Medicina General

Los 8 órganos vestigiales del cuerpo humano

Los órganos vestigiales son estructuras de nuestro cuerpo que no cumplen con ninguna función biológica pero que son fruto de la herencia evolutiva de nuestros antepasados. Son las “sobras” de la evolución.
Órganos vestigiales

El cuerpo humano es una proeza de la naturaleza, pero dista mucho de ser algo perfecto. Somos organismos físicamente débiles en comparación a otros animales que, pese a no disponer de una inteligencia tan avanzada como la nuestra, nos superan en prácticamente todas las habilidades físicas.

Y otro claro ejemplo de que nuestro organismo no está perfectamente “construido” es la presencia de los conocidos como órganos vestigiales, unas estructuras que no desempeñan ninguna función biológica pero que sin embargo ocupan un espacio en nuestro cuerpo e incluso pueden enfermar.

¿Por qué tenemos apéndice? ¿A qué se debe la presencia del coxis si no tenemos cola? ¿Por qué los hombres tienen pezones? ¿Por qué nos salen muelas del juicio? ¿Por qué hay músculos en las orejas si no podemos moverlas? Muy sencillo: por la evolución.

En el artículo de hoy analizaremos qué son estos órganos vestigiales y cuáles son sus características, repasaremos el mecanismo evolutivo por el que aparecen y detallaremos los principales órganos vestigiales del cuerpo humano.

¿Qué son los órganos vestigiales?

Los órganos vestigiales son estructuras biológicas que en el pasado tuvieron alguna función importante en nuestros antepasados pero que, a día de hoy, en nuestra especie, no desempeñan ningún papel, al menos de forma aparente.

Los vestigiales son órganos que, si bien hace millones de años cumplían con roles imprescindibles en la especie portadora, la evolución provocó que cada vez fueran menos importantes a nivel fisiológico. Y esto, a lo largo de las generaciones, da lugar a una involución del órgano.

Con el tiempo, estos órganos vestigiales están destinados a desaparecer por simple selección natural (aunque los humanos, con la Medicina, hemos detenido este proceso evolutivo), pero toma mucho tiempo perder una estructura corporal.

Los humanos tenemos órganos vestigiales porque a la evolución no ha tenido tiempo de hacerlos desaparecer por completo, lo que explica que tengamos estructuras que ocupan un espacio más o menos grande del cuerpo que están involucionadas respecto a las que tenían nuestros antepasados pero que siguen ahí.

La única característica en común de todos los órganos vestigiales es la carencia de funcionalidad, y es que no solo no cumplen con ninguna finalidad biológica (al menos, de forma aparente), sino que, además, pueden infectarse, como por ejemplo el apéndice, o fracturarse, como las vértebras del coxis.

¿Qué papel juega la evolución?

La presencia de órganos vestigiales en los animales (no solo los humanos tenemos) es la prueba más irrefutable de que la evolución existe y que la selección natural es la fuerza que la impulsa. Y es que estos órganos vestigiales no son más que los “restos” del proceso evolutivo.

La Teoría de Darwin, nacida en 1859, afirma que todas las especies que vemos hoy en día en la Tierra proceden de un antepasado común, es decir, de formas de vida más simples que, en función de las necesidades del ambiente en el que se encontraban, desarrollaron unas adaptaciones u otras.

En otras palabras, los humanos, los elefantes, las hormigas, las ballenas o las águilas venimos de un ancestro común que, al tener que adaptarse a ambientes muy distintos, evolucionó de forma también muy diferente, dando lugar a la increíble diversidad de especies que vemos hoy en día.

Pero el hecho de que todos procedamos de un mismo antepasado implica también la presencia de estos órganos vestigiales, pues heredamos estructuras que, si bien para la especie de la que procedemos (no tiene que ser la más cercana) resultaban útiles, nosotros nos adaptamos a un medio y desarrollamos un estilo de vida en el que ese órgano no era necesario.

Y en términos de evolución y selección natural, el concepto “no necesario” significa “involución”, es decir, que cada vez se destinan menos esfuerzos biológicos a mantener activa esa estructura, por lo que va perdiendo funcionalidad y su estructura cada vez se hace más pequeña y atrofiada, hasta quedar con un órgano muy distinto al original sin ningún propósito fisiológico.

Todas las especies somos los descendientes de unas especies ancestrales, por lo que, nos guste o no, debemos heredar estructuras biológicas que, pese a ya no ser útiles en nuestra anatomía y fisiología, permanecen como remanentes del proceso evolutivo. Veamos ahora cuáles son los principales órganos vestigiales del cuerpo humano y de dónde vienen.

¿Cuáles son los órganos vestigiales de nuestro organismo?

Como hemos dicho, los órganos vestigiales son remanentes del proceso evolutivo (herencia de especies ancestrales) y consisten en estructuras biológicas atrofiadas en cuanto a anatomía y funcionalidad pero de las que todavía no nos hemos desecho.

A continuación veremos los principales del cuerpo humano (se estima que hay un total de 86), pero recordemos que los órganos vestigiales no son en absoluto exclusivos de las personas. Todos los animales tienen estructuras carentes de funcionalidad pero que vienen de la herencia evolutiva.

1. Apéndice

El apéndice es el órgano vestigial por excelencia. Esta estructura alargada y de pequeño tamaño se encuentra adherida al intestino grueso. Consiste en una bolsa con forma de dedo que se proyecta desde el colon, en el lado derecho del abdomen.

Se cree que el apéndice es una herencia evolutiva de un órgano que utilizaban nuestros antepasados herbívoros para digerir la glucosa, pero en nuestra especie ya no cumple con esta función y, de hecho, solo da muestras de su presencia cuando se infecta dando lugar a una apendicitis, una condición clínica potencialmente mortal en la que hay que extirpar esta estructura para impedir la muerte de la persona.

De todos modos, recientemente se ha empezado a discutir si el apéndice es realmente un órgano vestigial, ya que, aunque no cumple con su objetivo original, se cree que podría estar involucrado en la estimulación del sistema inmune, aunque fuera de forma indirecta. Sea como sea, el apéndice es el más claro ejemplo de vestigialidad.

Apéndice

2. Coxis

Coxis

El coxis es la parte final de la columna vertebral. Está formado por las cuatro últimas vértebras, las cuales son de un pequeño tamaño y carecen de movilidad, pues ya desde el momento del nacimiento están fusionadas. Es otro claro ejemplo de órgano vestigial.

El coxis no tiene ninguna funcionalidad, al menos de forma aparente, en el organismo. Y es que si bien la región sacra de la columna vertebral (la parte anterior al coxis) tampoco tiene movilidad, sí que es importante para transmitir el movimiento a la pelvis. El coxis no tiene función.

Es, de nuevo, un legado del pasado. Es una herencia de los otros mamíferos de los que procedemos (sin ir más lejos, los monos), pues este coxis nace de una desaparición progresiva de la cola, un rasgo común en la mayoría de animales vertebrados. El coxis, pues, es una involución de la cola.

3. Muelas del juicio

Las muelas del juicio son otro claro ejemplo de órgano vestigial. Es más, es una estructura que es evidente que no debería estar ahí, pues ni cumple con ninguna función ni está bien integrada en nuestra fisionomía. No tiene ningún sentido que, a partir de la pubertad, nos salgan unos dientes que no solo no nos sirven, sino que a menudo, para mantener la salud bucal, deben extirparse.

Las muelas del juicio son, de nuevo, un legado de nuestros antepasados, especialmente de los simios, que necesitaban unos dientes mucho más fuertes y grandes para masticar la comida, pues seguían una dieta con alimentos muy duros. Los cambios en la nutrición hicieron que estos dientes fueran cada vez menos necesarios hasta llegar al punto de que la mandíbula humana no estuviera adaptada a su presencia.

4. Músculos de las orejas

Oreja

Los músculos de las orejas son otro órgano vestigial. Y es que, ¿cuál es el propósito de tener una musculatura que no podemos mover de forma ni voluntaria ni involuntaria? A pesar de que algunas personas sí que pueden mover las orejas, por regla general, la musculatura en esta zona del cuerpo está muy atrofiada.

Los músculos de las orejas proceden de los simios de los que venimos, pues ellos sí que necesitaban una musculatura bien desarrollada para mover las orejas y así ubicar sonidos. Los humanos, al no necesitar estos músculos, se han ido atrofiando hasta el punto de no cumplir con ninguna función.

5. Senos paranasales

Los senos paranasales son cavidades huecas dentro del cráneo. Básicamente son bolsas de aire en nuestra cabeza. Y estas regiones, pese a que hay quien dice que funcionan como cámara de resonancia a la hora de generar sonidos o como estructura para liberar peso del cráneo, lo cierto es que provocan más problemas de los que solucionan.

Y es que la sinusitis es una enfermedad respiratoria en la que estos senos paranasales se infectan ya que las bacterias tienen vía libre para crecer y están bien aisladas. No tiene sentido, de nuevo, disponer de una estructura con funciones poco importantes y que, además, es propensa a infectarse.

En este caso, se cree que los senos paranasales son una herencia evolutiva de los dinosaurios, los cuales sí que necesitaban estas cavidades huecas para darle forma a su cráneo. En los humanos, básicamente es una bolsa de aire que puede infectarse.

Senos paranasales

6. Plica semilunaris

La plica semilunaris es un pequeño pliegue de la conjuntiva ocular (la membrana mucosa que rodea el globo ocular) localizado en la esquina interna del ojo y que se percibe como un tejido rojizo que sobresale del ojo.

Esta estructura ayuda a propiciar el movimiento de los ojos y a mantener el drenaje de las lágrimas, pero lo cierto es que se trata de un órgano vestigial, pues procede de una involución de otra estructura que cumplía con otras funciones.

La plica semilunaris es un remanente del tercer párpado, el cual es común en aves y reptiles. Este tercer párpado es translúcido y lo utilizan estos animales para lubricar el ojo y limpiarlo pero sin perder visión en ningún momento. Desde estos antepasados, el tercer párpado fue perdiéndose, hasta que en los mamíferos (incluidos nosotros) quedaron las “sobras” de este, que es la plica semilunaris.

7. Pezón masculino

Los pezones son estructuras biológicas imprescindibles en las hembras para dar el pecho a sus crías. La finalidad biológica del pezón es exclusivamente esta. Por ello, técnicamente no tiene sentido que los hombres tengan pezones.

En este sentido, al no poder dar de mamar ya que no producen leche a través de glándulas mamarias, los pezones en los hombres son un órgano vestigial, pues no cumplen con ninguna función.

8. Falanges del dedo pequeño del pie

Las falanges del dedo pequeño del pie están muy involucionadas respecto a las de los otros dedos, pues son más pequeñas y carecen de movilidad. En este sentido, son huesos vestigiales que proceden de nuestros antepasados homínidos, los cuales sí que tienen movilidad en este dedo del pie. Los humanos, sin embargo, no la necesitábamos, por lo que su estructura fue atrofiándose hasta convertirse en un órgano vestigial.

Referencias bibliográficas

  • Smith, H.F., Wright, W. (2018) “Vestigial organs”. Springer Nature Switzerland.
  • Müller, G.B. (2002) “Vestigial organs and structures”. Encyclopedia of Evolution.
  • Kabir, A. (2018) “Human Vestigial Organs: Hidden Parts in Medical Science”. CPQ Medicine.
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