Salud Mental y Desempleo: los 4 efectos psicológicos del desempleo

El trabajo no es una mera actividad económica, sino que además brinda bienestar psicológico a las personas. Por ello, el desempleo suele acarrear consecuencias emocionales negativas, especialmente cuando se prolonga en el tiempo.

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El empleo se define como la generación de valor a partir de la actividad producida por una persona. Un empleado contribuye con su trabajo y conocimiento en favor del agente empleador a cambio de un beneficio económico, su salario. El empleo es una gran preocupación para cualquier gobierno, pues este representa uno de los índices más importantes del nivel de desarrollo de un país.

De esta manera, las naciones más desarrolladas suelen mostrar un ajuste entre la oferta y la demanda de trabajo, de manera que el mercado laboral se encuentra equilibrado. Por el contrario, aquellos países más desfavorecidos tienden a mostrar elevados niveles de desempleo, de forma que los ciudadanos encuentran dificultad para encontrar un puesto laboral y, si lo tienen, suele ser de una cualificación o remuneración menor a la deseada.

Aunque es evidente que el empleo constituye un pilar esencial para el funcionamiento de la economía, lo cierto es que este también cumple una importante función psicológica para las personas. Así, quienes se encuentran en situación de desempleo y desean trabajar suelen experimentar malestar psicológico, especialmente cuando se ven en esta tesitura durante un período de tiempo prolongado.

Por supuesto, la forma en la que el desempleo afecta a cada persona varía dependiendo de ciertos factores como la edad, el tiempo que se permanece sin trabajar, las responsabilidades adicionales, el estilo de personalidad o la calidad de la red social. En cualquier caso, el trabajo es una fuente de bienestar psicológico, por lo que su ausencia puede desencadenar determinados efectos emocionales que vamos a comentar en este artículo.

¿Qué nos aporta el empleo en términos psicológicos?

Como venimos comentando, el empleo es más que una actividad económica. Este constituye una fuente de beneficios psicológicos para las personas:

  • Autonomía: El trabajo es una de las claves para ser independiente. Por ello, su ausencia es un gran problema para la población más joven, que sin trabajo no puede abandonar el hogar familiar e independizarse. Trabajar nos permite ser autónomos y nos lleva a aprender a asumir tareas y responsabilidades.

  • Crecimiento: El trabajo nos puede ayudar a crecer como personas, especialmente en aquellas empresas en las que se cuida este aspecto. Al esforzarnos, es posible ascender a un nivel superior, ganando en responsabilidad y salario, a la vez que adquirimos mayor bagaje de conocimientos generales cruciales para la vida adulta.

  • Autoestima: Trabajar es una forma de poner a prueba nuestra capacidad y talento, por lo que tener un empleo nos ayuda a estar mejor con nosotros mismos y ganar sentido de competencia.

  • Estabilidad: Tener un empleo es necesario para poder llevar una vida estable. Al trabajar podemos gozar de estabilidad no sólo económica, sino también mental.

  • Relaciones sociales: Trabajar implica interactuar y comunicarse con otras personas, lo que resulta necesario y enriquecedor para cualquier persona.

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Fases de la pérdida de empleo

Los efectos emocionales del desempleo que luego comentaremos no suelen aparecer de inmediato cuando alguien se queda sin empleo. Por el contrario, estos suelen manifestarse pasado un tiempo, pues todo individuo que se encuentra en esta tesitura atraviesa un proceso compuesto de varias etapas:

1. Entusiasmo

En esta fase inicial la persona pasa los primeros meses sin empleo. Aunque siente incertidumbre, la situación se vive con cierto optimismo, pues se mantiene la confianza en que se encontrará otro trabajo. Así, se disfrutan las primeras semanas como una especie de descanso y oportunidad para reponer energías y buscar otro empleo. Hay mucha energía y expectativas altas, lo que se relaciona con una asimilación incompleta de lo que sucede. La persona no es del todo consciente de que su realidad actual, aunque a medida que el tiempo pase tenderá a hacerse una idea más realista del panorama. Pueden empezar a aparecer síntomas como irritabilidad o cambios de humor.

2. Estancamiento

Esta etapa suele iniciarse alrededor de los seis meses después de haber perdido el empleo. En este momento comienzan a aparecer las primeras preocupaciones en torno a la búsqueda de trabajo. La persona empieza a replantearse su valía y capacidad y comienza a tener una visión más realista de lo que ocurre. En este momento puede empezar a darse cierta desmotivación o desencanto por la nueva situación, lo que puede llevar a una búsqueda de trabajo menos selectiva y más desesperada. En este momento es común que la persona sienta cierta vergüenza o culpa por no haber encontrado un empleo, lo que lleva a manifestar un comportamiento irritable, nervioso e irascible.

3. Desgana

Esta etapa suele iniciar alrededor de los 18 meses desde que se perdió el trabajo. En este momento el desempleo empieza a invadir la identidad de la persona, que puede empezar a sentirse apática, inferior, fracasada, triste, etc. En definitiva, la ausencia de éxito en su búsqueda de empleo durante tanto tiempo empieza a hacer mella en el bienestar emocional.

4. Resignación

Esta fase suele empezar alrededor de los 24 meses y en ella la persona se siente ya profundamente desesperanzada. No cree que vuelva a tener un empleo nunca, por lo que cesa la búsqueda al creer que esta supone una simple pérdida de tiempo. Puede aparecer, además, cierta ansiedad ante la posibilidad de afrontar de nuevo un proceso de selección y ser rechazado. En este momento puede aparecer una intensa sensación de vacío, pues la persona siente que no tiene un propósito o dirección en su vida.

El trabajo que se había tenido en el pasado y que había llegado a definir su identidad queda atrás y se vive una especie de crisis que dificulta saber quién se es realmente. De esta manera, la persona entra en un círculo vicioso en el que ya no se siente con fuerzas para buscar empleo, de manera que su frustración va en aumento sin posibilidad de salir de dicha espiral. Aparecen creencias erróneas acerca de la propia capacidad que no hacen más que obstaculizar la salida de este bache existencial.

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Los 4 efectos psicológicos del desempleo

Como hemos visto, el desempleo comienza a mermar la salud mental de forma insidiosa y progresiva siguiendo un proceso de varias etapas. A continuación, vamos a destacar los síntomas emocionales asociados al desempleo más habituales.

1. Sentimiento de fracaso

Como ya vimos, el trabajo es una actividad que nos brinda bienestar psicológico, nos hace sentir útiles y capaces y nos ayuda a crecer como personas. Así, cuando no podemos trabajar es lógico que aparezca un profundo sentimiento de fracaso, pues sentimos que hemos fallado, que no somos capaces de conseguir cosas y, además, que la situación de desempleo es por nuestra culpa. Aparecen pensamientos relacionados con que no se es suficiente, no hay talento, ganas, etc. Sin embargo, muchas veces la ausencia de trabajo se debe a causas ajenas a nuestra persona que no podemos controlar, como por ejemplo una crisis económica.

2. Pérdida de motivación

El desempleo también puede estar acompañado de una importante pérdida de motivación. Al no conseguir trabajar, es fácil sentir que no se tienen metas, objetivos o retos pendientes. Por ello, al levantarse cada mañana no hay nada que impulse a sentir energía y ganas de hacer cosas. Es por ello por lo que las personas desempleadas caen con facilidad en un círculo vicioso por el que cuanto más tiempo permanecen sin trabajar, menos esfuerzos hacen por encontrar un nuevo empleo. Todo ello hace que los problemas psicológicos como la ansiedad o la depresión sean algo particularmente frecuente en este colectivo.

3. Vergüenza

Uno de los sentimientos más frecuentes en las personas que están desempleadas es la vergüenza. La persona siente que no tener trabajo le hace ser ante los demás alguien inútil, sin talento, capacidad o cosas que aportar a la sociedad. Por ello, se suele decir que el trabajo “dignifica” a las personas, ya que vivimos en una sociedad donde el puesto laboral forma una parte muy relevante de la identidad de cada individuo.

4. Desesperanza ante el futuro

Cuando una persona carece de empleo, especialmente si esta situación se prolonga demasiado tiempo, es fácil que aparezca un sentimiento de desesperanza ante el futuro. La persona puede experimentar pensamientos por los que asume que nunca volverá a trabajar, que no sirve para nada o no tiene nada que le haga valiosa frente a los demás.

Esta desesperanza es un factor de riesgo importante para desarrollar depresión e incluso para manifestar ideas suicidas. Por ello, es crucial que en esta complicada situación la persona desempleada pueda contar con el apoyo de una sólida red social que le de fuerza y le haga sentir importante a pesar de su situación laboral.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de los efectos psicológicos asociados con el desempleo. El trabajo no es sólo una actividad económica, sino que además es una fuente de bienestar para las personas. Por ello, el desempleo suele acarrear importantes consecuencias emocionales en quien lo experimenta.

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