Atención Temprana: ¿qué es y por qué es tan importante?

La atención temprana abarca un conjunto de intervenciones que permiten estimular precozmente el desarrollo de los niños de entre 0 y 6 años, especialmente aquellos que sufren trastornos o déficits o riesgo de padecerlos.

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Cuando un bebé nace con algún tipo de deficiencia, esto genera un gran impacto en su familia. Afortunadamente, el conocimiento acerca de la discapacidad ha mejorado notablemente en los últimos años, lo que ha permitido reconocer la importancia de intervenir con prontitud para obtener los mejores resultados terapéuticos. Atender las necesidades de estos niños implica no solo tratar, sino también rehabilitar y prevenir.

Es decir, es importante combinar las acciones de tipo asistencial con aquellas encaminadas a la prevención, de forma que se potencie al máximo la capacidad de desarrollo y bienestar del niño o niña con discapacidad. Lo ideal es que las personas de todos los ámbitos de su vida (colegio, familia, sociedad…) se impliquen de forma coordinada para conseguir que tenga la mejor calidad de vida posible.

Uno de los mayores avances relacionados con el abordaje de la discapacidad en la infancia ha sido el desarrollo del campo conocido como Atención Temprana. Esta consiste en un conjunto de intervenciones orientadas a los pequeños de entre 0 y 6 años, sus familias y entorno. El fin último que se persigue es el de dar respuesta precoz a las necesidades de aquellos niños y niñas con trastornos del desarrollo.

La atención temprana se caracteriza por ser un campo multidisciplinar, en el que trabajan en equipo profesionales de la psicología, la logopedia, la fisioterapia… formados específicamente para intervenir en trastornos del desarrollo. En este artículo vamos a profundizar acerca de qué es la atención temprana y por qué es tan importante.

¿Qué es la atención temprana?

La atención temprana consiste en un conjunto de intervenciones orientadas a los niños y niñas de entre 0 y 6 años que sufren trastornos del desarrollo o un elevado riesgo de padecerlos. Estas tienen como objetivo dar respuesta a las necesidades de estos pequeños, teniendo en cuenta su entorno y sus particularidades. La atención temprana permite corregir los trastornos existentes o estimular capacidades compensatorias, lo que permite exprimir al máximo el potencial de cada niño y mejorar la calidad de vida.

Por desgracia, la atención temprana aún no está al alcance de todas las personas. Aunque existen centros públicos que ofrecen este tipo de servicio, estos con frecuencia se encuentran desbordados, por lo que muchas veces los padres deben costear la intervención de Atención Temprana en centros privados.

En cualquier caso, el proceso siempre comienza con una primera entrevista inicial, en la que el profesional procurará recabar toda la información necesaria y relevante, como datos médicos, escolares, familiares, etc. En este primer encuentro también se explica a los padres qué es exactamente la Atención Temprana, ya que muchas veces la propia familia desconoce lo que implica y qué se puede conseguir con esta intervención.

A continuación, se realizará una valoración del niño o niña, para lo cual se recurre no sólo a la observación, sino también a diversos tipos de pruebas específicas. Con los resultados obtenidos, el profesional elaborará un informe completo que se cierra concluyendo si ese menor necesita o no participar en un programa de estimulación temprana.

En aquellos casos en los que la Atención Temprana sí sea necesaria, se deberá elaborar un programa de intervención ajustado a cada niño, dependiendo de sus déficits y sus particularidades. En el transcurso de la intervención será esencial el uso del juego como herramienta, ya que a través de él se logra motivar al niño al mismo tiempo que se estimula su desarrollo.

En términos generales, la atención temprana persigue los siguientes objetivos:

  • Reducir los efectos de la discapacidad o trastornos del desarrollo sobre los niños y sus respectivas familias.
  • Favorecer el desarrollo de los niños de forma global a lo largo de la primera infancia (0-6 años).
  • Contribuir a romper barreras y favorecer la adaptación a las necesidades propias de cada niño.
  • Reducir en la medida de lo posible la aparición de déficits secundarios derivados del trastorno o patología.
  • Atender las necesidades de la familia y los demás contextos del niño afectado, como por ejemplo el colegio.
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¿Por qué es importante la atención temprana?

La atención temprana ha surgido hace tan sólo unas décadas, por lo que es una disciplina joven. La lógica que ha llevado a la aparición de este tipo de intervenciones tiene que ver con lo que se conoce como plasticidad cerebral. Esta se define como la capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y su funcionamiento en respuesta a la adversidad. La neuroplasticidad permite a nuestras neuronas regenerarse a nivel anatómico y funcional, facilitando la creación de nuevas conexiones sinápticas. Por tanto, un cerebro plástico es aquel capaz de recuperarse y reestructurarse para adaptarse cuando se producen trastornos y lesiones.

Se conoce que esta capacidad de regeneración no es igual a lo largo de la vida. De esta forma, los primeros años de vida son aquellos en los que la neuroplasticidad se encuentra en su nivel máximo, por lo que el cerebro es mucho más capaz de desarrollar mecanismos compensatorios en aquellos niños con patologías o déficits. Es por esto que la atención temprana cobra tanta importancia, ya que desde este ámbito se interviene aprovechando, precisamente, esos años clave de gran plasticidad.

Los primeros años del desarrollo infantil no son sólo cruciales por este motivo, sino también porque es en estos primeros momentos cuando se adquieren habilidades básicas a nivel motriz, perceptivo, lingüístico, cognitivo y social, que posibilitará el desarrollo personal y social del niño. Cuando no se produce la estimulación adecuada, ya sea por un entorno desfavorable o por la presencia de enfermedades, discapacidades y síndromes, el curso evolutivo puede verse seriamente comprometido, dejando secuelas irreversibles.

Es por ello que la estimulación temprana se hace especialmente relevante, ya que gracias a ella es posible obtener notables beneficios en la motricidad voluntaria, el rendimiento intelectual, el desarrollo del lenguaje y el manejo de las habilidades académicas y sociales. De esta forma, aunque los genes determinan ciertas afectaciones, los factores ambientales pueden actuar estimulando o inhibiendo la expresión de ciertas características genéticas. En otras palabras, el desarrollo es el resultado de la interacción entre los genes con los que nacemos y el entorno en el que nos encontramos, por lo que hacer de este último uno rico y estimulante puede marcar la diferencia.

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¿Qué niños pueden recibir Atención Temprana?

Aunque en todo momento hemos hablado de la atención temprana como estrategia para intervenir en aquellos niños con discapacidad, lo cierto es que este ámbito también es aplicable a niños con un desarrollo normativo. En general, podemos distinguir tres poblaciones diana de esta disciplina:

  • Población infantil general:

En los niños sanos la estimulación temprana también puede ser de ayuda, pues permite prevenir la aparición de posibles problemas en el desarrollo.

  • Población infantil de riesgo:

La atención temprana también atiende aquellos niños que, si bien no han desarrollado un trastorno por el momento, sí que están expuestos a factores de riesgo que pueden interferir en su curso evolutivo, por lo que se busca prevenir. Los factores de riesgo se pueden dar en dos niveles: biológico y socio-ambiental.

A nivel biológico, cabe destacar el especial riesgo de aquellos niños prematuros, con bajo peso al nacer, asfixia intraparto y permanencia en unidades de cuidados intensivos neonatales. Todo ello puede dar pie a problemas neurológicos y alteraciones sensoriales. En este sentido también hablamos de riesgo en aquellos niños con antecedentes familiares de discapacidad visual o auditiva.

A nivel socio-ambiental, es importante destacar el riesgo de aquellos niños procedentes de ambientes socioeconómicos desfavorecidos, con drogadicción, negligencia parental, maltrato, etc. Todas estas condiciones impiden que el pequeño crezca en un contexto adecuado de cuidados, seguridad y afecto, que puede repercutir seriamente en su crecimiento y desarrollo en los primeros años de vida.

  • Población infantil con trastornos del desarrollo:

Por supuesto, la atención temprana permite atender a aquellos niños con problemas del desarrollo ya manifiestos, por lo que en este caso hablamos de una vertiente más asistencial y no preventiva.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la atención temprana, una disciplina que permite estimular a los niños de entre 0 y 6 años, especialmente aquellos que sufren algún déficit o patología que afecte a su desarrollo evolutivo. La atención temprana es un ámbito joven que comenzó a desarrollarse en los últimos años. Los conocimientos sobre la plasticidad cerebral extraídos de las investigaciones han permitido saber que el cerebro posee su capacidad máxima de ajustarse a la adversidad en los primeros años de vida.

Es por ello que estos momentos de la infancia deben ser aprovechados para realizar intervenciones específicas, de forma que el cerebro de estos niños pueda ser estimulado para poner en marcha mecanismos de compensación. Esto permite exprimir al máximo el potencial de cada niño, evitar secuelas y déficits secundarios, lo que se traduce en una mejor calidad de vida no sólo del propio menor sino también de su familia.

Aunque los genes tienen un peso importante en el desarrollo, su expresión se ve modulada por factores ambientales. Por este motivo, la atención temprana puede ser interesante para reducir el impacto que los trastornos tienen en el niño y su bienestar. Por desgracia, los servicios públicos de atención temprana suelen verse desbordados por la falta de profesionales, por lo que muchos padres deben acudir a centros privados para obtener una atención de calidad.

Normalmente, el proceso siempre comienza con una entrevista que permita recabar datos acerca del niño y su situación. Además, se realizará una valoración de su estado mediante la observación y el uso de pruebas específicas. Todo ello permitirá determinar si es necesario intervenir y, en caso de que así sea, que programa individualizado se diseñará para él.

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