Terapia EMDR: ¿qué es y para qué sirve?

La terapia EMDR es uno de los tratamientos eficaces más utilizados para el abordaje del trauma. A pesar de ello, continúa siendo una técnica desconocida sobre la cual existen muchas dudas.

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Todas las personas a lo largo de la vida atravesamos momentos de estrés. Las situaciones del día a día pueden poner a prueba nuestro bienestar emocional, pues nos enfrentamos habitualmente a infinidad de estresores cotidianos: el trabajo, el dinero, la casa, los hijos, etc. Además, nadie está exento de experimentar situaciones vitales altamente estresantes, como puede ser una mudanza o empezar en un nuevo puesto de trabajo.

Aunque afrontar estos eventos puede ser difícil, por norma general respondemos a ellos de una forma adaptada. Es decir, cuando estos episodios de estrés finalizan somos capaces de continuar con nuestra vida con normalidad, pudiendo mantener la homeostasis sin mayores complicaciones.

La realidad detrás de los traumas

Sin embargo, hay ocasiones en las que nos encontramos expuestos a estresores de gran magnitud e intensidad. Algunos podrían ser catalogados como extraordinarios e incluso catastróficos. En estos casos, la reacción puede dejar de ser adaptada, pues el impacto del suceso desborda al sujeto afectado y le impide responder de forma adecuada. Aparece un shock emocional debido a que se producen fuertes estados de pánico, angustia e incluso dolor físico.

En este estado de cosas es cuando podemos hablar de la existencia de un trauma psíquico. Quienes han vivido una experiencia traumática pueden no ser capaces de avanzar con sus vidas. Por el contrario, continúan con esa vivencia enquistada, lo que provoca la sensación de revivir una y otra vez la experiencia sufrida de múltiples formas.

Potencialmente, todos los individuos que han vivido una situación traumática pueden llegar a desarrollar un Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) u otros trastornos psicopatológicos. Sin embargo, esta no es la generalidad, pues el 85% de personas expuestas a vivencias traumáticas pueden recomponerse de forma natural gracias a su capacidad de resiliencia. No obstante, el 15% restante no debe ser olvidado, pues requerirá el apoyo de profesionales de salud mental para recuperarse.

Una de las alternativas terapéuticas existentes para abordar el trauma es la Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares, conocida por sus siglas EMDR. Esta técnica psicológica, creada por la psicóloga estadounidense Francine Saphiro en 1987, permite mitigar los efectos de las experiencias traumáticas. Una de las características del EMDR es que bebe de diferentes enfoques de la psicología, aunque su elemento definitorio central es el empleo de la estimulación bilateral. Esto se consigue mediante movimientos oculares, sonidos o pequeños golpecitos conocidos como tapping.

Junto a la terapia cognitivo-conductual, el EMDR constituye uno de los tratamientos más utilizados para el abordaje del trauma. A pesar de ello, continúa siendo una terapia poco conocida y sobre la que existen numerosas dudas. Por este motivo, en este artículo vamos a profundizar acerca de qué es el EMDR y su función.

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¿Qué es el EMDR?

El EMDR es una alternativa de psicoterapia efectiva que se aplica en pacientes con TEPT y otros problemas psicológicos situados en el espectro del trauma. Su aplicación está indicada en víctimas de abusos y malos tratos, asaltos, ataques terroristas, accidentes e incluso desastres naturales. Además, cuestiones más cotidianas que forman parte de la propia vida como ser despedido de un trabajo o perder a un ser querido también son susceptibles de generar un trauma que debe ser tratado. En general, el EMDR es una opción de tratamiento validada científicamente para cualquier persona que haya vivido una experiencia potencialmente traumática.

Este método terapéutico integra conceptos de diversas corrientes psicológicas (psicología cognitiva, procesamiento de la información, psicología conductual, psicoanálisis…). El desarrollo de esta técnica comenzó en 1987, cuando su creadora, la psicóloga Francine Spahiro, se encontraba realizando investigaciones en el Mental Research Institute de Palo Alto, California.

Así, ella observó que los movimientos oculares voluntarios podían reducir la intensidad de la angustia que generan los pensamientos negativos. A partir de entonces, comenzó a investigar en esta dirección, valorando la eficacia del EMDR en supervivientes de guerra y víctimas de abuso sexual con resultados sorprentes.

En el tratamiento de EMDR, el primer paso consiste en que terapeuta y paciente puedan concretar el problema central hacia el que se enfocará el tratamiento. El paciente debe describir el episodio traumático, de forma que el terapeuta le pueda ayudar a seleccionar aquellos aspectos más angustiantes que recuerde. A medida que el terapeuta estimula bilateralmente al paciente, algunos recuerdos serán recuperados.

A lo largo de todo este ejercicio el profesional debe realizar pausas para asegurarse de que el paciente se encuentra bien y está procesando la información de manera adecuada. La estimulación bilateral puede llevarse a cabo de diferentes formas:

  • Visual: El terapeuta guía al paciente para que mueva sus ojos de un lado a otro. Para ello realiza movimientos con sus dedos, que la persona debe seguir con la mirada su mover la cabeza, llegando a realizar hasta 40 movimientos.

  • Auditiva: El terapeuta proporciona sonidos alternados en ambos oídos del paciente. El profesional coloca a la persona unos auriculares que ofrecen tonos y música bilateralizada. Este puede controlar los sonidos, velocidad e intensidad mediante un dispositivo según lo considere.

  • Kinestésica: El terapeuta golpea con suavidad manos y hombros del paciente de forma alternada, con el fin de favorecer la conexión entre ambos hemisferios cerebrales.

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El terapeuta es quien debe considerar qué estimulación es más conveniente para cada paciente. Por norma general, la estimulación visual es la más efectiva, aunque hay personas que pueden responder mejor a la auditiva o a la kinestésica. Este tipo de estimulación logra la recuperación de recuerdos al favorecer las conexiones interhemisféricas del cerebro. Con ello se consigue procesar la información para elaborar la experiencia de manera adaptativa.

El terapeuta debe actuar como un guía que dirige la intervención con el objetivo de que su paciente pueda procesar así el suceso traumático adecuadamente. Esto permitirá que el trauma se resuelva, evitando que el evento quede enquistado y produzca malestar en el paciente. De esta forma, el individuo podrá reducir sus síntomas y adquirir un funcionamiento adaptativo en la vida cotidiana.

Además, esta terapia es perfectamente compatible con la aplicación de otras intervenciones psicológicas. Dependiendo del caso, puede ser interesante combinar EMDR con otro tipo de técnicas para obtener los mejores resultados terapéuticos.

¿Para qué sirve el EMDR?

Desde la perspectiva del EMDR, un trauma consiste en un conjunto de información relacionada con un evento determinado, que es almacenada en el cerebro de una forma desadaptativa. Esto se traduce en que dicha información no queda integrada en la experiencia cotidiana de la persona, desencadenando por ello una sintomatología que interfiere con la vida normal.

Cuando una persona vive una situación traumática, esta queda grabada en la memoria implícita, llegando a dejar huella en el individuo a un nivel sensoperceptivo. Esto contribuye a que se produzca una reexperimentación de la situación vivida cuando la persona afronta escenarios mínimamente similares al que generó el trauma.

En ocasiones, la persona puede ser consciente de la inconsciencia de sus acciones, pues racionalmente sabe que el peligro ya no está ahí. Esto puede despertar sentimientos de frustración, culpa y desconcierto. El trabajo terapéutico desde el EMDR permite ayudar al paciente a reintegrar las experiencias traumáticas vividas y cesar el dolor que el trauma sin resolver.

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Estructura del EMDR

Esta técnica debe aplicarse sólo por profesionales cualificados, ya que es indispensable seguir un protocolo estructurado para que sea eficaz. Este consta de varios pasos:

  • Diseño del plan: En esta primera fase se registra el historial clínico del paciente, se marcan objetivos y se identifican los recursos disponibles, que pueden incluir sensaciones físicas (olores, dolor…).

  • Preparación del paciente: El terapeuta debe explicar al paciente la técnica y sus fundamentos. La persona debe tener todas sus dudas despejadas y sentirse familiarizada con esta intervención. Debe, además, firmar el consentimiento informado.

  • Evaluación: En este momento se identifica el recuerdo que se debe procesar. Se le pide al paciente que verbalice sentimientos negativos, pero también una declaración positiva que se utilizará posteriormente. Se toma la línea base del recuerdo, midiendo la VOC (Validez de la cognición positiva) y la SUD (Grado de perturbación que siente al pensar en esa imagen)

  • Desensibilización: En este punto se trabaja la estimulación bilateral. Aparecen emociones, recuerdos y síntomas perturbadores. Se accede a la peor parte del recuerdo y el terapeuta debe valorar el nivel de perturbación. Se debe lograr no sentir perturbación al recordar el evento.

  • Instalación de la cognición positiva: Se refuerza la declaración positiva para que el paciente refuerce su sensación de control ante una situación que le ha estado bloqueando. Se sigue empleando estimulación bilateral hasta que sienta que puede manejar la situación.

  • Examen corporal: Se busca liberar la tensión residual física. Si aparece algún malestar en el cuerpo en esta fase, se debe regresar a la fase de desensibilización. Si no, se realizan algunos movimientos oculares para reforzar lo conseguido.

  • Cierre de sesión: Se busca que la persona logre volver al equilibrio, pudiendo realizar ejercicios de relajación. Es fundamental que el paciente finalice estable.

  • Re-evaluación: Al comenzar la siguiente sesión se vuelve a la parte del recuerdo en la que se centró la siguiente sesión para valorar si aun existe perturbación. Es decir, se valora la eficacia de las sesiones previas.

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Conclusiones

En este artículo hemos profundizado acerca de que es el EMDR y para qué sirve. Se trata de una técnica terapéutica eficaz para el tratamiento del trauma. Puede combinarse con otras terapias, pero debe ser aplicada exclusivamente por profesionales cualificados. El EMDR debe ser aplicado siguiendo unos pasos protocolizados para obtener resultados.

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