Modelo Biopsicosocial: ¿qué es y cómo enfoca la Salud Mental?

El modelo biopsicosocial es un enfoque que contempla la influencia de diversos factores sobre la salud de una persona. Así, los procesos de enfermedad dependen de variables no sólo biológicas, sino también sociales y psicológicas.

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Cuando hablamos de salud, habitualmente aceptamos que estar sanos implica disfrutar de un buen estado físico y carecer de enfermedades orgánicas. Aún se sigue considerando la salud algo alejado de la mente y la psicología de las personas, una creencia totalmente errónea. Descuidar nuestro bienestar emocional implica desatender la salud, algo que en las últimas décadas cada vez ha quedado más demostrado.

Aunque hoy se conoce que la salud es un proceso dinámico en el que influyen diversos factores, la realidad es que esto no siempre ha sido así. Fue en la década de los setenta cuando un psiquiatra llamado George L. Engel propuso una nueva concepción de la salud alejada de la visión estrictamente médica, que hoy conocemos como modelo biopsicosocial.

Desde él, se concibe que la salud, enfermedad, discapacidad o trastorno dependen de variables biológicas, pero también psicológicas y sociales. Así, se opone a la clásica dicotomía mente-cuerpo y apuesta por comprender la salud de una forma integral. En este artículo vamos a hablar sobre cómo el modelo biopsicosocial ha permitido comprender la salud de manera global y qué ventajas tiene aplicarlo en el ámbito de la salud mental.

¿Qué es el modelo biopsicosocial?

El modelo biopsicosocial constituye un enfoque que tiene presente la influencia de diversos factores sobre el desarrollo y la salud de una persona, configurando así su condición de salud o enfermedad. Desde esta perspectiva, nuestra salud depende de variables biológicas (genes y herencia), psicológicas (emoción y conducta) y sociales (educación, empleo, pobreza…).

Este modelo fue desarrollado y publicado en la revista Science en 1977 por el psiquiatra y médico internista estadounidense George L. Engel, quien se opuso al tradicional modelo biomédico que sólo se centraba en aspectos orgánicos a la hora de comprender la enfermedad y mantenía la total separación de la mente y el cuerpo. Engel consideraba a los pacientes de forma holística e integral, pues entendía que hacer lo contrario era demasiado reduccionista. Para él, la salud y la enfermedad debían entenderse viendo personas y no tejidos y células.

Así, este médico apostaba por tener presente la historia biográfica y las condiciones sociales de una persona para verdaderamente entender su enfermedad. Este modelo apareció como una alternativa a un modelo estrictamente médico que resultaba insuficiente para entender la complejidad de la salud. Por ello, fue recibido de manera muy positiva e inauguró una nueva forma de concebir el bienestar de las personas.

Uno de los cambios más relevantes que se produjeron con la implantación del modelo biopsicosocial tuvo que ver con la forma de tratar al paciente. En el modelo biomédico, la persona era un agente pasivo, sujeto a las directrices de los médicos. Los sanitarios eran quienes indicaban qué se debía hacer y cómo, desde una postura paternalista en la que la voz del enfermo apenas era escuchada.

No se consideraba necesario acercarse a la persona ni oír su opinión, pues el foco iba orientado a una patología que debía ser corregida al margen de la persona detrás del diagnóstico. Sin embargo, el modelo biopsicosocial permitió empoderar a los pacientes y hacerles partícipes de su proceso de recuperación, pues este defiende el poder del individuo para ser un agente de cambio capaz de contrarrestar los efectos de su enfermedad o trastorno. La salud deja de referir a un cuerpo y pasa a ser el asunto de una persona.

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Factores del modelo biopsicosocial

Como venimos planteando, el modelo biopsicosocial asume que una enfermedad debe ser comprendida atendiendo a variables de diverso tipo. Así, lejos de limitarse a analizar tejidos, órganos y células, este modelo apuesta por comprender los procesos de salud y enfermedad desde una visión integradora y global. A continuación, vamos a analizar los tipos de factores implicados en este modelo: biológicos, psicológicos y sociales.

1. Factores biológicos

La mayoría de enfermedades implican una base a nivel orgánico, viéndose afectado el organismo de diversas formas: el fallo en un órgano, un desajuste en la química del cuerpo, la invasión de un agente externo, un desequilibrio hormonal, herencia y genes, etc. En el caso de los trastornos psicológicos este trasfondo orgánico no está tan claro, por lo que este tipo de factores pueden no cobrar tanto peso como sucede en las patologías típicamente médicas.

2. Factores psicológicos

Los factores psicológicos han quedado siempre relegados a un segundo plano en favor de las causas orgánicas. Sin embargo, en los últimos años ha quedado más que evidenciado el rol crucial que nuestro estado mental tiene en el desarrollo de enfermedades y trastornos. Los pensamientos, las creencias, la conducta… tienen una enorme relevancia en los procesos de salud y enfermedad. Incluso se ha podido comprobar su capacidad para favorecer o mitigar los problemas asociados a las enfermedades físicas.

La cada vez mayor consideración de los factores psicológicos ha permitido, por ejemplo, abordar enfermedades graves no sólo mediante intervenciones médicas, sino también psicológicas. Transitar patologías como el cáncer o la diabetes requiere, además de un tratamiento para atacar la enfermedad, un acompañamiento psicológico que permita a la persona gestionar sus emociones, adherirse al tratamiento, sentirse arropada y acompañada, etc.

3. Factores sociales

Añadido a los dos anteriores, no podemos olvidar el peso de los factores sociales. La salud y la enfermedad también se ven fuertemente influidas por este tipo de variables, motivo por el cual se conoce la importancia que tiene para la salud mantener una adecuada red de apoyo social, tener un clima familiar favorable o residir en una zona segura y libre de conflicto. Estos no sólo favorecen la recuperación cuando la enfermedad ya ha aparecido, sino que además pueden retrasar o prevenir la aparición de enfermedades físicas y mentales, ya que contribuyen a un mejor estado emocional y la adquisición de buenos hábitos de vida.

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Ventajas de aplicar el modelo biopsicosocial en salud mental

Lo cierto es que implementar este modelo en el sistema sanitario puede favorecer a las personas de múltiples formas. Particularmente, este modelo ha contribuido a la revalorización de la salud mental, brindándole un papel importante nunca antes contemplado. Aunque se han producido importantes avances, también es cierto que aún queda mucho camino por recorrer.

La tendencia hacia el modelo biomédico sigue siendo una constante por parte de muchos profesionales sanitarios, por lo que es necesario seguir depositando esfuerzos en enfatizar el carácter integral de la salud. A continuación, vamos a comentar algunas de las ventajas más destacadas que esta visión holística de los pacientes puede brindar en particular al campo de la salud mental.

1. Ensalza la importancia de prevenir

El modelo biomédico es una perspectiva que se enfoca en intervenir cuando la enfermedad ya ha aparecido. Aunque en el modelo biomédico esto se considera, por supuesto, esencial, también se entiende como algo muy necesario el prevenir que las patologías aparezcan. Al reconocer que otros factores sociales y psicológicos entran en juego, es posible conocer qué variables incrementan el riesgo de sufrir ciertos trastornos y enfermedades, de manera que se puede intervenir sobre ellos a tiempo a través de campañas preventivas.

2. Adiós, estigma

Si hay una constante en materia de salud mental ese es el estigma. Las personas que sufren algún tipo de trastorno psicopatológico cargan con el peso de la vergüenza e incluso la culpa por estar sufriendo. Esto hace que el sufrimiento sea más intenso y, además, supone un importante obstáculo que impide a la gente con problemas psicológicos pedir ayuda. Desde este modelo la salud mental ha comenzado a normalizarse, considerando que los trastornos psicológicos merecen las atenciones, comprensión y cuidados que se dan a las enfermedades con base orgánica.

3. El paciente empoderado

Este modelo ha permitido, como ya adelantamos anteriormente, empoderar a los pacientes. Lejos de ser tratados con paternalismo por los profesionales, se ha logrado una mayor asimetría entre ambos, donde los deseos y necesidades de cada persona son escuchados. En salud mental esto cobra una particular importancia, pues la persona por fin se siente escuchada y sus emociones comienzan a ser validadas. Poco a poco se están dejando atrás prácticas como la sobremedicación y cada vez cobra más peso el papel de la terapia psicológica, donde la persona debe desempeñar un papel activo e implicado en todo el proceso para lograr su recuperación.

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