3 consecuencias psicológicas de la Sobrecarga Informativa (infoxicación)

La sobrecarga informativa, también conocida como infoxicación, es un fenómeno por el cual algunas personas se sienten desbordadas ante una cantidad de información que supera su capacidad de asimilación.

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El avance vertiginoso de las tecnologías nos ha llevado a disponer de todo tipo de información a golpe de click. Es tan sencillo como teclear algunas palabras para obtener millones de resultados al instante. Aunque esto ha supuesto un importante avance para el progreso de la sociedad y ha acercado el conocimiento a todo el mundo, no todos los efectos de esta revolución tecnológica son positivos.

Sin duda alguna vivimos en la época histórica en la que mayor información se ha difundido hasta la fecha. La cantidad de datos que recibimos es tal que resulta excesiva, hasta el punto de poder sentirnos desbordados por ella.

Por esta razón, se ha comenzado a hablar de un fenómeno conocido como sobrecarga informativa. Este hace referencia al efecto nocivo que puede tener una ingente cantidad de información sobre nuestro bienestar psicológico.

Este mal del mundo moderno afecta a una gran parte de la población, y sus efectos comienzan a ser cada vez más evidentes. Por ello, en este artículo trataremos de profundizar acerca de qué es la sobrecarga informativa y cómo puede mermar nuestro bienestar.

¿Qué es la sobrecarga informativa?

La sobrecarga informativa, también conocida como infoxicación (intoxicación de información), es un fenómeno por el cual algunas personas se sienten desbordadas ante una cantidad de información que supera su capacidad de asimilación.

El término comenzó a ser utilizado en 1970 por el sociólogo Alvin Toffler. Sin embargo, desde entonces las cosas han cambiado mucho y la cantidad de información a la que estamos expuestos ha crecido de forma exponencial.

Antaño, la población recibía una información mucho más escasa, de forma que esta era previamente filtrada para luego ser difundida mediante unos pocos canales de comunicación. Sin embargo, hoy en día debemos asimilar información mucho más variada y extensa, que además llega a nosotros por infinidad de vías.

Esto puede impedirnos extraer conclusiones claras debido a la saturación, así como tomar decisiones y saber cómo actuar en las distintas situaciones. El bombardeo de tanta información puede incluso generar elevados niveles de estrés debido a la sensación de estar desbordado.

¿Por qué se produce la sobrecarga informativa?

El fenómeno de la sobrecarga informativa es multifactorial y está relacionado con diversas causas.

  • Reaseguración: A veces, podemos creer que cuantas más fuentes de información revisemos más acertadas serán nuestras conclusiones. Por ello, para asegurarnos analizamos muchos más datos de los que realmente podemos procesar. Así, cuando la cantidad de información supera nuestro umbral de asimilación, podemos colapsar sin sacar ninguna idea en claro.

  • Quedarse en lo superficial: En la era en la que vivimos estamos saturados de titulares llamativos que muchas veces caen en el sensacionalismo. Quedarnos en lo superficial puede llevarnos a difundir información sin filtro, de manera que contribuimos a expandir titulares y contenidos sin detenernos a analizar su calidad.

  • Demasiados canales: Tal y como comentamos anteriormente, el número de canales mediante los cuales recibimos información ha aumentado mucho en los últimos años. Es prácticamente imposible aislarse de este influjo, pues recibimos contenido a través de las distintas redes sociales, la televisión, la radio…Recibir información por tantas fuentes hace que nos podamos sentir agobiados e incapaces de analizarla de forma consciente y profunda.

  • Comparaciones: Muchas veces queremos contrastar datos, pero realizamos comparaciones entre una cantidad de datos demasiado grande. Así, terminamos por entrar en un estado de bloqueo sin poder extraer ninguna conclusión.

  • Miedo: La sociedad en la que vivimos nos ha acostumbrado a vivir bajo este influjo continuo de información que se difunde y actualiza a toda velocidad. De esta manera, cuando intentamos tomar distancia y cortar el bombardeo diario que recibimos, podemos sentirnos vacíos e incluso experimentar un enorme temor a perdernos algo muy importante y estar desconectados en una realidad interconectada.

  • Factores personales: El hecho de sentirnos sobrecargados ante la información también puede verse influido por cuestiones personales, como es la hora del día, la calidad de nuestro descanso, nuestro nivel de motivación, etc.

  • Características de la información: La manera en la que se presenta la información también juega un papel importante respecto al grado de sobrecarga. La información poco confiable o demasiado ambigua, así como aquella que se presenta simultáneamente junto a otra, puede favorecer la infoxicación.

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3 consecuencias psicológicas de la infoxicación

A continuación, vamos a comentar algunas de las consecuencias psicológicas más comunes de la sobrecarga informativa.

1. Disminución de la atención

Una primera consecuencia de la sobrecarga informativa es la reducción de nuestra atención. Al manejar un volumen de información superior al que nuestro sistema cognitivo puede tolerar, tendemos a ser menos capaces de mantener nuestra atención y concentrarnos, pues esta debe ser distribuida entre muchas fuentes distintas de datos.

2. Desinformación

Paradójicamente, el exceso de información suele conducir a la desinformación. De esta manera, en lugar de profundizar en lo que nos llega, tendemos a quedarnos en los titulares. Así, solemos extraer conclusiones equivocadas, llegando a estar más desinformados que antes.

3. Síndrome de sobrecarga informativa

En el peor de los casos, se habla del llamado síndrome de sobrecarga informativa. Este nombre se refiere a una condición por la cual una persona se siente sobrepasada por el exceso de información que recibe. Entre los síntomas que pueden aparecer se incluyen el estrés, la ineficiencia en el trabajo, la dificultad para tomar decisiones, la confusión, etc.

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Un ejemplo: la pandemia por COVID-19

La pandemia por COVID-19 es un ejemplo muy ilustrativo de lo que constituye la sobrecarga informativa. Durante los últimos años en los que este virus puso en vilo al mundo, la información ha llegado en avalancha por todo tipo de fuentes, lo que ha suscitado muchas veces niveles elevados de estrés en la población.

A pesar de que mucha de la información difundida era cierta, también hubo cabida para todo tipo de bulos, noticias falsas e incluso teorías conspirativas. Esto produjo confusión y desinformación en los individuos, que se encontraron ante información contradictoria y de dudosa procedencia que muchas veces fue asumida como válida.

Esto muchas veces se tradujo en la implementación de medidas erróneas para el adecuado control de la infección, favoreciendo los contagios o el uso de tratamientos contraindicados. Los propios profesionales sanitarios se encontraron ante una sobrecarga informativa descomunal.

La literatura científica sobre el COVID-19 aumentó de forma impactante, dando lugar a un flujo de información rápida y continuamente cambiante. Todo ello dificultó a los propios sanitarios la toma de decisiones y la extracción de conclusiones claras acerca de cómo actuar ante la enfermedad. Así, a pesar de existir abundantes datos sobre la cuestión, el conocimiento real era escaso, primando el sentimiento de incertidumbre.

Pautas para evitar la sobrecarga informativa

A continuación, vamos a comentar algunas pautas que pueden ser interesantes para combatir este problema tan común en la sociedad digital actual. Si bien no podemos evitar que la información circule a toda velocidad por todos los medios, sí podemos adoptar una actitud responsable para saber cómo relacionarnos con ella.

  • Reduce los canales de influjo en la medida de lo posible. Trata de tener sólo unas pocas redes sociales y no consumas radio, prensa y/o televisión en exceso. Recuerda que, a mayor cantidad de información, menor es el conocimiento real que se obtiene.

  • Aprende a filtrar. No toda la información que recibes es cierta, de hecho muchas noticias que se comparten en redes son totalmente falsas. Ante la más mínima sospecha, olvida esa información y quédate sólo con aquella confiable al cien por cien.

  • Acude a fuentes oficiales. Al hilo de lo anterior, trata de obtener información únicamente de fuentes oficiales que sean seguras.

  • Sé responsable con lo que compartes. No caigas en la trampa de compartir impulsivamente cada noticia que te llega. Asegúrate de que si la difundes, esta es fiable.

  • Acepta tus límites. Aprender siempre es positivo, pero es imposible saberlo todo. Por lo tanto, intenta priorizar e informarte sobre aquello que más importante sea para ti o no te exijas saber absolutamente todo sobre cada tema.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de la sobrecarga informativa y cómo esta puede repercutir en nuestro bienestar psicológico. Este fenómeno, también conocido como infoxicación, refiere a la saturación que se produce como consecuencia de una cantidad excesiva de información alrededor.

En la era tecnológica en la que vivimos, nos encontramos expuestos a una enorme cantidad de datos y noticias, hasta el punto de sentirnos desbordados y confusos. Cuando recibimos más información de la que somos capaces de asimilar, tendemos a sentirnos bloqueados e incapaces de extraer conclusiones claras o tomar decisiones.

En otras palabras, la sobrecarga de información puede llevar, paradójicamente, a la desinformación. Un ejemplo muy claro de sobrecarga informativa se puede observar en la pandemia de COVID-19, donde la información se difundió y generó de manera masiva. Esto hizo que la población se encontrase confusa, siendo incapaz de discriminar las noticias falsas de aquellas reales.

Así, muchas personas tomaron decisiones desacertadas fruto de su desinformación. Ni siquiera los profesionales sanitarios estuvieron exentos de este fenómeno, pues ellos mismos encontraron problemas para asimilar la enorme cantidad de datos científicos que se actualizaba continuamente.

Por ello, muchos brindaron pautas y tratamientos inadecuados a raíz de la sobrecarga informativa. Aunque no podemos evitar que la información circule a toda velocidad hoy en día, sí podemos adoptar una actitud crítica y responsable que nos permita filtrar la gran masa de datos con la que somos bombardeados a diario.

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