Depresión Infantil: causas, síntomas y tratamiento

Los niños pueden sufrir depresión al igual que los adultos, aunque la forma en la que esta se manifiesta es diferente. Entre sus características particularidades destacan la irritabilidad, las somatizaciones o la dificultad para conciliar el sueño.

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La depresión mayor es uno de los problemas de salud mental más frecuentes alrededor del mundo. Siempre que pensamos en alguien deprimido nos imaginamos a un adulto que parece alicaído, triste, con llanto frecuente y sin capacidad para sentir disfrute por nada. Sin embargo, las manifestaciones de la depresión son mucho más variadas y este trastorno no sólo afecta a las personas adultas.

Aunque cuando se habla de la infancia esta se suele asociar con felicidad, inocencia y despreocupación, la realidad es que los niños y adolescentes también son susceptibles de deprimirse, aunque la forma en la que exteriorizan su sufrimiento puede distar bastante de la que tienen los mayores. Hasta hace no mucho tiempo, se consideraba que la depresión infantil era inexistente. Sin embargo, figuras de la psicología como Akerson, Spitz o Bowlby poco a poco empezaron a reparar en que los niños también sufren y, por consiguiente, también necesitan ayuda. En este artículo vamos a hablar sobre la depresión infantil, sus causas, síntomas y tratamiento.

¿Qué es la depresión infantil?

La depresión infantil es un problema de salud mental caracterizado por la tristeza, apatía, irritabilidad, negatividad, hipersensibilidad, autoconcepto negativo e incluso ideación y tentativa de suicidio. En el caso de los niños, las manifestaciones de la depresión más frecuentes se dan en forma de cambios de humor, dificultad para ser consolados e irritabilidad general.

Añadido a esto, los niños carecen de la madurez y riqueza lingüística para poder poner en palabras su dolor, por lo que la forma en la que este se exterioriza puede dar pie a confusión y dificultar el diagnóstico. Por todo ello, se trata de un trastorno psicológico que cambia profundamente en función del momento evolutivo. Normalmente, cuando un niño sufre depresión los padres no piensan en absoluto que este puede ser el problema. Cuando acuden a un profesional, suelen referir quejas de mal comportamiento e irritabilidad, lo que no encaja con la idea popular de lo que es la depresión.

No cabe duda de que en torno a los problemas psicológicos existe un gran estigma e incomprensión. Sin embargo, su reconocimiento y validación se hace aún más difícil cuando los que los sufren son los menores de edad. Esto se relaciona con el llamado mito de la infancia feliz, por el que se asume que esta etapa de la vida siempre está llena de alegría y bienestar, ignorando que en la niñez el ser humano depende profundamente de los adultos y, por ello, está en un punto máximo de vulnerabilidad.

La infancia no siempre es una etapa dorada, pues por desgracia los niños siempre son los grandes olvidados de la sociedad, su opinión no se suele tener en cuenta y su dolor suele ser infravalorado. Por no hablar de fenómenos como el maltrato y el abuso sexual infantil, el acoso escolar, los conflictos familiares… donde los más pequeños son víctimas silenciadas. Este mito ha sido claramente perjudicial, al llevar a los padres a menospreciar los problemas de los hijos por el hecho de ser niños y no tener las responsabilidades propias de la vida adulta. Así, los mayores suelen ver con condescencia su sufrimiento, ya que miran su realidad desde el aprendizaje que da la experiencia.

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Síntomas de la depresión infantil

A continuación, vamos a hablar acerca de los síntomas más característicos de la depresión infantil.

  • Dificultad para decir cosas positivas sobre sí mismos: Los niños que sufren depresión suelen emplear un lenguaje duro y negativo para referirse a sí mismos, reflejando una autoestima débil. Además, se atribuyen la culpa de eventos que no han sucedido por sus acciones y sienten desesperanza hacia lo que puede suceder en el futuro. La falta de confianza en sí mismos lleva a una implicación mínima en actividades como el juego con los iguales.

  • Somatización: Es común que los niños con trastorno depresivo manifiesten quejas de tipo físico, como dolores de cabeza o estómago, fatiga constante, diarrea o estreñimiento, etc.. Tras sucesivas visitas al pediatra, se descartan causas orgánicas y entonces suelen saltar las alarmas ante la probabilidad de un problema psicológico.

  • Irritabilidad: Una de las características claves de la depresión infantil es la irritabilidad. El propio niño puede confundir la tristeza con el enfado, lo que puede dar lugar a confusiones y errores diagnósticos.

  • Síntomas cognitivos y vegetativos: En la infancia es habitual que la depresión se manifieste en forma de problemas para conciliar el sueño, pérdida de peso, agitación motora, etc. A medida que se acerca la adolescencia, tiende a ser más común la hipersomnia, el aumento del apetito y el enlentecimiento psicomotor. Además, aparecen problemas de concentración en el ámbito escolar.

  • Anhedonia y aislamiento social: Los niños pueden encontrar problemas a la hora de disfrutar actividades que antes eran gratificantes. Por ello, se muestran apáticos y rechazan las interacciones sociales y las actividades compartidas.

Causas de la depresión infantil

Tal y como sucede con la mayoría de problemas psicológicos, no existe una causa única que desencadene la depresión infantil. Cuando esta aparece, es resultado de la confluencia de diversos factores de riesgo a nivel biológico, psicológico y social, entre los que destacamos los siguientes:

  • Estilo cognitivo de los padres: Algunos niños aprenden de sus padres un estilo de afrontamiento de la adversidad de tipo catastrofista, por el que se analiza la realidad en términos dicotómicos (muy bueno o muy malo). De hecho, la depresión en alguno de los padres incrementa el riesgo de que este problema aparezca en el niño o niña, aunque aún no está claro qué se debe al aprendizaje y qué a la genética.

  • Conflicto entre los padres: Cuando las figuras de cuidado entran en confrontación, esto genera un gran sufrimiento en los hijos. Los padres son el referente y la base segura durante todo el desarrollo, y cuando hay tensión o violencia entre ellos esto lleva a un riesgo mayor de depresión infantil.

  • Violencia familiar: Fenómenos como el abuso sexual y el maltrato físico o psíquico son claros factores de riesgo para el desarrollo de la depresión infantil. Así, los niños que crecen en hogares donde la violencia es forma de imponer disciplina o resolver conflictos pueden experimentar una sensación de indefensión permanente que favorece el inicio de la depresión.

  • Eventos estresantes: Como ya comentamos antes, la infancia no es siempre una etapa feliz. A veces, en ella se producen eventos altamente estresantes como mudanzas, divorcio de los padres, cambio de centro escolar, etc. Todo ello puede favorecer la aparición de tristeza en el proceso de adaptación, que se puede tornar en depresión si se unen muchas pequeñas pérdidas a la vez o no hay un adecuado sostén emocional para ese niño.

  • Rechazo social: Cuando los niños encuentran dificultad para tener relaciones con los iguales o sufren acoso escolar, esto es indudablemente un factor de riesgo para el desarrollo de la depresión infantil.

  • Estilo de personalidad y otros trastornos: Los niños con un estilo de personalidad tendente a la afectividad negativa pueden tener mayor riesgo de depresión ante la adversidad. Añadido a esto, la presencia de otros trastornos, como el TDAH o la tartamudez, pueden contribuir a un mayor riesgo de depresión.

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Tratamiento de la depresión infantil

El tratamiento de elección para la depresión infantil es la terapia psicológica, siendo la más empleada la de corte cognitivo-conductual. Las técnicas más utilizadas en esta intervención son las siguientes:

  • Actividades agradables: Uno de los pilares de la terapia será programar actividades en la vida cotidiana que permitan estimular al niño y ayudarle a acceder a experiencias gratificantes y reforzantes.
  • Reestructuración cognitiva: Esta técnica busca identificar y modificar los pensamientos automáticos negativos, con el fin de sustituirlos por otros más positivos.
  • Entrenamiento en resolución de problemas: Se busca enseñar al niño distintas estrategias para poder resolver los conflictos del día a día.
  • Entrenamiento en habilidades sociales: Las relaciones sociales son clave para que el niño pueda volver a sentirse bien, por lo que en terapia se le enseñarán técnicas para relacionarse con otros de manera efectiva. Por ejemplo, cómo presentarse a alguien, cómo iniciar una conversación o hacer una crítica de manera asertiva.
  • Control de impulsos: Con ejercicios adaptados a su grado de edad y madurez, se puede entrenar al niño para que aprenda a gestionar sus ataques de ira o rabia de forma que no se haga daño a sí mismo o a los demás.
  • Ejercicios de relajación: Se enseña a los niños a poner en práctica ejercicios de relajación que les permitan estar más tranquilos ante las situaciones de estrés.

Añadido a las técnicas empleadas para el trabajo directo con los niños, será fundamental trabajar también con los padres. Así, es necesario que estos se impliquen en el tratamiento y estén dispuestos a poner en práctica las pautas que el profesional les indica en consulta. Especialmente importante será abordar con ellos cuestiones como la disciplina en positivo, estrategias para favorecer la autoestima del hijo, mejorar la comunicación y resolución de conflictos en la familia, planificar actividades conjuntas que les ayuden a fortalecer el vínculo, etc.

Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la depresión infantil, sus causas, síntomas y el tratamiento más adecuado. Los más pequeños pueden sufrir depresión al igual que los adultos, aunque la forma en la que esta se manifiesta en la infancia tiene determinadas particularidades que hacen que a veces sea compleja su detección.

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