Agorafobia: causas, síntomas y tratamiento

La agorafobia es un trastorno caracterizado por la presencia de miedo y ansiedad intensos que aparecen cuando la persona se encuentra en situaciones en las que siente que puede hacer el ridículo y escapar o pedir ayuda se hace difícil.

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Cada día sales de casa, coges el transporte público y vas al trabajo. Los fines de semana sales por calles abarrotadas, acudes a conciertos y espectáculos repletos de gente. Cuando necesitas algo, no dudas en ir al supermercado o pasear por los pasillos de un gran almacén. Este tipo de actividades cotidianas que todos hacemos de manera automática y rutinaria son, para algunas personas, una auténtica pesadilla.

Alrededor del 2% de adultos y adolescentes reciben cada año el diagnóstico de agorafobia, un trastorno de ansiedad por el que la persona experimenta un gran temor y sensación de que algo horrible va a ocurrir cuando se encuentra en ciertos escenarios, especialmente aquellos en los que hay un gran número de personas o es difícil escapar y/o pedir ayuda.

Se trata de un problema de salud mental altamente incapacitante que tiende a la cronicidad, por lo que puede mermar seriamente la calidad de vida de la persona. Esta aprende a anticiparse a las situaciones agorafóbicas y progresivamente reduce sus salidas y su presencia en ellas por temor a experimentar de nuevo esa ansiedad y miedo desbordantes. Debido a la gravedad e impacto que supone este trastorno psicológico, en este artículo vamos a tratar de detallar sus causas, síntomas y tratamiento.

¿Qué es la agorafobia?

La agorafobia es un trastorno caracterizado por la presencia de miedo y ansiedad intensos, los cuales aparecen cuando la persona se encuentra o cree que se encontrará en lugares o situaciones en los que la salida o escape son difíciles, o en aquellos en los que al sufrir un ataque de pánico o síntomas físicos determinados será complicado disponer de ayuda.

La persona vive con temor a vivir una escena embarazosa delante de los demás, pues habitualmente quienes sufren este fenómeno experimentan un marcado sentido del ridículo. En la mayoría de los casos, la agorafobia aparece unida al trastorno de angustia, lo que hace que la persona experimente ataques de pánico. Este tipo de ataques consisten en episodios repentinos de miedo intenso que acarrean importantes reacciones físicas a pesar de que no exista un peligro real.

Cuando esto sucede, la persona siente mucho miedo y siente que está perdiendo el control de sí misma, que está sufriendo un ataque cardíaco e incluso que está experimentando una muerte inminente. En general, la agorafobia suele asociarse con determinadas situaciones tales como:

  • Estar solo fuera de casa.
  • Pasear por la calle.
  • Mezclarse en una masa de gente o estar en una cola.
  • Pasar por puentes o túneles.
  • Viajar en transportes como bus, tren o coche.
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En la agorafobia el miedo no sólo aparece cuando la persona se encuentra expuesta a la situación. Además, también es importante tener en cuenta el componente de anticipación de este trastorno. El mero hecho de saber que se expondrá a una situación agorafóbica o pensar en ello puede ser suficiente para desatar la ansiedad. Por ello, la persona tenderá a evitar todos aquellos escenarios en los que crea que puede aparecer el miedo y el pánico. Esto explica por qué la agorafobia es un problema que tiende a cronificarse y agravarse con el tiempo, ya que cada vez serán más la situaciones evitadas, volviéndose el miedo generalizado.

A diferencia de lo que se suele pensar, en la agorafobia la ansiedad no se encuentra dirigida a una situación en particular. Más bien, este trastorno tiene como punto central el temor a sufrir síntomas determinados que hagan quedar en evidencia ante los demás. La persona sufre al plantearse la posibilidad de experimentar mareos, vómitos, desmayos o similares en espacios públicos porque le horroriza el ridículo.

Todo ello hace que, en cierta forma, las personas con agorafobia muestren un umbral más bajo a la hora de activarse ante los peligros. Por ello, suelen responder a eventos cotidianos como si constituyeran auténticas amenazas. Aunque muchas personas con este problema desarrollan estrategias de afrontamiento para superar el día a día (ir acompañados, llevar un objeto o amuleto…), no cabe duda de que se trata de una condición incapacitante.

Síntomas de la agorafobia

La agorafobia suele ir acompañada de ataques de pánico. De hecho, muchas veces el centro del problema reside, como ya comentamos, en el temor que la persona tiene a experimentar un episodio de pánico en público. En general, podemos identificar diversos síntomas característicos a varios niveles: fisiológico (ataques de pánico), cognitivo y conductual.

  • Síntomas fisiológica asociada a los ataques de pánico: La persona puede sufrir una frecuencia cardíaca acelerada, hiperventilación, sudoración, náuseas, mareos y sensación de ahogo.

  • Síntomas cognitivos: En este nivel, los pacientes con agorafobia pueden manifestar miedo a parecer ridículos o estúpidos, temor a sufrir una parada cardíaca que resulte moral durante el ataque de pánico, miedo a no poder escapar de la situación o a perder el control delante de los demás. También puede aparecer la sensación de estar siendo observado y juzgado por los demás, temor a estar solo, etc.

  • Síntomas conductuales: Este tipo de síntomas suelen aparecer como consecuencia de los síntomas cognitivos, y hacen referencia a las conductas de evitación de las situaciones temidas, la necesidad de ir acompañado a cualquier lugar e incluso no poder llegar a salir de su propia casa.

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Causas de la agorafobia

Tal y como sucede con la mayoría de trastornos psicológicos, no podemos identificar una causa única para la agorafobia. El desarrollo de este problema de salud mental depende de muy diversos factores que se combinan de manera única en cada persona. Lo que sí podemos afirmar es que, en términos generales, el detonante principal de la mayoría de pacientes es la vivencia de una crisis de ansiedad.

Una vez que esta tiene lugar, la persona comienza a temer que esta se repita, por lo que evita situaciones en las que podría aparecer un ataque de pánico delante de los demás. Entre las situaciones que pueden llevar a una persona a entrar en este bucle de evitaciones, puede encontrarse:

  • La persona se avergüenza de sufrir un problema de ansiedad, por lo que teme ser juzgada si el resto lo descubre. Estas personas suelen ser muy sensibles al juicio ajeno y brindan gran importancia a lo que los demás opinan.
  • La persona experimenta malestar en una situación determinada, pero en lugar de reexponerse y adaptarse a ella decide huir para no volver a sufrir ansiedad, lo que agrava el problema.
  • La persona siente que no tiene ningún tipo de control sobre sus sensaciones. Ante situaciones que teme, se siente indefensa y sujeta a los síntomas que su cuerpo manifiesta.
  • La persona se siente insegura ante lo desconocido, ya que muestra una marcada necesidad de control.
  • La persona tiende a ser introvertida y siente una gran ansiedad en las diferentes situaciones sociales, lo que la hace más vulnerable a caer en la evitación de escenarios potencialmente ansiógenos.
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Tratamiento de la agorafobia

Aunque el tratamiento para la agorafobia debe ser siempre individualizado, en cualquier caso el objetivo primordial será el de ayudar a la persona a salir del bucle de evitaciones en el que se encuentra atrapada. Para ello, será fundamental que, progresivamente, pueda exponerse a los lugares y situaciones que detonan su ansiedad.

Esto le permitirá romper el círculo vicioso y recuperar la normalidad en su vida. Dicha exposición suele iniciarse en imaginación durante las sesiones, y sólo cuando ésta sea manejable se pasará a la exposición en vivo. Por supuesto, ninguna terapia para la agorafobia parte desde el principio de la exposición. Antes de llegar a ese nivel, es necesario que el individuo pueda comprender qué es lo que le sucede. Así, el terapeuta deberá brindar psicoeducación que permita a la persona entender el problema y la solución que le pondrá fin.

Durante la terapia también se abordará el componente cognitivo, de forma que se puedan modificar los pensamientos negativos e irracionales de la persona. Así, estos serán sustituidos por otros más ajustados a la realidad. Junto a la exposición progresiva, el profesional de salud mental deberá entrenar a la persona en ejercicios de relajación y respiración que le permitan gestionar mejor sus emociones y rebajar la ansiedad.

La meta final es que la persona pueda desarrollar una respuesta incompatible con la ansiedad en los escenarios temidos. Así, si logra relajarse en este tipo de situaciones, poco a poco dejará de evitarlas y podrá retomar la normalidad.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado sobre la agorafobia, un trastorno psicológico que puede llegar a ser muy grave e incapacitante. Las personas que sufren este problema suelen referir temor a experimentar un ataque de pánico en espacios públicos donde huir o recibir ayuda es complicado. Normalmente, la agorafobia comienza cuando una persona sufre una crisis de ansiedad y comienza a temer que esta vuelva a suceder.

El miedo a poder hacer el ridículo ante los demás si esto ocurre en su presencia lleva a la persona a evitar todo tipo de escenarios potencialmente ansiógenos, lo que hace que el temor sea cada vez más generalizado. Por ello, la agorafobia es un problema tendente a la cronificación, donde es fundamental la ayuda de un profesional de salud mental que logre romper el bucle de evitaciones en el que la persona se encuentra atrapada.

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