¿Qué es la Violencia Obstétrica? Definición y 6 ejemplos

La violencia obstétrica se define como una forma de violencia de género por la cual los profesionales de la salud llevan a cabo prácticas que se apropian del cuerpo y los procesos reproductivos de la mujer.

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La maternidad es un momento de gran impacto emocional en la mujer. Incluso en aquellos casos en los que el embarazo ha sido buscado y deseado, esta etapa aglutina infinidad de cambios a nivel físico y psicológico. Las alteraciones hormonales, los cambios en el cuerpo, el cambio de rol que se vive al tener el primer hijo, la reorganización de la vida y la rutina, la repercusión en la relación de pareja…

Todo ello hace que tener hijos sea un viaje cuanto menos intenso, donde hay hueco para mucho amor e ilusión, pero también para momentos bajos en los que la mujer se encuentra más vulnerable que nunca. A menudo se tiende a idealizar todo lo que rodea a la gestación y el momento del parto, pero parece que hay numerosas experiencias que las mujeres han callado durante mucho tiempo y que ahora empiezan a ser reconocidas.

El movimiento feminista y los avances en el campo de la medicina y la psicología han permitido introducir en el debate público una realidad silenciada que ha afectado a miles de mujeres en el mundo: hablamos de la violencia obstétrica.

En términos generales, este tipo de violencia está reconocida como una forma de violencia de género por la que las embarazadas reciben un trato abusivo, violento o deshumanizado por parte de los profesionales de la salud durante la gestación, el parto y el puerperio. En este artículo vamos a profundizar acerca de qué es la violencia obstétrica y de qué formas se manifiesta en el sistema sanitario.

¿Qué es la violencia obstétrica?

La violencia obstétrica se define como una forma de violencia de género por la cual los profesionales de la salud llevan a cabo prácticas que se apropian del cuerpo y los procesos reproductivos de la mujer. Ya sea en el sistema sanitario público o privado, muchos sanitarios llevan a cabo actuaciones dañinas por acción u omisión hacia las mujeres gestantes.

Así, las madres sufren un trato deshumanizado, abusivo y/o violento, por el cual se patologizan procesos naturales y se anula su capacidad de decisión sobre sus cuerpos y su sexualidad. Esta forma de violencia puede ser de naturaleza física, pero también psicológica, materializándose no solo en forma de acciones médicas iatrogénicas o no consentidas, sino también a través de un trato vejatorio, humillante y paternalista.

En la actualidad, este fenómeno es reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un grave problema de salud pública y un reflejo evidente de la discriminación que sufre el sexo femenino. Este tipo de violencia constituye una clara violación de los derechos humanos que, a diferencia de lo que puede parecer, está presente en todos los países, incluyendo aquellos más desarrollados como es el caso de España.

Por lo tanto, se trata de una cuestión de urgencia que debe ser resuelta si se desea formar sociedades justas y libres de violencia. Hasta la fecha no se había introducido el problema de la violencia obstétrica en el debate público. De hecho, hasta hace unos años ni siquiera se había reconocido y dado nombre a esta dolorosa realidad que ha empañado la maternidad de miles de mujeres alrededor del planeta.

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Hasta ahora, esta violencia ha sido avalada por las propias instituciones debido al sistema patriarcal imperante, por lo que nos encontramos con un fenómeno que lleva oculto en las sombras durante mucho tiempo. Aunque aún queda mucho por hacer, poco a poco son más los profesionales concienciados al respecto que tratan de actuar para combatir esta forma de violencia en la praxis médica.

Como venimos comentando, la violencia obstétrica no se materializa únicamente en acciones, sino también en la omisión de aspectos esenciales para la madre y su bebé. Este trato violento puede implicar un enorme desconocimiento de las necesidades esenciales de ambos a lo largo del parto y el puerperio, así como la imposición de ritmos o posturas que van contra la naturaleza de la mujer y el recién nacido.

Aunque se trata de una realidad silenciada y todavía desconocida para muchos, los datos más recientes obtenidos en 2021 indican que casi un 40% de las mujeres han sufrido este tipo de violencia en España.

6 formas de violencia obstétrica

De acuerdo con la OMS, es necesario que los gobiernos destinen recursos para la investigación de la violencia obstétrica. Por el momento, este es el único camino para comprender el alcance de esta realidad silenciada y las consecuencias que esta conlleva para las madres y sus bebés.

La implantación de programas que favorezcan una atención sanitaria de calidad a las mujeres gestantes también es urgente, de forma que el respeto hacia sus cuerpos y necesidades sea el foco principal. Por el momento, la violencia obstétrica sigue siendo un fenómeno poco conocido sobre el cual no se poseen suficientes datos. Conocer su magnitud es esencial para saber desde qué punto se parte a la hora de aplicar medidas para empezar a cambiar el sistema.

Hasta el momento hemos hablado de violencia obstétrica en términos muy generales. Para ilustrar de forma más específica este problema de salud pública vamos a comentar algunos ejemplos frecuentes:

1. Cesáreas innecesarias

Se conoce como cesárea al tipo de intervención quirúrgica por la cual se realiza una incisión quirúrgica en el abdomen y el útero de la madre para extraer uno o más bebés. La OMS recomienda el uso de esta técnica siempre y cuando sea necesaria para salvar la vida de las madres y los neonatos por motivos médicos.

No obstante, se trata de una cirugía mayor y no debe emplearse a no ser que sea estrictamente necesario. Así, se estima que no debería practicarse en más del 15% de los partos. A pesar de estas directrices, las tasas de cesáreas están incrementándose muy por encima de los porcentajes marcados por la OMS, especialmente en los países más desarrollados.

En España, una mujer tiene más o menos probabilidades de ser sometida a cesárea dependiendo de la Comunidad Autónoma donde haya nacido, lo que indica que muchas veces este procedimiento es utilizado de forma abusiva, con todo lo que esto implica para la salud de la madre y el bebé.

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2. Demasiadas episiotomías

Una episiotomía es una incisión quirúrgica que se lleva a cabo en la zona del perineo femenino, que comprende piel, plano muscular y mucosa vaginal. La finalidad que tiene es la de ampliar el canal de salida del bebé y así apresurar la salida del feto.

Este procedimiento no está recomendado en el parto natural espontáneo, y la OMS recomienda un 10% de episiotomías. Sin embargo, en España esta técnica fue utilizada hasta en el 43% de mujeres en el año 2010. El abuso de este procedimiento se debe a que en muchas ocasiones no se respetan los ritmos de dilatación de la mujer, por lo que muchas veces constituye una forma de violencia obstétrica más que una intervención justificada por motivos médicos.

3. Parto inducido

La inducción del parto consiste en estimular las contracciones del útero durante el embarazo antes de que el parto se inicie por sí solo. De acuerdo con la OMS, el parto inducido no está recomendado en aquellos embarazos sin complicaciones antes de las 41 semanas de gestación. Así, siempre que se realice esta técnica, los beneficios deben superar los riesgos, algo que no siempre sucede en la práctica médica.

4. Maniobra de Kristeller

Esta maniobra consiste en que los sanitarios presionen y empujen el abdomen de la mujer durante el expulsivo. Lo cierto es que esta práctica se encuentra totalmente desaconsejada por el Ministerio de Sanidad y la OMS, de forma que ni siquiera es enseñada en la actualidad a las matronas durante su formación. A pesar de ello, en algunos casos se sigue llevando a cabo, con todas las secuelas que esto puede ocasionar para la mujer (hematomas, desgarros, prolapso uterino…) y para los bebés ( dificultades respiratorias, hematomas, fractura de clavícula…).

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5. Ausencia de contacto madre-bebé

Hoy en día se conoce la importancia de que madre y bebé tengan contacto piel con piel desde los primeros instantes tras el nacimiento, a no ser que alguno de los dos deba recibir asistencia médica inmediata. Este tipo de contacto permite brindar beneficios a ambos, tales como reducir el estrés, fortalecer su vínculo, favorecer la lactancia o regular la temperatura del recién nacido.

En muchas ocasiones se interrumpen estas primeras horas claves para el contacto entre la madre y el bebé para realizar controles rutinarios que podrían posponerse. De esta manera, se priva a ambos de un momento íntimo y especial que es saludable y necesario para su estabilización sin que exista una justificación médica.

6. No poder elegir la posición deseada en el parto

La posición de litotomía es la más común en procedimientos quirúrgicos y exámenes ginecológicos, así como en los partos que se dan en países occidentales. Esta consiste en que la mujer se coloque boca arriba con sus muslos y piernas flexionados sobre el cuerpo.

Es adecuada si se van a llevar a cabo partos instrumentales, pero esta se relaciona con mayor probabilidad de episiotomías y menos libertad de movimiento. Por ello, en ocasiones es más interesante que la mujer dé a luz en otras posiciones. Sin embargo, son muchas las que, a pesar de no existir ninguna contraindicación médica, han sido obligadas a parir en una postura que no era la deseada.

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