Las 5 diferencias entre Estrés, Eustrés y Distrés (explicadas)

El estrés es el conjunto de reacciones fisiológicas que experimentamos ante la vivencia de un suceso que percibimos como amenaza. Dependiendo de cómo lo manejemos, este puede ser positivo o negativo.

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El mundo en el que vivimos actualmente no tiene nada que ver con aquel para el que estamos programados genéticamente para sobrevivir. Nuestro organismo, especialmente a nivel mental y emocional, no está hecho para estar expuesto constantemente a inputs de información, a la avalancha constante de estímulos y al ritmo de vida que, en esta sociedad globalizada, nos obligan a llevar.

Todo esto, junto a la enorme competitividad laboral, las exigencias impuestas y autoimpuestas y a la exposición a las redes sociales, hace que seamos muy susceptibles a vivir experiencias que desestabilicen nuestra salud psicológica. Y no es de extrañar, pues, que, con permiso del virus que cambió nuestras vidas en 2020, el estrés sea la gran pandemia del siglo XXI.

Y es que las cifras no engañan. En la población de entre 18 y 65 años, 9 de cada 10 personas afirman haber experimentado estrés en el último año. El estrés es aquel conjunto de reacciones fisiológicas que experimentamos ante la vivencia de un suceso que percibimos como amenaza. Pero, ¿se expresa siempre de la misma forma? No. Ni mucho menos.

Dependiendo de cómo lo manejemos, de la situación en la que surja y del impacto en nuestra mente, el estrés puede ser positivo, en cuyo caso hablamos de eustrés, o una experiencia negativa, en cuyo caso hablamos de distrés. Así, tenemos tres conceptos (estrés, eustrés y distrés) muy relacionados pero también muy distintos. Por ello, en el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, analizaremos las principales diferencias entre ellos en forma de puntos clave. Empecemos.

¿Qué es el estrés? ¿Y el eustrés? ¿Y el distrés?

Antes de entrar en profundidad en las diferencias entre estos tres conceptos, es interesante (a la par que importante) ponernos en contexto y comprender las bases psicológicas de cada uno de ellos. De este modo, su relación pero también sus diferencias empezarán a quedar mucho más claras. Veamos, pues, qué es exactamente el estrés, el eustrés y el distrés.

Estrés: ¿qué es?

El estrés es el conjunto de reacciones fisiológicas y psicológicas que se activan ante la vivencia de una experiencia que percibimos como una amenaza, una situación peligrosa o la exposición a una exigencia por encima de nuestras posibilidades. Así, es un estado de tensión física y emocional que experimentamos ante un estímulo percibido como potencialmente peligroso.

Cuando el sistema nervioso central procesa una situación y la interpreta como un riesgo, estimula la síntesis de, además de la hormona cortisol, adrenalina, un neurotransmisor que enciende los mecanismos de supervivencia del cuerpo y que deriva con unos efectos fisiológicos y psicológicos que conforman las reacciones del estrés que tan bien conocemos.

Aceleración del ritmo cardíaco, dilatación de las pupilas, inhibición de las funciones no imprescindibles (como por ejemplo la digestión), incremento de la tasa de respiración, aumento de la sensibilidad de los sentidos, aceleración del pulso… Todas estas reacciones, junto con el hecho de que el cerebro se focaliza en la amenaza, nos ayudan a anticipar nuestras respuestas y a incrementar las posibilidades de superar la situación.

Ahora bien, si bien el estrés se limita a esta definición, como todos sabemos cada uno de nosotros lo maneja de una forma distinta y única. Es precisamente por esto que no existe un único tipo de estrés. Y ha sido necesario desarrollar una clasificación donde diferenciamos principalmente dos vertientes: el estrés positivo (eustrés) y el estrés negativo (distrés). Veamos, ahora, en qué consisten cada uno de ellos.

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Eustrés: ¿qué es?

El eustrés es aquella forma de estrés positivo. Como ya hemos dicho, el estrés no siempre es algo negativo. Y, de hecho, muchas veces las reacciones fisiológicas que hemos comentado tienen una naturaleza adaptativa, en el sentido que nos hacen estar más alerta, centrados, motivados y con más energía. Un punto controlado de estrés es positivo para dar el máximo de nosotros mismos en una situación peliaguda.

En el eustrés, somos nosotros quienes llevamos el control de la situación, sin dejar que el estrés nos domine. Porque, por sí solo y a nivel biológico, el estrés no es nada malo. Es un estado de tensión que, aunque esté ligado a sentimientos negativos, nos permite incrementar nuestras garantías de éxito.

Por tanto, siempre que sea en momentos puntuales y con justificación (antes de hacer un examen, cuando vemos que se nos acumula el trabajo, cuando tenemos una avería en el coche en plena autopista, etc) y no interfiera en momentos donde no hay estímulos peligrosos, el estrés puede ser algo bueno para nosotros.

En resumen, el eustrés es una forma de estrés positiva, adaptativa, útil y motivadora. Se trata de una tensión física y psicológica, sí, pero que nos hace ser más productivos y eficientes a la hora de superar obstáculos y alcanzar metas. El problema es que este estrés no siempre es positivo. Hablemos, pues, del último protagonista: el distrés.

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Distrés: ¿qué es?

El distrés es aquella forma de estrés negativo. Y, por ello, es el que generalmente asociamos como sinónimo de “estrés”, pues a pesar de que hayamos visto que puede ser (y es) algo positivo, al estrés solemos darle de por sí esta connotación negativa. Así, en el distrés, las reacciones fisiológicas son desadaptativas, en el sentido que no nos hacen estar más motivados y ser más eficientes, sino sentir que algo va a salir mal.

En el distrés, el estrés nos domina e inhibe nuestras facultades. Nos hace anticiparnos a las amenazas creyendo que el desenlace va a ser negativo para nosotros. Nos desestabiliza, nos genera emociones y sentimientos de ira y tristeza, reduce las posibilidades de que salgamos con éxito de la situación, neutraliza nuestras habilidades y, en definitiva, permite que la ansiedad entre en escena.

Por tanto, hablamos de distrés cuando este estrés se cronifica y, surgiendo no solo en momentos amenazantes sino en situaciones donde no hay ningún peligro aparente, deja de ser una reacción fisiológica normal para convertirse en una condición que puede limitar enormemente nuestra vida.

Y es que este distrés abre la puerta a problemas para rendir en el trabajo, en los estudios o en las relaciones personales, al insomnio, a los dolores de cabeza, a la irritabilidad, a la angustia, al sentimiento de indefensión, a la alteración del apetito, al cansancio constante, a la aparición de pensamientos intrusivos, al dolor de estómago y muchos más síntomas psicológicos y fisiológicos.

En resumen, el distrés es una forma de estrés negativa, desadaptativa, cronificada e inhibidora de nuestras facultades que, además de poder derivar en cuadro de ansiedad como tal, no solo nos genera malestar emocional y físico, sino que surge en momentos no justificados y reduce nuestras posibilidades de que, en cuanto venga un peligro real, podamos salir airosos.

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Estrés, eustrés y distrés: ¿en qué se diferencian?

Tras definir extensamente los tres conceptos, seguro que la relación y las diferencias entre ellos han quedado más que claras. Aun así, por si necesitas (o simplemente quieres) disponer de la información con un carácter más visual y esquemático, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias entre estrés, eustrés y distrés en forma de puntos clave.

1. El estrés es una reacción fisiológica del cuerpo ante una amenaza

El concepto de “estrés” apela únicamente al estado de activación fisiológica y psicológica ante una situación percibida como una amenaza con el conjunto de reacciones en cuerpo y mente que hemos comentado y que, mediadas por el cortisol y la adrenalina, buscan aumentar las probabilidades de salir con éxito de la situación. Por sí solo, no es ni bueno ni malo. Es simplemente una reacción biológica.

2. El eustrés es una forma positiva de estrés

Ahora bien, cuando estas reacciones fisiológicas y psicológicas son controladas, aparecen en momentos justificados y no interfieren en situaciones donde no hay estímulos amenazantes, hablamos de que el estrés es positivo, concepto conocido como “eustrés”. Así, hablamos de una forma positiva de estrés que, a pesar del malestar emocional que genera, incrementa nuestra energía, nuestra focalización y todo aquello que necesitamos para hacer frente al peligro con mayores garantías de éxito.

3. El distrés es una forma negativa de estrés

En cambio, cuando las reacciones fisiológicas y psicológicas son descontroladas, aparecen en momentos no justificados e interfieren en situaciones donde no hay estímulos amenazantes, hablamos de que el estrés es negativo, concepto conocido como “distrés”. Así, hablamos de una forma negativa de estrés que inhibe nuestras habilidades, que reduce nuestra motivación, que nos paraliza, que se cronifica y que nos hace ser incapaces de hacer frente a los peligros.

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4. El eustrés es adaptativo y de corta duración; el distrés, desadaptativo y cronificado

Por todo lo que hemos visto, queda claro que el eustrés es una forma de estrés adaptativa, en el sentido que las reacciones son controladas y justificadas, apareciendo como una manera de incrementar nuestra garantía de éxito y desapareciendo en cuanto el estímulo amenazante es superado, por lo que generalmente es de corta duración.

En cambio, el distrés es una forma de estrés desadaptativa, en el sentido que el estrés toma las riendas y las reacciones inhiben nuestras facultades, habilidades y capacidades tanto físicas como mentales, limitando el modo como hacemos frente a los peligros. Además, es un estado más constante de activación estresante, apareciendo también en situaciones donde no hay un peligro como tal, pues la persona se anticipa a ellos en momentos de calma. De ahí que digamos que existe un problema de cronificación del estrés.

5. El distrés debe combatirse; el eustrés, no

Esta cronificación del estrés propia del distrés abre la puerta a que la persona desarrolle un cuadro de ansiedad como tal, momento en el que hablamos ya de una psicopatología. Por ello, cuando sintamos que el estrés domina nuestra vida y que la limita, debemos combatirlo con cambios en nuestro estilo de vida (por ejemplo, cambiar de trabajo), desarrollo de técnicas de relajación (con la meditación, por ejemplo) o con ayuda psicológica.

Ahora bien, el eustrés no debe combatirse en absoluto. Y es que, como hemos dicho, es una reacción necesaria y adaptativa que nos hace, a pesar de los sentimientos negativos a los que está asociado, tener más garantías de éxito para superar un peligro o amenaza.

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