La Terapia Familiar en el Tratamiento de los TCA: ¿por qué es tan importante?

La terapia familiar es una intervención necesaria a la hora de abordar los trastornos de la conducta alimentaria, debido al importante papel que los familiares tienen en el proceso de recuperación.

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La familia posee una enorme importancia en la vida y en la sociedad en general. Esta constituye el primer grupo en el que experimentamos la socialización, donde forjamos nuestros primeros vínculos relacionales. La unidad familiar es un sistema que nos enseña cómo funciona el mundo, nos transmite valores, nos ayuda a configurar nuestra identidad y nos indica qué podemos esperar de los demás.

Por todo ello, es esperable que las dinámicas familiares cobren gran importancia cuando uno de los miembros desarrolla un trastorno o enfermedad. Este es el caso de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), donde el papel de los familiares es, sin duda, central. Así, el tratamiento de los pacientes con TCA no se limita a intervenciones individuales, sino que también requerirá un abordaje desde la terapia familiar.

El TCA y su impacto en la familia

Cuando un hijo/a desarrolla un TCA es común que los padres experimenten culpa. Por su parte, los hermanos pueden sentirse desplazados y, en definitiva, el miembro enfermo puede sentir que toda su familia está en su contra. La comida se convierte en el centro de la familia, que experimenta mucha tensión y conflicto en las comidas. Todo ello empaña la relación con el paciente, entrando así en una espiral donde el problema cada vez se agrava más. La terapia familiar es un tratamiento basado en la evidencia que permite brindar apoyo no sólo a la persona con TCA, sino también a la familia. Así, los padres y hermanos pueden tener una guía acerca de cómo gestionar la situación correctamente, a la vez que cuentan con apoyo emocional de un profesional.

No podemos olvidar que un TCA constituye una enfermedad mental grave, que pone en riesgo el desarrollo y la vida de la persona que lo sufre. Esto sacude a la familia como un terremoto, descolocando las dinámicas y relaciones dentro del sistema familiar. Los padres comienzan a vivir por y para el TCA, consumidos por la preocupación de ver a su hijo/a no comer. Esto desencadena habitualmente muchos conflictos y peleas, ya que por supuesto la persona con TCA se opone frontalmente a comer con normalidad.

La buena noticia es que la terapia familiar permite que los miembros puedan unirse para ayudar al hijo afectado, recuperando progresivamente la normalidad y haciendo cada vez más fácil que este vuelva a comer. Los padres pueden unirse para colaborar por un objetivo común, contando con el apoyo de los hermanos. Así, se convierten en un agente central en el plan de tratamiento.

Intervenir en familias con un caso de TCA no es en absoluto sencillo. Esto se debe a que el paciente normalmente carece de conciencia de enfermedad, es decir, no acepta que haya algo negativo en su relación con la comida. Con el tiempo, la negación total da paso a la ambivalencia. El hijo empieza a desear recibir ayuda, pero al mismo tiempo tiene miedo de abandonar su TCA. En estos pacientes, el trastorno cumple una función muy importante, brindando una falsa sensación de control y seguridad.

A través del control de la comida, la persona siente que puede reafirmarse y controlar algo en su vida, llegando a construir su propia identidad en torno al TCA. Por ello, dar el paso de abandonarlo implica atravesar un duelo que no es fácil de sobrellevar. La sensación que viven en este punto las personas con TCA es la de estar en un océano feroz aferradas a una simple tabla de madera. Si bien desean ser rescatadas de ese océano, soltar la tabla asusta, ya que es el único refugio que se posee. Por esta razón, contar con el apoyo de la familia y otras personas es esencial para empezar a superar dichas resistencias.

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¿Por qué es necesaria la terapia familiar en los TCA?

La terapia familiar es esencial en el tratamiento de los TCA, pues ello permite brindar apoyo no sólo al propio paciente, sino también a su familia. Esencialmente, este tipo de intervención permite que las personas cercanas al paciente puedan obtener herramientas y recursos que les ayuden a gestionar la situación.

En general, las familias tienen la falsa creencia de que no pueden hacer nada por ayudar al hijo/a con TCA. Sin embargo, esta forma de terapia es clave para hacerles ver que su papel en la recuperación es mucho más relevante de lo que piensan. Aunque los TCA son trastornos multifactoriales (no tienen una causa única), se conoce que ciertas tendencias en las relaciones familiares constituyen un aspecto relevante que puede favorecer el desarrollo de la enfermedad.

1. Relación entre los padres y el hijo/a con TCA

El objetivo de la terapia familiar no es, en ningún caso, culpabilizar a los familiares del trastorno. No obstante, es importante conocer ciertas dinámicas perjudiciales que pueden estar favoreciendo el desarrollo del problema y que por ello es pertinente modificar. En lo que respecta a la figura de la madre, sucede que con frecuencia la relación entre el hijo/a con TCA y esta es de carácter fusional. La madre es especialmente sobreprotectora y tiende a depositar en sus hijos la responsabilidad de su estado emocional (Si haces X me pondré triste, por ejemplo).

Esto hace que el hijo/a encuentre dificultad para expresar sus propias emociones y necesidades y tienda a complacer los deseos de la figura materna, hasta el punto de fusionarse con ella. En algunos casos no se encuentran madres sobreimplicadas, sino figuras más bien rígidas y frías, que brindan una vinculación insegura a los hijos. Esto se traduce en dinámicas familiares tendentes a la evitación del conflicto, donde no existe una comunicación abierta y las emociones quedan reprimidas para no romper la aparente armonía del sistema.

La figura paterna es a menudo ilustrada como perfeccionista, con unas expectativas sobre los hijos muy elevadas. Esto explica por qué muchos pacientes con TCA refieren sentir que nunca están a la altura de lo que sus progenitores esperan de ellos. En este sentido, la búsqueda de delgadez y el control de la comida se convierten en formas de compensar ese sentimiento de insuficiencia.

2. Relación entre los padres del paciente con TCA

En relación al vínculo de pareja que une a los padres de los pacientes con TCA, también es pertinente tener presentes ciertas dinámicas inadecuadas. Es frecuente que la relación de pareja sea de tipo conflictivo o distante, donde la comunicación nunca es directa, sino que se basa en mensajes difusos.

En muchos casos, sucede que los hijos con TCA llegan a implicarse dentro del conflicto conyugal. Se produce una triangulación, por la que el paciente termina formando alianza con uno de los progenitores. Esto complejiza enormemente el funcionamiento de la familia, ya que los límites y los roles se vuelven difusos, se intercambian, etc.

3. Estilo de crianza

Igualmente importante es tener presente la forma en la que los padres desempeñan su papel en la crianza. Generalmente, los padres de hijos con TCA suelen adoptar un estilo poco democrático, pues imponen sus deseos o necesidades en ellos. Se muestran como padres muy exigentes, tendentes a las comparaciones entre hermanos que merman la autoestima e identidad de aquel que sale perdiendo.

Generalmente, la crianza se desarrolla en un entorno carente de empatía, en el que se infantiliza a los hijos hasta el punto de impedirles desarrollar correctamente el proceso de individuación. En definitiva, los padres son figuras altamente intrusivas, lo que dificulta que los hijos puedan encontrar su identidad personal al margen de ellos.

Esto contribuye a que los hijos se se vuelvan mucho más vulnerables a las influencias externas y busquen reafirmarse a través de la comida. Lo que venimos comentando se relaciona con la tendencia de muchos progenitores a proyectar sus deseos, sueños y necesidades en los hijos, imponiendo así sus propios intereses en lugar de permitir que ellos desarrollen los suyos.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la terapia familiar como tratamiento para los TCA. La familia es el primer sistema social del que formamos parte, donde formamos nuestros primeros vínculos relacionales, adquirimos valores, aprendemos qué podemos esperar de los demás y formamos nuestra identidad. Si bien los TCA son trastornos multifactoriales que resultan de la confluencia de numerosas variables, es indudable que las dinámicas familiares pueden jugar un papel relevante en el desarrollo de este tipo de trastornos.

La terapia familiar se hace necesaria en la intervención sobre los TCA, pues los familiares también necesitan apoyo y orientación acerca de cómo gestionar la situación de forma adecuada. Lejos de culpar a la familia del problema, la terapia persigue identificar posibles patrones disfuncionales dentro del sistema familiar, con el fin de modificarlos y favorecer la recuperación del hijo/a con TCA. En términos generales, las familias con hijos que sufren o están en riesgo de sufrir TCA suelen caracterizarse por la sobreprotección, la existencia de límites y roles difusos y la tendencia de los padres a imponer sus necesidades y deseos sobre los hijos. Esto impide que los hijos puedan desarrollar su identidad y llevar a cabo el proceso de individuación. La comunicación en la familia es claramente deficiente, con inclinación hacia la represión de las emociones y la complacencia del hijo hacia sus progenitores.

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