Daños materiales
  • Amenazas o agresiones a personas o a animales
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Complicaciones

Las posibles complicaciones son una parte muy importante a tener en cuenta en el tratamiento del TEI, sobre todo en la psicoterapia, ya que debido a su condición las personas pueden sufrir de diversas consecuencias como:

  • Relaciones personales deficitarias. Muchos piensan que estas personas están siempre enfadas, es posible que las personas con TEI tengan frecuentes peleas verbales o incluso puedan llegar a maltratar físicamente a personas de su entorno.

  • Problemas laborales, domésticos o en el colegio. Estos problemas pueden incluir desempleo, expulsiones de la escuela en edades tempranas, accidentes automovilísticos, problemas financieros o problemas legales.

  • Afectación del estado de ánimo. La depresión, la ansiedad y otros trastornos del ánimo suelen acompañar al trastorno explosivo intermitente.

  • Problemas de consumo y adicción. Los pacientes con trastorno explosivo intermitente son más propensos al consumo de drogas y de alcohol.

  • Propensión a otras enfermedades. El trastorno de impulsividad intermitente puede aumentar el riesgo de presión arterial alta, diabetes, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, úlceras y dolor crónico.

  • Autolesiones. Los pacientes pueden lesionarse a sí mismos, y en algunos casos llegar a cometer suicidio.

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Tratamiento

El tratamiento para el trastorno explosivo intermitente generalmente incluye psicoterapia que se enfoca en cambiar los pensamientos asociados y aprendidos respecto a la ira y la agresión a través del diálogo entre paciente y terapeuta. Según la edad y los síntomas, el tratamiento también puede incluir la administración de medicamentos.

El objetivo del tratamiento es la remisión, lo que significa que los episodios de ira desaparecen o mejoran hasta el punto en que solo persisten uno o dos síntomas calificados como leves. Para aquellos pacientes que no logran la desaparición de los síntomas, un objetivo razonable es estabilizar la seguridad de las personas y del entorno, así como reducir considerablemente el número, la intensidad y la frecuencia de los episodios de ira.

Psicoterapia

Las sesiones de psicoterapia se enfocan en:

  • El desarrollo de habilidades que pueden ser útiles para la identificación de situaciones o comportamientos que provocan una respuesta agresiva y su anticipación.
  • El uso de herramientas de comunicación para procurar dar respuestas verbales a estas situaciones y a los problemas en general,
  • El aprendizaje de técnicas para el manejo de la ira.
  • Una reestructuración cognitiva para pensar las situaciones y las respuestas de una manera diferente.

Medicación

Algunos medicamentos pueden aumentar el umbral a partir del cual una situación desencadena un estallido de ira en las personas con trastorno explosivo intermitente.

Entre ellos se incluyen antidepresivos que actúan como inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, la fluoxetina es el medicamento más estudiado para tratar el trastorno explosivo intermitente. Otros medicamentos que se han estudiado para el TIE son la fenitoína, el litio, la oxcarbazepina y la carbamazepina.

Estrategias de afrontamiento y apoyo

Las estrategias de afrontamiento y apoyo son claves a la hora de afrontar este trastorno. Es esencial que una persona con trastorno explosivo intermitente reciba tratamiento médico. La terapia incluye una serie de técnicas para el control de la ira. Estas pueden ayudar a prevenir los episodios de ira e incluyen:

  • Reestructuración cognitiva, la gestión de la ira es algo que aprendemos cuando somos pequeños, por lo tanto, es posible desaprender esta conducta problemática.
  • Técnicas de anticipación, reconocer los desencadenantes de los episodios para poder anticiparse o alejarse de la situación.
  • Técnicas de relajación.
  • Habilidades de comunicación.
  • Mejorar el cuidado personal. Una buena higiene del sueño, la práctica de ejercicio físico y un manejo general del estrés pueden ayudar a mejorar la tolerancia a la frustración.
  • Aprender a cambiar el entorno y abandonar las situaciones estresantes cuando sea posible.
  • También es muy importante evitar el alcohol y las drogas recreativas ya que estas sustancias pueden aumentar el riesgo de comportamiento violento.

Desafortunadamente, muchas personas con trastorno explosivo intermitente no reciben tratamiento. Si tienes una relación con alguien que padece un trastorno explosivo intermitente sin tratar y sufres de maltrato, lo primero que debes hacer es tomar medidas para protegerte a ti mismo y tu entorno.

Tanto si sufres de una situación de maltrato como si tienes conocimiento de algún caso cercano de violencia doméstica y resides en España, puedes contactar con el número gratuito 016. Funciona las 24 horas del día, los 365 días del año, sin dejar rastro en tu factura telefónica, llamar a este número es absolutamente confidencial, nadie sabrá que has llamado.

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