Contractura muscular: causas, síntomas y tratamiento

Una contractura muscular es una lesión en la que una contracción persistente, involuntaria y dolorosa de las fibras musculares provoca que un músculo esté en constante tensión. Veamos sus bases clínicas.
Contractura muscular

El cuerpo humano está formado por más de 650 músculos. Por lo tanto, no debe extrañarnos que hasta el 40% de nuestro peso corresponda a la masa muscular, parte indispensable del sistema locomotor con funciones esenciales: sostener los huesos, permitir el movimiento, desarrollar expresiones faciales, levantar pesos, mantener el corazón latiendo…

Aun así, debido a su importancia en funciones principalmente mecánicas, los músculos son susceptibles de sufrir daños. Y problemas en alguna de sus estructuras pueden derivar en lesiones musculares que nos pueden hacer difícil (o imposible) la realización de esfuerzos físicos con ese músculo afectado.

Y de entre todos los problemas que podemos sufrir a nivel muscular, uno de los más frecuentes es, sin duda, la contractura muscular. Una lesión muy común que consiste en una contracción involuntaria y continuada de las fibras musculares que, si bien no suele ser grave, sí que provoca que el músculo dañado esté en constante tensión.

Y en el artículo de hoy, de la mano tanto de nuestro equipo de traumatólogos como de las más prestigiosas publicaciones científicas, veremos qué son las contracturas, por qué aparecen, qué síntomas provocan, cómo pueden prevenirse y de qué maneras pueden ser tratadas. Empecemos.

¿Qué es una contractura muscular?

Una contractura muscular es una lesión que consiste en una contracción persistente, involuntaria y dolorosa de las fibras musculares que hace que el músculo afectado esté en constante tensión, dificultando que este cumpla con sus funciones mecánicas. Se trata de una circunstancia que puede impedir hacer gestos con normalidad o practicar ejercicio sin dolor.

Los músculos son órganos del aparato locomotor formado por tejido muscular cuya unidad más pequeña, funcional y estructural son los miocitos o fibras musculares. Estas fibras tienen apenas 50 micrómetros de diámetro pero su longitud puede llegar a ser de varios centímetros, consistiendo en células multinucleadas (un solo citoplasma pero con varios núcleos) envueltas por lo que se conoce como sarcolema.

El sarcolema es la membrana plasmática de estas células musculares en cuyo interior se encuentra el sarcoplasma, el cual contiene numerosas estructuras longitudinales que reciben el nombre de miofibrillas, las cuales vendrían a ser unos orgánulos intracelulares con propiedades contráctiles y que, por tanto, son las verdaderas responsables de controlar la contracción y relajación del músculo del que forman parte.

Estas miofibrillas, que guían el movimiento del tejido muscular, están formadas por la unión de dos tipos de filamentos que se van alternando: unos delgados compuestos por actina (una proteína de naturaleza globular) y unos gruesos compuestos por miosina (una proteína de naturaleza fibrosa). Y varias de estas fibras musculares se unen para formar el fascículo muscular, los cuales, a su vez se unen para formar el músculo concreto.

Decimos todo esto porque una contractura aparece cuando, por las causas que ahora veremos, las miofibrillas se encuentran en un estado de persistente contracción, sin poder relajarse. Esto es lo que provoca los síntomas dolorosos y de dificultad para la realización del movimiento propias de esta lesión muscular.

Qué es contractura muscular

¿Por qué aparecen las contracturas musculares?

Las contracturas musculares son lesiones muy comunes. Y no solo entre deportistas, pues se estima que hasta el 90% de ellas se deben a la adopción de malas posturas, por lo que pueden afectar a cualquier persona de cualquier edad. Aun así, está claro que su prevalencia es mayor en la población de mayores de 20 años que practican deporte.

Hemos entendido también el origen biológico de estas lesiones, viendo que se deben a una contracción persistente, involuntaria y dolorosa de las miofibrillas que controlan el estado de relajación y contracción de los músculos. Pero, ¿por qué ocurre esto?

Las causas de las contracturas musculares son variadas. En primer lugar, tenemos aquellas que se producen tras un impacto traumático, una situación en la que es posible que el cerebro active la musculatura (induzca la contracción) para proteger a los órganos cercanos al impacto. En cuanto el cerebro induce la relajación, la contractura, que había sido muy rígida y de intenso dolor, se resuelve en, como mucho, 2-3 días.

En segundo lugar, tenemos aquellas que surgen cuando un músculo que está débil (en estado de hipotonía) le obligamos a realizar una fuerte contracción. En ese momento, por exigir más de lo que puede dar, se puede inducir una contracción involuntaria para evitar que suframos una rotura fibrilar. Es muy común entre deportistas.

En tercer lugar, tenemos aquellas que aparecen por deshidratación. Debido a la falta de líquidos (y consecuente acumulación de sustancias tóxicas en el tejido muscular), es posible que surja esta contracción involuntaria de las fibras musculares. Es habitual que surjan problemas cervicales tras una ingesta muy pronunciada de alcohol.

Y en cuarto lugar pero no por ello menos importante, tenemos las contracturas posturales. Estas representan el 90% de los casos y son lesiones que no aparecen de forma súbita como las tres anteriores, sino que el estado muscularmente patológico se va produciendo de manera progresiva y lenta por la adopción de posturas incorrectas. Es muy común que haya problemas en el cuello y la espalda, pues son las regiones más sensibles a pagar las consecuencias de nuestras malas posturas.

En resumen, una contractura muscular aparece generalmente por las siguientes causas: traumatismo, hipotonía (debilidad muscular), deshidratación y malas posturas corporales. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que existen factores de riesgo tales como la edad avanzada (con el tiempo, los músculos pierden elasticidad), el frío, el estrés emocional y el sobreesfuerzo físico.

Causas contractura muscular

¿Cuáles son los síntomas de las contracturas musculares?

Una contracción muscular no es algo dañino. De hecho, sin estas alternancias entre estados de contracción y relajación muscular, la musculatura del cuerpo no podría cumplir con sus funciones. Como hemos dicho, hablamos de contractura muscular y, por tanto, de lesión, cuando esta contracción de las miofibrillas musculares es persistente, involuntaria y dolorosa.

Evidentemente, los síntomas y la gravedad de los mismos dependen de la extensión de la contracción, del músculo afectado, de la causa de fondo (que ya las hemos visto), de los factores de riesgo que cumplamos, del grado de contracción muscular que estamos sufriendo y de la localización exacta de la lesión.

En este sentido, los principales síntomas de una contractura muscular son el dolor, la rigidez en el músculo, la reducción en la capacidad de movimiento del músculo, sensación de debilidad muscular y dificultad (o imposibilidad) de realizar esfuerzos físicos con la región anatómica dañada.

Pero, ¿son graves las contracturas musculares? No. Algunas veces, dependiendo de su localización (imaginemos una contractura en algún músculo de la zona torácica), pueden parecer alarmantes. Pero no lo son. Las contracturas son lesiones musculares poco graves pero sí molestas.

Ahora bien, que no sean graves no significa que no debamos buscar tratamiento. De hecho, pese a que no vaya a provocarnos problemas serios, si no solicitamos atención ni intentamos resolver la situación, la sintomatología puede empeorar e incluso, si se retrasa mucho la recuperación en casos más graves, puede ser muy complicado volver a recuperar el rango normal de movimiento de ese músculo. Por ello, es muy importante saber cómo prevenirlas y, en caso de que surjan, cómo tratarlas.

Síntomas contractura muscular

¿Cómo se pueden prevenir y curar las contracturas musculares?

Como bien dicen, más vale prevenir que curar. Y aunque no sea con una eficacia plena, las contracturas musculares pueden prevenirse con los siguientes consejos que veremos a continuación. Aun así, en caso de que sufras alguna, no te preocupes. Es una lesión leve (aunque haya casos que puedan ser muy molestas y dolorosas) que puede abordarse con el tratamiento adecuado.

Prevención de las contracturas musculares

Como hemos dicho, hasta el 90% de las contracturas aparecen por la adopción de malas posturas. Así que la primera estrategia de prevención es muy clara: aprender buenos hábitos posturales. Debemos estar sentados con la espalda recta, sin tensión en el cuello, y realizar estiramientos en las regiones anatómicas que más estamos cargando cada, como mínimo, una hora.

Esta es la prevención para la población general. Y en caso de que hagas deporte, debes incluir siempre ejercicios de calentamiento (especialmente si hace frío, que es cuando la musculatura es más sensible a sufrir contracturas) y no detener abruptamente la actividad física, sino hacerlo con calma.

Del mismo modo, es interesante hacer una programación progresiva del ejercicio. Es decir, ir de menos a más intensidad. También se recomienda hacer ejercicios para favorecer la flexibilidad y, en caso de que seamos propensos a sufrir contracturas, realizar masajes o aplicar calor en los músculos que más problemas nos suelen dar.

Prevención contractura muscular

Tratamiento de las contracturas musculares

Ojalá todas las contracturas pudieran prevenirse. Pero no es así. Aun así, si sufres una, existen tratamientos para abordarlas. Lo primero que debe hacerse tras su aparición es aplicar calor seco durante unos 15 minutos, además de realizar suaves (y es importante que sean suaves) estiramientos lentos y controlados del músculo afectado.

Si en un lapso de 48-72 horas la contractura no desaparece (que normalmente lo hace), entonces deberíamos ponernos en manos de un profesional. Lo mejor es acudir a un osteópata o un fisioterapeuta, que valorará la situación, el desencadenante y la gravedad de la contractura e indicará un abordaje u otro.

Las contracturas suelen curarse con la administración de medicamentos miorelajantes y/o antiinflamatorios (van por prescripción y solo se recetan si el dolor es intenso), la aplicación de calor local (relaja el músculo y tiene poder analgésico) y, sobre todo, los masajes, que deben ser realizados por expertos para aumentar el flujo sanguíneo, inducir la relajación del músculo, reducir el dolor y mejorar la recuperación del tejido muscular. Para los masajes, debemos ponernos en manos de un fisioterapeuta, pues de lo contrario el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Evidentemente, todo depende del músculo y de la gravedad, pero la recuperación de una contractura muscular oscila entre los 5 y los 10 días. Puede ser más o menos, pero siempre habrá que tener en cuenta que, después de la recuperación, tendremos que volver a preparar la musculatura para poder practicar deporte con normalidad.

Tratamiento contractura muscular
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