3 formas de mejorar la Aceptación Corporal: ¿cómo combatir la insatisfacción?

La insatisfacción corporal es una constante en la sociedad obsesionada con la delgadez en la que vivimos. Algunas pautas pueden ser de ayuda para mejorar la manera en la que percibimos y sentimos nuestro cuerpo.

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Hoy en día quedan pocas personas que sientan una aceptación genuina hacia su cuerpo. Esto no debería sorprender, pues vivimos en una sociedad basada en la obsesión delirante por la delgadez. Así, recibimos continuamente mensajes subliminales que nos recuerdan que somos imperfectos y que debemos aspirar a corregir nuestros defectos con el fin de encajar en un ideal de belleza determinado.

Esto se traduce en que una inmensa mayoría de nosotros experimentamos, en mayor o menor medida, insatisfacción corporal. No nos sentimos cómodos al mirar el reflejo en el espejo, nos enfocamos en esas partes que no son como “deberían ser” y vivimos en una lucha constante con nosotros mismos por no cumplir con esa perfección inhumana tan venerada.

Los problemas de imagen corporal son una constante en la población general. En algunas personas, la confluencia de factores de riesgo predisponentes y precipitantes puede llevar a que esa insatisfacción llegue demasiado lejos y termine por favorecer el desarrollo de un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA).

En este artículo hablaremos acerca de la imagen corporal, cómo ésta se configura y qué podemos hacer para reconciliarnos con la imagen que vemos en el espejo.

¿Cómo se forma la imagen corporal?

La imagen corporal se define como la representación mental que cada persona tiene de su aspecto físico. Es decir, es cómo la persona se ve a sí misma y cómo se percibe cuando se mira al espejo. Esta imagen que construimos de nuestro cuerpo está influida por nuestras emociones, por cómo nos sentimos dentro de nuestra piel. La forma que creemos que tiene nuestro cuerpo influye en nuestra identidad, autoconcepto y autoestima. En definitiva, forma parte de nosotros y repercute en cómo somos.

Las personas no percibimos nuestro cuerpo de manera totalmente objetiva. Por el contrario, la imagen que formamos de él será diferente dependiendo de nuestro estado emocional. No se trata de una percepción tal cual de lo que hay, sino que realizamos una evaluación de la imagen que vemos, que nos hará sentir de una forma u otra.

De esta manera, hay personas que aceptan la imagen que ven, aunque otras pueden sentir enfado o tristeza ante ella, lo que les impulsa a intentar cambiarla. Aunque algunas de las medidas para lograrlo pueden ser saludables (hacer más ejercicio, sacarse partido, comer más variado…) otras pueden tener un carácter patológico (obsesión, dietas restrictivas sin supervisión profesional, ejercicio excesivo…).

Las personas que tienen una imagen corporal positiva tienen una percepción clara y real sobre cómo es su cuerpo. Lo valoran y aprecian, pues comprenden que este es solo una parte de su conjunto como individuos. Así, reconocen que hay otros aspectos como la personalidad que cobran mayor importancia a la hora de definir su identidad. De esta manera, se sienten seguras y cómodas en su cuerpo.

En cambio, las personas con una imagen corporal negativa tienden a percibir su cuerpo de manera distorsionada, experimentando intensa ansiedad y vergüenza a raíz de su físico y una profunda incomodidad dentro de su piel.

Es indudable que todos nos preocupamos por nuestra imagen física, pues potenciar nuestro aspecto es fruto de orgullo, satisfacción y valoración social. En el caso de las niñas, es particularmente notorio cómo desde edades tempranas aprenden a cuidar su aspecto para obtener la aprobación de los demás.

La adolescencia es una época difícil en términos de imagen corporal, pues es el momento en el que más nos dejamos influir por el grupo y más ansiamos ser aceptados por los iguales. Así, el físico cobra un enorme protagonismo en la configuración de la identidad durante estos años.

Aunque los hombres cada vez sienten más presión a la hora de cuidar su imagen, por lo general son ellas las que experimentan la preocupación más intensa respecto a su aspecto. En este sentido, el papel de la familia es muy relevante, pues se ha identificado una correlación entre las preocupaciones de los padres respecto a su propio peso y/o el de sus hijas y la insatisfacción corporal que ellas experimentan (Slade, 1994). Igualmente, los comentarios y bromas sobre el cuerpo de los demás por parte de familiares y amigos avivan más aún dicha insatisfacción.

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¿Cómo puedo mejorar la aceptación corporal?

Un primer paso clave para comenzar a mejorar la imagen corporal es reconocer que podemos trabajar sobre ello, pero siempre desde una actitud de paciencia, compasión y amabilidad hacia una misma.

1. Identifica si la forma en la que percibes tu cuerpo fluctúa

A diferencia de lo que puede parecer, la imagen corporal no es algo estático. Por el contrario, la satisfacción que sentimos depende de nuestro estado emocional y antecedentes en un momento dado. Así, la forma en la que vemos nuestro cuerpo no es totalmente objetiva, sino que depende de nuestro estado de ánimo en una situación dada.

Por ejemplo, cuando nos sentimos animados y motivados tendemos a tener una imagen corporal más positiva que cuando nos encontramos emocionalmente apagados. Así, nunca percibimos la realidad tal cual es, pero aún así vivimos nuestra percepción del cuerpo (sea positiva o negativa) como algo absolutamente real. Comprender estas fluctuaciones te ayudará a relativizar y ver la imagen en el espejo desde una actitud menos exigente.

2. No tiene que gustarte todo de tu cuerpo

En la sociedad en la que vivimos existe una gran obsesión por el físico y continuamente nos encontramos expuestas a mensajes dañinos que nos hacen pensar que nuestro cuerpo no es válido tal y como es. Hacer oídos sordos a estos mensajes no es fácil, pero es posible aprender a vivir con ellos como un ruido de fondo que no nos impida sentirnos a gusto en nuestro cuerpo.

Reconciliarte con tu imagen corporal implica entender que una autoestima adecuada no significa que deba agradarte todo de tu cuerpo. Es normal que algunas partes te gusten más que otras, es natural. Por ello, cuando aparezcan pensamientos negativos sobre alguna característica de tu físico, debes aceptar que están ahí pero analizarlos como lo que son, pensamientos, y no como verdades absolutas.

Si al mirarte al espejo viene a tu mente : “Mis caderas son demasiado anchas” puedes darle un giro y pensar “estoy teniendo el pensamiento de que mis caderas son demasiado anchas”. Así, será más fácil aceptar la imagen que ves y las emociones que te despierta sin que ello conduzca a un bucle obsesivo. No pretendas estar conforme con todo de ti y reconoce que algunas partes de ti te encantan y otras no tanto.

3. Pon el foco en las sensaciones corporales

Si al mirarte al espejo sientes malestar, puedes probar a desviar la atención sobre la imagen que ves hacia las sensaciones corporales que estás experimentando en ese momento.

Prueba a cerrar los ojos y concentrarte en tu respiración y en las sensaciones internas que sientes en la zona de tu cuerpo que te genera malestar. Siente su temperatura, el contacto que tiene con tu ropa… Procura alternar tu atención sucesivas veces entre esas sensaciones y la imagen que ves. Progresivamente y con paciencia, el malestar que sientes ante el reflejo se mitigará.

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Sesgos cognitivos a la hora de configurar la imagen corporal

Las personas que lidian con problemas de imagen corporal suelen percibir su cuerpo de manera sesgada, pues se encuentran condicionadas por filtros cognitivos que distorsionan cómo lo ven. A continuación, vamos a comentar algunos de ellos.

1. Bella o Bestia

Este sesgo tiene que ver con un pensamiento polarizado, en el que la imagen corporal se percibe en términos de blanco o negro. Así, no existen medias tintas en cuanto a cómo el cuerpo se ve. Es decir, si no se logra pesar x kilos o cumplir con determinados estándares, entonces aparecen pensamientos como “estoy gorda”.

2. Ideal Irreal

Este sesgo hace que la persona evalúe su apariencia comparándola con ideales prácticamente inalcanzables. En este sentido influye notablemente la exposición a las redes sociales, revistas de moda y otros escaparates en los que continuamente se observan imágenes de cuerpos perfectos.

3. Comparación injusta

En este caso la persona compara la totalidad de su ser con un atributo que desea de otra persona. Así, continuamente se fija en aquello que desearía tener y los otros tienen, pero nunca reflexiona sobre aquellas virtudes que sí posee y de las que los demás carecen.

4. La lupa

Este sesgo hace que se observen en detalle sólo las partes del cuerpo que menos gustan. Esto hace que se dirija de manera obsesiva el foco sobre ellas y empañen el resto de cosas que sí gustan de la propia imagen.

5. La mente ciega

Este sesgo hace a la persona minimizar o ignorar los aspectos positivos de su apariencia, interpretando con desconfianza los comentarios positivos que los demás hacen de su imagen.

6. Fealdad radiante

Este sesgo implica comenzar a criticar una parte del propio cuerpo, para seguir con otra, y después otra hasta que se termina odiando toda la forma corporal en su totalidad. Este sesgo suele acentuarse cuando pasamos demasiado tiempo frente al espejo o empezamos a probarnos distintas prendas antes de salir de casa.

7. El juego de la culpa

Este sesgo lleva a culpar al cuerpo de prácticamente cualquier cosa que vaya mal en la vida. Si la persona pierde su trabajo, sufre un fracaso amoroso o tiene una discusión con alguien, siempre lo achaca a la forma de su cuerpo.

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