Influencia de la Psicopatología de los padres sobre los hijos: en 8 claves

La presencia de enfermedad mental en los padres puede perjudicar el desarrollo de los hijos, especialmente si el adulto no se encuentra recibiendo tratamiento. Algunas medidas pueden ayudar a que la psicopatología parental no merme el bienestar de los menores.

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Las enfermedades mentales constituyen una condición de salud rodeada de estigma. Aunque la concienciación social sobre la salud mental ha crecido enormemente en los últimos años, la realidad es que sufrir problemas psicológicos sigue siendo para muchas personas motivo de culpa y vergüenza. Lejos de ser personas problemáticas, agresivas o incapaces de integrarse, generalmente las personas con problemas de salud mental son capaces de llevar una vida satisfactoria si reciben el tratamiento adecuado. Esto implica que, por supuesto, pueden formar familias y tener hijos.

Lo cierto es que los progenitores son una figura clave para cualquier niño. Para que éstos disfruten de un desarrollo óptimo, es necesario que puedan crecer en un entorno familiar afectuoso, seguro y estable. Sin embargo, cuando alguno de los padres sufre una enfermedad mental (especialmente si no recibe tratamiento), este puede no estar en las condiciones necesarias para satisfacer exitosamente las necesidades de sus hijos.

En estos casos, es posible que los pequeños sufran consecuencias negativas y vean mermada su propia salud mental. En este artículo vamos a comentar algunas de las dificultades más comunes que atraviesan los hijos de padres con trastorno mental y cómo es posible prevenirlos.

Dificultades que atraviesan los hijos de padres con trastornos mentales

A continuación, vamos a comentar algunas de las consecuencias negativas más comunes que pueden experimentar los menores cuyos padres padecen una enfermedad mental, especialmente si esta no está siendo adecuadamente tratada.

1. Mayor riesgo de enfermedad mental

Los hijos cuyos padres padecen una enfermedad mental tienen, por norma general, un riesgo mayor de desarrollar un trastorno mental en comparación con la población general. Esto se debe, por un lado, al componente hereditario que algunos trastornos mentales tienen. Por otro lado, el hecho de que los padres padezcan una enfermedad mental puede dar pie a dinámicas familiares disfuncionales y otras dificultades en la relación entre padre/madre e hijo. Así, el menor transita por su desarrollo en un entorno desfavorable, que unido a la posible predisposición genética, puede producir como resultado un problema de salud mental.

2. Vínculo de apego inseguro

El apego es ese vínculo que se forma entre el niño y sus padres de una manera instintiva desde sus primeros momentos de vida. Sin embargo, la calidad de ese vínculo va a depender de la forma en la que los progenitores respondan a las necesidades del pequeño. Cuando los adultos son capaces de satisfacer de manera consistente dichas necesidades, el vínculo será indudablemente seguro.

Esto contribuye a que el menor se desarrolle de manera plena y feliz, con una base segura que le ayudará a entender sus emociones, crecer y explorar de manera saludable el mundo que le rodea. El problema aparece cuando los padres no logran responder adecuadamente a lo que sus hijos necesitan, dificultando así la consolidación de un vínculo adecuado.

Las enfermedades mentales de los adultos de referencia son un gran obstáculo en este sentido, pues el propio malestar de los padres puede impedir su correcta implicación en la crianza o dificultar el manejo de los retos que la ma/paternidad implica. En consecuencia, los menores en esta tesitura tienden a establecer vínculos de apego inseguro, lo que se traduce en dificultades para relacionarse de forma estrecha con los demás, baja autoestima, inseguridad…entre otras.

3. Entorno familiar inestable

Al hilo de lo anterior, los menores necesitan tener seguridad. Un desarrollo infantil adecuado requiere crecer en un escenario predecible, donde el menor tenga la total certeza de que sus progenitores responderán a sus necesidades adecuadamente. Sin embargo, los hijos de padres con enfermedad mental pueden tener un riesgo mayor de vivir en escenarios desorganizados e impredecibles, donde la dinámica familiar de funcionamiento es estresante.

El niño puede sentirse confuso e inseguro, pues el padre/madre no siempre responde como necesita. Ello merma su confianza en sus figuras de apego, lo que da lugar a mucha inestabilidad emocional. En algunos casos la situación puede ser especialmente grave, dando lugar a fenómenos como la negligencia o la violencia.

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Cómo evitar que la psicopatología de los padres perjudique a los hijos

Como comentamos al principio, el hecho de que una persona sufra una enfermedad mental no tiene por qué ser sinónimo de disfuncionalidad. Con las medidas adecuadas, quienes sufren algún tipo de problema psicológico pueden disfrutar de una vida serena y ordenada, así como formar su propia familia. En otras palabras, es posible prevenir posibles consecuencias psicológicas que la enfermedad mental en los padres puede provocar en los hijos. Vamos a comentar algunas pautas para lograrlo.

1. Busca tratamiento para tu enfermedad mental

Al igual que acudimos al médico cuando tenemos algún tipo de malestar físico, es fundamental solicitar la ayuda de un profesional cuando sentimos que no nos encontramos psicológicamente bien. Abordar el posible trastorno mental existente es un primer paso crucial para que este no suponga una fuente de estrés y sufrimiento para los hijos.

En algunos casos puede que sea suficiente con realizar terapia psicológica, mientras que en otros quizá sea preciso contar además con tratamiento farmacológico. Lejos de ser motivo de vergüenza, acudir a terapia y recibir tratamiento es necesario para cuidar de la propia salud y también del bienestar de los demás, especialmente cuando hay menores de por medio.

2. Es probable que tus familiares también necesiten terapia

Además del tratamiento psicológico y farmacológico de la propia persona que sufre la enfermedad mental, es altamente probable que los familiares también necesiten apoyo profesional. Gracias a ello, las personas que rodean al paciente, especialmente sus hijos, pueden explicarles qué es lo que sucede de manera adaptada a su edad, así como brindarles apoyo para lidiar con su situación familiar particular. Por supuesto, la intervención con menores sólo cobra sentido en la medida en que los padres reciban también tratamiento para modificar posibles conductas que pueden estar siendo nocivas para los hijos.

3. No ocultes la realidad

Con frecuencia, los adultos pueden ocultar la realidad a sus hijos con el fin de protegerlos. Sin embargo, esta estrategia no es en absoluto recomendable. Los menores ven lo que sucede en el hogar y son sensibles a los cambios emocionales de sus padres. Si no se les brinda una explicación que les ayude a comprender lo que está sucediendo, la situación puede volverse desbordante y generar elevados niveles de estrés.

Por este motivo, lo mejor es hablarles de la enfermedad mental de su padre/madre con honestidad, aunque siempre de manera adaptada a su edad y nivel de madurez. Si no existe una explicación, los niños pueden idear sus propias justificaciones e incluso llegar a culparse a sí mismos por lo que le pasa a sus padre o madre o creer que ese progenitor no le quiere. Así, hablar con ellos es siempre la mejor forma de protegerlos y garantizar su bienestar.

4. No niegues la enfermedad

Ante un evento doloroso, una reacción habitual es la negación. Negar que está ocurriendo algo que nos duele actúa como un escudo frente a la realidad, pero a largo plazo se trata de una estrategia poco adaptativa. Por ello, cuando un padre o una madre sufren alguna enfermedad mental, esta debe ser reconocida con naturalidad.

No se trata de que el diagnóstico termine por eclipsar a la persona que lo sufre, pero sí de reconocer que esa persona tiene una condición que requiere unas necesidades específicas que modifican las dinámicas en la familia. Cuando los hijos ven que esta cuestión se aborda abiertamente, esto les ayuda a rebajar su ansiedad, pues aceptan que la enfermedad mental del progenitor es algo de lo que no tienen por qué avergonzarse.

5. Fomenta que tu hijo tenga una vida estimulante más allá de la familia

Todos los niños necesitan acceder a reforzadores y experiencias gratificantes más allá del hogar. Sin embargo, esto cobra particular importancia cuando se trata de menores cuyos padres padecen algún tipo de enfermedad mental. El hecho de que puedan tener relaciones significativas, hobbies y espacios extrafamiliares donde se sienta arropado constituye un potente factor protector que es importante fomentar.

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