Sobrepeso y salud mental: ¿cuáles son los factores psicológicos implicados en la obesidad?

La obesidad es una condición de salud que, además de implicaciones físicas, también acarrea concomitantes emocionales que no deben ignorarse. Así, el abordaje psicológico de la obesidad permite mejorar el bienestar de la persona de forma integral.

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La obesidad es un problema de salud ampliamente extendido en el mundo. Aunque el abordaje médico de esta condición es esencial, quizá te sorprenda saber que la obesidad también implica una dimensión psicológica que resulta igualmente importante atender.

La psicología ha comenzado a interesarse en los pacientes con obesidad, tratando de intervenir desde una visión holística de la salud con el fin de mejorar el bienestar y la calidad de vida de estas personas.

Así, desde la ciencia del comportamiento se busca detectar, diagnosticar y tratar las dificultades psicológicas que pueden aparecer relacionadas con la obesidad y comprender el impacto que los factores emocionales pueden tener sobre esta condición de salud. Por todo ello, en este artículo vamos a comentar los aspectos psicológicos de la obesidad y cómo es posible intervenir sobre ellos desde la psicología.

¿Qué es la obesidad?

El sobrepeso y la obesidad se definen como la acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Esencialmente, se ha aceptado que la causa fundamental de esta condición es el desequilibrio energético entre las calorías que se consumen y gastan.

Esto se ha visto favorecido por los cambios que se han venido produciendo en el mundo contemporáneo, donde se ha incrementando la abundancia de alimentos ultraprocesados y ricos en calorías, a la vez que se ha generalizado un estilo de vida sedentario debido al desarrollo de los transportes y nuevas formas de trabajo.

Así, la obesidad es un fenómeno mucho más complejo de lo que a priori puede parecer, pues nuestros hábitos alimentarios y de actividad física dependen de factores ambientales y sociales, entrando en juego aspectos como la educación, las políticas públicas, el transporte o la planificación urbana.

Por ello, la obesidad es el resultado de la interacción de causas múltiples y complejas. Afirmar que la obesidad es simplemente resultado de una ingesta excesiva resulta demasiado simplista, pues son muchos los factores de riesgo implicados en el desarrollo de esta condición de salud. Algunos de ellos son:

  • Edad: Con el paso de los años, las personas envejecemos y esto implica cambios hormonales y un estilo de vida menos activo, incrementando el riesgo de obesidad.
  • Sexo: Las mujeres tienen más riesgo de obesidad, especialmente durante el embarazo y la menopausia. Además, algunas patologías femeninas como el síndrome de ovario poliquístico pueden influir en el peso.
  • Raza: La obesidad muestra una mayor incidencia en las personas afrodescendientes y las personas de origen hispano.
  • Alimentación poco saludable: Como ya mencionamos, en los últimos años se ha disparado el consumo de alimentos ultraprocesados. Estos son ricos en grasas, sal y azúcar, lo que hace que se consuman demasiadas calorías que no necesitamos.
  • Estilo de vida sedentario: Los avances recientes han hecho que llevemos un estilo de vida más sedentario. Los trabajos se han vuelto menos físicos que antaño, lo que hace que el gasto energético general sea menor, nos movemos mucho menos que hace décadas.
  • Factores socioculturales: La obesidad está relacionada con un nivel educativo más bajo y con un nivel de ingresos inferior. Las personas con menores recursos económicos pueden ver limitada su capacidad para comprar alimentos saludables y abusan de productos ultraprocesados y de peor calidad.
  • Factores conductuales: Comer es una conducta que a veces puede asociarse a ciertos estímulos. Muchas veces no comemos impulsados por hambre fisiológica, sino por la situación en la que nos encontramos.
  • Factores genéticos: Las investigaciones al respecto parecen haber encontrado que la obesidad puede ser hereditaria, de forma que algunos genes pueden predisponernos a acumular mayores cantidades de grasa corporal.
  • Medicamentos: Ciertos tratamientos farmacológicos pueden favorecer la ganancia de peso, como sucede con los antidepresivos o los antipsicóticos, por ejemplo.
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Aspectos psicológicos del sobrepeso y la obesidad

Como ya adelantamos al inicio, las personas con obesidad pueden sufrir ciertos problemas psicológicos con mayor frecuencia que la población general. Conocer esta dimensión de la obesidad es fundamental para poder brindar ayuda a estos pacientes desde una perspectiva integral. Algunas de las implicaciones psicológicas de la obesidad son las siguientes:

1. Distorsión o insatisfacción de la imagen corporal

Es muy común que las personas con obesidad tengan una imagen negativa o alterada de su imagen corporal. Esto produce un importante malestar emocional, pues la persona puede desarrollar rechazo hacia sí misma, creer que no es válida ni suficiente por la forma de su cuerpo, etc.

2. Relación inadecuada con la comida

Las personas con obesidad suelen tener una relación inadecuada con la comida por diferentes motivos. A veces, aspectos como una deficiente gestión emocional o el aprendizaje de patrones de alimentación poco saludables en casa pueden estar detrás del sobrepeso. Comer no es un acto puramente fisiológico, sino que entran en juego aspectos emocionales, sociales y culturales que deben tenerse en cuenta, pues pueden interferir en nuestra forma de relacionarnos con la comida.

3. Ansiedad y depresión

Las personas con obesidad sufren con frecuencia problemas psicológicos como la ansiedad y la depresión. No se debe abordar el sobrepeso ignorando estos concomitantes, pues muchas veces nuestra forma de comer se ve alterada a raíz del malestar emocional que sentimos.

4. Problemas relacionales

Las personas con obesidad pueden sufrir importantes problemas en sus relaciones sociales. Muchas veces, vivir con obesidad se hace especialmente duro debido a la cultura de la delgadez que impera en nuestra sociedad. Estar gordo es visto como uno de los mayores pecados, hasta el punto que cuando una persona tiene sobrepeso la sociedad se cree en el derecho de juzgarla y hacer asunciones sobre ella y su valor como persona.

Así, las personas con esta condición pueden entrar en conflicto con los demás cuando se sienten atacadas o juzgadas o, directamente, optar por aislarse de los demás para evitar exponerse a críticas dañinas. En algunos casos, sucede que la obesidad deriva de problemas relacionales como conflictos familiares o problemas de pareja que llevan a la persona a buscar refugio en la comida.

5. Baja autoestima

Las personas con obesidad suelen experimentar con mucha frecuencia baja autoestima. Esto guarda estrecha relación con la imagen corporal negativa que tienen de sí mismos. Al fin y al cabo, la sociedad en la que vivimos nos enseña desde la infancia que nuestro valor como personas depende en gran medida del aspecto físico. Por ello, cuando alguien no encaja en el ideal físico esperado, es lógico que esta persona sienta que no es suficiente, que no merece ser querida, que no puede conseguir cosas en su vida, etc.

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Cómo intervenir sobre los aspectos psicológicos de la obesidad

Ahora que ya hemos visto los aspectos psicológicos implicados en la obesidad, vamos a conocer de qué forma se puede intervenir para favorecer el bienestar integral de estas personas. En la mayoría de personas con obesidad la intervención por parte de un psicólogo será necesaria, pues como vemos el sobrepeso acarrea repercusiones emocionales que no deben pasarse por alto. Aunque el profesional deberá hacer una evaluación individual de cada persona para determinar cuál es la intervención pertinente, a continuación vamos a comentar algunas pautas generales.

El profesional debe descartar que exista un trastorno de la conducta alimentaria que deba ser tratado. Muchas veces, el sobrepeso guarda relación con un patrón de alimentación alterado en el que existe un sustrato emocional que debe manejarse. Ejemplos de ello son la bulimia nerviosa o el trastorno por atracón.

El psicólogo deberá ayudar al paciente a recuperar una relación normal con la comida y con el propio cuerpo, de manera que la persona pueda vivir en base a la aceptación y la compasión, sin castigarse, odiarse o infravalorarse por tener obesidad.

Lo ideal es que el profesional de salud mental trabaje en conjunción con otros profesionales, como nutricionistas o endocrinos, ya que de esta manera las intervenciones de cada uno se encontrarán coordinadas y se atenderá a la salud de la persona de manera realmente integral.

En el curso de la terapia psicológica el profesional abordará aspectos como la psicoeducación, de forma que el paciente pueda comprender qué le sucede y por qué. Además, se buscará empoderar a la persona, de manera que se resitúe el locus de control interno y se incremente el sentimiento de autoeficacia y la motivación al cambio.

La intervención psicológica también será clave para que la persona con obesidad pueda hacerse con un bagaje de herramientas que le permitan desenvolverse mejor a nivel emocional. Por ejemplo, aprender a resolver conflictos de forma asertiva, aprender a tomar decisiones, saber poner límites, identificar y gestionar las emociones, etc.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de los aspectos psicológicos implicados en la obesidad. La obesidad y el sobrepeso implican acumulación anormal o excesiva de grasa, que puede ser perjudicial para la salud.

Aunque se ha aceptado que la causa esencial de este fenómeno es la descompensación entre las calorías gastadas y consumidas, afirmar que la obesidad es resultado de la ingesta excesiva de alimentos es demasiado simplista. Así, son muchos los factores de riesgo que entran en juego, como el sexo, la edad, el nivel educativo y socioeconómico, la presencia de otras enfermedades, la genética, etc.

La obesidad implica una dimensión psicológica que no debe dejarse de lado, pues los pacientes con esta condición pueden sufrir problemas con su imagen corporal y su autoestima, problemas de ansiedad y depresión, trastornos de la conducta alimentaria, problemas en las relaciones con los demás o una relación nociva con la comida.

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