Las 5 diferencias entre la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo (explicadas)

Dependiendo de la duración de la memoria, esta puede clasificarse en dos sistemas: a corto plazo y a largo plazo. Veamos las principales diferencias entre estos dos modos de almacenamiento de la información.

Diferencias memoria corto plazo memoria largo plazo

La memoria hace que los seres humanos seamos mucho más que el resultado de la suma de las 30 millones de millones de células que, organizadas en tejidos y órganos, constituyen nuestro cuerpo. La memoria es la increíble capacidad cerebral a través de la cual podemos almacenar información y recuperarla voluntaria o involuntariamente haciendo posible así las habilidades cognitivas.

Sin esta increíble capacidad de retener información en forma de impulsos nerviosos que se transmiten entre neuronas a través del proceso de la sinapsis para su posterior análisis, no seríamos más que robots autómatas. Es la memoria la que nos hace humanos y relacionarnos de forma tan compleja con nosotros mismos y con lo que nos rodea.

Y en este contexto, existen muchas formas distintas de clasificar los sistemas de memoria. Pero es el parámetro de la duración el que más fuerte ha pegado en el imaginario colectivo, pues todos conocemos la diferenciación entre las dos grandes memorias: la de corto plazo y la de largo plazo. Pero, ¿realmente sabemos sus bases neurológicas?

Así pues, en el artículo de hoy y de la mano de las más prestigiosas publicaciones científicas, exploraremos la naturaleza de la memoria a corto plazo y de la memoria a largo plazo para comprender su funcionamiento y, sobre todo, comprender por qué son distintas y ver cuáles son sus principales diferencias, que las presentaremos en forma de puntos clave. Vamos allá.

¿Qué es la memoria a corto plazo? ¿Y la memoria a largo plazo?

Antes de entrar en profundidad y presentar las principales diferencias en forma de puntos clave, es interesante (e importante) que nos pongamos en contexto y entendamos, de manera individual, en qué consisten cada uno de estos dos sistemas de memoria. Definamos, pues, la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo.

Memoria a corto plazo: ¿qué es?

La memoria a corto plazo es el sistema de memoria que retiene la información de forma temporal (hasta un minuto después de haber captado un estímulo interno o externo) para hacer posible el análisis de lo que estamos experimentando. La información almacenada en ella dura, de media, unos 30 segundos.

También se conoce como memoria primaria o memoria activa y puede entenderse como la capacidad neurológica mediante la cual retenemos en el cerebro y de manera activa una pequeña cantidad de información para facilitar que otros procesos cerebrales interpreten lo que nos está ocurriendo a nivel tanto interno como externo.

Se trata de un almacén transitorio y limitado de información, pues dicha información no se retiene más de un minuto y su capacidad de almacenamiento se estima en 7 ± 2 elementos. Aun así, nos da un estrecho pero esencial margen de tiempo para comprender qué estamos percibiendo, encargándose de coordinar, organizar y regular los flujos de información.

Por lo tanto, la memoria a corto plazo, que dura unos 30 segundos, nos sirve para retener temporalmente los estímulos captados tanto por nuestros sentidos como por aquello que emerge de nuestros sistemas cognitivos y así permitir que el cerebro dé cohesión a lo que sucede.

Ahora bien, de forma tanto voluntaria como involuntaria (si la retención de la información va ligada a una emoción intensa) es posible que la información no se pierda tras estos segundos, sino que pase a la memoria a largo plazo, momento en el que, como ahora veremos, pasará al verdadero “cajón de recuerdos” de nuestro cerebro.

Memoria corto

Memoria a largo plazo: ¿qué es?

La memoria a largo plazo es el sistema de memoria que nos permite retener información y recuerdos durante mucho tiempo y con una capacidad de almacenamiento ilimitada. De hecho, es la memoria que no se deteriora con el tiempo, por lo que a veces, estos recuerdos pueden quedar almacenados para toda la vida, especialmente si su retención vino ligada a emociones intensas.

En este sentido, la memoria a largo plazo es una capacidad esencial que nos permite recuperar no solo recuerdos, sino información sobre conocimientos y destrezas que tenemos que recuperar a lo largo de la vida para realizar tareas cotidianas de forma automática y sin errores.

De hecho, los conocimientos que adquirimos durante la educación, los rostros de las personas que conocemos, la destreza para ir en bici, los recuerdos del día de tu graduación… Todo aquello que implique un almacenamiento atemporal de información está vinculado a esta memoria a largo plazo, el mecanismo cerebral que nos permite retener una capacidad ilimitada de información durante un periodo largo de tiempo.

Conocida también como memoria secundaria o memoria inactiva, la memoria a largo plazo contiene recuerdos que pueden desvanecerse a través del olvido, con una probabilidad menor de que esto suceda si solemos realizar recuperaciones de la información y/o se almacenó con una gran profundidad ya que vino asociado a una sensación emocionalmente intensa.

Sus bases neurológicas siguen siendo uno de los grandes misterios de la Neurología, pero la conocida como potenciación a largo plazo, un proceso que consiste en una intensificación duradera en la transmisión de señales nerviosas a través de la sinapsis entre un grupo de neuronas, se ha propuesto como el mecanismo que explica la existencia de esta memoria a largo plazo que, en esencia, es lo que entendemos todos como “memoria”.

Memoria largo plazo

¿En qué se diferencian la memoria a corto plazo y a largo plazo?

Tras definir extensamente ambos conceptos, seguro que las diferencias entre ellos han quedado más que claras. Aun así, por si necesitas (o simplemente quieres) tener la información con un carácter más visual, hemos preparado la siguiente selección de las principales diferencias entre la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo en forma de puntos clave. Vamos allá.

1. La memoria a corto plazo es de capacidad limitada; la de largo plazo, ilimitada

Junto al siguiente punto, la diferencia más importante sin duda. La cantidad de información que se puede retener es muy distinta entre las dos formas de memoria. Y es que, en esencia, mientras que la memoria a corto plazo tiene una capacidad de almacenamiento limitada, la de la memoria a largo plazo se considera ilimitada.

En esta misma línea, George Miller, psicólogo estadounidense y pionero en el campo de la Psicología cognitiva, publicó, en el año 1956, uno de los textos más citados de la historia de la Psicología: “El mágico número siete, más o menos dos”. En él, sugirió que la memoria a corto plazo tiene una capacidad de retener 7 ± 2 elementos. Posteriormente, muchas investigaciones han demostrado que este límite de capacidad de almacenamiento es bastante preciso.

En cambio, la memoria a largo plazo tiene una capacidad de almacenamiento que se considera ilimitada. Solo hace falta pensar en la infinidad de recuerdos y conocimientos que tenemos retenidos en esta memoria y a los cuales, con mayor o menor esfuerzo, podemos acceder. Por lo tanto, la memoria a largo plazo no está limitada por ningún “espacio” como sí lo está la de corto plazo.

2. La memoria a largo plazo puede retener información para toda la vida

Como hemos dicho, este segundo punto es también de los más importantes. El propio nombre lo sugiere, pero tenemos que mencionar que la memoria a corto plazo es de corta duración y la de largo plazo, de larga duración. De hecho, la memoria a corto plazo dura de unos pocos segundos hasta un máximo de un minuto, teniendo el promedio de retención de la información en los 30 segundos.

La memoria a largo plazo, en cambio, tiene una duración mucho mayor que puede ir desde varios días hasta años o décadas, pudiendo incluso durar toda la vida. La mayor o menor duración de la memoria a largo plazo dependerá tanto de la fuerza con la que se guardó una información concreta (de su vinculación a emociones intensas) como del trabajo que hagamos para recuperarla de forma periódica.

3. La memoria a corto plazo es activa; la de largo plazo, pasiva

Como hemos dicho, la memoria a corto plazo también se conoce como memoria activa y la memoria a largo plazo, como memoria inactiva. Esto nos da pistas de que hay diferencias importantes en lo que a funcionamiento y rol se refiere. Y es que en la memoria a corto plazo, somos nosotros quienes, de forma activa, debemos introducir elementos para que estos sean retenidos en ella.

En cambio, la memoria a largo plazo es, entre comillas, un proceso más pasivo. Y es que aunque podamos forzar una retención de la información en ella, el salto de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo no es un proceso tan activo y, de hecho, muchas veces su ejecución depende de las emociones que se despierten en nosotros mientras la información todavía está en la memoria a corto plazo.

Largo plazo memoria

4. El proceso de olvido es distinto

El olvido es el proceso a través del cual la información retenida en la memoria se desvanece. Y aunque puede suceder en ambas memorias, es distinto el modo en el que ocurre en la memoria a corto plazo y la de largo plazo. En la memoria a corto plazo, el olvido sucede siempre que una información no se procesa inmediatamente. Es decir, pasados los 30 segundos (de media), la información se desvanece automáticamente.

En cambio, en la memoria a largo plazo, el olvido ocurre si nosotros no vamos forzando la recuperación de la información. Es decir, en el caso de la memoria a largo plazo, lo que es automático es la “grabación” de la información, no su desvanecimiento. Olvidar o no depende de nuestra habilidad para manejar esta información a lo largo del tiempo.

5. Son manejadas por áreas del cerebro distintas

Como hemos dicho, las bases neurológicas de la memoria siguen siendo, en gran parte, un misterio. Aun así, sí que sabemos que son manejadas por áreas cerebrales distintas. Aunque en procesos cerebrales tan complejos están involucradas muchas regiones, la memoria a corto plazo es manejada principalmente por el lóbulo frontal, el mayor de los cuatro que conforman la corteza cerebral.

En cambio, la memoria a largo plazo (que ya hemos dicho que es la que tiene una naturaleza neurológica más compleja y, por ahora, menos detallada) es manejada primero por el hipocampo (una estructura en el lóbulo temporal) y luego por distintas regiones de la corteza cerebral, especialmente aquellas vinculadas al lenguaje y la percepción sensorial.

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