El Experimento Kentler: ¿cómo se permitió este atroz plan de adopción?

El experimento Kentler es uno de los experimentos psicológicos más atroces de la historia. Desarrollado por el sexólogo alemán Helmut Kentler, consistió en entregar a niños en adopción a pedófilos para fomentar la liberación sexual.

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Galileo Galilei, astrónomo, matemático y físico italiano padre de la ciencia moderna al desarrollar, en el siglo XVII, el método científico, dijo una vez que “el fin de la ciencia no es abrir la puerta al saber eterno, sino poner límite al error eterno”. Y no hay mejor forma de empezar este artículo acerca del pozo más oscuro y tenebroso de la historia de la Psicología que este.

Y es que si bien a día de hoy, los comités de bioética se aseguran de que todas las prácticas científicas vayan acorde a unos principios éticos y morales que deben ser respetados, esto no siempre ha sido así. Y a lo largo de los últimos 400 años desde el nacimiento de la ciencia tal y como la conocemos, ha habido momentos en los que hemos traspasado todos los límites.

Especialmente en el siglo XX, movidos por una enfermiza necesidad de desentrañar los misterios de la mente humana, la ciencia y, sobre todo, la Psicología, ha sido artífice de algunos experimentos que a día de hoy serían impensables. Pero la mayoría de ellos podían, en cierto modo, entenderse en el contexto de la época y que incluso, pese a su controversia, nos dieron aportaciones que han servido en el presente.

Pero hay uno que simplemente encierra maldad. Un experimento que resulta incomprensible, especialmente cuando tenemos en cuenta que fue perpetrado con el beneplácito de las autoridades alemanas, país en el que, durante más de 30 años, un psicólogo entregó a niños sin hogar a pederastas para, según él, fomentar la liberación sexual de Alemania. Un experimento que, pese a parecer propio de una película de terror, es, por desgracia, real. Y hoy vamos a sumergirnos en su atroz historia.

La Alemania posguerra, la liberación sexual y los niños de la estación Zoo

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Alemania fue ocupada militarmente por los ejércitos del bloque aliado, dividiendo el territorio alemán en cuatro zonas de ocupación. Sin embargo, la creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que habían sido aliados, derivó en el inicio de la Guerra Fría, un conflicto entre el bloque capitalista (occidental) y el bloque comunista (oriental).

Esta situación provocó que, en el año 1949, las zonas de ocupación occidentales se unieran en un nuevo Estado independiente que recibió el nombre de República Federal Alemana (RFA), al tiempo que la Unión Soviética respondió constituyendo ese mismo año la República Democrática Alemana (RDA).

A partir de entonces, cada bloque alemán siguió su propio modelo socioeconómico, con una separación que se agravó con el levantamiento en 1961 del muro de Berlín. Toda esta convulsa situación política, unida al impacto económico de la derrota de la guerra y un gran pesimismo entre la población creó un clima muy crispado en la sociedad.

Y uno de los más claros ejemplos de ellos se encuentra en los conocidos como “los niños de la estación Zoo”, unos menores de Berlín que se prostituían a cambio de drogas, comida, baño e incluso un lugar en el que dormir. Ante esta situación, las autoridades alemanas querían comprender el porqué de estos comportamientos en los adolescentes sin familia.

Y en el contexto de la revolución sexual de los años 60, que quería liberarse de los tabúes sexuales implantados en los años posteriores a la segunda Guerra Mundial, el gobierno alemán busco el consejo del que por aquel entonces ya era considerada la principal autoridad en cuestiones de educación sexual: Helmut Kentler.

Helmut Kentler fue un psicólogo, sexólogo y profesor de pedagogía en la Universidad de Hannover que, lejos de lo que podíamos pensar, concluyó que el acto sexual tenía un impacto positivo en el desarrollo personal de los niños. Él creía que liberar la sexualidad de los niños de las represiones morales les ayudaría a liberar energías; algo que, consecuentemente, favorecería una verdadera democratización de la sociedad alemana.

Y fue así como, usando su autoridad en materia de educación sexual y en el contexto de una situación política en la que algunos partidos abogaban por abolir la edad de consentimiento para las relaciones sexuales entre niños y adultos, Kentler encontró una vía para diseñar el experimento más atroz de la historia de la Psicología. El experimento Kentler.

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¿En qué consistió el Experimento Kentler?

Alemania. Años 60. Helmut Kentler convenció al senado de Berlín para que le permitieran realizar un estudio sobre la sexualidad infantil y, según él, confirmar la reputación de Berlín como una ciudad avanzada en cuestiones de libertades y humanidad. Usó su autoridad en el campo de la sexualidad para lograr su aceptación.

Y tras dar una descripción detallada de cómo iba a funcionar su experimento, de una forma totalmente inexplicable, las autoridades alemanas aceptaron y apoyaron su estudio. Un estadio que permanecería en silencio durante años, pues todos los implicados sabían la atrocidad que este representaba. Pero por suerte, hace poco más de un año, el experimento Kentler salió a la luz, se reveló la información y podemos saber qué sucedió en este el pozo más oscuro de la historia de la Psicología por un simple motivo.

Durante más de treinta años y con el beneplácito de las autoridades de Berlín, Helmut Kentler, como parte de su experimento, entregó a niños sin hogar a pederastas. Durante tres décadas, este psicólogo alemán designó como tutores de menores a hombres que habían sido condenados por tener contactos sexuales con niños e historiales de abusos sexuales a menores.

Para Kentler, estos pederastas eran benefactores. Unas personas que ofrecían a los niños abandonados y sin hogar una posibilidad de terapia para que no terminaran prostituyéndose a cambio de comida y un lugar para dormir como “los niños de la estación Zoo”, los cuales desencadenaron, como hemos visto, el interés del gobierno por la involucración de Kentler.

El psicólogo explicó a las autoridades que no debían preocuparse de que los niños se vieran perjudicados por el contacto sexual con sus padres de acogida, siempre y cuando, como él decía, “la interacción no fuera forzada”. El propio Kentler organizacaba visitas a las casas para conversar con los niños que había entregado a los pedófilos, analizando así, para su estudio, su progresión y desarrollo emocional.

Cuando veía que habían tenido sexo con sus cuidadores, afirmaba que las consecuencias podían ser muy positivas para su salud psicológica, al poder vivir en un clima de amor y de liberación sexual, que era lo que en los años 60 buscaba Alemania pero que había sido tergiversado de una forma atroz por este psicólogo.

En los hogares de acogida se estaban cometiendo a diario violaciones a menores como parte del experimento. Y no olvidemos que las autoridades de Berlín lo sabían. Esta atrocidad se prolongó, al menos, tres décadas, hasta los años 90. No sabemos a cuántos niños y niñas afectó, pero estamos hablando de decenas en el “mejor” de los casos y de cientos en el peor de los casos.

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Helmut Kentler.

El testimonio de Marco y el desenlace del experimento

Pero, por suerte o por desgracia, sí que hay una historia que conocemos bien. La de Marco. Marco era un niño sin hogar que deambulaba por las calles del Berlín occidental. A los ocho años, lo atropelló un coche y fue tomado por los servicios sociales de la ciudad. Pero lejos de ser esto su salvación, lo condenó al infierno. En 1988, Marco fue enviado a una casa de acogida como parte del experimento Kentler.

El hogar estaba a cargo de Fritz Henkel, un ingeniero que alojaba a niños en su casa por sugerencia de Kentler. Entre 1988 y 2003, Marco vivió en la casa de un pedófilo. Las agresiones físicas, las amenazas verbales y los abusos sexuales eran parte del día a día para él y sus hermanos adoptivos. Marco pasó toda su infancia y adolescencia en el hogar de un monstruo porque las autoridades alemanas, por petición de Kentler, así lo establecieron. Y como Marco, hubo muchos más niños.

Bajo la influencia de Kentler, las prácticas pedófilas fueron toleradas y defendidas. Y este monstruo, que perpetró el experimento más horrible de la historia, murió en 2008 sin tener que dar explicaciones a la justicia por lo que hizo. Murió orgulloso de haber entregado a infantes a pedófilos para, según él, fomentar la liberación sexual.

Es totalmente incomprensible cómo las autoridades alemanas pudieron llegar a apoyar a Kentler en la creencia de que los pedófilos eran padres adoptivos adecuados y de que las relaciones sexuales entre niños y adultos eran positivas para el desarrollo emocional. De hecho, Kentler describió todas sus investigaciones como un éxito, diciendo que le había dado una oportunidad única a los niños sin hogar. Gracias a vivir en casas de pedófilos, estos niños, descritos por él como analfabetos que iban a sufrir problemas mentales por la falta de amor y cariño, pudieron convertirse en personas independientes con una vida decente y discreta.

Con la mayoría de archivos desaparecidos y con el caso ya prescrito, no sabemos cuántos niños fueron presa de estos depredadores sexuales. Sandra Scheeres, actual senadora de Berlín y principal responsable de retomar el caso Kentler, ha prometido una indemnización para las víctimas de este monstruo. Pero, no hay dinero en el mundo que ayude a cicatrizar las heridas emocionales tras haber sido condenado a vivir toda la infancia en el hogar de un pedófilo. Un experimento que no aportó nada al mundo más allá de la maldad. Pero conviene no olvidar esta historia. Porque es solo recordando el pasado que podemos evitar que este se repita.

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