Luz de gas de los padres a los hijos: qué es y 8 indicadores

La violencia luz de gas es una forma de abuso emocional que, a pesar de su sutileza, resulta profundamente dañina. Aunque se suele relacionar con las relaciones de pareja, también es ejercida de padres a hijos.

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La creencia de que la violencia sólo puede expresarse de manera física se encuentra muy extendida. Sin embargo, los actos violentos muchas veces son sutiles, no se ven ni se detectan con facilidad. Esto no significa que sean menos dañinos, sino todo lo contrario. Habitualmente, el daño emocional que recibimos duele y cala más en nuestro interior que un golpe. Las víctimas de violencia psicológica a menudo viven un intenso sufrimiento que les lleva a sentirse anuladas, atemorizadas, solas, tristes o desesperanzadas.

Dentro de lo que se considera violencia psicológica existe un tipo en particular conocido como “luz de gas”, caracterizada por la dificultad que entraña su identificación. El maltrato psicológico “luz de gas” recibe su nombre por la película Gaslight, de George Cukor. Esta cinta refleja la historia de una mujer manipulada por su pareja, quien le hace creer que la realidad que vive es falsa y que sus percepciones están distorsionadas a causa de problemas de memoria y alteraciones mentales.

El poder del maltrato es tal, que la mujer cree firmemente estar volviéndose loca aunque en realidad todo lo que sucede es obra del agresor. En otras palabras, su marido consigue modificar toda su visión del mundo que le rodea hasta inducir en ella un estado de desequilibrio mental. Si bien se suele hablar de luz de gas en relación con la violencia en la pareja, lo cierto es que esta puede aparecer en el marco de cualquier relación interpersonal. Al contrario de lo que se suele pensar, se trata de un tipo de violencia habitual en las relaciones entre padres e hijos.

Sufrir luz de gas siempre es devastador, pero termina por destruir a la víctima si esta se produce en la infancia, un momento crítico en el que dependemos del cuidado y afecto de nuestras figuras de apego para sentirnos sanos, seguros y felices. Esta experiencia trastoca el desarrollo emocional y deja una huella que perdura en la vida adulta, aunque pasa frecuentemente desapercibida. En este artículo hablaremos acerca de cómo los padres pueden llegar a hacer “gaslighting” a sus hijos y qué efectos puede producir este doloroso fenómeno.

¿Cómo saber si los padres hacen luz de gas? 8 indicadores

Como venimos comentando, la violencia luz de gas es muy difícil de detectar. A menudo, el control y la manipulación de los padres se produce de manera tan sutil que ni siquiera el propio niño identifica estos comportamientos. La luz de gas en la infancia es especialmente dañina porque se produce en el marco de un vínculo de apego en pleno desarrollo.

Existe un desequilibrio de poder, por lo que los padres se sitúan en superioridad frente al hijo y utilizan esta ventaja para ejercer la violencia. Así, el niño puede experimentar sentimientos ambivalentes hacia sus adultos de referencia. Por un lado, siente amor y necesidad de cercanía con ellos, pero por otro experimenta mucho dolor por su comportamiento.

La dificultad para identificar este problema hace que muchas personas reconozcan lo que han sufrido una vez que ya han alcanzado la etapa adulta. Es este momento cuando se da un nuevo significado a las experiencias vividas, comprendiendo su dolor del pasado desde su mirada actual, encajando todas las piezas como si de un puzzle se tratara. A continuación, vamos a destacar algunos de los indicadores más comunes que caracterizan al fenómeno luz de gas.

1. Culpan a los hijos por todo lo que sucede

Los padres que llevan a cabo la violencia luz de gas suelen utilizar la culpa como un arma estrella de manipulación. Así, no dudan en culpar a sus hijos por todo lo que sucede a su alrededor, incluso cuando ese problema no tiene nada que ver con ellos. Pueden responsabilizar a los hijos de su estado emocional, sus problemas de pareja, dificultades económicas, etc. El niño sufre continuamente porque siente sobre sus hombros la responsabilidad de cualquier evento que tenga lugar.

2. Invalidan las emociones de los hijos

Los padres que hacen luz de gas son expertos en el arte de la invalidación. Así, no dudan en infravalorar, negar o incluso burlarse de las emociones de sus hijos. A menudo, los califican como demasiado sensibles o pesados, les arrebatan el derecho a sentirse de cierta forma y les hacen sentir que aquello que experimentan a nivel emocional es inadecuado, incorrecto o desproporcionado.

3. Niegan las vivencias que sus hijos experimentan

Los padres que hacen luz de gas suelen negar la realidad, incluso cuando esta es demasiado evidente. Cuando los hijos ponen sobre la mesa alguna situación que está teniendo lugar y les hace daño, suelen invertir roles y jugar el papel de víctimas: “Me estás criticando/ reprochando /soy la peor madre/padre del mundo…”. Así, los hijos se encuentran con una barrera por la que se está poniendo en duda la realidad que exponen y carecen de comprensión o respuestas.

4. Son padres altamente críticos

Los padres que hacen luz de gas son muy críticos. No dudan en criticar cada cosa que su hijo hace o dice. Juzgan todo aquello que rodea a sus hijos, como sus gustos o intereses, restándoles importancia y valor.

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5. Favorecen el aislamiento de los hijos

La violencia luz de gas puede manifestarse en forma de conductas de control. Los padres ven a sus hijos como su propiedad, por lo que no aceptan que tomen su camino, formen relaciones con otras personas o tengan ideas o preferencias distintas. Por ello, tratan en la medida de lo posible de aislarlos y recluirlos en el núcleo familiar.

6. Expresan favoritismo hacia uno de los hermanos y fomentan comparaciones

La luz de gas por parte de los padres también puede dar pie a las odiosas comparaciones entre hermanos. Los progenitores pueden mostrar un notable favoritismo hacia uno de los hijos, del cual destacan numerosas cualidades. En cambio, el otro hermano suele recibir la luz de gas, con el mensaje implícito de que no es suficiente y que para ser querido y valorado debe ser similar a su hermano.

7. Muestran un comportamiento impredecible

Otra de las características clave de los padres que hacen luz de gas es que muestran un comportamiento incoherente y cargado de contradicciones. Así, ante una misma situación se pueden presentar conductas distintas en función del día o del momento. Esto hace que los hijos se sientan confusos e inseguros, pues su figura de apego no está proporcionando un entorno de certidumbre y estabilidad. Lejos de ser un apoyo emocional o un refugio, los padres son una fuente de estrés.

8. Muestran una falsa familia perfecta

Los padres que ponen en práctica la luz de gas suelen cuidar con esmero las apariencias. Les gusta crear una imagen de familia ideal que es admirada por los demás. Esto hace que el ambiente familiar guarde todos sus conflictos y problemas debajo de la alfombra, invalidando así las emociones de los hijos. Hablar sobre el malestar o los problemas implica romper con esa falsa armonía, por lo que los hijos reprimen estos estados y se someten a la autoridad de los padres. Paradójicamente, esconder la vulnerabilidad en el hogar hace que los hijos sean más vulnerables, pues carecen de un espacio seguro donde ser ellos mismos sin condicionantes.

Consecuencias de la luz de gas en la infancia

Como adelantamos al inicio, sufrir luz de gas es muy doloroso, especialmente en la infancia. Las personas que han pasado por esta experiencia en la niñez sufren consecuencias a largo plazo, que pueden acompañarlos en su etapa adulta. Entre ellas podemos destacar:

  • Dudas acerca de uno mismo: La persona no siente seguridad y sufre con cada paso que da en la vida. No le han ayudado a confiar en sí misma porque siempre ha estado inmersa en un contexto autoritario donde las normas se imponen y no hay cabida para el criterio propio.

  • Desconexión con el ser: Al hilo de lo anterior, la persona aprende a desconfiar de sus propios estados internos. Sus emociones han sido invalidadas, la realidad ante sus ojos negada…esto hace que haya una desconexión con uno mismo.

  • Déficit en conciencia emocional: La persona no ha contado con figuras de apego que comprendieran y validaran sus emociones. Esta negligencia emocional conduce a que en la etapa adulta exista un importante déficit en la conciencia emocional. Esto lleva a problemas para identificar, gestionar y expresar los propios estados emocionales. La persona no sabe con seguridad qué siente en cada momento y carece de estrategias para manejar sus estados internos.

  • Necesidad de aprobación: Los padres que llevan a cabo luz de gas suelen hacer sentir a sus hijos que deben ganarse su amor. Por ello, los niños crecen aprendiendo que deben complacer a los demás para sentirse queridos y valorados. Esto hace que en la etapa adulta muchas veces persista esa necesidad de contar con el beneplácito de los demás.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la luz de gas, un tipo de violencia psicológica que se caracteriza por manipulaciones y daño emocional difícilmente perceptibles por su sutileza. Aunque se suele hablar de luz de gas en relación con la pareja, lo cierto es que los padres también pueden ejecutarla hacia sus hijos. Se trata de un tipo de abuso emocional muy destructivo, especialmente cuando tiene lugar en pleno desarrollo afectivo y emocional.

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