Impulsividad: causas, manifestaciones y tratamiento

La impulsividad se define como la tendencia de una persona a ejecutar sus acciones de manera rápida, irreflexiva e irracional, sin poder controlarlas o inhibirlas una vez que estas ya se han puesto en marcha.

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Todas las personas son susceptibles de dejarse llevar por sus emociones en algún momento. En algunos escenarios es normal que nuestra conducta aparezca de forma repentina sin un razonamiento previo, pues no siempre es viable sopesar con calma las consecuencias de nuestras acciones. Cuando esto sucede se dice que una persona ha actuado guiada por impulsos, lo que suele ir vinculado a consecuencias negativas para el propio individuo y para su entorno.

Aunque la impulsividad en situaciones puntuales es considerada como algo normal, lo cierto es que hay personas que parecen mostrar un patrón de comportamiento impulsivo de manera habitual. En estos casos la conducta casi nunca va precedida de un pensamiento, sino que esta se desencadena espontáneamente como resultado de un impulso, de manera que no se evalúan los posibles resultados que de ella se pueden derivar.

De esta manera, para mucha gente es habitual sentir que las propias acciones no siguen una dirección lógica ni se ajustan a las convenciones sociales. Así, es común que aparezcan problemas en las diferentes áreas de la vida. En este artículo vamos a profundizar acerca de qué es la impulsividad, cuáles son sus causas, manifestaciones y tratamiento.

¿Qué es la impulsividad?

La impulsividad se define como la tendencia de una persona a ejecutar sus acciones de manera rápida, irreflexiva e irracional, sin poder controlarlas o inhibirlas una vez que estas ya se han puesto en marcha. Las personas impulsivas tienden, además, a buscar la gratificación inmediata en detrimento de los objetivos a largo plazo, de manera que no se contemplan las posibles consecuencias de las acciones cometidas.

Lo cierto es que hay algunas situaciones de la vida cotidiana en las que ser impulsivo resulta adaptativo. Este patrón de conducta tiene un carácter instintivo, por lo que nos ayuda a dar una respuesta rápida ante eventos que pueden suponer un peligro. Por ejemplo, no tendría ningún sentido detenerse a reflexionar sobre cómo actuar cuando otra persona está intentando agredirnos.

Ha existido bastante confusión respecto a la naturaleza de la impulsividad. En algunos casos, esta se presenta como un síntoma de un cuadro psicopatológico más amplio, como por ejemplo el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), el Trastorno Bipolar (TB) o los Trastornos por Uso de Sustancias (TUS). Sin embargo, esta incapacidad para controlar los impulsos no siempre va ligada a la presencia de una patología mental.

En algunos casos, la impulsividad puede ser concebida como un rasgo de la personalidad. Los rasgos de personalidad constituyen un conjunto de características, emociones, formas de pensar y aspectos del comportamiento que definen a una persona y la predisponen a responder de manera similar ante diferentes estímulos y situaciones. De esta forma, un individuo impulsivo es aquel que tiende a actuar de forma irracional e instintiva en los diferentes escenarios en los que se encuentra.

Por lo tanto, lejos de actuar impulsivamente en momentos puntuales, este tipo de individuos tienden a desenvolverse de esta forma en su día a día, lo que puede conllevar importantes consecuencias en sus relaciones con los demás y en su salud mental. Por supuesto, la impulsividad también puede aparecer de forma pasajera como consecuencia de ciertas condiciones biológicas o ambientales. Por ejemplo, si acudimos a una fiesta y decidimos consumir una droga, es probable que mientras sus efectos se prolonguen nos mostremos mucho más impulsivos de lo normal.

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Causas de la impulsividad

No existe una causa única que explique por qué determinadas personas son impulsivas. Esta condición parece resultar de la confluencia de distintos factores de riesgo a nivel genético, físico y ambiental.

  • Factores genéticos: Parece que existe una cierta predisposición genética en el desarrollo de los problemas de control de los impulsos. Por tanto, los individuos que poseen antecedentes familiares de impulsividad tienen mayor riesgo de seguir esta tendencia.

  • Factores físicos: De acuerdo con las investigaciones realizadas con neuroimagen, parece que las personas con problemas de impulsividad poseen diferencias estructurales en el cerebro en comparación con sujetos control.

  • Factores ambientales: El entorno parece tener un peso notable en el desarrollo de la impulsividad. En este sentido, se encuentran en mayor riesgo de ser impulsivas aquellas personas que han estado expuestas a la violencia o que han sido víctimas de abusos o abandono.

Manifestaciones de la impulsividad

La impulsividad es un problema que puede ser identificado mediante la observación de algunas señales. Algunas de ellas son:

  • Impaciencia: Quienes son impulsivos suelen tener una paciencia bastante escasa, por lo que encuentran problemas para esperar en las diferentes situaciones cotidianas. Por ejemplo, no son capaces de respetar su turno para hablar en una conversación o de esperar una cola para acceder a algún sitio.

  • Desorganización: Dado que no reflexionan antes de actuar, las personas impulsivas suelen ser bastante desorganizadas. No existe planificación alguna y por ello su día a día puede ser bastante caótico, siendo frecuentes los olvidos y despistes.

  • Baja tolerancia a la frustración: La impulsividad también impide a quienes la experimentan tolerar la frustración. Por ello, en aquellas situaciones en las que algo no sale como se esperaba se pueden producir reacciones emocionales desproporcionadas.

  • Ausencia de constancia: La elevada impulsividad puede hacer que la persona sea incapaz de concentrarse en una tarea hasta acabarla. Por el contrario, es común que se salte de unas actividades a otras de manera brusca.

  • Conducta desajustada a las convenciones sociales: Las personas impulsivas no valoran las repercusiones que su conducta puede tener sobre los demás, sino que actúan de forma instintiva. Por ello, es común que su comportamiento descoloque a los otros y sea poco acorde a las normas sociales.

  • Inmediatez de la respuesta: La impulsividad impide a la persona procesar los estímulos de forma completa, pues su respuesta se inicia de una manera prácticamente inmediata.

  • Insensibilidad: La falta de control de impulsos puede hacer que estas personas parezcan insensibles o ajenas al malestar de los demás. Aunque muchas de ellas se arrepienten cuando reflexionan a posteriori sobre sus acciones, es necesario abordar el problema para evitar herir a los demás.

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Consecuencias de la impulsividad

La impulsividad es un problema que puede desencadenar consecuencias negativas en la persona y su entorno. Si no se recibe ayuda profesional, dependiendo de cada caso es posible que aparezcan diferentes complicaciones tales como:

  • Abuso de alcohol y otras drogas, pues se valora la gratificación inmediata pero no los efectos a medio y largo plazo.
  • Sentimientos de culpa por los actos cometidos sin pensar.
  • Conflictos familiares y dificultades en las relaciones sociales.
  • Baja autoestima y un autoconcepto pobre.
  • Problemas legales con la justicia, pues se cometen actos que no se ajustan al funcionamiento de la sociedad.
  • Problemas laborales y económicos.
  • Conductas autolesivas, que sirven como una estrategia de regulación ante el malestar emocional que se vive. La impulsividad impide encontrar otros canales de escape para el dolor, por lo que las autolesiones se presentan como una forma eficaz de conseguir alivio inmediato (aunque los efectos a medio y largo plazo sean devastadores).

Añadido a todo lo que hemos comentado, es importante señalar que muchas personas impulsivas sufren varios trastornos psicológicos comórbidos. Entre ellos se encuentran los trastornos depresivos, los trastornos de ansiedad, el trastorno bipolar, el trastorno límite de la personalidad… entre otros.

Tratamiento de la impulsividad

Lo cierto es que la impulsividad es un problema que puede repercutir negativamente en el individuo y obstaculizar su funcionamiento normal en el día a día. Por ello, acudir a un profesional de salud mental resulta un requisito esencial para aprender a manejarla e impedir que esta reduzca la calidad de vida de la persona impulsiva y de sus allegados.

No obstante, hay algunas pautas que puedes empezar a seguir por tu cuenta para intentar tener bajo control la impulsividad en el día a día.

  • Mantén un estilo de vida saludable: Un primer paso para evitar que la impulsividad domine tus acciones es mantener una vida sana. Procura llevar una dieta balanceada, dormir al menos ocho horas diarias, hacer ejercicio y aprende a gestionar el estrés.

  • Deja a un lado las adicciones: Muchas personas impulsivas llevan a cabo consumo de sustancias. Es esencial que te mantengas totalmente alejado de las drogas, pues estas solo te ayudarán a estar más agresivo y desajustado.

  • Escoge bien a las personas que te rodean: Para mantener controlada la impulsividad, el entorno tiene un papel más que relevante. Si te rodeas de gente que actúa sin pensar y no te ayuda a trabajar este aspecto, te será muy difícil cambiar. Por ello, procura mantenerte cerca de personas reflexivas y serenas que te sean de ayuda en el proceso.

  • Evita ciertos escenarios: Es interesante que puedas llevar a cabo un adecuado control de estímulos. Así, es preferible que evites esas situaciones o lugares en los que tiendes a dejarte llevar por tu impulsividad. Por ejemplo, si cuando acudes a un bar y bebes es cuando más pierdes el control, sería interesante que buscaras otras alternativas de ocio.

  • Considera a los demás como personas: La impulsividad actúa muchas veces como una venda que ciega a la persona y le impide tener presentes a los demás. Los impulsos hacen que sólo se contemplen las necesidades y sentimientos propios, como si los amigos o familiares fueran meros objetos alrededor. En este sentido, el trabajo en terapia puede ser de gran ayuda para empezar a tener en cuenta las necesidades y emociones ajenas antes de actuar.

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