5 formas de trabajar la Educación Emocional en niños

La educación emocional permite que los niños comprendan y expresen sus distintos estados emocionales, lo que favorece su desarrollo pleno en todos los aspectos.

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Las emociones cobran una enorme importancia en nuestra vida. Siempre estamos experimentando algún tipo de estado emocional, y esa forma en la que nos sentimos condiciona cómo nos comportamos en las diversas situaciones. En la actualidad, es bien sabido que educar no tiene que ver únicamente con enseñar modales o contenidos académicos. Ello también requiere abordar el ámbito de las emociones y enseñar a los niños a reconocerlas y gestionarlas bien desde sus primeros años de desarrollo.

Esto será una herencia que aprovecharán en su vida adulta, favoreciendo por ello no sólo su salud mental y bienestar actuales, sino también futuros. En definitiva, educar en emociones contribuye a un desarrollo pleno y favorece que el niño alcance su máximo potencial, aprendiendo a desenvolverse en el mundo de manera saludable. Por desgracia, hace no mucho se ignoraba la importancia de educar en el plano emocional.

Por ello, es habitual que muchos adultos sigan cometiendo el error de infravalorar e invalidar las emociones de los niños y adolescentes. Menospreciar los sentimientos que experimentan es totalmente contraproducente, pues ello dificulta su reconocimiento y gestión adecuados. Los menores que disfrutan de una educación emocional de calidad parten de una base ventajosa, pues crecen sintiéndose seguros de sí mismos, con una autoestima adecuada y una buena capacidad para resolver problemas y relacionarse con los demás exitosamente.

¿Qué es la educación emocional?

Educar en emociones permite ayudar a que los más pequeños desarrollen su inteligencia emocional. Ello permite que logren conocer las distintas emociones que existen, así como los síntomas físicos asociados a cada una de ellas. Pero no sólo eso, también contribuye a que acepten con naturalidad todos sus estados emocionales, sin tratar de reprimir u ocultar ninguno de ellos.

Añadido a esto, educar en emociones implica brindar herramientas y estrategias que ayuden a los más pequeños a entenderse y manejar cómo se sienten de la manera más saludable posible. Los niños con educación emocional pueden ser más conscientes de lo que sienten y desarrollan habilidades sociales y capacidad para empatizar y comunicarse eficazmente con los demás. Todo ello conduce a un desarrollo más fructífero que favorece el desempeño en la etapa adulta.

Aunque hoy estamos algo más familiarizados con el concepto de educación emocional, lo cierto es que este era totalmente desconocido hasta hace tan sólo unos años. Fue en la década de los 90 cuando el psicólogo Daniel Goleman lo introdujo por primera vez, haciendo hincapié en la importancia que la educación emocional tiene para alcanzar la plenitud en las distintas áreas de la vida.

En la línea de lo que venimos comentando, la educación emocional cobra importancia en tanto que permite brindar bienestar a las personas, especialmente cuando comienza a entrenarse desde los primeros momentos del desarrollo. Ser individuos inteligentes emocionalmente nos prepara para la vida, por lo que recibir educación emocional nunca resta, solo suma. Si bien este trabajo emocional se puede llevar a cabo en la cotidianidad de la familia, este también se desarrolla en las consultas de psicología infanto-juvenil. En algunos niños y niñas será necesario insistir en este aspecto con mayor hincapié, ya sea porque sufren algún tipo de problema emocional o porque en su propia familia no se ha abordado este aspecto de la forma correcta.

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Cómo trabajar la educación emocional en niños

A continuación, vamos a comentar algunas formas interesantes de trabajar la educación emocional en los niños.

1. Crear su propio diccionario de emociones

Esta actividad es apta para educar en emociones desde los dos años de edad, pudiendo adaptarse al grado de desarrollo y madurez de cada uno. Se trata de un ejercicio de carácter creativo, pues junto al menor se construye un diccionario emocional utilizando recortes y fotografías de rostros que expresan alguna emoción. El objetivo es que el niño aprenda a discriminar las emociones asociando cada una de ellas a las imágenes correspondientes. En el proceso creativo se pueden utilizar revistas, periódicos o fotos diversas, de manera que el niño vaya identificando cada emoción y colocándola en su diccionario particular.

En los niños más pequeños este abarca sólo las emociones más básicas y fáciles de entender, como la alegría, la tristeza, el miedo, el amor, el asco o la ira. Sin embargo, a medida que el niño sea más mayor, se podrán ir incluyendo emociones de mayor complejidad, como la envidia, los celos, el orgullo, etc. Además de la actividad en sí misma, construir este diccionario crea el pretexto perfecto para reflexionar sobre emociones. Se le puede preguntar al niño qué manifestaciones físicas tiene cada emoción, qué cosas le produce cada una, que piensa cuando las experimenta o qué se puede hacer al sentir cada una.

2. Leer cuentos sobre emociones

El uso de materiales como libros es muy útil a la hora de trabajar la educación emocional. Cada vez existe más literatura infantil especializada, pensada para abordar distintos problemas psicológicos determinados o, simplemente, ayudar a los más pequeños a comprender las emociones. Leer con frecuencia este tipo de libros permite ampliar el vocabulario emocional del niño y, al igual que el diario, sirve como excusa para conversar sobre emociones.

Reflexionar acerca de estos materiales también permite que los niños desarrollen empatía y dispongan de modelos que les ayuden a aprender estrategias de gestión emocional. En aquellos menores que sufran algún tipo de trastorno psicológico, tener un cuento en el que se plasma lo que ellos viven en tercera persona ayuda a que se sientan comprendidos e identificados.

Los cuentos tienen la ventaja de que resultan amenos, de forma que dan pie a trabajar las emociones sin despertar aburrimiento. Acompañar la lectura con preguntas acerca de la historia ayuda a que el niño extrapole lo que se relata en el cuento a su propia situación, lo que le permite aplicar los contenidos a la vida real.

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3. Elaborar un teatro con marionetas

Otra actividad muy divertida que permite trabajar las emociones consiste en elaborar un teatro con marionetas. Así, es posible recrear historias en las que las emociones sean las protagonistas. Para llevarla a cabo se pueden utilizar muñecos, peluches, marionetas e incluso figuras creadas por el propio niño con recortables, arcilla, etc.

Al principio, se puede diseñar una historia a priori y pedir que el niño la represente, aunque posteriormente se le puede pedir que él mismo cree su propio argumento de forma que aparezcan emociones determinadas. Si, por ejemplo, un menor tiene dificultad para manejar la rabia, se le puede proponer que imagine una historia en la que el protagonista aprende a gestionar esa rabia que siente de forma adecuada.

4. Entrenar la empatía

Trabajar las emociones no es algo que se consigue únicamente mediante actividades planificadas. Por el contrario, es posible incentivar la inteligencia emocional aprovechando situaciones de la vida cotidiana. Entrenar la empatía es sencillo, pues basta con hacer preguntas como: “¿Qué crees que ha sentido esa persona cuando le dicen/hacen eso?” “¿Por qué crees que tu hermana/o llora?”...

5. Validar emociones

A ojos de los adultos, las preocupaciones y emociones de los adultos suelen verse como algo sin importancia. Sin embargo, invalidar cómo se sienten los más pequeños es perjudicial para su desarrollo emocional. En lugar de pedirles que no estén tristes o no se enfaden, se les debe educar para que acepten sus diferentes estados emocionales, de manera que puedan dar salida a cada uno de ellos sin sentirse culpables por ello.

En este sentido, los padres son una figura clave a la hora de reflejar lo que los niños más pequeños sienten en los distintos momentos. Es necesario tener presente que en edades tempranas no existe aún madurez para discriminar con claridad cada emoción, por lo que se requiere la ayuda de los adultos para conseguir ponerles nombre. Hacerlo es sencillo. Por ejemplo, si el niño o niña parece apagado, se le puede preguntar: ¿Estás triste porque no ha venido tu amigo a clase hoy?

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de algunas formas útiles de trabajar la educación emocional con los niños. Entrenar la inteligencia emocional desde edades tempranas brinda múltiples beneficios, pues ello contribuye a que los más pequeños puedan comprender aquello que sienten, ponerle nombre y darles salida. Aquellos menores que reciben una educación emocional de calidad, tienen mayor probabilidad de convertirse en adultos capaces de lidiar con la adversidad, confiados y seguros de sí mismos, con habilidad para relacionarse y comunicarse con los demás.

Por esta razón, fomentar la inteligencia emocional sólo suma. Conseguirlo es posible mediante diferentes ejercicios, pero también con acciones muy sencillas en la propia vida cotidiana. Los padres y demás familiares son una figura esencial a la hora de ayudar a los hijos a entender sus estados emocionales, aunque en algunos casos puede ser necesario el apoyo de un psicólogo infanto-juvenil. Actividades de carácter creativo, cómo crear un diccionario o elaborar un teatrillo, son formas amenas de fomentar la conciencia emocional. Igualmente, leer libros sobre emociones o aprender a validar los sentimientos de los más pequeños son formas simples de introducir la educación emocional desde las primeras etapas del desarrollo.

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