Los 12 obstáculos que un psicólogo puede encontrarse en terapia (y cómo evitarlos)

Ejercer la profesión de psicólogo es una tarea gratificante, aunque el proceso de terapia no se encuentra exento de obstáculos o reveses que es importante saber manejar.

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Formarse como psicólogo requiere varios años de esfuerzo, por no hablar de la importante inversión económica que supone. Sin embargo, en los años de universidad se aprende mucha teoría y escasa práctica. Esto hace que los profesionales se encuentren con una realidad bastante diferente de aquello que habían leído en los apuntes una vez que empiezan a ejercer.

Aunque el trabajo de psicólogo es muy gratificante y vocacional, lo cierto es que no todos los procesos de terapia fluyen igual. En ocasiones, hay variables que pueden influir negativamente en el curso de los acontecimientos y complicar la labor del profesional. Por supuesto, disponer de una adecuada base teórica es fundamental para poder hacer psicoterapia. Sin embargo, lo que aprendemos en los años de estudio es una mera orientación. Los seres humanos somos mucho más complejos y a veces hay condicionantes que no se incluyen en la ecuación.

No contar con estos posibles reveses puede hacer que los psicólogos, especialmente los noveles, sientan mucha ansiedad y frustración en su ejercicio profesional. En este sentido, la experiencia suele jugar a favor, pues ayuda a adquirir templanza y capacidad para gestionar posibles contratiempos en el proceso terapéutico.En este artículo vamos a recopilar algunos de los obstáculos más comunes que todo psicólogo puede encontrarse a la hora de hacer terapia.

Los 12 obstáculos que un psicólogo puede encontrarse al hacer terapia

Como venimos comentando, los psicólogos pueden encontrar diversos obstáculos en su ejercicio profesional, pudiendo perjudicar al curso de la terapia. Vamos a conocer los más habituales.

1. Características o diagnóstico del paciente

No todos los pacientes son iguales. Cada uno tiene unas características o diagnóstico particular que pueden hacer la terapia más o menos compleja. En este sentido, los terapeutas suelen percibir como más difíciles aquellos pacientes con trastornos de la personalidad, así como trastornos del estado de ánimo o adicciones. De la misma manera, la labor del terapeuta puede ser más dura cuando la persona manifiesta trastornos comórbidos, se muestra emocionalmente inestable o lleva a cabo conductas autodestructivas.

2. Situación vital del paciente

Lo cierto es que los psicólogos no pueden abarcarlo todo. El papel del profesional es el de acompañar en el dolor o el sufrimiento, pero no resolver por arte de magia todos los problemas que aquejan a la persona. En este sentido, hay situaciones vitales muy difíciles que pueden hacer que la terapia se haga cuesta arriba (experiencias traumáticas, escaso apoyo social…). En estos casos, la persona puede tener pocos anclajes a los que agarrarse y esto hará que la intervención del psicólogo tenga menos alcance.

3. Baja adherencia al tratamiento

Por distintos motivos, hay pacientes que muestran una baja adherencia al tratamiento. Faltan a sus citas con frecuencia, no siguen las pautas del profesional, llegan tarde… Evidentemente, todo esto dificulta que la terapia sea eficaz. Normalmente, las personas que se adhieren mal a la terapia parten de una marcada desesperanza o desconfianza hacia la figura del psicólogo y el tratamiento. No creen que la intervención les vaya a ayudar, por lo que no se esfuerzan por comprometerse con ella.

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4. Expectativas desajustadas por parte del paciente

Uno de los aspectos más importantes que se deben trabajar en las primeras sesiones tiene que ver con ajustar las expectativas sobre la terapia. Hay pacientes que pretenden conocer a priori el número de sesiones en el que lograrán una mejoría o que esperan de la terapia resultados alejados de la realidad. También hay personas que creen que el psicólogo es quien hace el trabajo y por ello no deben esforzarse o implicarse en su proceso. Por ello, explicar a la persona desde el inicio que su rol en la terapia debe ser activo y que este proceso puede ser doloroso e incómodo en ciertos momentos es clave, pues así evitaremos que abandone a la primera de cambio.

5. Sentimientos del terapeuta

No todos los obstáculos encuentran su origen en el paciente. A veces, el propio terapeuta también puede experimentar sentimientos negativos. En algunos momentos, el profesional puede ver mermado su estado de ánimo y sentir frustración, angustia o tristeza por diversas razones. Los psicólogos también son personas y esto implica que pueden tener épocas peores en las que su rendimiento profesional se ve afectado.

6. Fatiga por compasión

En profesiones asistenciales o de ayuda es común que se produzca el fenómeno “fatiga por compasión”. Este consiste en una forma de estrés secundaria a la relación de ayuda terapéutica. Así, se desborda la capacidad emocional del profesional para responder al compromiso empático que debe mostrar con el dolor de su paciente. El desgaste y el agotamiento emocional pueden acumularse y perjudicar la capacidad del psicólogo de atender de la mejor manera a las personas que acuden a su consulta.

7. Sobrecarga de trabajo

Al hilo de lo anterior, muchos profesionales sienten que están sobrecargados de trabajo. Atender a un número elevado de pacientes al día de manera individualizada y personal requiere una gran cantidad de recursos emocionales, lo que puede pasar factura.

8. Tiempo insuficiente

Muchos terapeutas que trabajan como asalariados en empresas sienten mucha presión por parte de las mismas para ser más y más eficientes. En ocasiones, esto lleva a dedicar un tiempo demasiado breve a cada paciente, lo que conduce a que el profesional se frustre por no poder intervenir de manera distendida como le gustaría.

9. Infravaloración de la figura del psicólogo

En los últimos años, hemos asistido a un auge del movimiento en favor de la desestigmatización de la salud mental. Esto ha llevado a otorgar valor a la figura del psicólogo, aunque aún queda camino por recorrer. Muchos profesionales de la psicología se sienten en ocasiones infravalorados por los colegas de otros ámbitos, lo que puede mermar su sentimiento de competencia y motivación en la terapia.

10. Horarios

Aunque pueda parecer algo sin importancia, lo cierto es que encajar las consultas no siempre es fácil. La mayoría de la gente prefiere acudir durante las tardes, lo que complica el encontrar huecos y organizar la agenda de pacientes. De la misma manera, el profesional tiene que ajustarse a la demanda de sus clientes y esto a menudo lleva a tener que realizar otras actividades laborales durante la jornada de mañana (preparar las sesiones, redactar informes, formación y supervisión…).

11. Condicionantes económicos

Pocos psicólogos se hacen millonarios, pues son muchos los gastos que requiere desempeñarse como autónomo y sacar adelante un despacho o gabinete de psicología. Sin embargo, para muchas personas es un enorme sacrificio costear un servicio de salud mental privado, lo que hace que la atención no se pueda brindar con la frecuencia y continuidad ideales. En estos casos, sucede que el profesional tiene que hacer malabares para poder ayudar a sus pacientes con recursos de tiempo limitados. A veces, sucede que los pacientes necesitan opciones de financiación que no están disponibles en el gabinete, lo que puede llevar al abandono del tratamiento.

12. Incertidumbre

El trabajo de psicólogo no es, en absoluto, aburrido. Lo cierto es que cada día es diferente y eso hace que sea una profesión dinámica y entretenida. Sin embargo, el hecho de enfrentarse continuamente a la incertidumbre con nuevos pacientes puede generar ansiedad, miedo y dudas. Al fin y al cabo, nunca sabremos qué persona ha llamado a la puerta y qué demanda va a presentar.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de los obstáculos más comunes que un psicólogo puede encontrar a la hora de hacer terapia. Durante los años de formación en la universidad se aprenden contenidos teóricos, pero éstos sólo constituyen una mera orientación. La realidad clínica es mucho más compleja, lo que hace que en el desempeño profesional puedan aparecer obstáculos o reveses que es importante manejar. Aunque los comienzos pueden ser abrumadores, la experiencia suele jugar a favor y otorgar templanza y capacidad para manejar los obstáculos.

Entre las complicaciones que pueden entorpecer el proceso de terapia se encuentran las características o diagnóstico del paciente, la situación vital de la persona, la baja adherencia al tratamiento, las expectativas desajustadas por parte del paciente, las emociones del propio terapeuta, la fatiga por compasión, la sobrecarga de trabajo, la insuficiencia de tiempo, la infravaloración de la figura del psicólogo, la dificultad para encajar horarios con los pacientes, los condicionantes económicos o la propia incertidumbre del profesional ante lo desconocido.

Sortear estos obstáculos no es una tarea sencilla, pues hay pacientes que acuden son trastornos severos o que llegan a la consulta con expectativas acerca del tratamiento alejadas de la realidad. En este sentido, es labor del profesional el ser claro desde el inicio, encuadrar e informar a la persona acerca de cómo es el funcionamiento de la terapia, la importancia de su colaboración y la incapacidad para fijar a priori un tiempo concreto hasta lograr la mejoría total. Aunque el auge de la salud mental está ayudando a romper el estigma, lo cierto es que todavía queda camino por recorrer. Son muchos los psicólogos que se sienten desbordados e infravalorados, lo que puede favorecer la llamada fatiga por compasión.

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