Los 8 tipos de Altruismo (y sus características)

El altruismo es la tendencia a, de una forma desinteresada y sin esperar nada a cambio, procurar el bien ajeno, intentando mejorar la vida de una persona incluso a costa de nuestro propio interés. Veamos de qué formas se manifiesta.

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La ética y la moral son dos conceptos abstractos históricamente estudiados por la Filosofía y que determinan nuestra existencia a nivel humano. Con una moral que queda definida como el conjunto de normas que rigen el comportamiento de las personas en un contexto sociocultural determinado y con una ética que queda definida como la reflexión de carácter universal acerca de la moral, ambos términos son esenciales para comprender cómo se tejen las sociedades humanas.

Y es en este contexto que entran en escena los valores éticos y la moralidad, dos pilares de nuestra naturaleza social que, si bien no son legislables ni regulables por su intrínseca naturaleza abstracta y subjetiva, determinan nuestra forma de actuar, las conductas que se desarrollan en una comunidad humana y, sobre todo, la percepción que tenemos de los actos que ocurren a nuestro alrededor.

Existen muchos valores éticos y morales distintos, cada uno de ellos sumando para que, en conjunto, vivamos en una sociedad que se mueve hacia el “bien”, huye del mal y promueve el bienestar de todos los individuos. Pero es una certeza que, históricamente, uno de los valores más respetados y venerados ha sido el del altruismo.

Ser altruistas implica obrar de forma desinteresada para procurar el bien ajeno, obrando de forma generosa a favor de los demás sin esperar nada a cambio e incluso a costa de nuestro propio interés. Pero, ¿el altruismo se expresa siempre de la misma manera? No. Ni mucho menos. El altruismo puede tomar muchas formas distintas. Y en el artículo de hoy vamos a indagar en las características y valores que definen a cada una de ellas.

¿Qué es el altruismo?

El altruismo es la tendencia a procurar el bien ajeno de forma desinteresada, obrando de forma generosa a favor de los demás sin esperar nada a cambio e incluso a costa de nuestro propio beneficio. Se trata de uno de los valores éticos más respetados en las sociedades humanas, al ser una manifestación pura de la generosidad que nos lleva a ayudar a los otros desinteresadamente.

Del francés antiguo altrui, que significa “de los otros”, el altruismo es una conducta muy vinculada a la filantropía, a la inteligencia emocional, a la generosidad y a la empatía que nos lleva, a veces incluso implicando un sacrificio propio, a obrar en beneficio ajeno y sirviendo a los demás para ayudar a construir una sociedad más positiva.

Es una postura diametralmente opuesta al egoísmo, pues mientras que una persona egoísta obra únicamente por su bien sin preocuparse por los demás, una persona altruista obra, sin llegar a hacerse daño a sí misma, por el bien ajeno, de una forma desinteresada y sin esperar nada a cambio. Mientras que el egoísmo es una debilidad, el altruismo, siempre y cuando no termine por consumirnos y nos olvidemos de nuestro bien, es una gran fortaleza que nos lleva a desarrollar vínculos afectivos muy poderosos con gente de nuestro alrededor.

En este contexto, pese a que sea un concepto muy abstracto y que, por tanto, sea de difícil estudio por parte de la Psicología Social, el altruismo se entiende como aquella conducta interpersonal en la que existe un proceso de ayuda en la que el receptor recibe más beneficios que el donante de la misma. Junto a la ayuda y la cooperación, el altruismo es un comportamiento prosocial que se considera beneficioso para el conjunto de la población.

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En el siglo XIX, muchos filósofos consideraban que el ser humano no era altruista por naturaleza, sino que debía ser educado para serlo. Sin embargo, estudios más recientes han demostrado que existe una tendencia natural e innata hacia esta conducta y hacia ayudar a los demás, desarrollándose, de forma muy similar a cómo ocurre en los chimpancés, a partir de los 18 meses de edad.

Al mismo tiempo, cabe destacar que sí que existen algunos factores que nos incitan a las personas a comportarnos de forma altruista, como puede ser la moral que observamos en la sociedad, el hecho de recibir recompensas indirectas (obramos de forma desinteresada, pero inconscientemente parte de lo que buscamos es el bienestar emocional que sentimos con nosotros mismos tras obrar de manera generosa), estar de buen humor o ver que la gente de nuestro alrededor, especialmente nuestros familiares, predica con el altruismo.

Así pues, una persona altruista es aquella que piensa en los otros antes que en sí misma, ayudando, apoyando y prestando un servicio a alguien que lo necesita sin esperar nada a cambio, de una forma puramente desinteresada. Una conducta muy importante en la sociedad que se mezcla con valores de solidaridad, generosidad, sacrificio y filantropía.

¿Qué clases de altruismo existen?

Ahora que ya hemos entendido las bases tanto filosóficas como psicológicas de este valor ético y moral que representa el altruismo, estamos más que preparados para profundizar en el tema que nos ha reunido hoy aquí. El de descubrir qué clases de personas altruistas existen. Porque como ya hemos dicho, existen muchas formas distintas de altruismo, cada una de ellas con unas características específicas y con unos valores concretos. Analicémoslas.

1. Protoaltruismo

El protoaltruismo es aquella forma de altruismo más primitiva, teniendo una naturaleza muy instintiva relacionada con comportamientos que pueden percibirse como “altruistas” en otros animales, especialmente en aquellos sociales. En este caso, hablamos de conductas innatas como la protección tanto materna como paterna de los niños y la crianza de los mismos. Tiene unas raíces biológicas y genéticas, estando poco asociado al componente filosófico, ético y moral del altruismo como tal.

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2. Altruismo generativo

El altruismo generativo es aquella forma de altruismo más puro. Se trata de una conducta altruista aprendida que busca simplemente promover el bien ajeno a costa incluso de nuestro propio beneficio, con conductas que no generan en nosotros ningún conflicto interno. No tiene unas raíces tan biológicas, pues emerge del contacto con la sociedad y los valores que nos inculcan. Es, por tanto, el altruismo que nos viene a la cabeza cuando pensamos en una persona altruista.

3. Altruismo conflictivo

El altruismo conflictivo es aquella forma de altruismo en el que las conductas altruistas que hemos visto en el generativo son más arrastradas al conflicto. Es decir, pese a que realmente se disfruta de observar el bienestar y el placer de la otra persona, se genera en nosotros un cierto conflicto o malestar por no estar recibiendo nosotros mismos un beneficio. Por tanto, existe una conducta plenamente altruista pero con un cierto conflicto interno.

4. Altruismo psicótico

El altruismo psicótico es aquella forma asociada a un trastorno de psicosis. La persona, que sufre un trastorno mental que distorsiona su realidad y experimenta una pérdida de contacto con la misma a través incluso de delirios o alucinaciones, desarrolla comportamientos cuidadores hacia los demás, generalmente con conductas extravagantes y renunciando de forma patológica al bienestar propio. Por tanto, no se puede considerar un altruismo puro, al estar asociado a una psicopatología.

5. Pseudoaltruismo

El pseudoaltruismo hace referencia a aquella conducta en la que una persona desarrolla conductas aparentemente altruistas pero que, en realidad, no son desinteresadas. Simula que ayuda a una persona sin esperar nada a cambio, de manera solidaria y generosa, pero la verdad es que oculta egoísmo, pues a corto, miedo o largo plazo va a esperar que esa persona le devuelva el favor. De ahí que se considere un altruismo enmascarado, pues no existe un valor altruista como tal pese a que al principio pueda parecerlo.

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6. Altruismo obligado

En estas tres últimas tipologías, nos vamos a centrar más en el altruismo biológico, es decir, las conductas de naturaleza animal que mejoran la convivencia de nuestra especie (la humana) pese a generar perjuicios a nivel individual. Por altruismo obligado entendemos aquel en el que la persona realiza un sacrificio para garantizar la supervivencia de otro. Cuando una persona rescata a alguien que se ha caído a las vías del tren cuando este está a punto de llegar, despliega este altruismo. Implica un riesgo (o directamente un daño) para la persona altruista.

7. Altruismo facultativo

Por altruismo facultativo entendemos aquel en el que la persona pierde, de forma temporal pero directamente relacionada a la ayuda que presta a otros, sus aptitudes biológicas; pero, a cambio, existe una indirecta ganancia del potencial para la especie. Cuando una madre pasa por todas las malas épocas del embarazo e incluso se somete a una cesárea para que el bebé nazca sin problemas, está desplegando esta forma de altruismo.

8. Altruismo recíproco

El altruismo recíproco apela a aquella situación en la que existe una reciprocidad en la relación interpersonal altruista. Es decir, cada una de las personas actúa de forma altruista y generosa, sin esperar nada a cambio, pero sabiendo que, cuando necesiten ayuda, esa persona a la que están ayudando les ayudará también. No es un altruismo falso. Simplemente existe la certeza de que una persona, en caso de que lo necesitemos, va a ser altruista con nosotros igual que lo fuimos con ella.

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