¿Cómo mantener una buena convivencia en pareja durante el verano? En 4 consejos

El verano cambia nuestras rutinas y nos permite pasar más tiempo con la pareja, lo que a veces puede favorecer la aparición de conflictos y diferencias. Algunas pautas pueden ayudar a que la relación no se resienta durante estos días de descanso.

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Siempre que hablamos de vacaciones de verano pensamos en una época de tranquilidad, descanso y desconexión. Aunque esta temporada es necesaria para recargar pilas, lo cierto es que implica importantes cambios en nuestra rutina que no siempre sabemos gestionar.

En particular, este proceso de adaptación a la rutina veraniega puede ser costoso cuando vivimos en pareja. El verano nos lleva a pasar mucho más tiempo con nuestro compañero/a sentimental, lo que puede acarrear ciertos problemas. Por ello, a continuación vamos a hablar acerca de cómo la etapa estival puede influir en el grado de conflicto de la pareja y de qué manera es posible prevenir los roces y favorecer el bienestar de la relación.

¿Cómo afecta el verano a las relaciones de pareja?

Es indudable que el verano provoca importantes cambios en nuestra rutina. Dejamos de seguir los rígidos horarios del trabajo, posponemos tareas y obligaciones y priorizamos la diversión y el descanso de manera relajada. Cuando nos encontramos en pareja, todos estos cambios llevan a que pasemos mucho más tiempo con la otra persona. Aunque esto puede ayudar a reconectar y disfrutar el uno del otro, también puede favorecer la aparición de conflictos que pueden empañar esos días tan esperados. Aunque los problemas que pueden surgir en la pareja durante el verano dependen de cada caso, lo cierto es que algunos de ellos son especialmente comunes.

En primer lugar, muchas personas refieren que en verano su pareja les molesta, pues sienten que su espacio personal se ve invadido y dejan de tener la tranquilidad y la soledad propias de la rutina normal. Muchas parejas apenas se ven a lo largo de la jornada, pues deben afrontar obligaciones como el trabajo, los hijos o los compromisos.

Así, cuando llega el momento de parar y descansar, ambos miembros de la relación pueden añorar el tiempo a solas sin la continua presencia de la pareja. Esto es más probable que suceda cuando cada uno posee intereses diferentes. Al no necesitar lo mismo, es posible que el tiempo de verano sea un punto de conflicto, pues no hay concordancia en las actividades de ocio que se desean realizar. Así, si no hay una adecuada disposición para negociar entre ambas partes, es posible que la pareja se vea resentida al no existir un espacio de ocio compartido.

En otros casos, el verano se convierte en un momento de conflicto debido a que la pareja descubre que el tiempo de descanso es demasiado monótono. Muchas parejas viven enfrascadas en una rutina organizada sin apenas tiempo de disfrute, por lo que al llegar el verano se sorprenden por no tener planes o ideas que les ayuden a disfrutar y salir de lo de siempre.

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A veces sucede que uno de los dos miembros es el que toma la iniciativa, aunque en verano puede sentirse desmoralizado si ve que la pareja no hace nada por organizar los días de vacaciones y sacarles provecho. Cuando los roles en la relación ya se encuentran muy asentados, suele ser siempre uno el que se encarga de hacer propuestas, mientras que el otro se limita a dejarse llevar. Esta diferencia puede generar importantes desencuentros, pues los días de descanso se convierten en un momento en el que los déficits de la relación salen a relucir en todo su esplendor.

De la misma manera, en vacaciones es posible que la relación sufra, pues al aumentar el tiempo de convivencia también se pueden ver con más frecuencia los defectos y manías del otro. Así, el verano muchas veces puede llevar a percibir al otro de manera más negativa, pues ensalzamos lo que menos nos gusta de él. Esto lleva, generalmente, a crear un clima más tenso, lo que facilita que el conflicto aparezca.

Al sentirnos más crispados, mostramos una peor disposición a la hora de negociar o resolver diferencias, lo que puede suponer un importante obstáculo para el funcionamiento de la pareja. En definitiva, el verano puede contribuir a magnificar lo menos agradable de la relación, dejando aquello que sí nos gusta en un plano secundario. El tiempo libre se convierte así en una oportunidad por la que las diferencias y los déficits de la pareja se hacen evidentes, por lo que resulta crucial adquirir estrategias que permitan gestionarlos.

Consejos para mantener una buena convivencia en pareja durante el verano

Muchas veces depositamos en el verano unas expectativas demasiado altas, esperando que esos días sean perfectos. Sin embargo, la perfección no existe y ante todo es crucial tener presente que los conflictos en la pareja son normales. Por eso, en primer lugar es recomendable no idealizar la vida en común y tener presente que las diferencias y los roces nos hacen humanos. Así, esperar que todo sea increíble solo servirá para incrementar la frustración cuando aparezca algún conflicto.

Dado que el conflicto es natural en las relaciones, especialmente cuando pasamos mucho tiempo con la pareja, es importante seguir algunas pautas para que la convivencia veraniega no sea destructiva.

1. Recuerda que sois un equipo

Una pareja saludable debe comportarse como un equipo en el que dos personas colaboran para lograr el bienestar común. No veas a tu compañero sentimental como el enemigo al que debes encarar, sino como una fuente de apoyo. Deja de buscar en el otro al culpable de todo lo que sucede y no te atasques en continuos reproches. En su lugar, apuesta por comunicarte de manera asertiva con tu pareja, de manera que puedas señalar aquello que no te gusta sin por ello romper la sintonía y la colaboración entre ambos.

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2. Aprende a negociar

Todas las parejas deben afrontar situaciones en las que las necesidades de cada uno de los miembros entran en conflicto. Estar en pareja implica muchas veces saber negociar, de forma que pueda encontrarse una solución que permita el mayor grado de bienestar a ambas partes. Esto no siempre es fácil, pues a veces la solución no satisface de forma idéntica a los dos miembros de la relación. Sin embargo, es crucial que haya una adecuada comunicación, de forma que cada uno pueda expresar abiertamente aquello que siente o necesita.

Recuerda que en una pareja no se trata de pelear por imponer los propios intereses, sino de hallar de forma conjunta un punto común que sea cómodo y aceptable para ambos. Aunque en este proceso de negociación a veces haya que hacer ciertas renuncias, piensa que el objetivo último es lograr que la relación fluya y sea satisfactoria para los dos. Si, por ejemplo, en verano tu pareja prefiere la playa y tú la montaña, quizá podáis organizar un viaje en el que se pueda realizar ambos tipos de turismo.

3. Equilibra los tiempos

En el tiempo de vacaciones resulta esencial poder disfrutar de intimidad en pareja, aunque esto a veces se debe compaginar con los compromisos familiares o los gustos individuales. Para evitar saturación, es recomendable que exista una adecuada organización previa, de forma que ambos podáis decidir cómo se distribuirá el tiempo disponible. Para favorecer que los dos os encontréis a gusto, es esencial que podáis hablar sobre qué tiempo os gustaría dedicar a cada cosa (tiempo en pareja, a solas y familia) y así prevenir conflictos posteriores por no haber tenido una comunicación efectiva.

4. No busques la perfección

Tal y como comentamos anteriormente, no existen las vacaciones perfectas. Así, para evitar conflictos y frustraciones posteriores es importante ajustar las expectativas que tenemos y aceptar que no todo sale siempre como queremos. Los imprevistos y los problemas ocurren y forman parte de la vida, y aceptar esto te permitirá ganar paz mental y dejar de agobiarte cuando el curso de las vacaciones no es tal y como pretendías.

Evita adoptar una visión catastrofista, pues que existan pequeños roces no tiene por qué acabar con tu disfrute vacacional. Destina esfuerzos a buscar cercanía y negociación con tu pareja y verás como incluso con reveses tus vacaciones terminan siendo imperfectas pero muy divertidas. Recuerda que las parejas sanas no son aquellas que no tienen problemas, sino las que ante ellos son capaces de negociar y comunicarse para favorecer el crecimiento de la relación, adaptarse a los cambios y fomentar el disfrute conjunto.

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Conclusiones

En este artículo hemos hablado sobre algunas pautas que pueden ser de ayuda para evitar que la convivencia en pareja durante el verano suponga un problema. Aunque la época estival es clave para desconectar y recargar pilas, lo cierto es que los cambios en la rutina que experimentamos en verano pueden mermar el bienestar de la pareja. Al pasar más tiempo juntos, es frecuente que aumente el nivel de conflicto y la tensión, pudiendo suponer un obstáculo para disfrutar de las merecidas vacaciones.

Aunque las discusiones en pareja son normales, es importante que durante la época estival se refuerce la comunicación asertiva y la capacidad para negociar y encontrar puntos en común. Además, es esencial organizar el tiempo acorde a las necesidades de los miembros de la relación, así como tener una visión realista alejada de la idealización de la vida en pareja. Aunque es natural que el verano nos ponga a prueba, con la adecuada disposición es posible que la pareja supere con éxito este reto.

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