¿Qué es la Violencia Vicaria? Causas y consecuencias

La violencia vicaria es una forma de violencia de género por la que el agresor pretende herir a la mujer utilizando a sus hijos para ello, ya sea mediante estrategias psicológicas, violencia física e incluso asesinato.

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No cabe duda de que la violencia de género es un problema pendiente por resolver hasta en las sociedades más avanzadas y desarrolladas. El maltrato, el desprecio, las agresiones y la utilización de las mujeres siguen siendo una realidad en los distintos rincones del mundo, que dan forma a fenómenos como la prostitución, el acoso sexual, la gestación subrogada, la violencia en la pareja o el techo de cristal en las empresas.

En muchas ocasiones, la violencia hacia las mujeres adopta una forma menos evidente y explícita. Mediante actos que no se dirigen directamente a ellas, se logra provocar un profundo dolor que muchas veces es irreparable. Estamos hablando de la violencia vicaria.

Esta forma de violencia de género es una de las más crueles, pues es aquella que el maltratador lleva a cabo hacia los hijos de la mujer en cuestión. Parejas y ex parejas pueden herir e incluso asesinar a los menores con un único y despiadado objetivo: hacerle el máximo daño posible a ella , destrozarle la vida y partirle el alma en mil pedazos.

A pesar de ser una de las expresiones más crudas de la violencia de género, este tipo de daño suele pasar demasiado desapercibido. Generalmente, existe un enorme desconocimiento al respecto y muchas veces no se toman medidas para prevenir que el agresor utilice a los más pequeños como herramienta para dañar a la mujer. En este artículo vamos a detallar qué es la violencia vicaria y de qué manera destruye la vida de mujeres y niños a su paso.

¿Qué es la violencia vicaria?

La violencia vicaria se encuentra reconocida como un tipo de violencia de género. En ella, el agresor trata de provocar el daño más profundo posible a la mujer, para lo cual utiliza a sus seres queridos, especialmente a los hijos. En los casos más extremos, la pareja o ex pareja de la mujer puede llegar a acabar con la vida de los menores, alcanzando un nivel delirante de frialdad y crueldad.

Cualquier resquicio de afecto queda a un lado porque el odio y el deseo de dañar a la mujer son lo único que importa. Los homicidios de niños y niñas llevados a cabo por la pareja o ex pareja de la madre (que puede ser o no el padre de los pequeños), representan el extremo más despiadado de todo un espectro de acciones violentas que torturan a miles de mujeres día tras día.

Así, no es necesario matar, ni siquiera agredir físicamente, para desencadenar un enorme sufrimiento. Muchos padres emplean formas de violencia psicológica, en las que la manipulación y las agresiones en forma de “luz de gas” terminan por situar a los hijos en contra de la madre. De esta manera, el maltratador es capaz de destruir a su víctima sin ni siquiera dirigirse a ella de manera directa. Los menores se convierten en un elemento clave de la ecuación y pasan a ser la herramienta perfecta para dañar sin escrúpulos a la mujer.

Esta forma de violencia se conoce como vicaria debido a que en ella se produce un cambio en el foco, sustituyendo a la madre por los hijos como víctima directa. Por todo ello, podemos decir que la mujer no es la única víctima de esta oscura estrategia. De esta manera, en la actualidad los menores también han empezado a ser reconocidos como víctimas de esta lacra que conocemos como violencia de género.

Al contrario de lo que puede parecer, la violencia vicaria no es un hecho aislado. Por el contrario, es el reflejo de todo un sistema en el que la desigualdad entre hombres y mujeres sigue predominando. El intento por controlar, someter y dominar al sexo femenino alcanza su máxima expresión en este tipo de actos.

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Estas atrocidades suceden porque las mujeres siguen teniendo que pelear por hacerse oír y por ser valoradas y respetadas por su valía como seres humanos sin ser cuestionadas de forma permanente. Mientras las voces femeninas sigan estando en un segundo plano frente a las masculinas, especialmente cuando existe violencia de por medio, la violencia de género continuará y, con ella, el daño hacia los menores.

Aunque, como venimos diciendo, esta violencia tiene su razón de ser en la desigualdad que existe entre hombres y mujeres, hay determinadas situaciones que pueden actuar como una especie de detonante. Por ejemplo, cuando una mujer toma la decisión de divorciarse de su pareja, es probable que si él actúa y piensa de manera machista tome la decisión de herir a su ex pareja por todos los medios. La creencia que muchos hombres tienen de que las mujeres son objetos que se poseen lleva a que, cuando ellas desean separarse o alejarse, no asuman esta decisión y decidan castigarlas por ello.

La sociedad aún tiene mucho trabajo por hacer en este ámbito. Debido a la falta de concienciación sobre esta cuestión y el escaso apoyo que las víctimas reciben en muchas ocasiones, rara vez la violencia vicaria es denunciada. La justicia sigue sin estar preparada para vincular la violencia de género con el daño hacia los menores en la mayoría de los casos, por lo que muchas veces la respuesta ante esta forma de violencia no es tan efectiva como debería.

Cabe señalar que la violencia vicaria no es lo mismo que el parricidio. Este se define como el homicidio que se ejerce hacia parientes consanguíneos, como por ejemplo los hijos, los padres o el cónyuge. La diferencia respecto a la violencia vicaria es que, en este caso, el daño se ejerce hacia la persona a la que se quiere herir de manera directa, que no tiene por qué ser mujer. Sin embargo, la violencia vicaria tiene su explicación en el machismo, por lo que en realidad a quien se quiere dañar es a la mujer, solo que para ello no se atenta contra ella directamente, sino contra aquellas personas que esta quiere y valora.

Consecuencias de la violencia vicaria

Debido a la causas que se esconden detrás de esta terrible forma de violencia, el perfil prototípico del agresor es un hombre de entre 20 y 50 años que tiene hijos menores de edad. Normalmente, estas personas suelen tener una actitud dominante, tratando siempre de mantener su postura de poder a través de la violencia y el miedo. En muchos casos, puede recurrir al consumo de alcohol y drogas, lo que exacerba aún más su conducta natural.

Como es de esperar, son muchas las consecuencias que esta violencia deja a su paso. En cuanto a la madre, esta puede permanecer durante algún tiempo en una postura de sumisión para evitar el conflicto con el agresor. Sin embargo, esta situación se termina volviendo insostenible, lo que lleva a que la mujer termine optando por alejarse y dejar de ceder.

Es en este punto cuando el agresor ve peligrar su postura de poder y autoridad, por lo que su única forma de posicionarse de nuevo es herir a los hijos. Cuando esto sucede, la mujer puede experimentar niveles muy intensos de ansiedad, e incluso desarrollar un cuadro de estrés postraumático.

En el caso de los menores, los efectos de esta forma de violencia son también devastadores. Cuando la violencia que el agresor lleva a cabo es física, las víctimas pueden requerir atención hospitalaria o sufrir secuelas, llegando en algunos casos al fallecimiento. Cuando la violencia se da de manera psicológica, es habitual que los pequeños experimenten estrés postraumático, problemas de autoestima, dificultades sociales, fobia social, problemas de vinculación y de empatía, conductas antisociales y agresivas, etc. Al encontrarse en pleno proceso de desarrollo, los efectos que esta terrible violencia puede ocasionar en los más pequeños dejan una huella que muchas veces es difícil de borrar.

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Cómo combatir la violencia vicaria

La violencia vicaria es, como venimos diciendo, uno de los problemas pendientes por resolver en las sociedades más desarrolladas. Entonces… ¿Es posible combatir esta cuestión tan preocupante? En primer lugar, los gobiernos deben tomar cartas en el asunto, aceptando que la violencia contra las mujeres existe y tiene unas características específicas que la diferencian de otras formas de violencia.

Empezar a poner fin a esta terrible forma de violencia comienza con una educación adecuada, para que las futuras generaciones puedan crecer con valores que fomenten la igualdad y el respeto entre hombres y mujeres. Esto permite contribuir a que se establezcan relaciones entre ambos sexos libres de violencia, coacción y control, que como vemos son la antesala de este tipo de violencia tan despiadada.

Aunque la labor de prevención es esencial, esto no significa que no se deban hacer cambios que permitan responder de manera más eficiente cuando la violencia vicaria ya ha sucedido. Cuando aparece violencia de género, es necesario aplicar medidas que protejan a los más pequeños para prevenir que el agresor haga de ellos el medio para dañar a la mujer.

Un ejemplo de violencia vicaria: Caso José Bretón

Son muchos los casos de violencia vicaria que, por desgracia, han sucedido. Sin embargo, algunos han tenido una cobertura mediática especialmente marcada. Uno de ellos fue el caso José Bretón, referente a la desaparición y asesinato de los hermanos Ruth Bretón Ortiz y José Bretón Ortiz, de seis y dos años respectivamente. Su padre, José Bretón, asesinó a ambos menores y calcinó sus cadáveres sin casi dejar rastro.

La madre de ambos niños, Ruth Ortiz Ramos, había comunicado tiempo antes al asesino que deseaba divorciarse. Ante esto, José Bretón optó por acabar con sus propios hijos como venganza hacia ella. La frialdad del asesino para cometer estos hechos fue un retrato público de lo que supone esta forma de violencia.

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