Las 7 diferencias entre Alzheimer y Parkinson (explicadas)

El Alzheimer y el Parkinson son dos enfermedades neurodegenerativas responsables que, sin embargo, tienen unas bases clínicas muy distintas. Un análisis de las diferencias entre ambas patologías en lo que a causas, síntomas y tratamiento se refiere.

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Las enfermedades neurológicas son todas aquellas patologías que afectan al sistema nervioso tanto central como periférico. Así pues, se trata de trastornos que, por factores intrínsecos o extrínsecos, provocan que el cerebro, la médula espinal o los nervios periféricos no funcionen como es debido. Y, como es evidente, cualquier fallo en el sistema nervioso, encargado de regular la comunicación entre las distintas estructuras del organismo, tiene graves consecuencias en la salud.

De ahí que, pese a que cientos de millones de personas sufran trastornos neurológicos en el mundo, sigan siendo un tema tabú. Existen muchas enfermedades neurológicas distintas, como por ejemplo la epilepsia, la migraña, los ictus, la esclerosis múltiple, la ELA, el aneurisma cerebral, el síndrome de Guillain-Barré… Y así hasta completar la lista de las más de 600 patologías que afectan al sistema nervioso reconocidas.

Pero de entre todas estas, hay dos enfermedades que generan preocupación y confusión a partes iguales. Estamos hablando, por supuesto, del Alzheimer y del Parkinson. Dos trastornos vinculados a un proceso neurodegenerativo que se desarrollan durante la tercera edad pero que, sin embargo, tienen unas bases clínicas muy distintas que son importantes conocer.

Por ello, en el artículo de hoy y para responder a todas las dudas que puedas tener, vamos a indagar, de la mano, como siempre, de las más prestigiosas publicaciones científicas, en la naturaleza de ambas enfermedades neurológicas, definiéndolas y presentando una selección de las principales diferencias entre el Parkinson y el Alzheimer en forma de puntos clave. Empecemos.

¿Qué es el Alzheimer? ¿Y el Parkinson?

Antes de entrar en profundidad y presentar las diferencias clave entre estas enfermedades, es interesante (e importante también) que nos pongamos en contexto y tomemos perspectiva definiendo ambos trastornos neurológicos. De este modo, sus similitudes y sobre todo sus diferencias empezarán a quedar claras. Veamos, pues, qué es exactamente el Alzheimer y qué es el Parkinson.

Enfermedad de Alzheimer: ¿qué es?

La enfermedad de Alzheimer, la causa de demencia más común en el mundo, es un trastorno neurológico en el que se observa un progresivo deterioro de las neuronas cerebrales. Con esta patología neurodegenerativa, las células nerviosas del cerebro van degenerándose poco a poco hasta morir. Se estima que entre el 50% y el 70% de los casos de demencia en el mundo (50 millones de casos) corresponden al Alzheimer.

El Alzheimer, que suele aparecer casi siempre después de los 65 años de edad, ocasiona una lenta pero continua e irreversible pérdida de la capacidad mental, cosa que deriva en una pérdida de las habilidades físicas, conductuales, sociales y, por tanto, de la autonomía del paciente, que termina viéndose incapaz de vivir de forma independiente.

Después de varios años de progreso de la enfermedad, el Alzheimer termina provocando un grave deterioro de la memoria (primero de la corto plazo y en etapas avanzadas, de la de largo plazo), del habla, de la comprensión, del comportamiento, de las capacidades físicas, de la orientación, del razonamiento, del control de las emociones y, ya en última instancia, cuando el daño neurológico es tan grave que el cerebro ni siquiera es capaz de mantener estables las funciones vitales, la persona muere a causa de la patología.

Además, pese a que existen distintos factores de riesgo (donde se incluye incluso y por sorprendente que parezca, la higiene dental), sus causas exactas siguen siendo un misterio. Este desconocimiento de su origen exacto es lo que impide que encontremos una forma de prevenir la aparición de una enfermedad que borra nuestros recuerdos, que termina siendo letal y que, por si esto fuera poco, no tiene cura al igual que ocurre con el resto de trastornos neurológicos.

Al no existir cura, pese a que sí que haya tratamientos farmacológicos con administración de medicamentos que mejoran los síntomas temporalmente para que la persona pueda mantener su autonomía el mayor tiempo posible, no hay forma de impedir que la enfermedad del Alzheimer progrese hasta su fatídico desenlace.

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Enfermedad de Parkinson: ¿qué es?

La enfermedad de Parkinson es una patología neurológica que afecta a las habilidades motoras y que provoca problemas en el movimiento. Los síntomas, que evolucionan gradualmente, suelen empezar con un temblor levemente perceptible en las manos cuando están en reposo, pero progresivamente van empeorando.

Así pues, el Parkinson presenta unos síntomas que, si bien son particulares de cada persona y comienzan siendo leves, suelen incluir temblores y sacudidas en las extremidades, lentitud en los movimientos, pérdida de movimientos involuntarios, cambios en el habla, alteraciones en la escritura, rigidez muscular, alteración de equilibrio, adopción de una postura encorvada, etc.

Paralelamente a esta sintomatología principal asociada, como vemos, a problemas motores, suelen aparecer signos clínicos adicionales tales como problemas con el control de la vejiga, trastornos del sueño, dificultades para masticar y tragar, cambios emocionales, problemas para pensar con claridad, estreñimiento, cambios en la presión arterial, dolor generalizado, cansancio, alteraciones en el sentido del olfato, disfunción sexual e incluso depresión.

Aun así, y pese a que como ocurre con las enfermedades neurológicas se desconocen las causas exactas, no existe prevención y no hay cura, el Parkinson es una enfermedad crónica pero no letal. Es decir, el paciente no fallece a causa de la enfermedad en sí, pues la neurodegeneración no llega a alterar la actividad de los órganos vitales. De todos modos, el tratamiento farmacológico es importante para aliviar la sintomatología y reducir el riesgo de las ya mencionadas complicaciones.

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Alzheimer y Parkinson: ¿en qué se diferencian?

Tras analizar las bases clínicas de ambas enfermedades neurológicas, seguro que las diferencias entre ellas han quedado más que claras. Aun así, por si necesitas (o simplemente quieres) disponer de la información con un carácter más visual y esquemático, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias entre Parkinson y Alzheimer en forma de puntos clave.

1. El Alzheimer es una forma de demencia; el Parkinson, no (no siempre)

Una de las diferencias más importantes. Y es que la demencia es una consecuencia inevitable del desarrollo del Alzheimer, pues, de hecho, esta enfermedad es la principal causa de demencia en el mundo, representando entre el 50% y el 70% de los casos. Así pues, con el Alzheimer se ve alterado siempre el pensamiento, la memoria y las habilidades sociales.

Esto no ocurre con el Parkinson. Es cierto que pacientes con Parkinson pueden desarrollar demencia como complicación, generalmente asociada a la depresión, pero en la mayoría de casos no. Y cuando surge demencia, esta tiene unas características distintas a la del Alzheimer, pues con ayuda pueden presentar un rendimiento cognitivo prácticamente normal.

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2. En el Alzheimer se produce pérdida de memoria; en el Parkinson, no

La pérdida de memoria es uno de los rasgos más comunes y devastadores del Alzheimer, pues la neurodegeneración de esta enfermedad se asocia siempre con una pérdida de los recuerdos y con la incapacidad de crear nuevas memorias. Por ello siempre está asociado con la demencia.

En el Parkinson, en cambio, la memoria suele mantenerse intacta. Y cuando se desarrolla demencia y dicha memoria se ve afectada, la alteración está más asociada con dificultades para recuperar recuerdos que para crear de nuevos.

3. Los temblores son típicos en el Parkinson, raros en el Alzheimer

En lo que a sintomatología se refiere, los temblores en las extremidades, generalmente en las manos, son uno de los más notorios (y primeros) síntomas del Parkinson. Y es que como hemos dicho, la neurodegeneración en el Parkinson está muy ligada a la alteración de las habilidades motoras, con temblores, rigidez muscular y dificultades en el movimiento.

En el Alzheimer, en cambio, si bien evidentemente también hay una pérdida de habilidades físicas, la neurodegeneración se focaliza más en la demencia y síntomas cognitivos. En este contexto, los temblores en las extremidades, pese a que pueden existir, son un síntoma extraño.

4. La edad de aparición es más temprana en el Parkinson

La edad de aparición es distinta en ambas enfermedades. El Alzheimer suele tener una aparición más tardía, generalmente después de los 65 años. En cambio, muchos casos de Parkinson empiezan a dar síntomas a partir de los 50 años, con pocos casos diagnosticados después de los 65, que es cuando llegan prácticamente todos los de Alzheimer.

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5. El Alzheimer es una enfermedad mortal; el Parkinson, no

En el Alzheimer, después de varios años de progreso, la neurodegeneración es tan grave que el cerebro ya no es capaz de mantener estables las funciones vitales, por lo que la persona termina falleciendo por causa directa de la enfermedad. En el Parkinson, esto no ocurre. La neurodegeneración no provoca la muerte directa del paciente, el cual, a no ser que por complicaciones derivadas de la patología sufra problemas de salud graves, va a tener una esperanza de vida normal.

6. El Alzheimer tiene una incidencia mayor que el Parkinson

La incidencia del Alzheimer es mayor que la de Parkinson. Y es que mientras que en todo el mundo hay unos 24 millones de casos de Alzheimer, de Parkinson hay unos 10 millones. Aun así, ambas son relativamente comunes y, por ello, es tan importante seguir investigando las bases clínicas de dos patologías que, por ahora, son incurables.

7. La pérdida de autonomía tiene un origen distinto

Un paciente con cualquiera de las dos enfermedades termina perdiendo su autonomía, pero las causas de ello son distintas. Mientras que en el Alzheimer la pérdida de independencia se da principalmente por la demencia, es decir, por la afectación a la memoria, razonamiento, pensamiento, orientación, etc; en el Parkinson esta pérdida de autonomía se da básicamente por la pérdida de habilidades motoras.

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