¿Cómo ayudar a un niño con dislexia? Los 5 mejores consejos

Más allá del centro escolar, los padres pueden seguir algunas pautas para ayudar a su hijo con dislexia. Además de entrenar la lectura, es necesario cuidar aspectos como el juego o la autoestima del niño.

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Aprender implica adquirir habilidades, conocimientos, conductas y valores. Aunque aprendemos muchas cosas gracias al estudio, también adquirimos infinidad de aprendizajes mediante la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación. En principio, el proceso de aprendizaje debería ser motivador y satisfactorio. Sin embargo, la realidad de muchos niños se aleja bastante de esto. Muchos sufren durante su etapa educativa al no lograr el desempeño académico que se espera de ellos.

Hace décadas, se creía que todos aquellos alumnos incapaces de seguir el ritmo de la clase eran simplemente “tontos”. Afortunadamente, el avance de la psicología ha permitido comprender que son muchos los motivos que pueden impedir a un niño aprender con normalidad. Uno de ellos es la dislexia. Hasta que la ciencia pudo definir con exactitud qué era la dislexia y cómo esta podía ser detectada, han sido muchas las personas que han vivido asumiendo su incapacidad para aprender, cuando realmente el problema de fondo era un trastorno del aprendizaje.

Esto ha dejado una huella no sólo académica, sino también emocional, en quienes han pasado por esto. Aunque el panorama ha experimentado una gran transformación en los últimos años y este problema es cada vez más conocido, lo cierto es que aún muchos padres y profesores tienen dudas acerca de cómo ayudar a un niño con dislexia. Por este motivo, en este artículo hablaremos acerca de algunas pautas que pueden ayudar a manejar la situación y favorecer el pleno desarrollo del niño con dislexia.

¿Qué es la dislexia?

En primer lugar, es importante aclarar qué entendemos por dislexia. Esta se define como un trastorno específico del aprendizaje de base neurobiológica. Esencialmente, se caracteriza por la presencia de dificultades en la precisión y/o fluidez en el reconocimiento de las palabras, así como una falta de habilidad en la escritura y la decodificación verbal.

Estas dificultades se deben a un déficit en el procesamiento fonológico del lenguaje, algo que contrasta con unas adecuadas habilidades cognitivas y una instrucción del docente adecuada. Como consecuencias secundarias, la dislexia puede acarrear problemas de comprensión lectora. Además, este trastorno puede llevar al individuo a reducir notablemente su práctica lectora, lo que se traduce en un vocabulario y conocimientos más limitados.

La dislexia puede, de igual manera, afectar a la velocidad de procesamiento, las habilidades motrices, la percepción visual y/o auditiva, la memoria a corto plazo y el lenguaje hablado. Aunque cada persona con dislexia puede mostrar unos síntomas diferentes, en general el abanico de señales de alarma incluye:

  • Problemas de lateralidad
  • Confusión de palabras con pronunciación similar
  • Dificultad para articular o pronunciar palabras
  • Trasposición de letras e inversión de números
  • Lectura muy laboriosa y con errores
  • Problemas para concentrarse en la lectura o escritura
  • Dificultades para seguir instrucciones
  • Problemas de equilibrio
  • Dificultad para organizar los pensamientos y mantener la atención

Aunque siempre se habla de dislexia en general, lo cierto es que existen diferentes tipos.

1. Adquirida

La dislexia de este tipo es aquella que aparece como consecuencia de una lesión cerebral.

2. Evolutiva

Este tipo es el más habitual en el entorno escolar, es aquella en la que no existe una lesión cerebral concreta. A su vez, esta puede clasificarse en:

  • Fonológica o indirecta: Este tipo de dislexia se produce por un mal funcionamiento de la ruta fonológica. Esto hace que el niño realice una lectura visual basada en la deducción, por lo que la lectura es correcta cuando se trata de palabras habituales pero muy difícil cuando son desconocidas, largas o pseudopalabras.

  • Superficial: La dislexia superficial es aquella en la que el niño lee utilizando la ruta fonológica. En este caso, la lectura será normal cuando se trate de palabras regulares, aunque se complicará en el caso de las palabras irregulares (por ejemplo, aquellas en inglés). La velocidad lectora se reduce cuando las palabras son largas, además de producirse errores de omisión, adición y sustitución de letras. Es frecuente la confusión de palabras homófonas, aquellas que suenan igual pero tienen significados distintos.

  • Mixta o profunda: Este tipo de dislexia es la más severa, pues se encuentran dañadas tanto la ruta fonológica como la visual, lo que hace que se produzcan errores semánticos.

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Cómo ayudar a un niño con dislexia

Ahora que ya hemos aclarado qué es la dislexia, es momento de hablar acerca de cómo manejar la situación. En primer lugar, debemos tener en cuenta que las necesidades de los niños con dislexia no son siempre las mismas, pues cada caso es único. No obstante, en general se debe tener en cuenta que siempre será preciso recurrir a métodos de enseñanza alternativos a los tradicionales.

De esta forma, se busca conseguir que los alumnos con dislexia puedan tener un aprendizaje significativo, además de un importante apoyo emocional. Así, el fin último es impedir que la dislexia se convierta en un obstáculo para el desarrollo integral del niño. A continuación, veremos algunas pautas importantes para actuar con un niño con dislexia.

1. Identificar el problema

Es imposible ayudar a un niño con dislexia si no se conoce con exactitud qué tipo de dislexia sufre y en qué grado. Ante la más mínima sospecha de que se trate de este problema, es fundamental que un profesional realice una evaluación exhaustiva del caso para identificar el problema concreto que hay que atajar. Una vez este punto está claro, será fácil trabajar junto al niño y ver resultados.

2. Actividades en casa

Aunque en el centro escolar se trabaja la dislexia, eso no significa que los padres no deban hacer lo propio en casa. La familia tiene un papel muy importante, pues esta deberá realizar actividades con el hijo para favorecer la lectura y la comprensión. Algunos ejemplos son:

  • Leer junto al niño cuentos que le gusten, de forma que este pueda concentrarse en las palabras y tomarse el tiempo que necesite para entender el contenido. Utilizar temáticas que le interesen ayudará a que la lectura se viva como una actividad agradable y no como un castigo.

  • Jugar a detectar el error. Para ello se elabora una lista de palabras que al niño le puedan costar más. Se le pide que las lea y luego el adulto lee la lista de nuevo en voz alta, pidiéndole que le corrija si lee alguna mal. Este juego es de gran ayuda para que el niño pueda poner su atención en la correspondencia entre sonidos y letras.

  • Lectura de sílabas complejas. Este ejercicio consiste en que el niño lea en silencio una lista de sílabas para luego hacerlo en voz alta. Es de gran ayuda señalar las sílabas que lee bien para indicarle sus progresos y favorecer la motivación. A medida que se observan mejoras, se puede incrementar la dificultad sustituyendo las sílabas por palabras o frases.

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3. Jugar

Muchas veces, tratando de ayudar al niño con dislexia, se le llega a sobrecargar con numerosas tareas que hacen el efecto opuesto al deseado. Una manera excelente de trabajar la dislexia de forma lúdica es el juego. Los juegos con letras, como por ejemplo el ahorcado o las palabras encadenadas, son estrategias sencillas y que resultan divertidas. Además, jugar es una forma de mantener la conexión entre padres e hijos, pues se crea un espacio de ocio compartido que favorece la complicidad.

4. No sobreexigir

Muchos padres, debido a la preocupación y deseo porque su hijo muestre mejoras, tienden a sobre exigir y presionar para que el niño haga cada vez más tareas. Esto puede hacer que se dejen a un lado otras cosas igualmente importantes, como disfrutar de actividades de ocio o simplemente descansar. Es crucial que la familia muestre una actitud empática y comprensiva, reconociendo el gran esfuerzo que el niño hace realizando sus tareas.

5. Fortalecer la autoestima

Uno de los problemas secundarios más comunes de la dislexia tiene que ver con la baja autoestima. Los niños que sufren este problema se sienten a menudo inferiores a los demás y se perciben a sí mismos como menos capaces o carentes de talentos y habilidades. Es fundamental que la familia trabaje para romper esa idea de que es “tonto”, y dejar claro al niño que las dificultades a la hora de leer no tienen nada que ver con su inteligencia.

Es esencial que, además de trabajar la lectura, también se fomenten actividades en las que el niño destaca. Por ejemplo, el deporte, el baile, la pintura, tocar algún instrumento… El hecho de que el niño sienta que es muy competente en estas otras áreas será de gran ayuda para preservar una autoestima adecuada y mantener su motivación.

Conclusiones

En este artículo hemos hablado acerca de algunas pautas que pueden ser de ayuda para que los padres puedan ayudar a sus hijos con dislexia. La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje que produce un déficit en el procesamiento fonológico del lenguaje. Así, el niño muestra problemas para leer y comprender lo que lee a pesar de contar con una capacidad cognitiva y una instrucción adecuadas. Más allá del centro escolar, los padres pueden ayudar a su hijo realizando diversas actividades en casa para entrenar la lectura, jugar con él, fortalecer sus talentos y puntos fuertes y mostrar una actitud empática que reconozca su esfuerzo.

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