¿Qué es la Psicología Feminista? Principios y autoras destacadas

La psicología feminista es la rama de la psicología encargada del estudio de las estructuras sociales y de género. Permite comprender las consecuencias que la desigualdad entre hombres y mujeres genera en la salud y bienestar femeninos.

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No es ningún secreto que las mujeres han sido las grandes olvidadas a lo largo de la historia. Sus deseos, necesidades y también sus logros quedaron por demasiado tiempo en un segundo plano. Sin embargo, en la actualidad esto ha empezado a cambiar y cada vez está más reconocida la necesidad de adoptar una perspectiva de género para comprender el mundo.

Utilizar esta visión permite desnaturalizar la desigualdad entre géneros y entender que los modelos de hombre y mujer son una construcción social que dicta lo que cada individuo debe y puede hacer en función de su sexo. La adopción de esta perspectiva permite explicar, por ejemplo, por qué existen escasos referentes femeninos en la ciencia o por qué las disciplinas científicas han utilizado siempre como modelo y prototipo al varón.

La psicología, al igual que otras disciplinas, no ha estado exenta de este tipo de sesgos. Sin embargo, en el pasado siglo comenzaron a forjarse los cimientos de un ámbito que se conoce como psicología feminista.

Psicología feminista: ¿qué es y qué estudia?

La psicología feminista es la rama de esta disciplina centrada en el estudio de las estructuras sociales y el género. Parte de la premisa de que la investigación en psicología ha sido realizada históricamente desde una perspectiva masculina, de forma que el varón ha sido el foco de estudio que define la norma. Así, el fin de esta vertiente psicológica es el de comprender al individuo teniendo presentes los aspectos sociales, políticos y culturales que han contribuido a establecer una jerarquía de género, con roles bien definidos para hombres y mujeres, respectivamente.

La importancia de la psicología feminista radica en que tiene un importante propósito en la sociedad, que es el de defender y promover los derechos de la mujer. La investigación psicológica con perspectiva de género también es fundamental para comprender de qué manera la desigualdad entre hombres y mujeres merma la salud mental de estas últimas. El género, al igual que otras variables como la clase o la etnia, tiene un papel más que relevante en los problemas individuales de las personas.

Lo cierto es que las estimaciones indican que ellas se ven afectadas por casi el doble de trastornos psiquiátricos que los hombres. Este dato no debería resultar descabellado, pues ellas sufren importantes estresores como la violencia de género, el abuso sexual, un exceso de responsabilidades vinculadas con la maternidad, mayores didifultades laborales, etc.

Por todo ello, la psicología feminista tiene un gran valor para nuestra sociedad. En este artículo vamos a hablar acerca de la psicología feminista, sus antecedentes históricos y aplicaciones.

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Antecentes históricos de la psicología feminista

Los orígenes de la psicología feminista se remontan a las primeras décadas del siglo XX, en pleno auge del psicoanálisis. La psiquiatra Karen Horney utilizó por primera vez la expresión “psicología feminista” y puso en duda muchas premisas del psiaonálisis freudiano. La autora decidió poner el foco en el estudio de la psicología femenina, profundizando en temáticas hasta entonces nunca abordadas. Horney fue una pionera al defender a ultranza que las diferencias entre varones y mujeres no eran biológicas, sino un resultado de los factores socioculturales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, surgió un fuerte movimiento anti-feminismo, de la mano de autores como Edward Strecker. Este consideraba que las mujeres desarrollaban un apego y dependencia excesivos respecto de sus hijos, y que esa incapacidad para desconectar de ellos les llevaba a perder su “poder mascuñino”.

Se fomentó la idea de que las mujeres necesitaban psicoterapia para resolver este problema y que, además, era necesario que cumplieran con su rol doméstico para no dañar a sus familias. En otras palabras, la felicidad o deseos femeninos fueron dejados de lado, pues se consideraba que las mujeres independientes estaban masculinizadas, lo que podría generar confusión en los más jóvenes.

Sin embargo, Strecker no era ni mucho menos el primero en afirmar que las mujeres independientes eran “masculinas”. El propio Freud sugería que aquellas mujeres con deseo de obtener un trabajo remunerado poseían un complejo de masculinidad y envidia de los hombres. Por tanto, el papel de Horney en los inicios de la disciplina es meritorio, ya que como mujer y profesional se opuso a las ideas imperantes de una época en la que los problemas femeninos no importaban y, si lo hacían, era siempre en referencia al hombre de una u otra forma.

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¿Qué es la terapia psicológica feminista?

A raíz de las investigaciones en la psicología feminista, se desarrolló la terapia psicológica feminista, que trata de comprender al individuo atendiendo a su contexto sociocultural. En otras palabras, la premisa básica de esta terapia es que los problemas psicológicos de las mujeres son, con frecuencia, un síntoma que resulta de problemas estructurales en la sociedad donde viven.

Lejos de aceptar que la mujer sufre más problemas emocionales por una supuesta debilidad, los terapeutas de este ámbito sostienen que esta realidad se debe a que ellas enfrentan niveles de estrés muy superiores a los de los hombres debido a que el mundo funciona de manera androcéntrica. En la terapia feminista se recurre a distintas técnicas que es interesante conocer.

1. Análisis roles de género

Esta terapia posee un componente crítico, y analiza cómo la mujer, desde el nacimiento, es enseñada a adoptar cierto tipo de comportamientos considerados apropiados para ella, castigando los que se perciben como inadecuados. De esta manera, el sistema social en el que se encuentra inmersa va configurando y reforzando estereotipos de género, a través de la propia familia, los medios de comunicación, la educación, etc.

En este sentido, el papel de la terapia es el de ayudar a cada mujer a comprender cómo han llegado a construir determinadas expectativas sobre ellas y cómo dichos estereotipos han influido en su salud mental. Esta reflexión previa es de ayuda para que ellas comiencen a valorar qué comportamientos les gustaría cambiar y cómo podrían hacerlo.

2. Análisis de los sistemas de poder

Los sistemas de poder son grupos organizados y legitimados por las leyes o las costumbres, y que marcan una serie de estándares en la sociedad. Particularmente, las mujeres se ven en la obligación de ajustarse a un sistema en el que ellas se encuentran en una condición de inferioridad respecto a los hombres. El poder es un concepto muy amplio, pues afecta al plano físico, financiero, legal, institucional…

Analizar los sistemas de poder es una técnica usada en esta terapia para comprender el poder diferencial entre hombres y mujeres. De esta manera, el terapeuta ayudará a su paciente a desafiar distintas desigualdades con las que se puede encontrar en sus relaciones, en las instituciones, en el mundo laboral, etc.

3. Entrenamiento en asertividad

Como ya mencionamos anteriormente, la psicología feminista persigue defender los derechos de las mujeres. Precisamente, la asertividad permite comunicar las necesidades y deseos propios de una forma adecuada, sin caer en los extremos de la agresividad o la sumisión. Así, los terapeutas feministas pueden ayudar a sus pacientes a diferenciar sus conductas asertivas, pasivas y agresivas, mejorando sus habilidades asertivas a través del juego de roles. Desde la terapia feminista también se defienden unos principios esenciales:

  • Empoderamiento:

Este término en el feminismo se refiere a los procesos por los cuales las mujeres logran aumentar su participación en la toma de decisiones y el ejercicio del poder. La terapia feminista considera que la mujer debe incrementar su conciencia de que merece ser tratada con dignididad para conseguirlo.

  • Lo personal es político:

Como comentábamos antes, lo cierto es que la sociedad y los factores a nivel “macro” influyen notablemente en el bienestar individual de las personas, sobre todo de las mujeres. Desde esta terapia se conciben los síntomas como un resultado del malestar generado por el entorno.

El proceso terapéutico busca ayudar a la paciente a tomar conciencia de la opresión que ha sufrido con el fin de contextualizar su sufrimiento. La postura de los terapeutas que se identifican con esta corriente se alejan de las etiquetas impuestas por la psiquiatría tradicional, pues entienden que las experiencias vitales de cada persona son únicas. Muchos síntomas considerados anormales o patológicos por el sistema tradicional, son concebidos en la psicología feminista como la respuesta esperable a una realidad que discrimina a las mujeres.

  • Relación simétrica terapeuta-paciente:

Los terapeutas feministas consideran que deben situarse en una posición de igualdad respecto a sus pacientes. Lejos de ser una figura de autoridad al estilo clásico, prefieren tratar a la mujer como la experta en sus propias experiencias. Por ello, no imponen ni aconsejan, sino que colaboran activamente con la otra persona.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la psicología feminista y la terapia que de ella se deriva. La psicología feminista es un ámbito de la disciplina que se enfoca en el estudio de las estructuras sociales y el género. Debido a que la investigación en psicología siempre ha adoptado una perspectiva marcadamente masculina, trata de reflexionar acerca de ello para comenzar a adoptar una visión del mundo que tenga presente a las mujeres.

La importancia de la psicología feminista reside en que posee un importante propósito social, ya que busca defender y promover los derechos de la mujer. Solo con una investigación en psicología que adopte una perspectiva de género se podrá comprender la desigualdad entre hombres y mujeres y cómo esta repercute en la salud mental femenina. El género, al igual que la etnia o la clase social, es una importante variable a tener en cuenta para comprender el malestar individual.

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