El Experimento de Asch: ¿qué es la conformidad social?

El experimento de la conformidad de Asch fue un ensayo psicológico realizado en 1951 por Solomon Asch para ver hasta qué punto podemos cambiar nuestros comportamientos para no ir en contra del grupo. Descubramos su historia.

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La ciencia moderna nace en el siglo XVII cuando Galileo Galilei, matemático, físico y astrónomo italiano desarrolla el método científico. Y es curioso ver cómo, hace más de 400 años, el considerado como padre de la ciencia moderna, nos dejó una cita que ha demostrado ser una de las más importantes de la historia del mundo científico: “El fin de la ciencia no es abrir la puerta al saber eterno, sino poner límite al error eterno”.

Y es que son muchos los errores que, a lo largo de los siglos, hemos cometido con el objetivo de progresar científicamente. En nombre de la ciencia y movidos por una enfermiza necesidad de desentrañar los secretos de la mente humana, especialmente la Psicología ha sido artífice de algunos experimentos que han cruzado todos los límites de la ética.

Hoy en día, la ética pone límites a la ciencia. Y es que no todo lo que puede hacerse, debe hacerse. Esta es una de las máximas de la ciencia. De ahí que los comités de bioética se aseguren de que todas las prácticas científicas vayan acorde a unos valores éticos y principios morales que deben respetarse absolutamente siempre. Pero esto, como decimos, no siempre fue así.

Son muchos los experimentos psicológicos que jugaron con fuego. Pero uno de los más famosos y que, a diferencia de otros, no fue excesivamente cruel, pero sí controvertido y polémico, fue el estudio de la conformidad de Asch, un ensayo realizado en los años 50 que determinó como nuestra conducta puede estar influenciada enormemente por fenómenos de presión social y grupal. Así, en el artículo de hoy, indagaremos tanto en las bases psicológicas de esta conformidad como en la historia detrás del famoso experimento de Asch. Vamos allá.

¿Qué es el fenómeno de la conformidad?

La conformidad social es un fenómeno psicológico a través del cual una persona puede cambiar su opinión o alterar su conducta con el fin de adaptarse a la presión de un grupo. Así, se trata de una influencia social en la que los individuos desarrollan una presión para adherirse a las normas, opiniones, actitudes o conductas mayoritarias en el grupo en el que se encuentra.

John Turner, psicólogo social británico, definió esta conformidad social como la tendencia de una persona discordante hacia posiciones normativas de grupo, siendo así una estrategia de nuestra propia mente para, en el contexto de una presión explícita o implícita, adaptarnos a la postura más mayoritaria de un grupo.

Así pues, el conformismo social indica cómo estamos condicionados por cómo actúan y piensan las personas de nuestro entorno, con una presión que puede condicionar nuestra manera de interpretar la realidad y de desarrollar nuestras conductas. Esta norma social nos lleva a alterar nuestro comportamiento e incluso emociones, sentimientos y pensamientos.

Este fenómeno psicosocial ha sido de gran interés en el campo de la Psicología y numerosos estudios han señalado que el conformismo social está influenciado por cómo nos adaptamos mejor cuando, al menos, tres personas piensan y actúan como nosotros; al tiempo que el origen de esta conformidad se encuentra en una respuesta adaptativa al deseo de ser aceptados y sentir tranquilidad en situaciones de incertidumbre.

Sabemos también que existen distintos tipos de conformidad social. Por un lado, tenemos aquel conformismo más ligado a la condescendencia, aquel en el que nos conformamos con una petición explícita o implícita a nivel social porque sabemos que es una “obligación” o protocolo pero sin creer en aquello que estamos haciendo.

Por otro lado, tenemos aquel conformismo más ligado a la obediencia, aquel en el que nos conformamos con una petición por el mero motivo de conseguir una recompensa o de evitar un castigo. No existe ese fenómeno de condescendencia, pues en este caso sabemos que la conformidad nos puede acarrear beneficios.

Y, por último, tenemos la forma más interesante de conformismo, aquella ligada a una aceptación interior. Sin un fenómeno de obediencia ni de condescendencia, llegamos a creer que aquello que hace o piensa la mayoría del grupo es lo correcto, por lo que a través de un fenómeno de presión grupal inconsciente, modificamos nuestra conducta o nuestro patrón de pensamientos.

Y es que tal y como indicó Serge Moscovici, psicólogo social rumano, tendemos a subestimar la influencia que el grupo puede ejercer sobre nosotros, pudiendo cambiar nuestro comportamiento y pensamiento de forma involuntaria a través de mecanismos de cumplimiento (el individuo externaliza un acuerdo con el grupo pero mantiene su opinión de forma privada), identificación (compartimos la opinión del grupo pero solo cuando somos parte del mismo) o internalización (compartimos la opinión del grupo incluso cuando ya no formamos parte de él).

Ahora bien, como cualquier otro fenómeno psicológico, su estudio tiene un origen. Y, en este caso, descubrir el momento en el que este conformismo social nació como concepto nos lleva a una de las manchas oscuras de la historia de la Psicología, pues el término se originó a raíz de unos experimentos que hoy en día no cumplen con los protocolos éticos, al realizarse sin el consentimiento de los participantes. Ha llegado el momento de indagar en el famoso ensayo de la conformidad de Asch.

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¿Qué fue el experimento de la conformidad de Asch?

Solomon Asch (1907 - 1996) fue un psicólogo polacoestadounidense reconocido como uno de los padres de la Psicología Social, siendo mundialmente conocido y con una prestigiosa carrera que le sirve para, de acuerdo a un estudio publicado en 2002 por la Review of General Psychology, ser el cuadragésimo primer psicólogo más citado del siglo XX.

Nacido en Varsovia, Polonia, en septiembre de 1907, Asch emigró a Estados Unidos en 1920, donde ingresó en el College of the City of New York para obtener su grado de bachiller en 1928 y, posteriormente, ingresar en la Universidad de Columbia donde se convertiría en doctor en Psicología en el año 1932.

Asch empezó su carrera como profesor en el Brooklyn College, pero en 1947 ingresó en el Swarthmore College, uno de los más prestigiosos centros del país en materia de Psicología, donde permanecería durante 19 años. Y fue precisamente aquí donde desarrolló los controvertidos trabajos que le convertirían en uno de los psicólogos más reconocidos del mundo.

Era el año 1951. Asch empezó a investigar acerca de la conformidad en el ser humano y quiso comprender hasta qué punto podemos cambiar nuestro comportamiento y pensamiento para no ir en contra del grupo. Así, en la ya mencionada Universidad de Swarthmore, Pennsylvania, desarrolló un experimento para conocer las bases psicológicas de este fenómeno.

El ensayo fue ideado como el conjunto de 50 rondas, en las que en cada una de ellas, un participante se ponía en un aula con otras personas (que en realidad eran actores) para, en teoría, realizar una prueba de lógica. Cada persona en el aula tenía el cometido de decir cuál de las tres líneas de un dibujo era la más cercana a la longitud de referencia. La respuesta correcta era más que evidente.

En las dos primeras pruebas, los actores dicen la respuesta correcta. Y nuestro sujeto, el quinto, tranquilo, dice lo que piensa. Pero en la tercera, la cosa cambia. Los actores empiezan a decir, de forma coordinada, una respuesta claramente incorrecta. Todos dicen que la respuesta es una de una longitud que evidentemente no es la de referencia.

Y el sujeto, de repente, por presión grupal, decía esa misma respuesta. El participante negaba la evidencia ante sus propios ojos por la influencia del grupo. Algunos experimentaban una verdadera distorsión de la realidad, creyendo que el grupo estaba en lo cierto. Otros sabían que el grupo no tenía razón, pero simplemente no encontraban sentido a ir en contra. Solo unos pocos se atrevían a decir la respuesta correcta después de que todos los actores dijeran la incorrecta.

Pero al final, el resultado fue que 37 de los 50 participantes terminaron conformándose con las respuestas incorrectas. Con este experimento, Asch pudo definir las bases psicológicas de la conformidad social, un fenómeno que ha sido clave en el progreso de la Psicología Social al demostrar que nuestra conducta y pensamiento no es un fenómeno individual, sino que puede moldearse por fenómenos de adaptación a un grupo del que formamos parte.

Aun así, el ensayo de Asch fue y sigue siendo duramente criticado, estando incluido dentro de las listas de los experimentos más polémicos de la historia de la Psicología. Y aunque nadie sufriera directamente, ninguno de los sujetos firmó ningún consentimiento informado. Ninguno sabía que estaba participando en un experimento.

Como siempre, se vuelve a abrir el debate de dónde ponemos el límite. ¿Se justifican este y otros experimentos psicológicos que no cumplieron con los principios éticos y morales que todos los ensayos sobre la conducta humana deberían seguir? Que cada lector encuentre su propia respuesta a este interesante dilema. Nosotros simplemente hemos contado la historia tal y como sucedió.

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