Los 7 tipos de memoria a largo plazo (y sus características)

La memoria a largo plazo, con una capacidad de almacenamiento ilimitada, nos permite retener recuerdos e información durante mucho tiempo. Exploremos las bases neurológicas de sus subdivisiones.

Tipos memoria largo plazo

¿Qué seríamos sin ser capaces de recordar nuestro pasado? ¿De recuperar conocimientos que hemos aprendido? ¿De reconocer rostros familiares? ¿De automatizar tareas cotidianas? ¿De comprender de dónde venimos y hacia dónde vamos? La respuesta es clara: nada. Y en este sentido, la memoria es una de las capacidades más asombrosas y necesarias de la realidad humana.

Que las personas seamos muchísimo más que la suma de las 30 millones de millones de células que componen nuestro organismo es, en gran parte, gracias a esta habilidad neurológica de retener información en forma de impulsos nerviosos para su posterior recuperación y procesamiento. En esto se basa la memoria.

Y de entre las distintas formas de clasificar los sistemas de memoria y de los diferentes tipos de memoria que emergen de ellos, hay una que destaca por encima de todas: la memoria a largo plazo. La más desconocida para el mundo de la Neurología pero aquella que nos permite, a través de una capacidad ilimitada de almacenamiento, retener recuerdos e información durante mucho tiempo. A veces, incluso, para toda la vida.

Y en el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, exploraremos la naturaleza de la memoria a largo plazo y, sobre todo, analizaremos su clasificación, viendo las más asombrosas particularidades neurológicas de sus subdivisiones. Empecemos.

¿Qué es la memoria a largo plazo?

La memoria a largo plazo es el sistema de memoria que, a través de una capacidad de almacenamiento ilimitada, nos permite retener recuerdos e información durante mucho tiempo, pudiendo incluso quedar almacenados para toda la vida, especialmente si esta retención viene asociada a la experimentación de emociones intensas.

Se trata de una capacidad imprescindible que nos permite no solo recuperar recuerdos del pasado, sino almacenar información sobre procedimientos y conocimientos para así recuperarla y realizar tareas cotidianas sin errores y de manera prácticamente automática. Es, pues, el mecanismo cerebral para retener una cantidad ilimitada de información durante un largo periodo de tiempo.

Este tiempo puede ser de días, semanas, meses, años, décadas e incluso toda la vida. Y conocida también como memoria inactiva o secundaria, si bien contiene unos recuerdos que pueden desvanecerse por el olvido, estos pueden quedar anclados de forma fuerte si realizamos recuperaciones periódicas y/o su almacenamiento vino vinculado a emociones intensas.

Y a pesar de que siga siendo uno de los grandes misterios de la Neurología y de la ciencia en general, se cree que un proceso conocido como potenciación a largo plazo, que consiste en una intensificación duradera en la transmisión de señales nerviosas y de la sinapsis en una red neuronal, podría ser el mecanismo que explica la existencia de esta capacidad cerebral. Además, sabemos que es manejada primero por el hipocampo (una estructura en el lóbulo temporal) y posteriormente por regiones de la corteza cerebral vinculadas principalmente a la percepción sensorial y al lenguaje.

En resumen, la memoria a largo plazo, que, en esencia, es lo que entendemos como “memoria”, es aquella que tiene una capacidad de almacenamiento que se considera ilimitada y que, con una larga duración de retención, nos permite recuperar recuerdos e información de manera tanto voluntaria como involuntaria.

Memoria largo plazo qué es

¿Cómo se clasifica la memoria a largo plazo?

Tras definir clara y concisamente la memoria a largo plazo, estamos más que preparados para profundizar en el tema que nos ha reunido hoy aquí. Los diferentes tipos de memoria a largo plazo. Y a grandes rasgos, esta puede clasificarse en dos grandes grupos: la memoria declarativa y la memoria no declarativa.

La memoria declarativa o explícita es aquella cuyo contenido podemos evocar, mientras que la no declarativa o implícita es aquella cuyo contenido no podemos evocar. Veamos su naturaleza y las subdivisiones que contienen.

1. Memoria declarativa o explícita

La memoria declarativa o explícita es aquel tipo de memoria a largo plazo en el que la recuperación de los recuerdos o la información se da conscientemente, es decir, hay una intencionalidad y voluntariedad a la hora de recordar algo. Es aquel sistema de memoria que evocamos de manera consciente, pudiendo dar cuenta del contenido de forma verbal.

Se estima que esta forma de memoria a largo plazo se maneja principalmente a nivel del lóbulo temporal medial, el neocórtex y el diencéfalo. Pero sea como sea, lo importante es que siempre que hacemos un esfuerzo consciente y voluntario de recordar algo (es la que potenciamos en el ámbito académico para recuperar información cuando la necesitamos), estamos ante este tipo de memoria, la cual, a su vez, se divide en dos grandes tipos:

1.1. Memoria episódica

La memoria episódica es un tipo de memoria declarativa en la que el almacenamiento de la información sucede sin tener la sensación de estar haciendo un trabajo de retención de la misma. Es decir, un contenido pasa a la memoria a largo plazo sin que estemos siendo conscientes de su retención.

En este sentido, como son las emociones intensas tanto positivas como negativas las que estimulan este anclaje en la memoria a largo plazo, es esta memoria episódica la que más vinculada está a la hora de recordar sucesos (o episodios, de ahí el nombre) importantes de nuestra vida.

Memoria episódica

1.2. Memoria semántica

La memoria semántica es un tipo de memoria declarativa vinculada a la capacidad de almacenar conocimientos acerca del mundo que nos rodea, con la sensación de que sí que estamos haciendo un trabajo de retención de la información. De ahí que sea la que potenciamos en nuestra vida académica.

En este contexto, es esta memoria semántica la que está asociada a lo que tradicionalmente conocemos como “memorizar”, pues consiste en retener información de forma voluntaria para, en un futuro, evocar, también voluntariamente, dicha información. Tiene la característica de que se memoriza el contenido, pero no el contexto (lugar ni tiempo) en el que realizamos este almacenamiento.

2. Memoria no declarativa o implícita

Cambiamos de terreno y pasamos a la memoria no declarativa o implícita, aquel tipo de memoria a largo plazo en la que la recuperación de la información se da de forma inconsciente e involuntaria. Es decir, no hay una intención de evocar un contenido concreto almacenado en nuestra memoria. Así pues, es la memoria más asociada a acciones automáticas.

Se estima que esta forma de memoria a largo plazo se maneja principalmente a nivel de la amígdala, los ganglios basales, el cerebelo y el neocórtex. Sea como sea, lo importante es que es aquella cuyo contenido es evocado de manera inconsciente, sin que podamos dar cuenta de dicho contenido de forma verbal. Esta, a su vez, presenta tres grandes tipos:

2.1. Memoria instrumental

La memoria instrumental, conocida también como procedimental, es aquella que está asociada al almacenamiento de información de movimientos musculares para realizarlos de forma automática. Cuando nuestro cerebro, sin que tenga que pensar en cómo hacer algo de forma activa, aprende a controlar un grupo muscular automáticamente, estamos ante este tipo de memoria.

Así pues, hace referencia al almacenamiento de información procedimental de forma inconsciente y es gracias a ella que las tareas biomecánicas más rutinarias como caminar, conducir, tocar instrumentos o ir en bicicleta, pese a que en el fondo sean muy complejas, se convierten en algo que jamás se olvida y que realizamos sin pensar en cómo hacerlo. Nos permite automatizar movimientos musculares.

Memoria instrumental

2.2. Memoria asociativa

La memoria asociativa, conocida también como condicionamiento clásico, es aquella forma de memoria en la que, ante la captación de un estímulo concreto, se desencadena automáticamente una respuesta, sin que haya consciencia ni intencionalidad en la aparición de la misma. A nivel más técnico, nace de la relación que se establece entre un estímulo condicionado y una respuesta que anteriormente ha sido asociada con un estímulo incondicionado.

Este condicionamiento clásico se desarrolló especialmente con los experimentos de Iván Pávlov, que trabajó esta forma de memoria en perros viendo que si antes de darles comida se hacía sonar una campana, llegaba un momento en el que el solo sonido de la campana (sin que vieran comida) provocaba que estos salivaran.

2.3. Priming

El Priming es un concepto que hace referencia a los atajos de memoria que realiza nuestro cerebro cuando un estímulo que captamos abre las rutas para recordar un concepto concreto. Nos ayuda a recordar algún tipo de información que previamente aprendimos. Por ejemplo, si estamos intentando recordar quién ganó el primer Balón de Oro del fútbol y nos hablan de Inglaterra, es más probable que recordemos que el ganador fue Stanley Matthews, futbolista inglés.

3. Memoria retrospectiva

Cerramos el artículo con la diferenciación de dos tipos de memoria a largo plazo muy importantes: la retrospectiva y la prospectiva. La memoria retrospectiva es aquella en la que nos desplazamos al pasado, pues incluye todos los procesos mentales a través de los cuales recordamos información que adquirimos tiempo atrás. Así pues, “viajamos al pasado”.

4. Memoria prospectiva

La memoria prospectiva, por su parte, es aquella en la que nos desplazamos al futuro, pues no tenemos que recordar algo que captamos en el pasado, sino que tenemos que hacer un esfuerzo para ser conscientes de que tendremos que recordar algo. Por ejemplo, mandar un mail a determinada hora o solicitar cita con el médico. Nos hace “recordar que nos tenemos que acordar” de algo, por lo que aquí, entre comillas, viajamos al futuro.

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