Mitomanía: causas, síntomas y tratamiento

La mitomanía es un trastorno psicológico que consiste en la adicción a mentir, convirtiendo la mentira en una conducta repetitiva y patológica que afecta enormemente a la vida. Un repaso de sus bases clínicas.

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Mentir es una conducta propia del ser humano, todos faltamos a la verdad de forma consciente. Según algunas investigaciones decimos entre 20 y 200 mentiras al día, los últimos estudios sugieren que somos más honestos, y solo pronunciamos una media de una o dos mentiras diarias. Aunque en algunas personas, este número puede verse multiplicado por cuatro. Es el caso, de los políticos o de la gente extremadamente preocupada por su imagen pública. Sin embargo, cuando hablamos de mitomanía no nos referimos a las personas que mienten en promedio más que el resto de personas.

Normalmente, las personas mentimos para evitar el castigo u obtener algún tipo de beneficio, en el caso de las personas públicas lo hacen para mejorar su imagen y la opinión que se tiene de ellos. A veces la mentira no tiene un beneficio personal, también podemos mentir por compasión o para no hacer daño a alguien.

Algunas personas no buscan nada con la mentira. En el caso de los mitómanos, no hay un objetivo detrás de la mentira, por eso también se les conoce como mentirosos compulsivos. Los mitómanos falsean la realidad de forma constante. En este artículo hablaremos de esta condición patológica, exponiendo sus causas, síntomas y tratamiento.

¿Qué es la mitomanía?

Se describe al mitómano; como una persona que miente de forma constante y sus mentiras no guardan ningún propósito. La mitomanía no es un trastorno recogido dentro de la última versión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5). Este lo describe como un síntoma o condición derivada del trastorno antisocial de la personalidad. Por tanto, no existen unos criterios generales para su diagnóstico. Esto dificulta distinguir entre la gente que dice frecuentemente mentiras a causa de otras condiciones (por ejemplo, la falta de autoestima) de las personas que realmente padecen la enfermedad.

Este trastorno se describió por primera vez en 1891. El psiquiatra suizo y director de hospital, Anton Delbrück, reconoció en algunos de sus pacientes esta condición a la que llamó “pseudología fantástica”. Los afectados eran capaces de relatar situaciones e historias completamente falsas, aportando multitud de datos y detalles. Debrück se interesó desde entonces por este tipo de comportamiento, llegando a identificar y describir cinco casos más desde su descubrimiento.

Las personas mitómanas son la mayoría de veces conscientes de sus mentiras, de hecho presentan una gran capacidad cognitiva que les permite mantenerlas en el tiempo. Sin embargo, algunas veces pueden dejarse engullir por sus propias fabulaciones y perder el sentido de la realidad. Detrás de la mitomanía parecería esconderse una necesidad patológica por impresionar al resto del mundo. Las personas mitómanas describen una vida diferente de la suya, llena de emociones y éxitos; ellos siempre son el centro de la mentira. Sus objetivos principales son la fama y la admiración de los demás.

Según los especialistas, la mitomanía se asocia con una baja autoestima y las personas afectadas conviven con un profundo sentimiento de vergüenza sobre su propia vida, que consideran aburrida o falta de sentido, incluso desgraciada. Aunque el origen de este trastorno también se relaciona con la compleja construcción de la personalidad que hacen las personas mitómanas. Las personas afectadas pueden empezar con pequeñas mentiras que se hacen cada vez más grandes con tal de sostener al personaje creado, que ya han confundido con la persona real.

Las mentiras de los mitómanos siempre son infundadas e incluso pueden llegar a ser surrealistas; las historias que cuentan suelen ser dramáticas, complicadas y detalladas. Pero, estas nunca resultan del todo imposibles, lo que dificulta mucho detectarlas. Numerosos mitómanos han conseguido que el gran público se crea sus fantasías y fabulaciones. Los mentirosos patológicos son grandes narradores, sus mentiras suelen ser muy detalladas y coloridas.

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Causas

Todavía no se ha determinado el origen exacto de la mitomanía. Sin embargo, existen una serie de hipótesis que intentan explicar esta condición. Desde el campo de la neurología, se ha descrito en las personas mitómanas una mayor cantidad de sustancia blanca en la parte anterior del lóbulo frontal. Este descubrimiento implicaría que las personas afectadas tienen mayor conexiones que los demás.

Un mayor número de conexiones significa mayores funciones cognitivas. Las personas mitómanas mienten mejor que el resto porque tienen mejor capacidad para construir mentiras y mantenerlas en el tiempo. Aunque esta función cognitiva no explica el origen del trastorno. La psicología apunta a un conjunto de factores sociales y psicológicos. Sobre todo la baja autoestima parecería ser frecuente en el origen del trastorno. Muchos mitómanos describieron haber vivido una infancia sin afecto. Esa necesidad de ser reconocidos y ser importantes para alguien es la que persiguen a través de sus ficciones.

También, algunas teorías psicológicas explican que la mitomanía podría ser un síntoma de una enfermedad psicológica más grave que queda ocultada bajo esta, como el trastorno de la personalidad antisocial que sí recoge el DSM-V.

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Síntomas

La mitomanía se describe como una tendencia incontrolable. Debido a su carácter compulsivo, la persona no puede dejar de mentir. Esta presenta una serie de síntomas psicofisiológicos que son comunes con las de otras tendencias compulsivas, entre los que se encuentran:

  • La necesidad imperiosa de mentir
  • Dificultad en el control del impulso de la mentira
  • Pensamientos intrusivos que incitan a mentir
  • Alivio y satisfacción al no ser descubiertos
  • Falta de habilidades sociales
  • Baja autoestima
  • Altos niveles de ansiedad

También se describen una serie de síntomas que le son propios. Estos se relacionan con la capacidad de mentir y la incorporación de la mentira, en el día a día, que hacen las personas mitómanas. Los principales síntomas que llevan a las mentiras o son la consecuencia directa de estas son:

1. Episodios de alta ansiedad

Los mitómanos son personas a los que no les gusta su propia realidad, es por ello que sufren todo tipo de episodios de ansiedad que los impulsan a crear mentiras, en las que distorsionan su entorno y su vida de cara a los demás. Esta ansiedad también puede derivarse de las propias mentiras.

2. Baja autoestima

Su incapacidad para aceptarse a sí mismos o la falta de un desarrollo adecuado en la infancia, principalmente la falta de afecto. Hace que las personas mitómanas dibujen un perfil de sí mismos totalmente alejado de la realidad, para conseguir el amor y reconocimiento que no han tenido o tienen en su propia vida.

3. Estrés

Los mentirosos compulsivos están bajo la presión diaria de mantener sus mentiras para que no los atrapen. Deben crear situaciones y contextos en los que puedan continuar y mantener sus mentiras. El miedo a ser descubiertos puede ser intenso, y el trabajo mental para no ser descubiertos es cada vez mayor.

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4. Capacidad de creer en sus mentiras

Las personas mitomaniacas tienen la capacidad de integrar sus mentiras, por lo que adoptan un enfoque natural de los eventos involucrados frente a los demás, a veces viéndolos y relatándolos como viejos recuerdos.

5. Magnificación de la realidad

Es posible que a veces se describa una situación real, pero esta adquiere una dimensión completamente nueva con multitud de adornos inventados y exageraciones. Esto es un intento, como en el caso de la mentira, de ser visto como alguien especial. La gesticulación en la comunicación es muy común entre las personas que padecen mitomanía.

Tratamiento

Es muy probable que las personas que padecen de mitomanía decidan no someterse a terapia por miedo a ser descubiertas. Es más, es bastante difícil que admitan tener cualquier tipo de problema de los que ellos mismos pueden ser responsables, ya que uno de sus objetivos principales al mentir es obtener reconocimiento. Por ello, el tratamiento que implica esta psicopatología se realiza frecuentemente con el entorno de la persona (familiares o personas muy próximas).

En el caso de empezar una terapia directamente con el paciente, es muy importante, al igual que en el tratamiento de otras condiciones compulsivas, el compromiso. Sin la voluntad de colaboración, el tratamiento no será efectivo.

El tratamiento de la mitomanía incluye diferentes estrategias, normalmente se opta por la terapia cognitiva- conductual para cambiar el pensamiento que tiene el paciente de sí mismo y qué entienda de dónde viene su necesidad de mentir. La psicoterapia se puede acompañar de tratamiento farmacológico con ansiolíticos. También se pueden trabajar distintas habilidades sociales, por ejemplo, se pueden enseñar técnicas de comunicación.

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