Los 7 tipos de mareos (causas y síntomas)

Un mareo es un trastorno del equilibrio en el que, en un episodio de mayor o menor duración, la persona pierde la capacidad de percibir correctamente el espacio que le rodea por una llegada insuficiente de sangre al cerebro.

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Absolutamente todos nosotros nos hemos mareado alguna vez y hemos tenido esa sensación de estar a punto de desmayarnos o de que no somos capaces de percibir el espacio que nos rodea de una forma normal. Y es que los trastornos del equilibrio son uno de los motivos de consulta médica más frecuentes en todo el mundo.

Cuando estos trastornos aparecen en forma de episodios de mayor o menor duración, la persona puede tener dificultades para mantenerse en pie, puede notar que está a punto de caerse a pesar de estar perfectamente estático, puede notar que su visión se nubla o puede experimentar la sensación de que todo da vueltas en su cabeza.

Todos hemos tenido algún episodio de pérdida del equilibrio en algún momento ya que hay infinidad de causas que pueden derivar en esta condición. Y es así como entran en juego los tan famosos mareos, unos trastornos del equilibrio leves que surgen esporádicamente normalmente por razones externas a la biología de la persona, a diferencia del vértigo, un fenómeno más grave que sí que se debe a algún trastorno interno del organismo.

Así pues, en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a indagar en la naturaleza clínica de los mareos para comprender su origen, causas y manifestaciones pero, sobre todo, para descubrir que no existe un único tipo de mareo, sino que estos se pueden clasificar en distintos tipos, cada uno de ellos con sus particularidades.

¿Qué es un mareo?

Un mareo es un trastorno del equilibrio leve y transitorio que cursa con aturdimiento, falsa sensación de desmayo y desequilibrio. Se trata, en realidad, de un término popular clínicamente inexacto que usamos para referirnos a la sensación de desvanecimiento, al desequilibrio, a la sensación de estar “flotando”, al nublamiento de la visión, a la sensación de estar a punto de caerse, a la dificultad para mantenerse en pie, a la sensación de que todo da vueltas en la cabeza e incluso a la sensación de movimiento cuando en realidad no hay.

Sea como sea, se trata de una leve sensación de aturdimiento que surge esporádicamente normalmente por razones externas a la biología de la persona, por lo que no se trata (en la inmensa mayoría de casos) del síntoma de ninguna enfermedad. Así, es un trastorno ocasional que aparece en personas perfectamente sanas.

Y es que los episodios de mareo tienden a surgir cuando al cerebro no está llegando la suficiente sangre. Esta condición puntual puede deberse a una disminución repentina (sin tener por qué estar ligada a patología) de la presión arterial, dar vueltas muy rápido, tener ansiedad, pasar mucho calor, estar nerviosos, estar deshidratados, ver algo desagradable, hacer un esfuerzo físico muy intenso…

Todo esto puede hacer que, en un momento concreto y durante un breve lapso de tiempo ya que el sistema circulatorio rápidamente resuelve la situación y la circulación regresa a la normalidad en breves instantes, el cerebro deje de recibir la cantidad necesaria de sangre, por lo que durante un corto tiempo podemos experimentar los síntomas tradicionales del mareo.

Unos síntomas que, como hemos dicho y al tratarse de una situación leve, se limitan a creer que vamos a perder el conocimiento y desmayarnos (algo muy poco frecuente a excepción, quizás de las mujeres embarazadas, donde es relativamente habitual que terminen con un desmayo), a experimentar algo de debilidad y a que se nuble la vista.

Los episodios de mareo, pues, que se resuelven por sí solos en unos pocos segundos en cuanto se restablece la circulación sanguínea (no suelen extenderse nunca más de un minuto), prácticamente nunca van ligados a complicaciones. Además, a diferencia del vértigo, una condición que, como hemos dicho, es más compleja a nivel clínico y grave a nivel de sintomatología, el mareo es más fácilmente prevenible.

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Evitando cambios bruscos de postura, levantándonos lentamente después de estar tumbados o sentados, evitando pasar mucho calor, manteniéndonos hidratados y evitando situaciones que nos puedan generar aprensión pueden prevenirse muchos episodios de mareo. Ahora bien, debemos tener claro que el mareo puede sufrirlo cualquier persona en cualquier momento.

Y es que si bien suelen ser más comunes a una edad avanzada ya que es cuando los problemas circulatorios tienden a provocar alteraciones, lo cierto es que todos los adultos (en niños son menos comunes, pero pueden aparecer también) son susceptibles y la incidencia del mareo, pues, es máxima en la población.

Eso sí, excepto para casos puntuales, el mareo, al ser un trastorno de corta duración y de naturaleza leve, no requiere de tratamiento. Y es que cualquier medicación, por sus posibles efectos secundarios, sería peor que el trastorno en sí. Además, no se puede prever cuando va a aparecer un episodio. Por ello, lo que debemos hacer, cuando nos mareemos, es apoyarnos en algún sitio, quedarnos quietos y descansar hasta que se restablezca la circulación sanguínea al cerebro.

Ahora bien, ¿existe un único tipo de mareo? No. Ni mucho menos. Dependiendo de su naturaleza clínica, existen muchas clases distintas de mareos. Y es precisamente por este motivo que realizar una clasificación de los mismos, teniendo en cuenta su frecuencia en la población, ha sido absolutamente necesario. Y a continuación vamos a profundizar en ella.

¿Qué clases de mareos existen?

Tras comprender las bases clínicas generales del mareo, estamos más que preparados para indagar en el tema que nos ha reunido hoy aquí: la clasificación de este trastorno del equilibrio. Por ello, a continuación vamos a describir las particularidades de los distintos tipos de mareos que existen.

1. Mareo de desequilibrio

El mareo de desequilibrio es aquel en el que la principal manifestación es la sensación de perder el equilibrio, es decir, de que nos vamos a caer ya que perdemos la correcta percepción del espacio que nos rodea. En esta manifestación, es muy importante quedarnos quietos y apoyarnos en algún sitio para evitar que, del propio desequilibrio, nos caigamos.

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2. Mareo con presíncope

El mareo con presíncope es aquel en el que la principal manifestación es la sensación de que estamos a punto de desmayarnos. Es decir, pese a que puede existir también la falta de equilibrio, el síntoma principal es que tenemos la percepción de que vamos a perder el conocimiento. Se denomina “presíncope” porque es solo una sensación. La persona no llega a desmayarse al experimentar el mareo, a excepción de casos muy concretos, especialmente en embarazadas.

3. Mareo con aturdimiento

El mareo con aturdimiento es aquel en el que la principal manifestación es la sensación de estar aturdido. Es decir, el síntoma asociado más importante es el aturdimiento, con la sensación de estar muy débil de forma súbita, de no poder concentrarse, de no reaccionar adecuadamente a los estímulos y, en definitiva, sentirse “atontado” durante el tiempo que dura el episodio de mareo.

4. Mareo ligado a vértigo

El mareo ligado a vértigo es aquella condición en la que el mareo, en cualquiera de sus manifestaciones, es un síntoma de un trastorno del equilibrio más grave: el vértigo. El vértigo es un trastorno grave e incapacitante en el que, por alguna alteración en la fisiología del paciente, este experimenta unos episodios en los que la falsa sensación de que él y/o lo que le rodea viene acompañado de signos clínicos muy incapacitantes donde el mareo es solo uno de ellos.

El vértigo es un trastorno con una incidencia de aproximadamente el 3% ligado, generalmente, a alteraciones en la fisionomía del oído, en las estructuras que controlan el equilibrio, aunque también puede tener su origen en el propio cerebro. Se trata de una condición grave en la que los episodios, que pueden prolongarse horas e incluso días, impiden que la persona pueda desarrollar sus actividades.

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5. Mareo por malestar emocional

El mareo por malestar emocional es aquel que surge como consecuencia de algún tipo de sufrimiento a nivel psicológico. Puede deberse a la experimentación de una situación estresante, a ver algo desagradable o a sufrir estrés, pero a nivel clínico, la forma más relevante es aquella en la que el mareo es un síntoma de un trastorno de ansiedad que somatiza con esta alteración del equilibrio en los episodios de dicha ansiedad.

6. Mareo secundario a patología

Por mareos secundarios a patología entendemos todos aquellos casos en los que el mareo es el síntoma de algún trastorno orgánico, como puede ser la hipertensión, el insomnio, la anemia, el dolor de espalda, etc. También se incluyen aquí aquellos mareos que aparecen como consecuencia de alteraciones puntuales como la deshidratación, un golpe de calor o la práctica de actividad física demasiado intensa.

7. Mareo por embarazo

Los mareos por embarazo son aquellos que se desarrollan en mujeres embarazadas como consecuencia de la propia gestación. En este caso, el trastorno del equilibrio emerge a raíz de los incrementos hormonales que hacen que los vasos sanguíneos se ensanchen, algo que reduce la presión arterial y que, por tanto, puede hacer que surjan estos episodios de mareo. Son un problema habitual y normal del embarazo que no indican que esté pasando nada malo ni a la mujer ni al bebé.

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