Los alimentos menos saludables del supermercado

A pesar de que aún estén disponibles al público, alimentos como las carnes procesadas o productos con grasas saturadas pueden favorecer enfermedades como cánceres colorrectales o cardiopatías.
Alimentos menos saludables supermercado

Lejos quedan aquellos días en los que el ser humano luchaba por su propia preservación en un medio inhóspito de recursos limitados. A día de hoy, y al menos en la cultura occidental, los alimentos están disponibles de forma prácticamente infinita, por lo que a veces es difícil frenar los impulsos más primarios de “comer todo lo que podamos”.

Así pues, esto se traduce en unas cifras generales bastante desastrosas: la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos señala que en el año 2016 un 39% de la población general tenía sobrepeso, porcentaje del cual un 13 % entraba dentro del marco de la obesidad. Esto significa que a día de hoy hay, al menos, 1.900 millones de adultos con un “peso excesivo”.

En la otra cara de la moneda, se calcula que la prevalencia de la anorexia y bulimia en cualquier población y momento dado se sitúa en torno al 0,5-1%, un valor que puede parecer bajo, pero desde luego resulta desorbitado si tenemos en cuenta que se trata de una patología mental.

Así pues, si no se tiene cuidado con cómo se presenta la información, espacios como este pueden llegar a ser parte del problema. La estigmatización de cualquier tipo de alimento puede llegar a fomentar una relación abusiva entre el consumidor y la comida: no se trata de prohibir, sino de conocer y controlar. Por ello, hoy te presentamos los alimentos menos saludables del supermercado de la forma más amable posible.

¿Qué alimentos hay que evitar comprar?

Como dice el eslogan de una marca reconocida, “la vida no está hecha para contar calorías”. Por poco afán que tengamos por el corporativismo, no podemos hacer más que fomentar esa afirmación, pues no hay un peso ideal: existimos las personas.

Así pues, un individuo puede estar agusto con un índice de masa corporal que a otro le parezca un poco elevado o bajo, pero mientras no se ponga en peligro la integridad de la salud de la persona, no debe de existir un concepto de “ideal”. Son los nutricionistas y especialistas en alimentación quienes pueden evaluar y cuantificar de forma objetiva el estado de salud individual y su vinculación con la alimentación, no lo olvidemos.

Supermercado

De todas formas, revistas médicas de dominio público subrayan que la relación de la alimentación con diversos padecimientos es innegable, y se puede asociar de dos formas distintas:

  • La ausencia o el déficit de ciertos alimentos da lugar a síntomas o enfermedades debidos a la carencia absoluta o relativa de determinados nutrientes.
  • La presencia de ciertos alimentos en la dieta puede dar lugar a envenenamientos, alergias o patologías relacionadas con el exceso de azúcares, por ejemplo.

Como podemos observar, no existen alimentos verdaderamente malos en sí mismos (a menos que tengamos en cuenta comidas en mal estado o con tóxicos que no estén regulados), sino que es la falta o el exceso de los mismos o una reacción adversa por parte del consumidor lo que puede llegar a generar alguna complicación.

Según la Unión Europea, “un amplio conjunto de normas regula toda la cadena de producción y transformación de alimentos en la UE y también se aplica a los productos importados y exportados”, por lo que es de sentido común pensar que no se van a poner a nuestra disposición comidas con potencial tóxico o mortal para el organismo. Aun así, es hora de que tengamos ciertas consideraciones con algunos componentes alimenticios. Veamos, pues, qué alimentos tienen que evitarse.

Alimentos con grasas trans

Los ácidos grasos trans son un tipo de ácido graso insaturado que se encuentran en algunos tipos de alimentos, y aquí no hablamos de colores grises y opiniones: su ingesta está correlacionada con una disminución de la salud física y emocional del individuo de forma probada.

Estos ácidos grasos no solo aumentan la concentración de lipoproteínas de baja densidad (el "colesterol malo") en sangre, sino que disminuyen la presencia de las de alta densidad (HDL, las consideradas “colesterol bueno”), por lo que predisponen al consumidor que los ingiere de forma excesiva a sufrir accidentes vasculares. No vamos a entrar en una lección de fisiología, pero podemos resumir que este incremento lipoproteico en sangre puede provocar la acumulación de colesterol en las arterias.

En una agrupación de estudios que incorporó a 14.000 individuos (un grupo muestral para nada desdeñable) se demostró que los pacientes que ingerían más de un 2 % de las calorías de su dieta en forma de grasas trans incrementaban hasta un 23 % las probabilidades de sufrir una enfermedad cardíaca coronaria. Los datos hablan por sí solos.

Por ello, no es ninguna sorpresa que la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) prohibiera en el año 2013 el uso de ácidos grasos trans en la industria alimentaria en Estados Unidos. La OMS calcula que se producen más de 500.000 defunciones anuales a causa de la ingestión inadecuada de estas grasas, por lo que se busca que estos elementos nocivos sean eliminados en todo el mundo de aquí al 2023.

Grasas trans

Carne roja y carne procesada

Quizá muchos lectores no esperarían esta información en un espacio como este, pero más allá de lo que engorda la mayonesa o la pizza, la Organización Mundial de la Salud ha declarado a la carne procesada como un elemento de grupo 1, es decir, cancerígeno para los seres humanos y la carne roja como elemento de grupo 2, probablemente cancerígeno para los seres humanos.

Los datos son evidentes: consumir 50 gramos de carne procesada (como el embutido) al día aumenta en un 18 % las probabilidades de padecer cáncer colorrectal y de otros tipos en menor medida. Esto se explica porque durante durante el proceso de transformación de productos cárnicos se generan productos químicos cancerígenos, como compuestos N-nitroso e hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Según el Proyecto sobre la Carga Global de Enfermedad, más de 34.000 muertes en todo el mundo pueden atribuirse al consumo desmedido de carnes procesadas por el cáncer que esto conlleva. Otras fuentes señalan que las dietas basadas en carnes rojas podrían ser las causantes de casi 50.000 muertes al año, aunque más por el daño cardiovascular.

¿Esto significa que debamos dejar de comer carne? La elección se encuentra en manos del lector y de nadie más por lo que el debate queda abierto, pero quizá una pechuga de pollo o un filete de pescado nos suenen ahora más apetecibles.

Carne procesada

Más allá de las calorías

En general, los alimentos que tienen grandes cantidades de azúcares y grasas saturadas en su composición química pueden considerarse alimentos poco saludables, así como el alcohol, que se acumula más rápido en el hígado de lo que este puede procesarlo (lo que llega a causar inflamación y muerte celular). Está claro que una patata frita no aporta los mismos nutrientes que por ejemplo una zanahoria, pero esto no implica que debamos desechar las chucherías y los alimentos “poco sanos” por completo.

Por otro lado, consumir alimentos frescos sin ningún tipo de tratamiento (los pesticidas o las regulaciones sanitarias frente a las que muchos sienten reticencia) pueden aumentar las probabilidades de sufrir infecciones bacterianas y protozoarias, pues por ejemplo, la principal vía de infección de la bacteria Salmonella es mediante la ingestión de alimentos que contienen colonias bacterianas en su superficie.

Un alimento no se puede categorizar a la ligera como “sano” o “no sano”, pues este estado depende de muchísimas variables epidemiológicas, culturales e intrínsecas del individuo. Sí, algunos presentan un valor nutricional más adecuado que otros, pero el bienestar no solo se cuantifica por la cantidad de azúcar: la salud emocional y psicológica también cuentan.

Un interesante debate

¿Esto qué quiere decir? Pues que más allá de los alimentos que están siendo examinados por organismos especializados (como las carnes procesadas) o los elementos que han sido directamente retirados del mercado en muchas regiones (como las grasas trans), poco juicio más podemos establecer sobre los alimentos a disposición del público.

Podemos asumir que cada comida que está disponible para nosotros ha pasado un protocolo de evaluación antes de ser puesta en venta, por lo que no va a acabar con nuestra vida en un principio. Eso sí, los datos presentados en líneas previas ponen en evidencia que, a pesar de lo que se creía en otros tiempos, sí que existen alimentos que pueden promover a la larga enfermedades tan complicadas como el cáncer.

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