Abuso sexual infantil: ¿qué es y cómo identificarlo?

El abuso sexual infantil es un tipo de maltrato hacia la infancia. Se trata de una violencia recubierta de secreto, donde el agresor aprovecha la asimetría de poder entre él y la víctima para actuar. Veamos cómo identificarlo.

Abuso sexual infantil

El abuso sexual a menores de edad constituye un fenómeno que genera una enorme alarma social y es abiertamente repudiado por la población general. Paradójicamente, se trata de una realidad escasamente conocida, ya que a pesar de todo continúa siendo un asunto tabú para la sociedad. En los últimos años, muchos adultos han comenzado a alzar la voz para denunciar públicamente los abusos que sufrieron en su infancia.

El coraje de las víctimas para sacar a la luz este horror silenciado ha favorecido una creciente sensibilización social, así como una mayor concienciación respecto a la necesidad de actuar para cuidar y proteger a las víctimas. A pesar de todo, el camino por recorrer es aún muy largo, pues los adultos y los organismos responsables siguen fallando muchas veces a los niños y niñas que han sufrido abusos, siendo estos habitualmente prolongados en el tiempo y perpetrados por una persona de su confianza.

El abuso sexual infantil, una oscura realidad

El abuso sexual infantil está reconocido como un tipo de maltrato hacia a la infancia. Este engloba todos los actos de naturaleza sexual impuestos por un adulto sobre un niño, que por su condición de tal no posee un desarrollo madurativo, emocional y cognitivo que le permita dar consentimiento para dicha acción en la que se encuentra involucrado. El agresor se beneficia de una posición dominante para persuadir y arrastrar al menor, que se sitúa en una posición de absoluta vulnerabilidad y dependencia del adulto.

El abuso sexual infantil posee algunas características distintivas que lo diferencian de otras formas de maltrato hacia la infancia. Mientras que el maltrato físico y verbal puede tener una tolerancia relativa dependiendo de la sociedad y es más o menos visible, el abuso posee una tolerancia social nula y por ello se desarrolla en el más absoluto secreto. El agresor inicia el abuso con una fase de preparación, en la que prepara el terreno ganándose la confianza y el afecto de la víctima con halagos, regalos, etc.

Cuando ya ha logrado crear un vínculo “especial”, es cuando perpetra el abuso propiamente dicho y silencia a la víctima de múltiples formas. El agresor puede, por ejemplo, utilizar amenazas (“si lo cuentas, le pasará algo malo a tu familia”, “si lo cuentas, te haré más daño”, “si lo cuentas, nadie te creerá”). Estos mensajes, que pueden ser más o menos explícitos, generan un temor en el menor que le bloquea y le impide hablar de lo que sucede con otras personas.

Detectar una situación de abuso sexual infantil es una tarea muy difícil, pues el agresor suele pertenecer al entorno de confianza del niño o niña. Esto impide que puedan surgir sospechas, ya que de cara al exterior el adulto se comporta con normalidad e incluso puede ser cercano y cariñoso con la víctima. Todo ello, sumado al hecho de que rara vez se observan marcas físicas evidentes (algo que sí sucede con el maltrato físico), puede ayudarnos a entender cómo es posible que muchos menores sufran abusos durante años sin que nadie repare en ello.

Además de un acto deleznable, el abuso sexual hacia un menor de edad constituye, desde los primeros momentos, un delito. Cuando se produce una situación de abuso sexual hacia un niño o niña y esta es notificada a alguno de los organismos competentes (Servicios Sociales, Policía…), la prioridad será siempre la de proteger al menor, activando los mecanismos pertinentes para conseguirlo. En primer lugar, se procede a separar al niño o niña de su presunto agresor, intentando, en la medida de lo posible, preservar el derecho del menor a vivir en familia y mantener la máxima normalidad en los distintos ámbitos de su vida (escolar, sanitario, ocio…).

De forma paralela, la justicia despliega acciones que tienen como fin último determinar la responsabilidad penal del presunto agresor. Esto permitirá, entre otras cosas, que la víctima pueda comenzar su proceso de reparación para aliviar las secuelas que el abuso ha dejado. Debido a la importancia de detectar el abuso sexual infantil de forma precoz, en este artículo vamos a profundizar acerca de qué es el abuso y cómo podemos identificarlo.

abuso sexual infantil realidad

¿Qué es el abuso sexual infantil?

Como venimos diciendo, el abuso sexual está reconocido como un tipo de maltrato hacia la infancia al igual que el maltrato físico y psicológico, la negligencia física y emocional, o la violencia de género. Sin embargo, el abuso sexual posee unas características muy específicas que lo diferencian del resto de malos tratos que se pueden producir hacia los menores.

Aunque no existe una única definición correcta de lo que es el abuso sexual infantil, este puede definirse como el conjunto de actos de tipo sexual que son impuestos por un adulto a un menor. El menor no posee un suficiente desarrollo madurativo, emocional y cognitivo que le permita consentir estas acciones, y se ve envuelto en ellas debido a que el agresor se beneficia de una postura de poder sobre él. Es decir, aprovecha la vulnerabilidad y dependencia del niño o niña para perpetrar el abuso.

Siempre que hablamos de abuso sexual infantil debemos tener muy presente el concepto de asimetría entre víctima y agresor. De esta forma, Ochotorena y Arruabarrena (1996) plantean que hay tres tipos de asimetría presentes en todo acto sexualmente abusivo:

  • Asimetría de poder: La asimetría de poder que se observa en todo abuso sexual a un menor puede venir dada por la diferencia etaria, la diferencia de roles e incluso la fuerza física. Esta diferencia de poder está igualmente determinada por la madurez psicológica, que hace al agresor capaz de manipular a la víctima a su antojo. La asimetría de poder expone al menor a una gran vulnerabilidad y dependencia del adulto que abusa de él.

Como ya hemos mencionado, en la mayoría de casos el agresor es un miembro del entorno familiar o cercano al menor. Por ello, este tipo de asimetría se forja de acuerdo a los roles que cada uno ocupa en la familia. En estos casos, el adulto agresor también se sirve de las conexiones emocionales y afectivas que unen al menor con él y los emplea como mecanismo de acceso al niño o niña, situando a este en una situación repleta de confusión. Todo ello hace que el agresor ofrezca dos facetas, la del adulto de confianza que le cuida y quiere y la del abusador que le daña.

  • Asimetría de conocimientos: Además de una asimetría de poder, es indudable que hay una asimetría de conocimientos, pues el agresor posee muchos más conocimientos que la víctima en relación con la sexualidad. Como es de esperar, este tipo de diferencia será más acentuada cuanto menor sea la víctima. Esto no significa que las víctimas más mayores, en la etapa de la adolescencia, tengan una conciencia plena de las acciones en las que se están viendo involucradas.

En este sentido, es de vital importancia comprender que, incluso cuando el menor ya ha mantenido relaciones sexuales con otros iguales, esto no resta ni un ápice de gravedad al abuso que ha tenido lugar. Aunque la víctima ya sea sexualmente activa, nunca se debe perder de vista el contexto relacional en el que se cuece el abuso, donde un adulto ha empleado su poder para utilizar a la víctima.

  • Asimetría de gratificación: Cuando un adulto perpetra un abuso sexual hacia un menor, su fin último es obtener su propia gratificación sexual. Es decir, incluso en aquellos casos en los que el agresor procura excitar a la víctima, todo ello está estrechamente vinculado con sus propias necesidades y deseos.
qué es abuso sexual infantil

¿Cómo identificar el abuso sexual infantil?

Como venimos diciendo, el abuso sexual infantil es muy difícil de detectar, pues se suele llevar a cabo en el máximo secreto, de forma que el agresor se encarga de silenciar a su víctima para que no se atreva a hablar. No obstante, existen algunas señales o marcadores que pueden servir para encender la alerta y valorar qué puede estar sucediendo. Algunos de estos marcadores son inespecíficos, es decir, no son exclusivos del abuso sexual, por lo que profesionales deberán hacer una evaluación de la situación cuando aparecen para determinar su causa.

  • Trastornos de comportamiento o del sueño: Los menores que sufren abusos viven una angustia y miedo desbordantes, que pueden desencadenar problemas de comportamiento (ej: irritabilidad) y problemas de sueño (pesadillas, terrores nocturnos, no querer dormir solo…).

  • Bajo rendimiento escolar: El cansancio y el estrés que el abuso produce pueden mermar la capacidad de atención y concentración en el aula, lo que se traduce en una bajada de las calificaciones, una menor participación o un cambio de actitud en clase.

  • Aislamiento social: El abuso puede hacer al menor perder el interés por socializar con otros niños, por lo que puede producirse un aislamiento repentino o algún cambio en las amistades.

  • Malestar emocional: Como es de esperar, los menores abusados pueden experimentar una profunda tristeza, mostrándose más irascibles y llorando con frecuencia. En este sentido, es muy frecuente que aparezcan emociones como la culpa o la vergüenza, resultado de la manipulación del agresor. Estas emociones juegan un importante papel a la hora de impedir al menor poder hablar de lo que le sucede, pues puede temer que su entorno no le crea o piense que el abuso es su culpa.

  • Comportamiento, dibujos y lenguaje sexual que no corresponde con su edad: Este marcador sí que es específico de abuso sexual. Cuando un menor de edad manifiesta conductas y acciones sexualizadas que no corresponden con su etapa evolutiva, debemos sospechar que está teniendo lugar un abuso. Es crucial tener claro que los menores de edad no pueden hablar, actuar o dibujar sobre cuestiones sexuales de su invención, pues su madurez les impide tener estos conocimientos a no ser que otra persona se los haya enseñado (ya sea porque el agresor le ha tocado a él directamente, porque le ha mostrado pornografía, porque ha mantenido relaciones frente al menor, etc).

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