¿Por qué es tan difícil dejar una relación con violencia de género? 6 causas clave

La violencia de género es un tipo de violencia dirigida a las mujeres por razón de su género. Abandonar las relaciones donde se da esta violencia es todo un desafío para la víctima por diferentes razones que es importante conocer.

Por qué es difícil dejar relación con violencia género

La violencia de género constituye todo un problema de salud pública que afecta a todos los países del mundo en mayor o menor medida. Se trata de una gran lacra que ha permanecido en la sombra de la intimidad durante demasiado tiempo, pues esta violencia era considerada parte de la privacidad de las parejas y familias. Sin embargo, en las últimas décadas esta ha comenzado a ser reconocida como una cuestión pública ante la que es preciso actuar.

En los últimos años son muchos los recursos que se han puesto a disposición de las mujeres víctimas de violencia de género en los países más desarrollados: asociaciones, casas de acogida, oficinas de orientación, etc. Si bien todos estos medios son necesarios para ellas, no son suficientes para acabar con un problema de semejantes dimensiones.

De esta manera, los profesionales de este ámbito coinciden en que es preciso un abordaje integral donde no sólo se de respuesta a la violencia cuando ya ha sucedido, sino también un fuerte trabajo preventivo en la comunidad. Por desgracia, la violencia contra las mujeres continúa siendo normalizada en muchos lugares del planeta. Por ello, acabar con un fenómeno universal tan enraizado a lo largo de la historia es, cuanto menos, un objetivo muy ambicioso.

¿Qué es la violencia de género?

Aunque no existe una definición única de lo que es la violencia de género, esta podría considerarse como el conjunto de actos dañinos dirigidos hacia una persona o grupo de personas por razón de su género. Su origen reside en la desigualdad de género de la sociedad, donde existen claras diferencias estructurales de poder basadas en el género que sitúan a mujeres y niñas en una situación de extrema vulnerabilidad y riesgo de sufrir violencia.

La violencia de género puede manifestarse de muchas formas diferentes. Habitualmente, esta suele manifestarse en los primeros momentos de manera verbal (insultos) y psicológica (amenazas, conductas de control y manipulación…). Así, en las primeras fases muchas veces esta cobra un aspecto tan sutil que puede no ser identificada como violencia. Sin embargo, las consecuencias que la violencia de género psicológica puede dejar son tanto o más graves que las derivadas de la violencia física.

Por ello, es especialmente necesario identificarla desde sus primeros momentos para que la víctima sufra las menores consecuencias posibles. Por desgracia, esta detección temprana no siempre sucede, pues aún se encuentra muy arraigada la idea de que la violencia de género es exclusivamente de tipo físico. Esto se traduce en que muchas mujeres terminan no sólo muy afectadas a nivel psicológico, sino que también reciben agresiones físicas e incluso amenazas de muerte que ponen en peligro su integridad y su vida.

Desgraciadamente, siempre que sucede una situación de violencia de género en una pareja, el foco se pone en la víctima, a la que se le cuestiona por qué no abandona la relación. En lugar de dirigir la mirada al agresor y preguntarse por qué daña a su pareja, la sociedad sigue culpando a la mujer por sufrir la violencia que sufre a la par que justifica al agresor. De manera más o menos explícita, a la mujer se le transmite el mensaje de que tiene lo que ella se ha buscado.

Por supuesto, estas creencias se sustentan sobre una base de absoluto desconocimiento respecto a las dinámicas que rigen las relaciones de violencia de género. Estos complejos mecanismos de dependencia son los que enganchan a la víctima en un círculo vicioso del que es especialmente complicado salir. Por esta razón, los profesionales especializados en esta materia ejercen un rol decisivo a la hora de detectar los casos, atender a las víctimas y brindarles el apoyo que necesitan para abandonar la relación y denunciar la violencia que han sufrido.

Debido al desconocimiento que aún existe en la sociedad, en este artículo vamos a repasar algunas de las principales causas por las que es tan complicado abandonar una relación de violencia de género.

Violencia género qué es

Motivos por los que es difícil abandonar una relación con violencia de género

Como venimos diciendo, la violencia de género implica una serie de mecanismos de dependencia que atrapan a la víctima de tal forma que no es capaz de escapar del horror que sufre. A continuación, vamos a comentar algunas de las causas por las que es tan difícil para una mujer abandonar la relación de violencia de género en la que se encuentra.

1. Temor a la reacción del agresor

Este es uno de los motivos más frecuentes. Las mujeres sometidas a violencia de género viven un horror diario repleto de agresiones, amenazas y sometimiento. Por tanto, la huída se plantea como una opción inviable, pues el agresor puede agravar su violencia, dar con su localización e incluso acabar con su vida o la de los hijos en común, si es que los hay.

En este sentido, es crucial que la mujer pueda ser asesorada por profesionales para dar este importante paso de la forma más segura posible. Plantar cara al agresor y expresar abiertamente la intención de dejar la relación puede tener unas consecuencias fatales. Por ello, es necesario seguir unos pasos ordenados para garantizar la seguridad de ella y los menores.

Debido a que el mero hecho de pedir ayuda al exterior puede suponer un riesgo elevado, se han ideado recursos como el teléfono 016 en España, que asesora a mujeres víctimas de violencia de género y no deja rastro en la factura. Recientemente, también se ha extendido un gesto de auxilio con los dedos de la mano para que la víctima pueda pedir ayuda de forma discreta a los profesionales, incluso estando presente el agresor.

Temor agresor

2. Creer que el agresor cambiará

Esta es otra causa muy habitual. La violencia de género se caracteriza por seguir un ciclo que consta de fases que se alternan. El agresor atraviesa fases de fuerte agresividad que son seguidas de otras de calma y tranquilidad, en las que puede manifestar su arrepentimiento y asegurar que va a cambiar su conducta. De esta manera, las fases se van intercalando a lo largo del tiempo como si de un bucle sin fin se tratara, cobrando cada vez más peso los momentos de violencia en detrimento de los de calma.

La mujer queda atrapada en este bucle, pues tras las agresiones recibe esas promesas falsas de cambio. Esto genera un círculo vicioso en el que ella ofrece incontables oportunidades a su pareja, llegando a sentir pena por él, justificando sus acciones y creyendo fervientemente que él dejará de agredir. Muchas víctimas no dan el paso de abandonar la relación a pesar de su sufrimiento porque justifican los actos violentos y se aferran a los momentos buenos que han vivido en la relación, por pocos que sean.

3. No percibirse como víctima de violencia de género

Muchas mujeres han vivido la violencia durante tanto tiempo que han llegado a normalizarla. Las vejaciones, el control, las faltas de respeto, etc, forman parte del día a día y no se reconoce la existencia de un problema. Algunas pueden ver estos hechos como simples diferencias en la pareja, como parte de la personalidad de su compañero sentimental o sucesos de su privacidad, pero en absoluto reconocen sentirse víctimas de violencia.

Las mujeres que no perciben la existencia de un problema de violencia de género a pesar de estar sufriendo agresiones necesitarán un gran apoyo de su entorno y de profesionales para poder ganar conciencia respecto a qué es normal y que no en una relación. Este proceso puede ser más o menos lento, pero requerirá tiempo para que la víctima asuma que su relación no es saludable y se pueda plantear la posibilidad de abandonarla.

Dar lecciones desde el paternalismo a las mujeres en esta fase (por ejemplo, decirle: “Tienes que dejarle, no te conviene”) es contraproducente. Para que ellas mismas puedan reconocer el problema debe existir un trabajo psicológico previo basado en la reflexión, donde en lugar de decirles qué deben hacer se les plantee preguntas como: “¿Te hace feliz tu relación?, ¿Cambiarías algo de ella?, ¿Qué esperas de una relación sentimental? ¿Coincide lo que hay en tu relación con tu ideal?...”

Víctima violencia género

4. Sentirse culpable de la situación

La culpa es una emoción muy frecuente en las víctimas de violencia de género. Por descontado, esto es mérito del agresor, que se ha encargado de manipular psicológicamente a la víctima para que crea que lo que sucede es por su culpa. Es un clásico justificar las agresiones con el “Tú me has provocado”, e incluso este puede hacerle pensar que lo que sucede es que ella es una “exagerada” o una “paranoica”.

5. Por falta de recursos económicos

Muchas mujeres víctimas de violencia en la pareja no pueden abandonar la relación porque dependen económicamente de su agresor. Muchas veces, este se ha encargado de favorecer su dependencia presionando para que ella abandone su puesto de trabajo. Es habitual que utilice a los hijos como excusa o que menoscabe el valor de su profesión para ser él el único con poder sobre la economía.

6. Por ausencia de apoyo familiar y social

También es especialmente habitual que la víctima no cuente con apoyo social fuera de su relación. El agresor suele procurar alejarla de su familia, sus amistades o compañeros de trabajo. Así, de forma progresiva ella termina por desconectar de todo su entorno social, quedando como único apoyo la persona que le daña.

Violencia género falta apoyo
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