¿Qué es el Cambio Climático? Causas, consecuencias y (posibles) soluciones

El cambio climático es el conjunto de efectos negativos a nivel geológico, meteorológico y biológico que derivan del calentamiento global, un incremento de las temperaturas medias por, en gran medida, las actividades humanas.

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La Tierra, nuestro hogar en el Universo, tiene una edad de 4.543 millones de años. Mucho tiempo para lograr que, aislados del vacío espacial por una delgada atmósfera, todo en el planeta se encuentre en perfecta armonía. En un delicado equilibrio que, si bien se había roto muchas veces en el pasado, jamás había sido perturbado por un ser vivo. Hasta ahora.

Si redujéramos la edad de la Tierra a un año, la especie humana habría aparecido a las 11 y media de la noche del 31 de diciembre. Y la revolución industrial, el suceso que marcaría la entrada en la era de los imparables cambios tecnológicos, sociales y científicos, habría ocurrido a las 11:59:59. En una centésima de segundo, lo hemos puesto todo en peligro.

Y es que de las 7.684 millones de personas que habitan el mundo, día a día, cada vez más parte de esta población quiere vivir haciendo uso del progreso tecnológico que, en esta centésima de segundo, hemos logrado. Un logro asombroso que, sin embargo, no ha salido gratis para la Tierra. Desde que empezara la era industrial, la temperatura media del planeta ha aumentado 1 grado. Un “simple” grado puede parecer poco, pero solo hace falta ver todas las consecuencias que este calentamiento global ha tenido, tiene y tendrá en nuestro planeta.

Aumentos del nivel del mar, acidificación de los océanos, extinción de especies, reducción del hielo ártico, mayor cantidad de eventos climatológicos extremos… Estamos rompiendo el equilibrio. Y de no actuar ya, en el 2035 entraremos en un punto de no retorno en el que ya no podremos impedir que, de cara al año 2100, la temperatura media de la Tierra aumente 2 grados más. Algo que tendría unas consecuencias que todavía no podemos imaginar…

Así pues, en el artículo de hoy y, como siempre, de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, vamos a analizar las causas y consecuencias del cambio climático, así como su relación con conceptos como el efecto invernadero y el calentamiento global. De este modo, tendremos una visión general de la situación que está viviendo nuestro planeta.

El efecto invernadero: ¿amigo o enemigo?

La Tierra, a nivel geológico, no es más que una roca de 12.742 kilómetros de diámetro que gira a una velocidad media de 107.280 km/h alrededor del Sol, describiendo una órbita elíptica de 930 millones de km de diámetro. Visto así, nuestro hogar parece de todo menos un hogar.

Pero lo que hace que la Tierra sea, por ahora, el único planeta en el que la existencia de vida está confirmada es que todos sus ecosistemas se encuentran en perfecto equilibrio. Todas las condiciones de cercanía al Sol, tamaño, temperatura, presión y composición atmosférica han permitido que existamos nosotros y todos los otros seres vivos con los que compartimos este mundo.

Y entre la infinidad de procesos que permiten que la Tierra sea un planeta habitable destaca, sin duda, el efecto invernadero. Un concepto que incorrecta e injustamente lo consideramos una consecuencia negativa del cambio climático. Pero no lo es. Bueno, al menos, no por sí solo. Y entre la infinidad de procesos que permiten que la Tierra sea un planeta habitable destaca, sin duda, el efecto invernadero. Un concepto que incorrecta e injustamente lo consideramos una consecuencia negativa del cambio climático. Pero no lo es, pobre. Bueno, al menos, no por sí solo.

Este efecto invernadero es producido gracias a los conocidos como gases de efecto invernadero (GEI), los cuales, pese a representar menos del 1% de la composición atmosférica, tienen la capacidad de absorber la radiación solar térmica e irradiarla en todas las direcciones de la atmósfera terrestre, cosa que contribuye al calentamiento de la superficie terrestre y de las capas atmosféricas inferiores.

Cuando esta luz solar llega a la atmósfera terrestre, una parte importante (aproximadamente el 30%) es reflejada de nuevo al espacio. El 70% restante de esta radiación atraviesa la atmósfera e incide, con su poder calorífico, sobre la superficie terrestre, calentando tanto la tierra como los océanos, mares, ríos, etc. Y este calor que se genera en la superficie sólida o líquida de la Tierra es irradiada de nuevo hacia el espacio.

Así que si no tuviéramos ninguna manera de retenerlo, todo este calor lo perderíamos. Pero para eso está el efecto invernadero. Y es que parte de este calor que ha rebotado sobre la superficie terrestre queda atrapado en la atmósfera gracias a estos gases de efecto invernadero, los cuales, por su estructura molecular y propiedades químicas, absorben la energía calorífica y la emiten en todas las direcciones de la atmósfera, impidiendo que toda regrese al espacio y estimulando que parte de ella regrese a zonas inferiores de la atmósfera

Esto es lo que permite el calentamiento de la superficie terrestre y que las temperaturas globales de la Tierra sean lo suficientemente cálidas como para hacer posible el desarrollo de la vida. Evitar que todo el calor del Sol regrese al espacio. En esto se basa el efecto invernadero. Pero, entonces, ¿por qué tiene tanta mala fama? Porque los humanos, con nuestra actividad, lo estamos convirtiendo en nuestro enemigo.

La intensificación del efecto invernadero es lo que está derivando en el calentamiento global que, a su vez, está provocando que nos encontremos sumergidos en un cambio climático de origen antropogénico. Importante. El efecto invernadero lleva al calentamiento global. Y el calentamiento global lleva al cambio climático. Hablemos, pues, de las causas de este cambio climático.

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Causas del cambio climático

Ya hemos visto que el desencadenante del cambio climático es la intensificación del efecto invernadero, que nos ha llevado a sufrir un calentamiento global que, a día de hoy, se observa con un aumento de 1 grado en la temperatura media de la Tierra. Así que para comprender las causas del cambio climático, tenemos que ver qué es lo que ha provocado esta intensificación del efecto invernadero.

En otras palabras, por qué hay más gases de efecto invernadero reteniendo calor y estimulando el calentamiento global. Y aquí hay un principal culpable. El uso de combustibles fósiles. Si la actividad humana es responsable del 95% del cambio climático actual, la quema de combustibles fósiles es responsable de tres cuartas partes de dicho calentamiento global de origen antropogénico.

Y si hablamos de combustibles fósiles, tenemos que hablar sí o sí del principal gas de efecto invernadero: el dióxido de carbono. Su concentración actual en la atmósfera es de 410 partes por millón, que vendría a representar el 0,04% de todos los gases. Y puede parecer poco. Pero cuidado. Porque esto es un 47% más de lo que había antes de la era industrial, cuando los niveles eran de 280 ppm.

La concentración atmosférica de dióxido de carbono casi se ha duplicado en los últimos 200 años. El petróleo, el gas natural y el carbón contienen un dióxido de carbono que ha estado “encerrado” en la corteza terrestre durante millones de años. Y con su quema, tanto por el uso de combustibles fósiles (para los vehículos motorizados) como por las actividades industriales, así como por la deforestación (y combustión de madera) y la producción de cemento (responsable del 2% de las emisiones de este gas), estamos incrementando peligrosamente sus cantidades.

Quemando estas fuentes de carbono, estamos enviando a la atmósfera un dióxido de carbono que estaba retenido en la tierra. Y además, lo de la deforestación es un pez que se muerde la cola. Los bosques y selvas tropicales son imprescindibles a nivel climatológico ya que las plantas retiran y almacenan el dióxido de carbono de la atmósfera.

La deforestación de los bosques y selvas del mundo está provocando que los niveles de dióxido de carbono no disminuyan (y aumenten más) ya que hay menos árboles que lo absorban. Y ya no solo eso, sino que cuando quemamos dichos árboles, se libera al aire todavía más dióxido de carbono.

Y el problema con el dióxido de carbono no termina aquí. En el mundo se producen anualmente más de 3.000 millones de toneladas métricas de cemento. Y aunque no lo parezca, la producción de cemento es responsable directo del 2% de las emisiones de dióxido de carbono. Pero es que el dióxido de carbono no es el único gas de efecto invernadero. Hay otros.

Como por ejemplo, el metano. Es el hidrocarburo alcano molecularmente más sencillo y se produce como producto final del metabolismo de distintos microorganismos anaeróbicos. Se trata de un gas de efecto invernadero 25 veces más potente que el dióxido de carbono, pero su concentración es 220 veces inferior a este, así que, en global, contribuye menos al efecto invernadero. El sector ganadero es responsable del 40% de sus emisiones. Y esto, en un mundo donde se consumen anualmente más de 260 millones de toneladas de carne, es un verdadero desastre. De ahí que la industria cárnica sea totalmente insostenible para el mundo.

Pero la lista continúa. El óxido nitroso es un gas de efecto invernadero 300 veces más potente que el dióxido de carbono. Aunque, por suerte, no se emite en cantidades tan altas. Pero sigue siendo el tercer gas de efecto invernadero más importante, pues se estima que es responsable del 5% del calentamiento global que estamos sufriendo.

El óxido nitroso se genera, a nivel humano, por la termólisis controlada del nitrato de amonio o también por la reacción del ácido nítrico con el amoníaco. Y en este caso, el principal culpable es el sector agrícola. Cultivar extensísimas zonas de la superficie terrestre para obtener productos vegetales no solo puede provocar la deforestación de ecosistemas, sino que dicha industria tiene, como consecuencia, la liberación de óxido nitroso, especialmente por el uso de fertilizantes. Esto hace que la actividad agrícola sea responsable del 64% de las emisiones de óxido nitroso.

Y hay otro gas de efecto invernadero en el que no solemos pensar. Pero tenemos que pensar. El vapor de agua. el vapor de agua representa el 0,97% de la composición atmosférica, por lo que, pese a que no es el más potente como gas de efecto invernadero, sí que es el que más contribuye al mismo. Pensemos que el total de gases de efecto invernadero en la atmósfera era del 1%. Y este solo ya es el 0,97%.

No hay fuentes relevantes de origen humano que desestabilicen sus cantidades, aquí el problema es que con el calentamiento global, los océanos se evaporan cada vez con más intensidad. Es, de nuevo, un pez que se muerde la cola. Y terminamos con los más potentes. Los clorofluorocarbonos. Más conocidos como CFCs, son derivados de los hidrocarburos saturados que se obtienen por la sustitución de átomos de hidrógeno por átomos de flúor y/o de cloro. Fueron utilizados, gracias a su estabilidad y nula toxicidad, como gases refrigerantes, agentes extintores y como compuesto para los aerosoles.

De todos modos, tras su introducción en la década de los años 30, observamos que eran unos gases de efecto invernadero 23.000 veces más potentes que el dióxido de carbono y que, además, destruían las moléculas de ozono. En 1989 se prohibieron y, desde entonces, su uso se ha reducido en un 99%. Pero no hay que olvidar que tienen una permanencia en la atmósfera de más de 45 años, por lo que, pese a que sus niveles vayan descendiendo en un 1% cada año, siguen estando ahí, contribuyendo al efecto invernadero artificial.

Así que todo esto. El uso de combustibles fósiles. La deforestación. La intensa actividad agrícola. La ganadería. El derroche de energía. La contaminación. El uso de gases fluorados, etc, es lo que nos ha llevado a intensificar suficiente el efecto invernadero como para que la Tierra esté sufriendo un calentamiento global.

Se ha hablado mucho de que este calentamiento global ha coincidido con una época en la que las radiaciones procedentes del Sol son, en teoría, más intensas, cosa que estimularía todavía más los problemas. Pero lo cierto es que desde que medimos la actividad solar (y llevamos más de 30 años haciéndolo), no se ha observado ningún incremento notable en su emisión de radiaciones. Por ello, por ahora, no podemos culpar al Sol del actual cambio climático.

También se ha dicho que, no, que es porque la velocidad de rotación de la Tierra ha cambiado. Pero no. La velocidad de rotación de la Tierra alrededor del Sol y la forma de su órbita pueden sufrir pequeñas variaciones a lo largo de miles de años, fluctuando. Sabemos que estas variaciones han sido motor de cambios climáticos en el pasado, pero no podría ser responsable de este actual. De hecho, las predicciones indican que la velocidad y órbita actual harían que tendiéramos al enfriamiento global, pero está sucediendo justo lo contrario.

La causa de la intensificación del efecto invernadero, del calentamiento global y por tanto del cambio climático somos nosotros. Pero queda ver qué está provocando y, sobre todo, qué provocará este cambio climático. Analicemos, pues, sus consecuencias a corto, medio y largo plazo.

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Consecuencias del cambio climático

El cambio climático es un fenómeno climatológico en el que se rompe paulatinamente el estado de equilibrio natural entre la atmósfera, la litosfera, la hidrosfera, la criosfera y la biosfera terrestre. Es una variación prolongada de los valores climatológicos de la Tierra, cosa que lleva a la aparición de eventos negativos a nivel medioambiental.

Y lo que más rompe este estado de equilibrio es una variación en la temperatura media de la Tierra. Y en este contexto, pese a que el enfriamiento global pueda desencadenar de igual forma un cambio climático, es el calentamiento global el que, en esta ocasión, ha desencadenado la pérdida del equilibrio ambiental y, por tanto, el cambio climático que estamos sufriendo.

A lo largo de su historia, la Tierra ha pasado, de forma natural, por muchos cambios climáticos que han determinado su historia y en los que el incremento de las temperaturas han surgido por impactos de meteoritos, erupciones volcánicas, alteraciones en la órbita del planeta o variaciones en la radiación solar que recibimos. Y así es como han ocurrido muchas de las extinciones masivas que estuvieron a punto de hacer desaparecer la vida del planeta.

Es cierto que el cambio climático no es un “invento” actual. Pero sí que es la primera vez que no es natural. Nosotros, por la emisión de gases de efecto invernadero, estamos impulsándolo. Negar que el cambio climático de origen antropogénico es una realidad no tiene ningún sentido. Hemos sido responsables de un calentamiento global que nos ha llevado a desestabilizar la Tierra.

El cambio climático no es algo que sufrirán las próximas generaciones. Es algo que hemos sufrido, que sufrimos y que sufriremos. Y que las consecuencias que veremos sirvan de evidencia y como presagio de lo que está por venir. Como consecuencia del calentamiento global, el derretimiento del hielo del Polo Sur está provocando ya un aumento del nivel del mar. El derretimiento del del Polo Norte no ya que es hielo flotando en agua (en el Polo Sur está sobre una superficie terrestre), así que no hace que el volumen de agua varíe.

Sea como sea, cada año llegan miles de millones de litros de agua que antes estaban aislados en la Antártida en forma de hielo. Y aunque la extensión de los océanos es increíblemente grande, ha sido suficiente para que en los últimos cien años, el nivel del mar haya aumentado 20 centímetros.

De seguir así, y teniendo en cuenta que la velocidad del deshielo es cada vez mayor, se estima que, de cara a 2050, más de 200.000 personas vivirán en zonas costeras que sufrirán constantes inundaciones. Y, con el tiempo, unas 300 millones de personas sufrirán las consecuencias de este aumento del nivel del mar.

Ya hemos visto que la actividad humana ha incrementado enormemente los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera tanto al quemar depósitos sólidos de carbono como al deforestar los bosques. Y este CO2 es absorbido, en gran parte, por los océanos, donde los organismos fotosintéticos están usando este exceso de dióxido de carbono para hacer la fotosíntesis.

Pero esto no es bueno. Ni mucho menos. Los océanos y mares están absorbiendo, cada año, unas 2.000 millones de toneladas de dióxido de carbono más de lo que deberían, cosa que hace que su acidez, en las capas más superficiales (donde están los organismos fotosintéticos), se haya incrementado un 30%, algo que tiene dañinos efectos para la vida marina. El cambio climático está desestabilizando la composición de los océanos.

Los glaciares son masas gruesas de hielo presentes en la superficie terrestre. Y todos los del mundo, desde los de la Antártida hasta los de Alaska, pasando por los de Argentina, han sufrido notorios retrocesos. Debido al calentamiento global, se están derritiendo, con efectos visibles a simple vista. Y esta llegada de agua procedente de su derretimiento a los océanos es lo que provoca el incremento del nivel del mar.

Y evidentemente, el cambio climático está teniendo consecuencias directas para la vida. La extinción de especies. Una de las peores consecuencias a nivel ecológico. De acuerdo a la ONU, cada año desaparecen de la Tierra entre 18.000 y 55.000 especies debido al cambio climático y a las alteraciones en sus ecosistemas y cadenas tróficas. Cada hora que pasa, 3 especies se extinguen. Desapareciendo para siempre de la Tierra.

Debido a la desestabilización climática, los ecosistemas terrestres son lugares cada vez más secos. La falta de lluvia provoca sequías, lo que lleva a que los organismos fotosintéticos (como las plantas) no pueden instaurarse en ellos o que desaparezcan, lo que impide que se forme una cadena trófica en ellos. La Tierra es cada vez un lugar más desértico. Especialmente en el sur y centro de Europa, cada vez hay más periodos de sequía. El cambio climático se manifiesta con una disminución de las tasas de precipitación. Y sin lluvia, hay sequía, con todos los efectos que esto tiene en la sociedad humana.

El hielo ártico, el del Polo Norte, se está derritiendo a una velocidad de casi 300.000 millones de toneladas por año. Y aunque, como hemos visto, al ser hielo flotando en el mar, no provoca un aumento en su nivel, la llegada de tanta agua sí que desestabiliza (y desestabilizará más) el equilibrio de los océanos.

¿Es casualidad que haya más olas de calor que nunca? ¿Es casualidad que casi todos los récords de altas temperaturas se hayan dado en los últimos cien años? ¿Es casualidad que haya habido, de forma global, un aumento del número de muertes producidas por las altas temperaturas? No. No lo es. La Tierra es cada vez un lugar más caliente. Y no solo porque la temperatura global esté aumentando a un ritmo de 0,2 °C por década, sino que, desde 2014, cada año está entre los más calurosos registrados en la historia.

Además, romper el equilibrio entre atmósfera, litosfera e hidrosfera ha provocado que cada vez haya más eventos meteorológicos extremos. Las inundaciones, huracanes, tormentas, lluvias torrenciales, vientos muy fuertes, olas de calor, etc, son consecuencia directa del cambio climático. Y tanto su incidencia como intensidad solo harán que ir en aumento.

El efecto conjunto de sequías y eventos meteorológicos extremos afectará directamente a la actividad agrícola. Y esto no solo hará que los alimentos y materias primas sean más caros para los consumidores, sino que puede poner en peligro la vida de las personas de países en vías de desarrollo que dependen de lo que cultivan para sobrevivir. Y ya sabemos en lo que deriva la hambruna.

Algo que se convierte en un panorama desolador si tenemos en cuenta que el incremento global de temperaturas hace que muchas infecciones se propaguen de forma más rápida, pues la mayoría de gérmenes (especialmente aquellos que se transmiten a través de alimentos y aguas, pero también los que se transmiten por insectos) prefieren temperaturas templadas cercanas a las de nuestro cuerpo.

Esto no solo hará que aumente la incidencia en países tradicionalmente afectados por enfermedades como la malaria o el dengue, sino que estas lleguen a zonas donde tradicionalmente no había habido casos. Pero es que no solo se está calentando la atmósfera. Los océanos, también. Estos ecosistemas marítimos absorben gran parte de la energía calorífica (que ha aumentado por el efecto invernadero), así que están absorbiendo cada vez más calor.

Esto ha hecho que, en los primeros 700 metros de la columna de agua, la temperatura haya aumentado, en los últimos 40 años, unos 0,2 °C. De nuevo, puede parecer anecdótico, pero de seguir así, las consecuencias para la vida marina pueden ser devastadoras. Como reza un proverbio indio, la tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos. ¿Estamos a tiempo de parar el cambio climático? Por desgracia, solo el tiempo podrá responder esta pregunta.

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