Los 10 tipos de Vergüenza (y sus características)

La vergüenza es una emoción de índole negativa que sentimos cuando somos conscientes de que hemos realizado una acción humillante que puede poner en peligro nuestra reputación. Veamos de qué forma se manifiesta.

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Las personas somos, para bien y para mal, seres emocionales y sentimentales. Las emociones, esas reacciones psicofisiológicas que se desencadenan tras el procesamiento mental de los estímulos que nos rodean, determinan cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con el entorno. Así, sentir emociones es una forma de adaptarnos a lo que nos sucede en nuestro interior y a nuestro alrededor.

Como bien sabemos, existen muchas emociones distintas, tanto primarias (aquellas más innatas y simples) como secundarias (aquellas más asociadas a un procesamiento de las primarias), como pueden ser la alegría, la tristeza, el miedo, el asco, la envidia, los celos, la admiración, el aburrimiento, el horror, el disgusto…

Pero si hay una intensa a nivel emocional y que más detestamos experimentar en nuestras propias carnes esa es, sin duda, la vergüenza. Ese sentimiento de índole negativo que experimentamos cuando somos conscientes de que hemos realizado, en público, una acción humillante y que puede suponer un peligro para nuestra reputación.

Ahora bien, ¿existe una única forma de vergüenza? No. Ni mucho menos. Dependiendo del contexto en el que ocurra y de otros parámetros, podemos definir muchas formas diferentes de sentirnos avergonzados, pues la vergüenza es una emoción muy compleja que, como tal, ha tenido que ser clasificada en distintos grupos. Y esto es precisamente en lo que vamos a indagar en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas. Empecemos.

¿Qué es la vergüenza?

La vergüenza es una emoción de índole negativa que sentimos cuando somos conscientes de que hemos realizado una acción humillante que puede hacer peligrar nuestra reputación, pues otras personas han visto como cometemos dicha conducta. Así, nos sentimos avergonzados cuando hacemos algo que, a nivel social, es percibido como una humillación propia.

Se trata de una emoción secundaria, en el sentido que su grado de complejidad psicológica es mayor que en otras emociones más simples e innatas como pueden ser la alegría, la tristeza o el miedo, conocidas como emociones primarias. Así pues, la vergüenza es una emoción que requiere de un proceso de aprendizaje en sociedad, motivo por el cual no se desarrolla hasta llegados, aproximadamente, a la adolescencia.

Como emoción secundaria, la vergüenza es aprendida y requiere, como decimos, de un mínimo grado de desarrollo intelectual y de madurez, pues resulta de la combinación de emociones primarias junto con el contacto social, construyendo nuestra identidad y relacionándonos con otros. No es una emoción automática ni universal.

Y es que la vergüenza depende no solo de factores individuales, sino del contexto sociocultural en el que vivimos, pues unas acciones que en nuestra sociedad pueden ser consideradas como humillantes y por tanto proclives a hacernos sentirnos avergonzados pueden no serlo en otras. Así pues, la vergüenza es una emoción compleja en lo psicológico pero también en lo social.

Cuando nos sentimos avergonzados, se disparan una serie de reacciones psicológicas y fisiológicas como por ejemplo el malestar sentimental, la ruborización facial, las conductas de huida, la tendencia a la evitación, la necesidad de desaparecer del lugar, evitación del contacto visual, confusión mental y un largo etcétera.

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Sea como sea, la vergüenza puede entenderse también como una perturbación negativa del estado del ánimo desencadenada por la conciencia de haber cometido una acción deshonrosa o humillante que es considerada como una falta para la sociedad. Por tanto, es una emoción que nos empuja a esconder nuestros fallos, algo que, en ocasiones, puede convertirse en una conducta tóxica para nuestra integridad emocional.

Y es que esconder nuestras debilidades, caer en el exceso de autocrítica, tener miedo al rechazo, autoexigirnos demasiado y desarrollar miedo a hacer el ridículo nos puede privar de muchas oportunidades que, en ocasiones, perdemos por el irracional e infundado temor a sentir vergüenza de nosotros mismos.

Así pues, pese a que la vergüenza sea una emoción adaptativa en el plano social, cuando nos desborda e interfiere en nuestra vida profesional y personal se convierte en algo tóxico y en una emoción patológica perjudicial para nuestro bienestar. Y cuando se entra en este bucle, pueden surgir sentimientos vinculados a la ansiedad y la depresión. Sin embargo, siempre tenemos la opción de solicitar ayuda psicológica para obtener herramientas que nos ayuden a manejar este temor a sentirnos avergonzados de nosotros mismos.

¿Qué clases de vergüenza existen?

Como hemos visto, la vergüenza es una emoción tremendamente compleja no solo a nivel psicológico, sino también social. Por ello, pese a la evidente dificultad para hacerlo, ha sido necesario para la Psicología diferenciar las distintas formas en las que podemos sentirnos avergonzados. Nosotros las hemos rescatado. Veamos, pues, qué tipos de vergüenza existen.

1. Vergüenza adaptativa

La vergüenza adaptativa es aquella modalidad en la que la emoción es saludable y cumple con un propósito de adaptación a la sociedad, limitando nuestro comportamiento para que vaya acorde a las normas sociales. De este modo, haciéndonos sentir avergonzados de las conductas negativas, el cerebro estimula que, en conjunto, todos seamos miembros funcionales de la sociedad.

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2. Vergüenza tóxica

La vergüenza tóxica es aquella modalidad en la que la emoción deja de ser saludable y de cumplir con un propósito de adaptación a la sociedad. Ya no nos ayuda a adaptarnos, sino que se convierte en una emoción no justificada que, de forma crónica, nos limita en nuestra vida profesional y personal.

En el momento en el que el temor a sentirnos avergonzado se cronifica y nos autoexigimos demasiado, percibimos nuestros fallos como humillaciones y evitamos situaciones a todas horas, decimos que la vergüenza pasa a ser algo destructivo que debe trabajarse uno mismo o, si es necesario, con la ayuda de un psicólogo o psicóloga.

3. Vergüenza pura

La vergüenza pura es aquella en la que las emociones y reacciones fisiológicas de índole negativa vienen desencadenadas por la exposición a una acción humillante o por un agravia hacia nosotros o hacia otra persona. No se finge nada. Es sentirnos avergonzados de forma real como consecuencia de la percepción de una conducta deshonrosa que puede poner en peligro nuestra reputación en el ámbito privado, público, personal o profesional.

4. Vergüenza infundada

La vergüenza infundada es aquella que se desencadena en nosotros tras ser acusados de haber cometido una acción humillante que, en realidad, no hemos cometido. Nos acusan de algo que no hemos hecho y, pese a ser inocentes, nos sentimos avergonzados como si lo hubiéramos hecho, con un malestar que se mezcla con la impotencia de no poder desmentir la acusación.

5. Vergüenza falsa

La vergüenza falsa es aquella que fingimos estar experimentando, generalmente para demostrar arrepentimiento por una acción que sabemos que es humillante o deshonrosa pero que, en realidad, no nos ha hecho sentir realmente avergonzados. Por lo tanto, como su propio nombre indica, todas las emociones de la vergüenza son fingidas.

Existe un caso particular dentro de esta que es lo que se conoce como vergüenza de la vergüenza, que vendría a ser algo así como una “metavergüenza”. Es decir, pese a que no hemos sentido vergüenza de verdad por nuestro acto, sí que nos estamos sintiendo avergonzados de estar avergonzados. La vergüenza, ahora sí, es el foco real de la emoción en sí.

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6. Vergüenza ajena

No siempre sentimos vergüenza por nuestros actos. Cuando vemos que una persona ajena comete una acción humillante podemos sentir, a través de mecanismos de inteligencia emocional y de empatía, unas sensaciones de vergüenza como si estuviéramos en su lugar. En esto consiste la vergüenza ajena. En proyectar en nosotros la vergüenza que una tercera persona debe estar sintiendo tras haber realizado una acción que, para nosotros, es humillante y nos habría hecho pasar un mal rato si estuviéramos en su lugar.

7. Vergüenza moral

La vergüenza moral es aquella que sentimos cuando hemos cometido una acción que rompe con los principios éticos y valores morales que imperen en nuestra sociedad. Suelen ser cortas y de intensidad baja, pero que pueden comportar un posterior arrepentimiento. Un ejemplo sería el de no ceder nuestro asiento en el bus a una persona mayor y que alguien, en público, nos increpe.

8. Vergüenza identificativa

La vergüenza identificativa es aquella en la que nos sentimos avergonzados de una persona con la que, a priori, debería ser nuestra fuente de orgullo. Es un problema por sentirnos identificados con, por ejemplo, un famoso al que idolatrábamos pero que ha sido pillado conduciendo bajo los efectos del alcohol.

9. Vergüenza heredada

La vergüenza heredada es aquella en la que nos sentimos avergonzados de pertenecer a un grupo social determinado. Así, es una vergüenza que viene transmitida por la propia comunidad a la que pertenecemos. Ninguna agrupación de personas debería sentir vergüenza de sus raíces y orígenes, pero, por desgracia, es una realidad que ocurre en el mundo.

10. Vergüenza de decepción

La vergüenza de decepción es, como se puede intuir por su nombre, aquella emoción en la que nos sentimos avergonzados no por haber cometido una acción humillante, sino por considerar que hemos fracasado en nuestras metas y que nos hemos decepcionado a nosotros mismos y/o a quienes confiaron en nosotros o que hemos traicionado nuestros ideales.

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